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El ser humano: ¿bueno o malo por naturaleza?

El respeto a la vida, el fomento de la solidaridad, el uso de violencia solo para defender la vida, son algunos ejemplos de estos puntos comunes interculturales que representan "lo bueno". Mientras que el uso desmedido de la violencia, el constante estado de asedio sin paz, el estado de ingobernabilidad interior (en el sentido de caos total), son nociones de "lo malo".

A lo largo de la Historia occidental encontraremos reflexiones sobre la llamada 'naturaleza del hombre'.

Por ejemplo, con Jaques Rousseau, encontramos que su visión del estado natural de la humanidad se concibe como inherentemente bondadosa y libre de conflicto, que busca un bien común, pero que no obstante, requiere de un contrato social libre y voluntario para la protección de dicha bondad, esto a cambio de la aparición de elementos ineludibles, como la corrupción o la violencia, que emergen con dicho contrato social. Es de esta manera que dicho contrato social y, digamos, su sombra de corrupción, se presentan como pequeños sacrificios que hay que asimilar a cambio de un beneficio mucho mayor que es el orden social.

Por otro lado, probablemente hayas escuchado la máxima de "el hombre es lobo del hombre", el «estado natural» de una guerra de todos contra todos. Este pensamiento pertenece a Tomás Hobbes, el cual asegura que la humanidad solo puede remediar su guerra eterna a través del contrato social, que es la unión de las masas bajo un único orden, es decir, esta masa, este "leviatán" le otorga su soberanía a un rey absoluto, el cual cargará con la responsabilidad de proteger al pueblo exclusivamente bajo un régimen absolutista.

Tenemos otro ejemplo de 'naturaleza humana' en la visión empirista de John Locke, en donde la humanidad nace como una tabula rasa, una placa limpia en donde las circunstancias van moldeando a las personas en buenas o malas a partir del principio de la autoconservación, que es una condición natural, siendo así un contrato social una herramienta indispensable para poder regular el respeto a los derechos de las personas cuando las "leyes naturales" bondadosas ya no son suficientes para garantizar la paz; esto se logra a través de mediadores y representantes elegidos libremente por democracia directa, lo cual no es garantía de bondad o incorruptibilidad, pero es un sacrificio que debe hacerse para lograr un orden y un mejoramiento social.

Thomas Henry Huxley, defensor de Charles Darwin, lo cual le ganó el apodo de "bulldog de Darwin", aunque bueno, lo correcto sería decir que era defensor de lo que él mismo habría interpretado de Darwin, mencionaba que la naturaleza en sí misma es no-moral, es decir ni inherentemente bondadosa ni malvada, puesto que en un escenario en donde un lobo persigue a un venado, un humano que ayudara al venado no podría ser calificado de bueno, y un humano que ayudara al lobo no podría ser calificado de malvado:

[inicio de cita]>

Si deseamos representar el curso de la naturaleza en términos del pensamiento humano [...] debemos decir que su principio rector es intelectual y no moral; que es un proceso lógico materializado, acompañado de placeres y dolores, cuya incidencia, en la mayoría de los casos, no tiene la más mínima referencia al discernimiento moral.

[fin de cita // referencia de cita]> T. Henry Huxley - La lucha por la existencia en la sociedad humana (1888)

Huxley, luego continúa diciendo que el humano, en sus etapas más primitivas llevaba una vida burda, como Hobbes la describía, una guerra de todos contra todos, pero nunca calificable moralmente como perversa, sino de la misma manera que una lucha entre un lobo y una oveja, un fenómeno natural. Pero que una vez que la evolución llevó al hombre a vivir en sociedad, como un perfeccionamiento de la conducta animal, entonces el hombre tendió a la paz y la moralidad, como ideal, raramente alcanzado. Cabe notar que Huxley, bajo la luz de la no-moralidad que mencionamos antes, describe la naturaleza, en sus propias palabras, como una lucha interminable similar a la de gladiadores en la arena del gran coliseo de la supervivencia a través del individualismo como condición natural.

El naturalista Piotr Kropotkin en su libro titulado Apoyo Mutuo nos relata sobre como en sus años de observación de animales salvajes nunca encontró el comportamiento de la competencia individualista como una regla, sino todo lo contrario, fue testigo del fenómeno que denomina como apoyo mutuo como regla general entre todas las especies animales, desde insectos en donde esta conducta es más obvia como es el caso de las hormigas o las abejas, pasando por aves, reptiles y toda clase de mamíferos. Se le ha llegado a criticar este optimismo mutualista, diciendo que quizá exageró un poquito, no obstante, algo que ha pasado por alto por ya más de un siglo, es que el mismo Darwin menciona el mutualismo en su obra de la Evolución de las especies, cierto es que ni él mismo le dio la suficiente importancia a pesar de dibujar la idea de manera bastante explícita en su propio texto, cosa que el neodarwinismo parece haber pasado por completo de largo, prefiriendo equiparar el concepto de "sobrevivencia del organismo más apto" con la idea reducida de "sobrevivencia del organismo más fuerte", que no es lo mismo.

Como podemos ver, reflexiones hay muchas, y estas no son ni de cerca todas las que podemos encontrar, pero nos pueden servir como punto de partida para respondernos algunas preguntas. ¿Qué entendemos por bondad y por maldad? ¿existirá manera de medir la bondad o maldad de las acciones humanas, objetivamente? ¿es dicha medida algo universal?

Una entidad biológica solidaria

Se podrán conjeturar muchas cosas sobre esta especie animal de la cual formamos parte, pero hay unas pocas características─empíricamente comprobables─de las cuales sin duda alguna podemos partir:

  1. La humanidad es un ser social, es decir enfocada a su especie más que a su individualidad, con pulsiones sociales claramente nutridas por su misma naturaleza biológica. Dentro de estas pulsiones básicas, que tienden a lo social, se han tipificado ciertas conductas estereotipadas que no solo aparecen en humanos, sino también en sus primos cercanos en el árbol taxonómico como lo son los bonobos, los chimpancés, los gorilas y otros primates avanzados, e incluso en otras especies altamente sociales como los cuervos por poner solo un ejemplo. Estas conductas estereotipadas son: búsqueda o noción de justicia, aislamiento del grupo ante una acción de abierta injusticia, altruismo incondicional reflejo (es decir que se toma la acción automáticamente sin pasar por una reflexión previa de parentezco de sangre, de conveniencia o de medición de probabilidades de peligro propio), imitación motriz (como es el caso de las neuronas espejo), empatía emocional y reacciones de consuelo, duelo ante la muerte de algun miembro propio e incluso acompañamiento al duelo ajeno, celos y envidia (¡no son necesariamente malos! más adelante veremos por qué), previsión a futuro con tendencias sociales (es decir, no solamente planeaciones individualistas), apego emocional a otras especies altamente sociales, generación de vínculos entre pares en diversas situaciones como la maternidad o las parejas reproductivas/afectivas (el caso de la función de la oxcitocina que es un neuromodulador presente en muchas especies de mamíferos, en las cuales desempeña un rol de 'pegamento social'), así como compañerismos sin fines reproductivos sino más bien de juego. Según Kropotkin estos rasgos sociales, que les llaman de "apoyo mutuo", están muchísimo más presentes que los de competencia individualista, que autores como Thomas Huxley u otros intérpretes de Darwin, postulan tan agresivamente. La filósofa Simone de Bouvoir nos recordaría que el cuerpo de la mujer protege a la especie en detrimento a la individualidad de la mujer, los dolores menstruales, el embarazo, la lactancia, la menopausia, son todos procesos que representan fuertes sacrificios individuales con el solo propósito biológico de cuidar a la especie completa, su perpetuación biológica. Este primer punto de la orientación social/de especie es axiomático para una gran cantidad de referentes del naturalismo, de la psicología y la sociología internacional.
  2. Es un ser curioso e inteligente, definiendo en este caso inteligencia como la capacidad de manipular recursos físicos, emocionales o cognitivos a su disposición próxima, sea espacial o temporal, para resolver problemas cotidianos o perversos... y no se asusten, porque en este caso "perverso" no lo utilizo como una manera peyorativa con tintes sexuales o violentos como normalmente se usa, sino la manera en la cual una criatura como el ser humano empuja la realidad a sus límites más "anti-naturales" por así decirlo, a veces incluso innecesarios, para los cuales no estaba diseñada la naturaleza desde un inicio; por ejemplo, el quemar la carne para poder digerirla más fácilmente podríamos tomarlo como una perversión de la naturaleza de la carne, o bien tener sexo por placer y no con fines reproductivos podría tomarse como una perversión del acto mismo de la reproducción, y como un último ejemplo para dejar claro el uso de la palabra, el hecho de fermentar o quemar algunas semillas o frutos para conseguir bebidas embriagantes como el mezcal o energizantes como el café o el tabaco podría tomarse como una perversión innecesaria de esas mismas materias primas. Su naturaleza curiosa le lleva a transformar la naturaleza en objetos que salen fuera del curso natural, que no serían posibles si no fuera por esta cualidad artificiosa inteligente.
  3. Cuenta con una etapa de infancia alargada en comparación con otros animales. Durante esta fase, el sistema nervioso humano muestra un desarrollo muy acelerado en comparación a otras etapas de su vida, de hecho no tenemos que saber mucho de ciencia para intuir que esto es algo totalmente cierto dados los varios procesos paralelos que las crías humanas desarrollan con una facilidad aparentemente "innata"; aprendiendo y madurando habilidades extremadamente complejas como el lenguaje verbal y simbólico, el balance y movimientos corporales finos como la escritura, las matemáticas, la especificidad de las diferentes modalidades de memoria (episódica, procedural, motriz, et cétera), y esto solamente por citar unos pocos ejemplos.

A partir de estas tres premisas podemos descartar de entrada la visión de Hobbes y de Huxley que por sus puntos de vista tremendamente pesimistas conflictúan con las investigaciones irrefutables más recientes las cuales ya ni siquiera están a discusión teórica. Por otro lado la visión exageradamente positiva de Rousseau parece tampoco ajustarse a la realidad práctica de como se desenvuelven los fenómenos naturales. Como ya lo dije anteriormente, la visión de Kropotkin suele tomarse también como una postura demasiado eufemística de la realidad, no obstante pone sobre la mesa una postura que al liberarla de su optimismo desmedido se sostiene bastante bien.

Por otro lado, para argumentar el siguiente postulado podríamos retomar el trabajo original de Darwin, que al contrario de lo que muchas personas que no le han leído correctamente podrían pensar, no le daba un peso tan grande a la competencia encarnizada entre individuos de la misma especie, como sí lo hacen por ejemplo Thomas Huxley, o el escritor del artículo "El Gen Egoísta" Richard Dawkings. Si bien el postulado de la guerra por la escasez de recursos entre diferentes especies de Thomas Robert Malthus termina siendo de ese grupo sobradamente pesimista como Hobbes o Huxley, fue gracias a esa conjetura malthusiana que ambos naturalistas, Charles Darwin y Alfred Russell Wallace, encontraron su inspiración para armar la teoría de la evolución.

Es la visión original de Darwin donde encontramos que el motor de la evolución se encuentra en la selección natural, y su combustible más importante, según Kropotkin, y según la tendencia más moderna en cuanto a investigaciones etológicas (es decir, de observación de animales salvajes en sus hábitats naturales), es el apoyo mutuo; secundariamente se encontraría la competencia interna de cada especie, y finalmente las mutaciones aleatorias que a veces, menos veces que más, resultan en cambios en los individuos de las especies que por suerte resultan adaptativas y les permiten acoplarse mejor a los cambios de su entorno y por lo tanto evitar la extinción propia y de su progenie.

Las investigaciones más novedosas, en general, se encaminan sobre la línea de estudio del apoyo mutuo. En Octubre del 2019, la Universidad de Copenhagen publica un estudio que nos dice lo siguiente en su abstract:

[inicio de cita]>

Las bacterias sociales trabajan hombro con hombro

Al aislar unas bacterias que se encontraban sobre una pequeña cáscara de maíz (donde se veían obligadas a "luchar" por el espacio) los científicos pudieron investigar el grado en que las bacterias compiten o bien cooperan para sobrevivir. Las cepas bacterianas se seleccionaron en función de su capacidad de crecer juntas. Los investigadores midieron la biopelícula bacteriana, una capa protectora viscosa que protege a las bacterias contra amenazas externas como antibióticos o depredadores. Cuando las bacterias son saludables, producen más biopelícula volviéndose más fuertes y resistentes.

Una y otra vez, los investigadores observaron el mismo resultado: en lugar de que las bacterias mas fuertes sostuvieran una competencia contra las demás bacterias más débiles en la producción de biopelícula, estas se permitían hacer espacio para las más débiles, lo que permitió que las bacterias más débiles crecieran mucho mejor de lo que lograrían por sí solas. Al mismo tiempo, los investigadores pudieron ver que las bacterias dividen tareas laboriosas al detener mecanismos innecesarios y compartirlos con sus vecinos.

Las bacterias llevan nuestra comprensión de la sinergia e inspiración grupal a un nivel completamente diferente. Inducen atributos en sus vecinos que de otro modo solo permanecerían latentes. De esta manera, los grupos de bacterias pueden expresar, en sí mismas y en otras, propiedades que no son posibles cuando están solas. Cuando están juntas, pueden surgir características totalmente nuevas de pronto.

[fin de cita // referencia de cita]> https://www. sciencedaily.com /releases/2019 /10/1910110 95910.htm

Con estos datos, y retomando un punto muy valioso del análisis de Thomas Huxley, que es la visión no-moral de la naturaleza, podríamos decir que el ser humano, como especie animal muy cercanamente emparentada a los primates, que son de los animales más sociales que existen, posee en su paquete genético una tendencia muy marcada a la solidaridad incondicional, y lo recalco, no como un rasgo inherentemente "bondadoso" sino como Huxley diría, un rasgo meramente adaptativo, que por mera coincidencia si se calificara de manera moralista podría parecer algo con cualidad de bueno o bondadoso.

No solo esto, sino que es ya algo sabido y estudiado el que las especies animales con rasgos altamente sociales suelen sentir atracción por otras especies similares, por ejemplo, los delfines suelen sentirse atraídos por los humanos, y los humanos por los cuervos o los perros, y viceversa, los chimpancés por los humanos así como los humanos con algunos reptiles como el Salvator merianae, por lo cual podríamos decir que el rasgo de sociabilidad suele romper barreras entre especies, fomentando la solidaridad inter-especista.

No obstante, no podemos dejar a un lado que cualquier animal, por más social que sea, también posee actitudes y conductas que viran hacia la auto-preservación y el alejamiento de los estímulos dolorosos, como lo plantea John Locke, no obstante, algo que Locke no llegó a incorporar en su visión de la 'autopreservación' es el hecho de que en el caso del humano, el cableado innato por así decirlo de la autopreservación incluye la preservación de la otredad, es decir, en nuestra entidad biológica, el procurarle el bien a otros individuos sin esperar nada a cambio viene como parte del paquete adaptativo que ha probado, a través de la selección natural, ser un rasgo que nos ha permitido sobrevivir en mayor medida que si fuéramos seres absolutamente volcados al beneficio únicamente individual.

Y a esto vamos con el tercer punto de las premisas que revisamos anteriormente: tomemos a un depredador como el cocodrilo o el león, son animales que tras una etapa muy acelerada de desarrollo, ya están capacitados para sobrevivir mayormente bajo su propio cuidado, dotados de armas letales como partes de su cuerpo que les permiten prescindir de un cuidado tan altamente social como el ser humano. Incluso tomemos el ejemplo de animales herbívoros que usualmente cumplen el rol de presas, que son capaces de huir velozmente de depredadores a los pocos días de haber nacido, cosa que un bebé humano ni siquiera a los 30 años de vida podría lograr. El ser humano, con su etapa tan extendida, en comparación con otros animales, de desarrollo inicial, requiere de un cuidado social extremadamente marcado, siendo incapaz de prescindir de este rasgo comunitario, gregario, social, que le limita por un lado, pero a su vez se convierte en la clave de su éxito evolutivo.

¿Qué entendemos por bondad o maldad humana?

Para empezar habría que tener una cierta noción de lo que nos preguntamos. Por muchos siglos este fue el tema de estudio filosófico de la Ética, la cual intentó definir racionalmente qué cosas generaban un impacto positivo en la sociedad, lo bueno, en contraposición a aquello que generara impactos negativos, la maldad. Posteriormente vino la evolución del juramento hipocrático en el arte y ciencia de la sanación que a lo largo de muchos siglos fue a convertirse, ya en el siglo XIX, en la medicina que conocemos actualmente, el cual sigue celebrando una versión actualizada de dicho juramento hipocrático, mismo que estipula el deber de "hacer el bien" al tratar con la salud de las personas. Es de esta misma corriente médica moderna que se deriva la «bio-ética», un intento por universalizar justamente este concepto de "bondad" a la hora de tratar con la salud humana. Existen diferentes escuelas dentro de la bioética, así como detractores de la misma pues la consideran peligrosa, pero eso es arena de otro costal, lo importante aquí es en general comprender que el tema de la bondad y la maldad absolutas sigue siendo un problema.

Una de las escuelas de pensamiento que mejor resuelven este problema, en mi opinión, es la del «relativismo cultural» pues le devuelven la responsabilidad de interpretar la realidad a cada agrupación humana suficientemente madura para autosustentarse, pues ciertamente no todas las agrupaciones humanas son capaces de autosustentarse, y solamente aquellas que demuestran históricamente la capacidad de solventar sus problemáticas locales con sus propios medios pueden alcanzar a considerarse comunidades, pueblos, culturas o civilizaciones. Este es el primer paso, la autonomía de una cultura, y posterior a esta viene algo interesante, pues podría considerarse un primer punto de partida para lo bueno y lo malo entre grupos humanos que viene siendo la capacidad de comprender que no todas las culturas pueden ser homogéneas, el respeto a la diversidad, la tolerancia con respecto a la multiculturalidad. Este tema hace surgir un aparente dilema con respecto a la escuela del relativismo cultural, y es que ¿debe tolerarse la intolerancia? las agrupaciones humanas que alcanzan el rango de culturas ¿es valido que un día decidan que su cultura es digna de ser universal y vayan por ahí sometiendo a otras culturas a sus términos de bondad? la respuesta obviamente es que no, el consenso social, más que una idea innata o regla universal divina, es que la intolerancia expansionista no puede ser tolerada pues atenta contra muchos principios que multiculturalmente se ven como puntos de sentido común: el respeto a la vida, el procurar periodos extendidos de paz con respecto al exterior para poder resolver problemas al interior, y algo que podría ser tan obvio que pasaría desapercibido fácilmente como el hecho de poder experimentar la realidad, expresarse y vivir con libertad su propia estética (rituales, vestimenta, iconografía, su propio canon de belleza en todo aspecto) sin influencias externas.

Como ya vimos, a pesar de la multiculturalidad, la cual deja la responsabilidad de gestionarse a cada cultura, existe una noción común al respecto de ciertos elementos, cosa que en un principio incluso permite que por ejemplo el concepto globalizador, occidental y monoculturalizador de los Derechos Humanos funcione con cierta aceptación generas. El respeto a la vida, el fomento de la solidaridad, el uso de violencia solo para defender la vida, son algunos ejemplos de estos puntos comunes interculturales que representan "lo bueno". Mientras que el uso desmedido de la violencia, el constante estado de asedio sin paz, el estado de ingobernabilidad interior (en el sentido de caos total), son nociones de "lo malo".

Ahora, en lo que respecta al tema principal de si la humanidad es naturalmente propensa a la maldad o a la bondad, ya vimos ciertas posturas clásicas al respecto, así como ciertas premisas biológicas de nuestro funcionamiento como entidades animales, y finalmente delimitamos en lo general las conductas que atentan contra la vida en contraposición a conductas que fomentan la vida y la diversidad. Vamos a profundizar ahora en aquello que podría orillar a la humanidad a perpetrar el mal o a hacer el bien, y cuál parece dársele más naturalmente a esta criatura que llamamos humanidad.

Primero que nada, tenemos que descartar el caso de la neurodiversidad, las cuales en algunos casos parecerían desconectar─ por así decirlo─las conductas favorables de la maquinaria social y empática que como vimos aparece por defecto en el ser humano. Nacer con una malformación o bien un error a nivel funcional del sistema nervioso central pueden dar como resultado una cría humana con una condición sociopática o psicopática de nacimiento, lo cual daría como resultado que a los pocos años de desarrollo esa personita sea incapaz de verse reflejada en el dolor ajeno, presentando arranques violentos y asesinos en contra de su persona, de su propia especie o de otras especies. Fuera del padecimiento de una personalidad psicópata, que sería uno de estos ejemplos ya muy popularizado por la cultura pop, existen casos, de personas con síndrome de Down que muestran conductas altamente violentas y poco empáticas, ocurre algo similar con personas que sufren de algunos tipos de epilepsia, depresión, esquizofrenia, en fin, las condiciones de neurodiversidad que provoquen estos desplantes antisociales pueden ser varias y por su naturaleza más ligada a la inconciencia así como la pérdida de control voluntario deben primero descartarse pues en primera su ocurrencia se considera anormal, en el sentido de que no representa al ancho de la población, es decir a la normalidad, sino a un porcentaje sumamente reducido, y su tratamiento es diferente al que se llevaría a cabo con una persona normal que premeditadamente perpetrara algún crimen violento.

Luego de descartar ese tipo de casos de funcionamientos alejados de la norma biológica, tendríamos que tomar en cuenta el medio en el que se desarrolla la persona, su hogar, familia, barrio, incluso su nutrición en una etapa de desarrollo temprana, elementos que hayan permitido un desarrollo de su sistema nervioso de manera correcta. Además de esto anterior existe otro elemento externo muy importante: su cultura natal.

El medio tiene mucho que ver con el desarrollo de la persona, como John Locke o el conductista B.F Skinner nos habrían dicho, con la diferencia de que en la modernidad se sabe que los humanos no nacemos ni con una tabula rasa mental lista a ser impresa completamente por nuestro medio, sino que nacemos con ciertas predisposiciones genéticas a desarrollar por ejemplo el lenguaje, el baile, el apoyo mutuo, las matemáticas, entre otras habilidades, las cuales se ven nutridas o limitadas según nuestro medio nos lo permita.

Pensémoslo de esta manera, si las conductas destructivas fueran la regla, el tejido social sería imposible, viviríamos en un estado de alerta todo el tiempo; la acciones violentas, de rapiña y mala fé ya hubieran llevado la evolución humana por otro sendero, por no decir que ya nos hubiesen diezmado al grado de la extinción antes siquiera de que una posible evolución depredadora (piel gruesa, colmillos, garras, escupir fuego y abejas) se pudiera haber llevado a cabo.

La realidad no delata todo lo contrario, la selección natural nos ha moldeado, desde antes de que fuéramos incluso homo sapiens, es más, desde antes de que siquiera llegáramos a ser "homo" en nuestra línea filogenética, en seres compasivos, sociales, altruistas, tiernos, aunque también con su justa medida (mas cabe notar que no sobrepasan estas cualidades agresivas aquellas enfocadas en la solidaridad y la paz) de fortaleza, alerta y fuerza bruta.

¿Si estamos, como especie, diseñada para ser solidaria y favorecer a la vida por encima de la extinción, por qué hay tanto mal en el mundo?

Investigadoræs como Fraans de Waal, Piotr Kropotkin o Simone de Bouvoir estarían de acuerdo en que si bien la naturaleza nos dota de todas las herramientas para proteger la vida y sobre todo a nuestra sociedad, es en la cultura en donde la biología encuentra su verdugo. La capacidad del ser humano de racionalizar y justificar su propia vida tienen casi tanta fuerza como su propia biología: la necedad del pensamiento abstracto logra encubrir la maldad con bondad, justificarse que arrasar con judíos, con "indios", con comunistas, con burgueses, en fin, arrasar con "el enemigo" suele lograr convencer, si se hace con mucho arte, incluso a generaciones completas por al menos un periodo de tiempo antes de que la descendencia de esas mismas generaciones se logren dar cuenta de la fantasía y el engaño que estuvieron siguiendo y los crímenes que perpetraron en nombre de esos ideales.

Gustave LeBon y Piotr Kropotkin nos hablan, cada uno a su manera, del comportamiento de "las masas". Como diría la escuela de la Gestalt, el total representa más que la suma de todas sus partes individuales, y en el caso de los grupos humanos pareciera casualmente atinarle justo al blanco: las voluntades de los grupos humanos, en cuanto se auto-reconocen como tales─como grupos─se tornan en un ser que básicamente piensa por sí mismo, como una mente de colmena, siendo capaces de acciones que separadas en personas individuales, no se atreverían o no serían capaces de realizar.

Un fenómeno muy estudiado y sumamente interesante, que merece en todo caso un estudio más extenso, pero que para fines de este artículo usaremos para formularnos algunas preguntas de guía general, ¿como fue que un grupo tan grande como lo es una nación, como lo fue Alemania por ahí de 1920, fue capaz de apoyar un régimen fascista como el que representó la Alemania Nazi por tantos años, y después de salir de esa especie de trance social, arrepentirse durante varios años por la masacre de miles de personas en campos de exterminio, o bien ese mismo ejemplo pero en otras latitudes como Korea del Norte, Japón o la España de Francisco Franco, el exterminio de los pueblos originarios de américa del norte por parte de los colonos ingleses, o bien régimenes menos fascistas pero igual de violentos como lo fueron Roma, la Cuba socialista, el México-Tenochtitlan con el imperio mexica, o los reinados mongoles de Gengis Khan. En muchos de estos casos, una vez que dichos grupos se rompen y regresan a la individualidad, las partes suelen sentir un remordimiento histórico que luego se volca en movimientos sociales que intentan reivindicar esos errores transgeneracionales; como la gente estadounidense que promueve y apoya los derechos de los sobrevivientes originarios de américa o de la esclavitud hacia la población negra, o los grupos alemanes de condenan el pasado fascista y promueven ahora una cultura de respeto hacia lo foráneo, el pueblo español que ahora voltea hacia el pueblo mexicano con arrepentimiento por los sucesos de la conquista de la corona española a los pueblos originarios de mesoamérica y promueven un intercambio cultural parejo. Ejemplos como estos sobran. Personas y grupos enteros que tras comportamientos verdaderamente depredadores vuelcan sus energías y recursos en solidarizarse y apoyar a otros grupos humanos sin esperar nada a cambio más que el mismo hecho de apoyar y resarcir el tejido de solidaridad humana.

Quizás sea que la curiosidad y el apego social nos lleven a dejarnos ir en la imitación de nuestro prójimo cuando nos identificamos como grupos, pero que, cuando esta identificación masificada cesa de existir, regresamos a un estado de reflexión en el cual esa misma curiosidad e inteligencia nos lleva a generar nuevos grupos que se consolidan y toman acciones, igual de apasionadas que los actos de depredación, pero ahora de construcción de lo solidario.

Si algo me deja pensando estos ejemplos anteriores es que, como diría Fraans de Waal, Silvia Rivera Cusicanqui o Joseph Stiglitz, necesitamos de mejores ejemplos alrededor de los cuales conformar grupos humanos, que en lugar de imitarse y solaparse en la corrupción, la acumulación desmedida, el miedo, la crueldad, la intolerancia y el mal, se imiten en lo positivo. Siempre habrán errores, pero si algo demuestran actualmente algunas locaciones del planeta (tanto naciones con reconocimiento internacional como poblaciones autónomas sobre todo de usos y costumbres originarias) que cuentan con estabilidad de vida, noción de justicia y buenas prácticas de políticas exteriores e interiores, es que en poblaciones de este tipo el crimen no prolifera, la cooperación es la práctica común y las excepciones son solo eso, excepciones, y generalmente tienen que ver con lo que revisamos al inicio: neurodiversidad de nacimiento o accidentes que provocan neurodiversidades, entre otras excepciones contadas.

¿existirá manera de medir la bondad o maldad de las acciones objetivamente?

Podríamos considerarlo una proeza relativa, sobre todo local y concerniente a cada población, y de manera universal o global más bien sería algo imposible por no decirle necio. Un intento de hacer esto se encuentra en la declaración de los derechos humanos, en donde se intentan estipular ciertos valores "universales" como el derecho a la protección de la vida humana, a la dignidad, a la libertad y la justicia, pero que en la práctica se ha visto confrontada con problemáticas locales, que tienen que ver con las visiones culturales de diferentes latitudes del planeta.

Es un hecho que la multiculturalidad, y la relatividad cultural, chocan con una visión universalizadora de valores absolutos, pues la estandarización de tanta diversidad siempre terminará reduciendo y atropellando las diferencias.

Referencias fotográficas:

https://ww w.flickr .com/pho tos/11148 0047@N 08/with/ 326935 92715/

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El ser humano: ¿bueno o malo por naturaleza?

ciencia cultura

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febrero 21, 2020 | Sección: ciencia cultura | Artículos sobre: revisión de teorías e hipótesis que se relacionan con la conducta humana explícita así como también de sus procesos internos dentro de su ámbito tanto colectivo como individual, temas que atañen a las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

El respeto a la vida, el fomento de la solidaridad, el uso de violencia solo para defender la vida, son algunos ejemplos de estos puntos comunes interculturales que representan “lo bueno”. Mientras que el uso desmedido de la violencia, el constante estado de asedio sin paz, el estado de ingobernabilidad interior (en el sentido de caos total), son nociones de “lo malo”.

A lo largo de la Historia occidental encontraremos reflexiones sobre la llamada ‘naturaleza del hombre’.

Por ejemplo, con Jaques Rousseau, encontramos que su visión del estado natural de la humanidad se concibe como inherentemente bondadosa y libre de conflicto, que busca un bien común, pero que no obstante, requiere de un contrato social libre y voluntario para la protección de dicha bondad, esto a cambio de la aparición de elementos ineludibles, como la corrupción o la violencia, que emergen con dicho contrato social. Es de esta manera que dicho contrato social y, digamos, su sombra de corrupción, se presentan como pequeños sacrificios que hay que asimilar a cambio de un beneficio mucho mayor que es el orden social.

Por otro lado, probablemente hayas escuchado la máxima de “el hombre es lobo del hombre”, el «estado natural» de una guerra de todos contra todos. Este pensamiento pertenece a Tomás Hobbes, el cual asegura que la humanidad solo puede remediar su guerra eterna a través del contrato social, que es la unión de las masas bajo un único orden, es decir, esta masa, este “leviatán” le otorga su soberanía a un rey absoluto, el cual cargará con la responsabilidad de proteger al pueblo exclusivamente bajo un régimen absolutista.


Tenemos otro ejemplo de ‘naturaleza humana’ en la visión empirista de John Locke, en donde la humanidad nace como una tabula rasa, una placa limpia en donde las circunstancias van moldeando a las personas en buenas o malas a partir del principio de la autoconservación, que es una condición natural, siendo así un contrato social una herramienta indispensable para poder regular el respeto a los derechos de las personas cuando las “leyes naturales” bondadosas ya no son suficientes para garantizar la paz; esto se logra a través de mediadores y representantes elegidos libremente por democracia directa, lo cual no es garantía de bondad o incorruptibilidad, pero es un sacrificio que debe hacerse para lograr un orden y un mejoramiento social.

Thomas Henry Huxley, defensor de Charles Darwin, lo cual le ganó el apodo de “bulldog de Darwin”, aunque bueno, lo correcto sería decir que era defensor de lo que él mismo habría interpretado de Darwin, mencionaba que la naturaleza en sí misma es no-moral, es decir ni inherentemente bondadosa ni malvada, puesto que en un escenario en donde un lobo persigue a un venado, un humano que ayudara al venado no podría ser calificado de bueno, y un humano que ayudara al lobo no podría ser calificado de malvado:

Si deseamos representar el curso de la naturaleza en términos del pensamiento humano […] debemos decir que su principio rector es intelectual y no moral; que es un proceso lógico materializado, acompañado de placeres y dolores, cuya incidencia, en la mayoría de los casos, no tiene la más mínima referencia al discernimiento moral.

T. Henry Huxley – La lucha por la existencia en la sociedad humana (1888)

Huxley, luego continúa diciendo que el humano, en sus etapas más primitivas llevaba una vida burda, como Hobbes la describía, una guerra de todos contra todos, pero nunca calificable moralmente como perversa, sino de la misma manera que una lucha entre un lobo y una oveja, un fenómeno natural. Pero que una vez que la evolución llevó al hombre a vivir en sociedad, como un perfeccionamiento de la conducta animal, entonces el hombre tendió a la paz y la moralidad, como ideal, raramente alcanzado. Cabe notar que Huxley, bajo la luz de la no-moralidad que mencionamos antes, describe la naturaleza, en sus propias palabras, como una lucha interminable similar a la de gladiadores en la arena del gran coliseo de la supervivencia a través del individualismo como condición natural.

El naturalista Piotr Kropotkin en su libro titulado Apoyo Mutuo nos relata sobre como en sus años de observación de animales salvajes nunca encontró el comportamiento de la competencia individualista como una regla, sino todo lo contrario, fue testigo del fenómeno que denomina como apoyo mutuo como regla general entre todas las especies animales, desde insectos en donde esta conducta es más obvia como es el caso de las hormigas o las abejas, pasando por aves, reptiles y toda clase de mamíferos. Se le ha llegado a criticar este optimismo mutualista, diciendo que quizá exageró un poquito, no obstante, algo que ha pasado por alto por ya más de un siglo, es que el mismo Darwin menciona el mutualismo en su obra de la Evolución de las especies, cierto es que ni él mismo le dio la suficiente importancia a pesar de dibujar la idea de manera bastante explícita en su propio texto, cosa que el neodarwinismo parece haber pasado por completo de largo, prefiriendo equiparar el concepto de “sobrevivencia del organismo más apto” con la idea reducida de “sobrevivencia del organismo más fuerte”, que no es lo mismo.

Como podemos ver, reflexiones hay muchas, y estas no son ni de cerca todas las que podemos encontrar, pero nos pueden servir como punto de partida para respondernos algunas preguntas. ¿Qué entendemos por bondad y por maldad? ¿existirá manera de medir la bondad o maldad de las acciones humanas, objetivamente? ¿es dicha medida algo universal?

Una entidad biológica solidaria

Se podrán conjeturar muchas cosas sobre esta especie animal de la cual formamos parte, pero hay unas pocas características─empíricamente comprobables─de las cuales sin duda alguna podemos partir:

  1. La humanidad es un ser social, es decir enfocada a su especie más que a su individualidad, con pulsiones sociales claramente nutridas por su misma naturaleza biológica. Dentro de estas pulsiones básicas, que tienden a lo social, se han tipificado ciertas conductas estereotipadas que no solo aparecen en humanos, sino también en sus primos cercanos en el árbol taxonómico como lo son los bonobos, los chimpancés, los gorilas y otros primates avanzados, e incluso en otras especies altamente sociales como los cuervos por poner solo un ejemplo. Estas conductas estereotipadas son: búsqueda o noción de justicia, aislamiento del grupo ante una acción de abierta injusticia, altruismo incondicional reflejo (es decir que se toma la acción automáticamente sin pasar por una reflexión previa de parentezco de sangre, de conveniencia o de medición de probabilidades de peligro propio), imitación motriz (como es el caso de las neuronas espejo), empatía emocional y reacciones de consuelo, duelo ante la muerte de algun miembro propio e incluso acompañamiento al duelo ajeno, celos y envidia (¡no son necesariamente malos! más adelante veremos por qué), previsión a futuro con tendencias sociales (es decir, no solamente planeaciones individualistas), apego emocional a otras especies altamente sociales, generación de vínculos entre pares en diversas situaciones como la maternidad o las parejas reproductivas/afectivas (el caso de la función de la oxcitocina que es un neuromodulador presente en muchas especies de mamíferos, en las cuales desempeña un rol de ‘pegamento social’), así como compañerismos sin fines reproductivos sino más bien de juego. Según Kropotkin estos rasgos sociales, que les llaman de “apoyo mutuo”, están muchísimo más presentes que los de competencia individualista, que autores como Thomas Huxley u otros intérpretes de Darwin, postulan tan agresivamente. La filósofa Simone de Bouvoir nos recordaría que el cuerpo de la mujer protege a la especie en detrimento a la individualidad de la mujer, los dolores menstruales, el embarazo, la lactancia, la menopausia, son todos procesos que representan fuertes sacrificios individuales con el solo propósito biológico de cuidar a la especie completa, su perpetuación biológica. Este primer punto de la orientación social/de especie es axiomático para una gran cantidad de referentes del naturalismo, de la psicología y la sociología internacional.
  2. Es un ser curioso e inteligente, definiendo en este caso inteligencia como la capacidad de manipular recursos físicos, emocionales o cognitivos a su disposición próxima, sea espacial o temporal, para resolver problemas cotidianos o perversos… y no se asusten, porque en este caso “perverso” no lo utilizo como una manera peyorativa con tintes sexuales o violentos como normalmente se usa, sino la manera en la cual una criatura como el ser humano empuja la realidad a sus límites más “anti-naturales” por así decirlo, a veces incluso innecesarios, para los cuales no estaba diseñada la naturaleza desde un inicio; por ejemplo, el quemar la carne para poder digerirla más fácilmente podríamos tomarlo como una perversión de la naturaleza de la carne, o bien tener sexo por placer y no con fines reproductivos podría tomarse como una perversión del acto mismo de la reproducción, y como un último ejemplo para dejar claro el uso de la palabra, el hecho de fermentar o quemar algunas semillas o frutos para conseguir bebidas embriagantes como el mezcal o energizantes como el café o el tabaco podría tomarse como una perversión innecesaria de esas mismas materias primas. Su naturaleza curiosa le lleva a transformar la naturaleza en objetos que salen fuera del curso natural, que no serían posibles si no fuera por esta cualidad artificiosa inteligente.
  3. Cuenta con una etapa de infancia alargada en comparación con otros animales. Durante esta fase, el sistema nervioso humano muestra un desarrollo muy acelerado en comparación a otras etapas de su vida, de hecho no tenemos que saber mucho de ciencia para intuir que esto es algo totalmente cierto dados los varios procesos paralelos que las crías humanas desarrollan con una facilidad aparentemente “innata”; aprendiendo y madurando habilidades extremadamente complejas como el lenguaje verbal y simbólico, el balance y movimientos corporales finos como la escritura, las matemáticas, la especificidad de las diferentes modalidades de memoria (episódica, procedural, motriz, et cétera), y esto solamente por citar unos pocos ejemplos.

A partir de estas tres premisas podemos descartar de entrada la visión de Hobbes y de Huxley que por sus puntos de vista tremendamente pesimistas conflictúan con las investigaciones irrefutables más recientes las cuales ya ni siquiera están a discusión teórica. Por otro lado la visión exageradamente positiva de Rousseau parece tampoco ajustarse a la realidad práctica de como se desenvuelven los fenómenos naturales. Como ya lo dije anteriormente, la visión de Kropotkin suele tomarse también como una postura demasiado eufemística de la realidad, no obstante pone sobre la mesa una postura que al liberarla de su optimismo desmedido se sostiene bastante bien.

Por otro lado, para argumentar el siguiente postulado podríamos retomar el trabajo original de Darwin, que al contrario de lo que muchas personas que no le han leído correctamente podrían pensar, no le daba un peso tan grande a la competencia encarnizada entre individuos de la misma especie, como sí lo hacen por ejemplo Thomas Huxley, o el escritor del artículo “El Gen Egoísta” Richard Dawkings. Si bien el postulado de la guerra por la escasez de recursos entre diferentes especies de Thomas Robert Malthus termina siendo de ese grupo sobradamente pesimista como Hobbes o Huxley, fue gracias a esa conjetura malthusiana que ambos naturalistas, Charles Darwin y Alfred Russell Wallace, encontraron su inspiración para armar la teoría de la evolución.

Es la visión original de Darwin donde encontramos que el motor de la evolución se encuentra en la selección natural, y su combustible más importante, según Kropotkin, y según la tendencia más moderna en cuanto a investigaciones etológicas (es decir, de observación de animales salvajes en sus hábitats naturales), es el apoyo mutuo; secundariamente se encontraría la competencia interna de cada especie, y finalmente las mutaciones aleatorias que a veces, menos veces que más, resultan en cambios en los individuos de las especies que por suerte resultan adaptativas y les permiten acoplarse mejor a los cambios de su entorno y por lo tanto evitar la extinción propia y de su progenie.

Las investigaciones más novedosas, en general, se encaminan sobre la línea de estudio del apoyo mutuo. En Octubre del 2019, la Universidad de Copenhagen publica un estudio que nos dice lo siguiente en su abstract:

Las bacterias sociales trabajan hombro con hombro

Al aislar unas bacterias que se encontraban sobre una pequeña cáscara de maíz (donde se veían obligadas a “luchar” por el espacio) los científicos pudieron investigar el grado en que las bacterias compiten o bien cooperan para sobrevivir. Las cepas bacterianas se seleccionaron en función de su capacidad de crecer juntas. Los investigadores midieron la biopelícula bacteriana, una capa protectora viscosa que protege a las bacterias contra amenazas externas como antibióticos o depredadores. Cuando las bacterias son saludables, producen más biopelícula volviéndose más fuertes y resistentes.

Una y otra vez, los investigadores observaron el mismo resultado: en lugar de que las bacterias mas fuertes sostuvieran una competencia contra las demás bacterias más débiles en la producción de biopelícula, estas se permitían hacer espacio para las más débiles, lo que permitió que las bacterias más débiles crecieran mucho mejor de lo que lograrían por sí solas. Al mismo tiempo, los investigadores pudieron ver que las bacterias dividen tareas laboriosas al detener mecanismos innecesarios y compartirlos con sus vecinos.

Las bacterias llevan nuestra comprensión de la sinergia e inspiración grupal a un nivel completamente diferente. Inducen atributos en sus vecinos que de otro modo solo permanecerían latentes. De esta manera, los grupos de bacterias pueden expresar, en sí mismas y en otras, propiedades que no son posibles cuando están solas. Cuando están juntas, pueden surgir características totalmente nuevas de pronto.

https://www. sciencedaily.com /releases/2019 /10/1910110 95910.htm

Con estos datos, y retomando un punto muy valioso del análisis de Thomas Huxley, que es la visión no-moral de la naturaleza, podríamos decir que el ser humano, como especie animal muy cercanamente emparentada a los primates, que son de los animales más sociales que existen, posee en su paquete genético una tendencia muy marcada a la solidaridad incondicional, y lo recalco, no como un rasgo inherentemente “bondadoso” sino como Huxley diría, un rasgo meramente adaptativo, que por mera coincidencia si se calificara de manera moralista podría parecer algo con cualidad de bueno o bondadoso.

No solo esto, sino que es ya algo sabido y estudiado el que las especies animales con rasgos altamente sociales suelen sentir atracción por otras especies similares, por ejemplo, los delfines suelen sentirse atraídos por los humanos, y los humanos por los cuervos o los perros, y viceversa, los chimpancés por los humanos así como los humanos con algunos reptiles como el Salvator merianae, por lo cual podríamos decir que el rasgo de sociabilidad suele romper barreras entre especies, fomentando la solidaridad inter-especista.

No obstante, no podemos dejar a un lado que cualquier animal, por más social que sea, también posee actitudes y conductas que viran hacia la auto-preservación y el alejamiento de los estímulos dolorosos, como lo plantea John Locke, no obstante, algo que Locke no llegó a incorporar en su visión de la ‘autopreservación’ es el hecho de que en el caso del humano, el cableado innato por así decirlo de la autopreservación incluye la preservación de la otredad, es decir, en nuestra entidad biológica, el procurarle el bien a otros individuos sin esperar nada a cambio viene como parte del paquete adaptativo que ha probado, a través de la selección natural, ser un rasgo que nos ha permitido sobrevivir en mayor medida que si fuéramos seres absolutamente volcados al beneficio únicamente individual.

Y a esto vamos con el tercer punto de las premisas que revisamos anteriormente: tomemos a un depredador como el cocodrilo o el león, son animales que tras una etapa muy acelerada de desarrollo, ya están capacitados para sobrevivir mayormente bajo su propio cuidado, dotados de armas letales como partes de su cuerpo que les permiten prescindir de un cuidado tan altamente social como el ser humano. Incluso tomemos el ejemplo de animales herbívoros que usualmente cumplen el rol de presas, que son capaces de huir velozmente de depredadores a los pocos días de haber nacido, cosa que un bebé humano ni siquiera a los 30 años de vida podría lograr. El ser humano, con su etapa tan extendida, en comparación con otros animales, de desarrollo inicial, requiere de un cuidado social extremadamente marcado, siendo incapaz de prescindir de este rasgo comunitario, gregario, social, que le limita por un lado, pero a su vez se convierte en la clave de su éxito evolutivo.

¿Qué entendemos por bondad o maldad humana?

Para empezar habría que tener una cierta noción de lo que nos preguntamos. Por muchos siglos este fue el tema de estudio filosófico de la Ética, la cual intentó definir racionalmente qué cosas generaban un impacto positivo en la sociedad, lo bueno, en contraposición a aquello que generara impactos negativos, la maldad. Posteriormente vino la evolución del juramento hipocrático en el arte y ciencia de la sanación que a lo largo de muchos siglos fue a convertirse, ya en el siglo XIX, en la medicina que conocemos actualmente, el cual sigue celebrando una versión actualizada de dicho juramento hipocrático, mismo que estipula el deber de “hacer el bien” al tratar con la salud de las personas. Es de esta misma corriente médica moderna que se deriva la «bio-ética», un intento por universalizar justamente este concepto de “bondad” a la hora de tratar con la salud humana. Existen diferentes escuelas dentro de la bioética, así como detractores de la misma pues la consideran peligrosa, pero eso es arena de otro costal, lo importante aquí es en general comprender que el tema de la bondad y la maldad absolutas sigue siendo un problema.

Una de las escuelas de pensamiento que mejor resuelven este problema, en mi opinión, es la del «relativismo cultural» pues le devuelven la responsabilidad de interpretar la realidad a cada agrupación humana suficientemente madura para autosustentarse, pues ciertamente no todas las agrupaciones humanas son capaces de autosustentarse, y solamente aquellas que demuestran históricamente la capacidad de solventar sus problemáticas locales con sus propios medios pueden alcanzar a considerarse comunidades, pueblos, culturas o civilizaciones. Este es el primer paso, la autonomía de una cultura, y posterior a esta viene algo interesante, pues podría considerarse un primer punto de partida para lo bueno y lo malo entre grupos humanos que viene siendo la capacidad de comprender que no todas las culturas pueden ser homogéneas, el respeto a la diversidad, la tolerancia con respecto a la multiculturalidad. Este tema hace surgir un aparente dilema con respecto a la escuela del relativismo cultural, y es que ¿debe tolerarse la intolerancia? las agrupaciones humanas que alcanzan el rango de culturas ¿es valido que un día decidan que su cultura es digna de ser universal y vayan por ahí sometiendo a otras culturas a sus términos de bondad? la respuesta obviamente es que no, el consenso social, más que una idea innata o regla universal divina, es que la intolerancia expansionista no puede ser tolerada pues atenta contra muchos principios que multiculturalmente se ven como puntos de sentido común: el respeto a la vida, el procurar periodos extendidos de paz con respecto al exterior para poder resolver problemas al interior, y algo que podría ser tan obvio que pasaría desapercibido fácilmente como el hecho de poder experimentar la realidad, expresarse y vivir con libertad su propia estética (rituales, vestimenta, iconografía, su propio canon de belleza en todo aspecto) sin influencias externas.

Como ya vimos, a pesar de la multiculturalidad, la cual deja la responsabilidad de gestionarse a cada cultura, existe una noción común al respecto de ciertos elementos, cosa que en un principio incluso permite que por ejemplo el concepto globalizador, occidental y monoculturalizador de los Derechos Humanos funcione con cierta aceptación generas. El respeto a la vida, el fomento de la solidaridad, el uso de violencia solo para defender la vida, son algunos ejemplos de estos puntos comunes interculturales que representan “lo bueno”. Mientras que el uso desmedido de la violencia, el constante estado de asedio sin paz, el estado de ingobernabilidad interior (en el sentido de caos total), son nociones de “lo malo”.

Ahora, en lo que respecta al tema principal de si la humanidad es naturalmente propensa a la maldad o a la bondad, ya vimos ciertas posturas clásicas al respecto, así como ciertas premisas biológicas de nuestro funcionamiento como entidades animales, y finalmente delimitamos en lo general las conductas que atentan contra la vida en contraposición a conductas que fomentan la vida y la diversidad. Vamos a profundizar ahora en aquello que podría orillar a la humanidad a perpetrar el mal o a hacer el bien, y cuál parece dársele más naturalmente a esta criatura que llamamos humanidad.

Primero que nada, tenemos que descartar el caso de la neurodiversidad, las cuales en algunos casos parecerían desconectar─ por así decirlo─las conductas favorables de la maquinaria social y empática que como vimos aparece por defecto en el ser humano. Nacer con una malformación o bien un error a nivel funcional del sistema nervioso central pueden dar como resultado una cría humana con una condición sociopática o psicopática de nacimiento, lo cual daría como resultado que a los pocos años de desarrollo esa personita sea incapaz de verse reflejada en el dolor ajeno, presentando arranques violentos y asesinos en contra de su persona, de su propia especie o de otras especies. Fuera del padecimiento de una personalidad psicópata, que sería uno de estos ejemplos ya muy popularizado por la cultura pop, existen casos, de personas con síndrome de Down que muestran conductas altamente violentas y poco empáticas, ocurre algo similar con personas que sufren de algunos tipos de epilepsia, depresión, esquizofrenia, en fin, las condiciones de neurodiversidad que provoquen estos desplantes antisociales pueden ser varias y por su naturaleza más ligada a la inconciencia así como la pérdida de control voluntario deben primero descartarse pues en primera su ocurrencia se considera anormal, en el sentido de que no representa al ancho de la población, es decir a la normalidad, sino a un porcentaje sumamente reducido, y su tratamiento es diferente al que se llevaría a cabo con una persona normal que premeditadamente perpetrara algún crimen violento.

Luego de descartar ese tipo de casos de funcionamientos alejados de la norma biológica, tendríamos que tomar en cuenta el medio en el que se desarrolla la persona, su hogar, familia, barrio, incluso su nutrición en una etapa de desarrollo temprana, elementos que hayan permitido un desarrollo de su sistema nervioso de manera correcta. Además de esto anterior existe otro elemento externo muy importante: su cultura natal.

El medio tiene mucho que ver con el desarrollo de la persona, como John Locke o el conductista B.F Skinner nos habrían dicho, con la diferencia de que en la modernidad se sabe que los humanos no nacemos ni con una tabula rasa mental lista a ser impresa completamente por nuestro medio, sino que nacemos con ciertas predisposiciones genéticas a desarrollar por ejemplo el lenguaje, el baile, el apoyo mutuo, las matemáticas, entre otras habilidades, las cuales se ven nutridas o limitadas según nuestro medio nos lo permita.

Pensémoslo de esta manera, si las conductas destructivas fueran la regla, el tejido social sería imposible, viviríamos en un estado de alerta todo el tiempo; la acciones violentas, de rapiña y mala fé ya hubieran llevado la evolución humana por otro sendero, por no decir que ya nos hubiesen diezmado al grado de la extinción antes siquiera de que una posible evolución depredadora (piel gruesa, colmillos, garras, escupir fuego y abejas) se pudiera haber llevado a cabo.

La realidad no delata todo lo contrario, la selección natural nos ha moldeado, desde antes de que fuéramos incluso homo sapiens, es más, desde antes de que siquiera llegáramos a ser “homo” en nuestra línea filogenética, en seres compasivos, sociales, altruistas, tiernos, aunque también con su justa medida (mas cabe notar que no sobrepasan estas cualidades agresivas aquellas enfocadas en la solidaridad y la paz) de fortaleza, alerta y fuerza bruta.

¿Si estamos, como especie, diseñada para ser solidaria y favorecer a la vida por encima de la extinción, por qué hay tanto mal en el mundo?

Investigadoræs como Fraans de Waal, Piotr Kropotkin o Simone de Bouvoir estarían de acuerdo en que si bien la naturaleza nos dota de todas las herramientas para proteger la vida y sobre todo a nuestra sociedad, es en la cultura en donde la biología encuentra su verdugo. La capacidad del ser humano de racionalizar y justificar su propia vida tienen casi tanta fuerza como su propia biología: la necedad del pensamiento abstracto logra encubrir la maldad con bondad, justificarse que arrasar con judíos, con “indios”, con comunistas, con burgueses, en fin, arrasar con “el enemigo” suele lograr convencer, si se hace con mucho arte, incluso a generaciones completas por al menos un periodo de tiempo antes de que la descendencia de esas mismas generaciones se logren dar cuenta de la fantasía y el engaño que estuvieron siguiendo y los crímenes que perpetraron en nombre de esos ideales.

Gustave LeBon y Piotr Kropotkin nos hablan, cada uno a su manera, del comportamiento de “las masas”. Como diría la escuela de la Gestalt, el total representa más que la suma de todas sus partes individuales, y en el caso de los grupos humanos pareciera casualmente atinarle justo al blanco: las voluntades de los grupos humanos, en cuanto se auto-reconocen como tales─como grupos─se tornan en un ser que básicamente piensa por sí mismo, como una mente de colmena, siendo capaces de acciones que separadas en personas individuales, no se atreverían o no serían capaces de realizar.

Un fenómeno muy estudiado y sumamente interesante, que merece en todo caso un estudio más extenso, pero que para fines de este artículo usaremos para formularnos algunas preguntas de guía general, ¿como fue que un grupo tan grande como lo es una nación, como lo fue Alemania por ahí de 1920, fue capaz de apoyar un régimen fascista como el que representó la Alemania Nazi por tantos años, y después de salir de esa especie de trance social, arrepentirse durante varios años por la masacre de miles de personas en campos de exterminio, o bien ese mismo ejemplo pero en otras latitudes como Korea del Norte, Japón o la España de Francisco Franco, el exterminio de los pueblos originarios de américa del norte por parte de los colonos ingleses, o bien régimenes menos fascistas pero igual de violentos como lo fueron Roma, la Cuba socialista, el México-Tenochtitlan con el imperio mexica, o los reinados mongoles de Gengis Khan. En muchos de estos casos, una vez que dichos grupos se rompen y regresan a la individualidad, las partes suelen sentir un remordimiento histórico que luego se volca en movimientos sociales que intentan reivindicar esos errores transgeneracionales; como la gente estadounidense que promueve y apoya los derechos de los sobrevivientes originarios de américa o de la esclavitud hacia la población negra, o los grupos alemanes de condenan el pasado fascista y promueven ahora una cultura de respeto hacia lo foráneo, el pueblo español que ahora voltea hacia el pueblo mexicano con arrepentimiento por los sucesos de la conquista de la corona española a los pueblos originarios de mesoamérica y promueven un intercambio cultural parejo. Ejemplos como estos sobran. Personas y grupos enteros que tras comportamientos verdaderamente depredadores vuelcan sus energías y recursos en solidarizarse y apoyar a otros grupos humanos sin esperar nada a cambio más que el mismo hecho de apoyar y resarcir el tejido de solidaridad humana.

Quizás sea que la curiosidad y el apego social nos lleven a dejarnos ir en la imitación de nuestro prójimo cuando nos identificamos como grupos, pero que, cuando esta identificación masificada cesa de existir, regresamos a un estado de reflexión en el cual esa misma curiosidad e inteligencia nos lleva a generar nuevos grupos que se consolidan y toman acciones, igual de apasionadas que los actos de depredación, pero ahora de construcción de lo solidario.

Si algo me deja pensando estos ejemplos anteriores es que, como diría Fraans de Waal, Silvia Rivera Cusicanqui o Joseph Stiglitz, necesitamos de mejores ejemplos alrededor de los cuales conformar grupos humanos, que en lugar de imitarse y solaparse en la corrupción, la acumulación desmedida, el miedo, la crueldad, la intolerancia y el mal, se imiten en lo positivo. Siempre habrán errores, pero si algo demuestran actualmente algunas locaciones del planeta (tanto naciones con reconocimiento internacional como poblaciones autónomas sobre todo de usos y costumbres originarias) que cuentan con estabilidad de vida, noción de justicia y buenas prácticas de políticas exteriores e interiores, es que en poblaciones de este tipo el crimen no prolifera, la cooperación es la práctica común y las excepciones son solo eso, excepciones, y generalmente tienen que ver con lo que revisamos al inicio: neurodiversidad de nacimiento o accidentes que provocan neurodiversidades, entre otras excepciones contadas.

¿existirá manera de medir la bondad o maldad de las acciones objetivamente?

Podríamos considerarlo una proeza relativa, sobre todo local y concerniente a cada población, y de manera universal o global más bien sería algo imposible por no decirle necio. Un intento de hacer esto se encuentra en la declaración de los derechos humanos, en donde se intentan estipular ciertos valores “universales” como el derecho a la protección de la vida humana, a la dignidad, a la libertad y la justicia, pero que en la práctica se ha visto confrontada con problemáticas locales, que tienen que ver con las visiones culturales de diferentes latitudes del planeta.

Es un hecho que la multiculturalidad, y la relatividad cultural, chocan con una visión universalizadora de valores absolutos, pues la estandarización de tanta diversidad siempre terminará reduciendo y atropellando las diferencias.

Referencias fotográficas:

https://ww w.flickr .com/pho tos/11148 0047@N 08/with/ 326935 92715/

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