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Las raíces del cristianismo 2: de secta judía a religión oficial del imperio romano

Estas prácticas de austeridad nos recuerdan a la escuela cínica griega, la cual incluso se ha llegado a considerar como una filosofía que permeó en el cristianismo de Jesús el nazareno, siendo que la ciudad de Gadara, vecina de Nazaret, era la cuna de la escuela cínica de la región de Galilea en el tiempo en el que Jesús supuestamente nació y creció, por otro lado, también nos recuerda a la comunidad asceta de los esenios judíos de la cual se menciona que Juan el Bautista, así como Jesús, pudieron haber sido practicantes.

Les recuerdo que esta es una serie de 3 artículos sobre el origen del cristianismo, en la cuál esta vendría siendo la segunda parte. Recordaré brevemente los 3 puntos principales que ya mencioné al inicio de la primer entrega:

Uno, describir cuál es la importancia de visibilizar las diferencias entre diferentes traducciones, en este caso 3, aunque hay muchas otras más; respectivamente, veremos por el lado de las traducciones oficiales, la versión antigua de Reina-Valera y la Biblia del Pueblo, así mismo, incluyo también una traducción no oficial de un teólogo graduado de la Universidad de Glasgow, James Moffat, un ministro practicante de la fé cristiana.

Segundo, analizar detalladamente los simbolismos de varios pasajes bíblicos, para relacionarlos con estilos literarios, y simbolismos provenientes de otras tradiciones espirituales de la época provenientes de los pueblos de alrededor del Mediterráneo, develando así las posibles fuentes de inspiración para los textos Bíblicos.

Tercero, analizaré, específicamente, el final del pasaje ‘Ap 1:18’, citado al inicio de la primer entrega de esta serie, el cual habla sobre como el Hijo del Hombre (Jesús Cristo) posee las llaves de la muerte, así como de un lugar que es descrito como Hades, infierno o abismo, variando según la versión revisada (y que como ya dije en el punto 1, mencionaré la importancia de estas diferencias), y cómo esto nos puede delatar el contexto de su escritura original.

Ya en la primer parte de esta serie se contextualizó el cristianismo dentro del mundo antiguo y la manera en la cual, de ser una secta judía que absorbía creencias obviamente no solo del judaísmo en mayor parte, sino del gnosticismo, mitraísmo, Zoroastrismo y escuelas mistéricas de Mesopotamia, Egipto y Grecia, entre otras, pasó a ser remendada y ajustada por el emperador romano Constantio el Grande para poder convertirse así en el sistema ideológico por antonomasia del impero romano.

Luego de la oficialización del cristianismo en el imperio romano, comenzó la compilación de la primer Biblia cristiana, la cual, contenía solamente los fragmentos y libros que bajo consenso e interpretación "correcta" de los diversos concilios imperiales fueron considerados como Canon, en contraposición a una gran cantidad de literatura mistérica, mitológica y espiritual que fueron rasurados fuera de este canon y se convirtieron en los famosos textos conocidos como Apócrifos, los cuales, en algún momento pertenecieron al corpus de la práctica cristiana primitiva pero que ahora se les consideran herejías.

Entre estos libros encontramos el Evangelio de María Magdalena, Evangelio según Judas Iscariote, los fragmentos de la infancia del Salvador, El Libro de Enoc, entre muchos otros. Finalmente, esto anterior no es de sorprender, pues el judaísmo y el cristianismo son de las primeras religiones en remitirse a escritos canónicos, pues básicamente todas las religiones anteriores en Mesopotamia, Egipto y las islas griegas, patrón que se repite por ejemplo en las regiones mayas, mexicas, olmecas, no tenían libros sagrados, sino tradiciones orales sagradas, que dependían de la localidad. Esta es la razón por la cual, cuando intentamos aprender la historia de Quetzalcoatl, o de Osiris, o de Afrodita, Ishtar, Isis o Venus, encontramos cientos de versiones de la misma mitología, pues básicamente existía un Tlaloc por cada pueblo, o un Set por cada región egipcia, un Zeus por cada ciudad o pueblo griego.

En cualquiera de las diversas traducciones de la Biblia cristiana encontramos un pasaje específico─el cual cité al inicio de la primer entrega de esta serie de artículos─en donde leemos una descripción sobrecogedora de un Jesús absolutamente distinto al clásico joven adulto barbado que crucificaron los romanos; nos encontramos con un Jesús que literalmente se dice que habla con voz como de trompetas, como de ríos estruendosos, que lleva cabello blanco como la nieve, que mira con ojos de fuego, y que porta un distintivo de oro a manera de cinturón, además tiene pies forjados en bronce, que de su boca sale una lengua como espada de doble filo, aparece brillando con la fuerza de un sol, y que en una de sus manos porta la luz de siete estrellas.

Fácilmente podemos encontrar imágenes similares en deidades paganas contemporáneas a la escritura de el Libro de la Revelación, que según la evidencia interna, oficial, de la Iglesia, nos encontraríamos alrededor del año 96 D.C., esto es cuando el cristianismo era una religión que comenzaba a difundirse, y un momento de la historia antigua en donde más bien eran las religiones politeístas las más comúnmente practicadas, con imágenes como por ejemplo la de Moloch el dios con cabeza de toro, Ishtar (Innana, Astarté, Astaroth según la localidad donde la encontremos mencionada) como una mujer con la luna en la cabeza, alas de búho y serpientes en las manos, Zéus con la capacidad de transformarse en animal y arrojar rayos con sus manos, Set con cabeza de tifón y cuerpo humano.

En fin, la imagen que nos proyecta Juan de Patmos─el escritor del Apocalipsis─para describir a Jesús, es una imagen que se presenta descriptivamente más cercana a un Dios antiguo, pagano, como aquellas deidades egipcias o griegas por ejemplo, que al Jesús de los demás libros del Nuevo Testamento, más sobriamente descrito, y sobre todo totalmente humano.

[pie de imagen]> Un cambio radical de estilo

Como ya lo dije, Jesús es siempre descrito en forma humana en el Nuevo Testamento, con dos excepciones específicas, una, la que ya mencioné del Apocalipsis, y la otra, un poco menos impresionante que la anterior, cuando su rosto aparece brillando como el sol en el momento cuando ocurre su Transfiguración, durante una meditación con los apóstoles en un monte.

Por otro lado, podemos identificar cierta similitud de la descripción apocalíptica de Cristo, con esta otra visión apocalíptica─muy anterior a la de Juan de Patmos─del profeta Daniel contenida en el Viejo Testamento. Más adelante veremos a qué, posiblemente, se debe esto:

[inicio de cita]>

Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera, terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba, y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos. [...] Aquél cuerno tenía ojos humanos y una boca que profería insolencias. [...] Su vestido era blanco como nieve, / su cabellera como lana limpísima; / su trono, llamas de fuego; / sus ruedas, llamaradas / un río impetuoso de fuego / brotaba delante de él.

[fin de cita // referencia de cita]> Biblia de Nuestro Pueblo / Daniel 7:7 - 7:8 - Visiones

Vemos como las figuras literarias son muy similares en estilo; los cabellos "blancos como nieve" y de "lana limpísima" o un cuerno "con ojos humanos y una boca que profería insolencias" que se asemejan completamente a esos versos de La Revelación que dicen "Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, y como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refuljante como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas."

Esto anterior nos lleva a poner en duda la creencia oficial, aceptada por la Iglesia Católica, de que Juan el Apóstol─autor de algunas Epístolas y de unos de los libros de los Apóstoles─fue de hecho el mismo personaje que Juan de Patmos─autor del Apocalipsis. Así opina D.H. Lawrence en el libro Apocalipsis:

[inicio de cita]>

Durante mucho tiempo se pensó que Juan, el apóstol, además del cuarto Evangelio, había escrito el Apocalipsis. Pero es imposible que el autor de ambas obras sea el mismo, son totalmente diferentes.

[fin de cita // referencia de cita]> Apocalipsis, D.H. Lawrence

Este debate es muy amplio, y existe ya mucha bibliografía de fácil acceso con respecto al tema, así que no me detendré en ello, sino que yo seguiré adelante con este escrito, asumiendo como postura personal, que esta es la respuesta más atinada: la existencia de dos Juanes, por un lado Juan el Apostol probablemente un gnóstico, según algunos descubrimientos hallados en los manuscritos de Nag Hammadi, y por otro lado el Presbítero Juan también conocido como Juan de Patmos.

Siguiendo esta lógica, se acepta que el apóstol Juan de hecho sí murió mártir de Cristo cuando lo condenan a una muerte dentro de una caldera de aceite hirviendo, y que al contrario de lo que relatan los rumores─que para empezar ni siquiera están incluidas en la Biblia─él no sobrevive a ese castigo, y por lo tanto, nunca es exiliado a la isla de Patmos.

Aclarado lo anterior, continuaré revisando otros fragmentos del libro de D.H. Lawrence─citado anteriormente─acerca de la naturaleza pagana de las imágenes que nos muestra Juan de Patmos en su libro de La Revelación, y así de esta manera extraer material que podamos comparar con conocimientos espirituales de otras índoles (gnósticos o paganos) y conjeturar el posible origen a partir del cual, tanto los judíos extrajeron sus imágenes para construir la Toráh, como los cristianos usaron también para construir sus imágenes contenidas en el Nuevo Testamento.

El Apocalipsis se considera como uno de los libros más antiguos que se compilaron dentro del Nuevo Testamento durante los concilios de Constantino. A su autor, Juan de Patmos, se le considera un personaje bastante extraño, tanto por el estilo en el que está escrito su libro así como por las imágenes que plasma. Juan de Patmos es un hombre que había sido enviado al exilio por el imperio romano, encontrado culpable de ser un judío converso a la secta judía-cristiana. Recordemos que en esos tiempos, los cristianos eran considerados ateos por los romanos─es decir, que no creían en las deidades olímpicas─, así como también eran consideradæs enemigæs de la humanidad, esto por sus formas tan notables de auto abandono y precariedad, que obviamente contrastan con la vida sensual del ideal romano; dichas prácticas de austeridad nos recuerdan a la escuela cínica griega, la cual incluso se ha llegado a considerar como una filosofía que permeó en el cristianismo de Jesús el nazareno, siendo que la ciudad de Gadara, vecina de Nazaret, era la cuna de la escuela cínica de la región de Galilea en el tiempo en el que Jesús supuestamente nació y creció, por otro lado, también nos recuerda a la comunidad asceta de los esenios judíos de la cual se menciona que Juan el Bautista, así como Jesús, pudieron haber sido practicantes.

Se menciona que al cristianismo de Juan de Patmos se le puede notar una gran ignorancia, o bien un conocimiento muy superficial, de la doctrina cristiana, siendo que fue encarcelado en una etapa muy temprana de la difusión de ideas cristianas (pues no era como ahora que toda la información se viraliza en segundos y que se pueden encontrar resúmenes de lo que sea en wikipedia) y que más bien su herencia hebrea brilla por su tono aguerrido y vengativo característico que permea el imaginario hebreo luego de la segunda caída del Templo de Jerusalem: esto podemos notarlo claramente en sus constantes ataques a Babilonia, Roma y al tratarse de un judío converso, seguramente sufrió la discriminación de los judíos ortodoxos, por lo cual también despotrica en su contra cuando por ejemplo, menciona la «Sinagoga» de Satán.

Veamos ahora, otro fragmento del libro de Lawrence:

[inicio de cita]>

¿Y quién es este Jesús? Es el Magnífico, casi idéntico al Todopoderoso de las visiones de Ezequiel y Daniel. Es el gran señor cósmico que se encuentra entre las siete lámparas eternas de los planetas arcáicos, con el sol y la luna y las cinco grandes estrellas rodeando sus pies. [...] y en la mano derecha sostiene las siete estrellas de la Osa Mayor, a las que llamamos el Carro, y las transporta alrededor de la estrella polar, tal como las vemos girar hoy en día, provocando la revolución universal de los cielos, el movimiento circular del cosmos. [...] De su boca surge la espada de doble filo del Verbo, el arma poderosa del logos. [...] Esta es la espada que Jesús trajo a los hombres. Al final, su rostro brilla como el sol [...] tiene las llaves para liberar a la muerte y al Hades. Es el señor del Inframundo. [...]

¡Aquí tienen a Jesús! ¿Qué va a hacer el cristianismo moderno con él? Porque es el Jesús de las primeras comunidades, el de la primera Iglesia católica.

[fin de cita // referencia de cita]> Apocalipsis, D.H. Lawrence
[pie de imagen]> Jan II Brueghel - descripción gráfica del Hades

Vemos aquí una de las posibles interpretaciones de los símbolos paganos que se asoman a través de un texto como el de la Revelación de Juan de Patmos: un ser de energía eterna, con influencia mutua de otros planetas, poseedor y predicador del Logos, amo del inframundo y de la muerte, conocedor de los movimientos del cielo, motor del cosmos. Aunque con esto no se está insinuando que Juan o la Iglesia católica tuviera intenciones de otorgarnos pistas a nuestro poderoso pasado pagano, puesto que recordemos que el Concilio de Nicea y Constantino I en lo que tenían interés era en controlar a la población, subyugarla a un nuevo conocimiento amansador y sobre todo pacifista de estoicismo ante la adversidad, que le permitiera al Emperador hacer de las suyas con el poder que la unidad divina le confirió en su visión.

¿Recuerdan cuando, en la primer entrega de esta serie, mencioné cómo los concilios de Constantino convirtieron en herejía la naturaleza dual de Jesús que proponía Arriano y sus seguidores llamados cristianos arrianos? es decir un cuerpo terrenal y un espíritu semi-divino que por definición dejaría a Jesús tan solo como un mesías, un mensajero humano, y que por lo tanto dejaría al Emperador como un simple "tercero al mando" del nuevo Dios único, en lugar de un segundo al mando, es decir, un puente directo entre la divinidad absoluta -Dios Padre-, su manifestación divina encarnada -Dios Hijo- y el mundo terrenal: el Imperio Romano; cosa nada extraña en la política romana si recordamos que los emperadores anteriores a Constantino I tenían la costumbre de proclamarse Dioses terrenales.


Referencias

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Las raíces del cristianismo 2: de secta judía a religión oficial del imperio romano

cultura

Responsable de nota:
abril 10, 2019 | Sección: cultura | Artículos sobre: revisiones, comparaciones, estudios y análisis de la Historia humana,

Estas prácticas de austeridad nos recuerdan a la escuela cínica griega, la cual incluso se ha llegado a considerar como una filosofía que permeó en el cristianismo de Jesús el nazareno, siendo que la ciudad de Gadara, vecina de Nazaret, era la cuna de la escuela cínica de la región de Galilea en el tiempo en el que Jesús supuestamente nació y creció, por otro lado, también nos recuerda a la comunidad asceta de los esenios judíos de la cual se menciona que Juan el Bautista, así como Jesús, pudieron haber sido practicantes.

Les recuerdo que esta es una serie de 3 artículos sobre el origen del cristianismo, en la cuál esta vendría siendo la segunda parte. Recordaré brevemente los 3 puntos principales que ya mencioné al inicio de la primer entrega:

Uno, describir cuál es la importancia de visibilizar las diferencias entre diferentes traducciones, en este caso 3, aunque hay muchas otras más; respectivamente, veremos por el lado de las traducciones oficiales, la versión antigua de Reina-Valera y la Biblia del Pueblo, así mismo, incluyo también una traducción no oficial de un teólogo graduado de la Universidad de Glasgow, James Moffat, un ministro practicante de la fé cristiana.

Segundo, analizar detalladamente los simbolismos de varios pasajes bíblicos, para relacionarlos con estilos literarios, y simbolismos provenientes de otras tradiciones espirituales de la época provenientes de los pueblos de alrededor del Mediterráneo, develando así las posibles fuentes de inspiración para los textos Bíblicos.


Tercero, analizaré, específicamente, el final del pasaje ‘Ap 1:18’, citado al inicio de la primer entrega de esta serie, el cual habla sobre como el Hijo del Hombre (Jesús Cristo) posee las llaves de la muerte, así como de un lugar que es descrito como Hades, infierno o abismo, variando según la versión revisada (y que como ya dije en el punto 1, mencionaré la importancia de estas diferencias), y cómo esto nos puede delatar el contexto de su escritura original.

Ya en la primer parte de esta serie se contextualizó el cristianismo dentro del mundo antiguo y la manera en la cual, de ser una secta judía que absorbía creencias obviamente no solo del judaísmo en mayor parte, sino del gnosticismo, mitraísmo, Zoroastrismo y escuelas mistéricas de Mesopotamia, Egipto y Grecia, entre otras, pasó a ser remendada y ajustada por el emperador romano Constantio el Grande para poder convertirse así en el sistema ideológico por antonomasia del impero romano.

Luego de la oficialización del cristianismo en el imperio romano, comenzó la compilación de la primer Biblia cristiana, la cual, contenía solamente los fragmentos y libros que bajo consenso e interpretación “correcta” de los diversos concilios imperiales fueron considerados como Canon, en contraposición a una gran cantidad de literatura mistérica, mitológica y espiritual que fueron rasurados fuera de este canon y se convirtieron en los famosos textos conocidos como Apócrifos, los cuales, en algún momento pertenecieron al corpus de la práctica cristiana primitiva pero que ahora se les consideran herejías.

Entre estos libros encontramos el Evangelio de María Magdalena, Evangelio según Judas Iscariote, los fragmentos de la infancia del Salvador, El Libro de Enoc, entre muchos otros. Finalmente, esto anterior no es de sorprender, pues el judaísmo y el cristianismo son de las primeras religiones en remitirse a escritos canónicos, pues básicamente todas las religiones anteriores en Mesopotamia, Egipto y las islas griegas, patrón que se repite por ejemplo en las regiones mayas, mexicas, olmecas, no tenían libros sagrados, sino tradiciones orales sagradas, que dependían de la localidad. Esta es la razón por la cual, cuando intentamos aprender la historia de Quetzalcoatl, o de Osiris, o de Afrodita, Ishtar, Isis o Venus, encontramos cientos de versiones de la misma mitología, pues básicamente existía un Tlaloc por cada pueblo, o un Set por cada región egipcia, un Zeus por cada ciudad o pueblo griego.

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En cualquiera de las diversas traducciones de la Biblia cristiana encontramos un pasaje específico─el cual cité al inicio de la primer entrega de esta serie de artículos─en donde leemos una descripción sobrecogedora de un Jesús absolutamente distinto al clásico joven adulto barbado que crucificaron los romanos; nos encontramos con un Jesús que literalmente se dice que habla con voz como de trompetas, como de ríos estruendosos, que lleva cabello blanco como la nieve, que mira con ojos de fuego, y que porta un distintivo de oro a manera de cinturón, además tiene pies forjados en bronce, que de su boca sale una lengua como espada de doble filo, aparece brillando con la fuerza de un sol, y que en una de sus manos porta la luz de siete estrellas.

Fácilmente podemos encontrar imágenes similares en deidades paganas contemporáneas a la escritura de el Libro de la Revelación, que según la evidencia interna, oficial, de la Iglesia, nos encontraríamos alrededor del año 96 D.C., esto es cuando el cristianismo era una religión que comenzaba a difundirse, y un momento de la historia antigua en donde más bien eran las religiones politeístas las más comúnmente practicadas, con imágenes como por ejemplo la de Moloch el dios con cabeza de toro, Ishtar (Innana, Astarté, Astaroth según la localidad donde la encontremos mencionada) como una mujer con la luna en la cabeza, alas de búho y serpientes en las manos, Zéus con la capacidad de transformarse en animal y arrojar rayos con sus manos, Set con cabeza de tifón y cuerpo humano.

En fin, la imagen que nos proyecta Juan de Patmos─el escritor del Apocalipsis─para describir a Jesús, es una imagen que se presenta descriptivamente más cercana a un Dios antiguo, pagano, como aquellas deidades egipcias o griegas por ejemplo, que al Jesús de los demás libros del Nuevo Testamento, más sobriamente descrito, y sobre todo totalmente humano.

Un cambio radical de estilo

Como ya lo dije, Jesús es siempre descrito en forma humana en el Nuevo Testamento, con dos excepciones específicas, una, la que ya mencioné del Apocalipsis, y la otra, un poco menos impresionante que la anterior, cuando su rosto aparece brillando como el sol en el momento cuando ocurre su Transfiguración, durante una meditación con los apóstoles en un monte.

Por otro lado, podemos identificar cierta similitud de la descripción apocalíptica de Cristo, con esta otra visión apocalíptica─muy anterior a la de Juan de Patmos─del profeta Daniel contenida en el Viejo Testamento. Más adelante veremos a qué, posiblemente, se debe esto:

Después tuve otra visión nocturna: una cuarta fiera, terrible, espantosa, fortísima; tenía grandes dientes de hierro, con los que comía y descuartizaba, y las sobras las pateaba con las pezuñas. Era diversa de las fieras anteriores, porque tenía diez cuernos. […] Aquél cuerno tenía ojos humanos y una boca que profería insolencias. […] Su vestido era blanco como nieve, / su cabellera como lana limpísima; / su trono, llamas de fuego; / sus ruedas, llamaradas / un río impetuoso de fuego / brotaba delante de él.

Biblia de Nuestro Pueblo / Daniel 7:7 – 7:8 – Visiones

Vemos como las figuras literarias son muy similares en estilo; los cabellos “blancos como nieve” y de “lana limpísima” o un cuerno “con ojos humanos y una boca que profería insolencias” que se asemejan completamente a esos versos de La Revelación que dicen “Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, y como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refuljante como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.”

Esto anterior nos lleva a poner en duda la creencia oficial, aceptada por la Iglesia Católica, de que Juan el Apóstol─autor de algunas Epístolas y de unos de los libros de los Apóstoles─fue de hecho el mismo personaje que Juan de Patmos─autor del Apocalipsis. Así opina D.H. Lawrence en el libro Apocalipsis:

Durante mucho tiempo se pensó que Juan, el apóstol, además del cuarto Evangelio, había escrito el Apocalipsis. Pero es imposible que el autor de ambas obras sea el mismo, son totalmente diferentes.

Apocalipsis, D.H. Lawrence

Este debate es muy amplio, y existe ya mucha bibliografía de fácil acceso con respecto al tema, así que no me detendré en ello, sino que yo seguiré adelante con este escrito, asumiendo como postura personal, que esta es la respuesta más atinada: la existencia de dos Juanes, por un lado Juan el Apostol probablemente un gnóstico, según algunos descubrimientos hallados en los manuscritos de Nag Hammadi, y por otro lado el Presbítero Juan también conocido como Juan de Patmos.

Siguiendo esta lógica, se acepta que el apóstol Juan de hecho sí murió mártir de Cristo cuando lo condenan a una muerte dentro de una caldera de aceite hirviendo, y que al contrario de lo que relatan los rumores─que para empezar ni siquiera están incluidas en la Biblia─él no sobrevive a ese castigo, y por lo tanto, nunca es exiliado a la isla de Patmos.

Aclarado lo anterior, continuaré revisando otros fragmentos del libro de D.H. Lawrence─citado anteriormente─acerca de la naturaleza pagana de las imágenes que nos muestra Juan de Patmos en su libro de La Revelación, y así de esta manera extraer material que podamos comparar con conocimientos espirituales de otras índoles (gnósticos o paganos) y conjeturar el posible origen a partir del cual, tanto los judíos extrajeron sus imágenes para construir la Toráh, como los cristianos usaron también para construir sus imágenes contenidas en el Nuevo Testamento.

El Apocalipsis se considera como uno de los libros más antiguos que se compilaron dentro del Nuevo Testamento durante los concilios de Constantino. A su autor, Juan de Patmos, se le considera un personaje bastante extraño, tanto por el estilo en el que está escrito su libro así como por las imágenes que plasma. Juan de Patmos es un hombre que había sido enviado al exilio por el imperio romano, encontrado culpable de ser un judío converso a la secta judía-cristiana. Recordemos que en esos tiempos, los cristianos eran considerados ateos por los romanos─es decir, que no creían en las deidades olímpicas─, así como también eran consideradæs enemigæs de la humanidad, esto por sus formas tan notables de auto abandono y precariedad, que obviamente contrastan con la vida sensual del ideal romano; dichas prácticas de austeridad nos recuerdan a la escuela cínica griega, la cual incluso se ha llegado a considerar como una filosofía que permeó en el cristianismo de Jesús el nazareno, siendo que la ciudad de Gadara, vecina de Nazaret, era la cuna de la escuela cínica de la región de Galilea en el tiempo en el que Jesús supuestamente nació y creció, por otro lado, también nos recuerda a la comunidad asceta de los esenios judíos de la cual se menciona que Juan el Bautista, así como Jesús, pudieron haber sido practicantes.

Se menciona que al cristianismo de Juan de Patmos se le puede notar una gran ignorancia, o bien un conocimiento muy superficial, de la doctrina cristiana, siendo que fue encarcelado en una etapa muy temprana de la difusión de ideas cristianas (pues no era como ahora que toda la información se viraliza en segundos y que se pueden encontrar resúmenes de lo que sea en wikipedia) y que más bien su herencia hebrea brilla por su tono aguerrido y vengativo característico que permea el imaginario hebreo luego de la segunda caída del Templo de Jerusalem: esto podemos notarlo claramente en sus constantes ataques a Babilonia, Roma y al tratarse de un judío converso, seguramente sufrió la discriminación de los judíos ortodoxos, por lo cual también despotrica en su contra cuando por ejemplo, menciona la «Sinagoga» de Satán.

Veamos ahora, otro fragmento del libro de Lawrence:

¿Y quién es este Jesús? Es el Magnífico, casi idéntico al Todopoderoso de las visiones de Ezequiel y Daniel. Es el gran señor cósmico que se encuentra entre las siete lámparas eternas de los planetas arcáicos, con el sol y la luna y las cinco grandes estrellas rodeando sus pies. […] y en la mano derecha sostiene las siete estrellas de la Osa Mayor, a las que llamamos el Carro, y las transporta alrededor de la estrella polar, tal como las vemos girar hoy en día, provocando la revolución universal de los cielos, el movimiento circular del cosmos. […] De su boca surge la espada de doble filo del Verbo, el arma poderosa del logos. […] Esta es la espada que Jesús trajo a los hombres. Al final, su rostro brilla como el sol […] tiene las llaves para liberar a la muerte y al Hades. Es el señor del Inframundo. […]

¡Aquí tienen a Jesús! ¿Qué va a hacer el cristianismo moderno con él? Porque es el Jesús de las primeras comunidades, el de la primera Iglesia católica.

Apocalipsis, D.H. Lawrence
Jan II Brueghel – descripción gráfica del Hades

Vemos aquí una de las posibles interpretaciones de los símbolos paganos que se asoman a través de un texto como el de la Revelación de Juan de Patmos: un ser de energía eterna, con influencia mutua de otros planetas, poseedor y predicador del Logos, amo del inframundo y de la muerte, conocedor de los movimientos del cielo, motor del cosmos. Aunque con esto no se está insinuando que Juan o la Iglesia católica tuviera intenciones de otorgarnos pistas a nuestro poderoso pasado pagano, puesto que recordemos que el Concilio de Nicea y Constantino I en lo que tenían interés era en controlar a la población, subyugarla a un nuevo conocimiento amansador y sobre todo pacifista de estoicismo ante la adversidad, que le permitiera al Emperador hacer de las suyas con el poder que la unidad divina le confirió en su visión.

¿Recuerdan cuando, en la primer entrega de esta serie, mencioné cómo los concilios de Constantino convirtieron en herejía la naturaleza dual de Jesús que proponía Arriano y sus seguidores llamados cristianos arrianos? es decir un cuerpo terrenal y un espíritu semi-divino que por definición dejaría a Jesús tan solo como un mesías, un mensajero humano, y que por lo tanto dejaría al Emperador como un simple “tercero al mando” del nuevo Dios único, en lugar de un segundo al mando, es decir, un puente directo entre la divinidad absoluta -Dios Padre-, su manifestación divina encarnada -Dios Hijo- y el mundo terrenal: el Imperio Romano; cosa nada extraña en la política romana si recordamos que los emperadores anteriores a Constantino I tenían la costumbre de proclamarse Dioses terrenales.


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palabras clave de la entrada: cristo, cristianismo, paleocristianismo, gnosticismo, egipto, mesopotamia, israel, templo de salomón, biblia, torah, tanaj, nuevo testamento, antiguo testamento, apocalipsis, revelación, hijo del hombre, paganismo, juan de patmos, sol invictus, concilio de nicea, nag-hammadi

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