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Reporte Multicultural: Rarámuris (Tarahumaras)

En esta ocasión el Reporte Multicultural RSJ trae para ustedes, una visión cultural sobre el pueblo Rarámuri; también conocido por los mexicanos mestizos como Tarahumaras.

Se trata de una comunidad originaria del norte de México que habitaba esas zonas desde antes de la venida de los españoles a territorios americanos. El 90% de su población se asienta en el estado de Chihuahua, no obstante su presencia puede ser notada en toda la parte de la Sierra Madre Occidental que atraviesa territorio del estado de Chihuahua y el suroeste de los estados de Durango y Sonora

El pueblo Rarámuri podría haber provenido de Bering, hace aproximadamente unos treinta mil años; los vestigios humanos más antiguos que se han encontrado en la sierra son las famosas puntas clovis (armas típicas de los cazadores del Pleistoceno) con una antigüedad de casi 15.000 años. Eran belicosos y politeístas. Creían en la vida después de la muerte y en la existencia de seres benévolos y malévolos. Entre los benévolos consideraban al sol, la luna, el médico, las serpientes y las piedras, que provocaban las lluvias y controlaban los animales que cazaban. Entre los malévolos estaban los señores del inframundo que causaban la muerte y los desastres naturales. Sus rituales comunales eran parte esencial de su cultura.

No fue hasta 1606 cuando los misioneros jesuitas tuvieron el primer contacto con los indígenas de la sierra. Cuando llegaron permanentemente los religiosos a su pueblo en 1632, su presencia provocó un levantamiento entre los pueblos indígenas, quienes estaban descontentos con la labor evangelizadora. La primera revuelta terminó con la muerte de dos religiosos, lo que originó una fuerte represión por parte del gobierno de la Nueva España. Fue entonces cuando muchos huyeron y se internaron en las barrancas de lo que hoy es el estado de Chihuahua.

En los siglos XVII y XVIII, cuando diversos grupos de agricultores y comerciantes novohispanos invadieron esta región, despojaron de gran parte de la tierra a los indígenas, intercambiándoselas por productos como jabón, sal, mantas y otras baratijas; algunos fueron obligados a trabajar como peones. En cambio, otros emigraron hacia las partes más recónditas de la sierra para protegerse y evadir el trabajo forzado en haciendas y minas. Es ahí, en lo más abrupto de la sierra, donde se asentaron las misiones jesuitas que, sin mucha controversia, muchas veces sirvieron de refugio a los abusos cometidos contra los locales. Por otra parte este acontecimiento les dejó completamente aislados en los altos de la Sierra, lo cual les ayudó a conservar su cultura y a desarrollar un singular sincretismo religioso que todavía existe y es único en México por su mezcla de catolicismo y chamanismo.

Sociedad y moralidad

El inhóspito medio donde habitan les impone la existencia de familias pequeñas, sus parcelas difícilmente pueden mantener a más de cuatro o cinco miembros de la familia. Sus hogares fabricados de troncos de árbol, trabadas horizontalmente, se encuentran repartidas en las laderas de las montañas a los lados de los arroyos y en las altas mesetas. La parte superior se deja abierta en un lado para que salga el humo del fuego que constantemente arde en la pieza de piso de tierra aplanada. En sus habitaciones -con el mismo diseño desde tiempos precolombinos- no se acostumbran las sillas, las mesas o las camas.

El padre utiliza un término diferente para referirse a su hijo (Nolá) y su hija (Malá), pero la madre emplea un mismo nombre para todos sus hijos (Ránala). Por su parte, aunque tanto los hijos como las hijas tienen un término diferente para designar al padre (onó o marí), ambos usan el mismo para la madre (naná). En el idioma rarámuri se usa la palabra Teweke para referirse a la niña y Towí para el niño.

La vivienda rarámuri que consta prácticamente de un solo cuarto hará que padres e hijos duerman en el mismo espacio reducido, por lo que la privacidad sexual es mínima y más temprano que tarde los menores se enterarán de cómo "se hacen los hermanitos".

La “experiencia sexual” es muy variable. Generalmente la tesgüinada (fiestas que toman su nombre por la bebida fermentada de maíz que se bebe abundantemente en dichos eventos: el tesgüino) constituye un espacio propicio para la iniciación, así como para la promiscuidad de las parejas. Al margen de la tesgüinada es muy raro ver a una pareja pasear juntos y hacerse caricias en público. Asimismo se hacen muy frecuentes las bromas sexuales entre cuñados o entre abuelos y nietos, pero nunca entre padres e hijos o entre tíos y sobrinos, juegos de palabra obscenos en clave de humor con los que no se pretende más que pasar un buen rato.

La tesgüinada posee distintas funciones tanto de carácter social como económico, religioso o recreativo, en ella se conciertan matrimonios, carreras de bola o de ariweta, se hacen negocios, se arreglan disputas, así como también surgen pleitos y peleas en donde se liberan los impulsos agresivos, que muy rara vez acontecen fuera de las tesgüinadas, debido al carácter pacífico que muestran en la vida cotidiana.

[inicio de cita]>

El componente sexual es muy fuerte (en las tesgüinadas) en estas relaciones de modo que parecen tener un carácter homosexual intenso. Muchas veces el juego toma la forma de concurso en el que dos hombres se insultan entre sí con amenazas de relaciones anales. Algunas veces forcejean y uno de ellos puede tirar al otro y asumir la posición del coito. […] Ví a un hombre quitarse la ropa y empujar alegremente su pene flácido hacia la cara de su compañero jocoso que se encontraba sentado, riendo y haciendo gala de su hazaña sexual. Existen infinidad de chistes acerca de las relaciones anales y un hombre puede alzarse su ropa y señalando su ano, preguntarle al otro si le gustaría. […] El juego de tipo homosexual más violento que observé fue entre nietas y abuelas

[fin de cita // referencia de cita]> Kennedy, 1970: 197-198

La “violación” sexual es un hecho sobradamente conocido, más frecuente en el pasado que en el presente. Antiguamente cuentan que llegaba a haber azotes públicos en la comunidad como castigo físico a los violadores hasta que fue prohibido expresamente por la Constitución mexicana. Ahora se opta por humillaciones más simbólicas como desnudarles por largos ratos y tomarles fotos o bien meterlos en la cárcel un tiempo, hablar con sus familias directamente y hacerles pagar multas.

La “homosexualidad”, por otro lado, no es una opción muy conocida. No está bien considerada socialmente pero tampoco implica exclusión o marginación de la persona. En las tesgüinadas se comentan a veces casos de mujeres u hombres que mantienen ese tipo de relación. No escuchamos casos reales de "hombres afeminados", aunque es de suponer que los haya igualmente. Lo que sí abundan en las tesgüinadas son comentarios sarcásticos de hombres fornicando con hombres en tono de broma, de acusaciones mutuas de homosexuales para despertar la hilaridad de los asistentes. Kennedy cita el caso de un rarámuri, Mauricio, que le gusta ser llamado Celia:

[inicio de cita]>

Cuando se emborracha en las tesgüinadas trata de comportarse en agresiva forma femenina contra los hombres. […] a esta persona se le acepta tal cual es, a pesar de no aprobarse su forma de conducta, […] Manteniéndonos dentro del patrón de libertad individual, se le permite al hombre-mujer hacer lo que le plazca, en tanto no provoque conflictos

Creencias espirituales

Los rarámuri son muy religiosos pero practican sus creencias al margen de iglesias. De acuerdo a reconocidos científicos como Richard Evans Schultes y Wade Davis este pueblo es digno de admiración, pues ha preservado muchas de sus costumbres, a pesar del dominio y la imposición de las iglesias europeas.

Desde hace varios siglos emplean los mismos dibujos, los mismos símbolos en sus obras artísticas: en sus fajas, cerámica y cobijas. Recordemos que el arte para muchos pueblos antiguos no se trata de obras con valor comercial o destinadas a galerías, sino una amalgamación de técnicas de tejido, danza, pintura mezcladas con imagería de su cosmogonía, leyes, moral y utilitarismo de vasijas, cobijas, tapices, es decir, el arte para estos pueblos es una expresión que abarca la vida diaria, no una actividad económica o una actividad meramente enfocada en el mercado del entretenimiento.

A sus muertos continúan dejándoles comida para el viaje sin retorno y les ayudan a subir al cielo mediante la celebración de tres o cuatro fiestas. Tienen como deidad principal una fusión de Cristo con su propio Dios original al cual denominan Onorúame. Las concepciones religiosas incluyen el concepto del alma y el de su pérdida. El hombre está rodeado de seres malignos y benignos, por ejemplo, el viento es bueno pero el tornado malo. Celebran una versión de la Semana Santa, en donde representan a los chabochis (en su idioma así se le llama a los blancos, a los mestizos, y a los mexicanos) en el grupo de los malvados (los fariseos de las representaciones clásicas de las procesiones de Semana Santa), los cuales se pintan de blanco y representan a los partidarios de Judas que en la danza simbólicamente andan en todas partes y dominan la situación, pero que al final son vencidos por los representantes del bien: los soldados.

El chamán es el guardián de las costumbres sociales de un pueblo. Sus obligaciones como especialista ritual y terapéutico le obligan a ser un defensor del orden tradicional. Su función es establecer un equilibrio entre el cuerpo y el cosmos. Algunos chamanes utilizan el peyote (híkuli) para sus curaciones, esta planta alucinógena tiene un uso restringido y sólo los chamanes saben la cantidad que se utilizará, así como su recolección y almacenamiento. Se usa como ungüento en la piel para sanar reumatismo, mordeduras de serpiente y otras dolencias. En ciertos lugares solo se usa el Jiculi para curar y en otros la Bakanoa, son plantas sagradas que tienen asegurada su territorialidad ya que los de una zona no se atreven a mencionar la planta de la otra zona.

Relaciones íntimas y casamientos

Con la llegada de la pubertad, el niño con 12 o 13 años y la niña con 14 o 15 años, ya están listos para el matrimonio, cosa que es normal hacerlo cuando el niño tiene unos 14 o 15 años y la niña 17 o 18 años. La tradición dice que sea la mujer la que tome la iniciativa en la elección de pareja. Preferentemente, la tradición dice que el cortejo se debe llevar a cabo en las Tesgüinadas, en ellas, la práctica del coqueteo es un hecho habitual, sobre todo en las jóvenes que han de persuadir a los varones mostrándose atractivas. El modelo de belleza femenina está encarnado por las formas redondeadas y rellenas. La “belleza” en cualquier caso, sea de la mujer o del hombre, es preferible entre esta comunidad buscarla no tanto en los atributos físicos que para su cultura son más deseables, sino en el trato, en los valores y actitudes de las personas.

En cuanto a los atributos físicos gustan más las mujeres rellenitas a los hombres, y los hombres delgados a las mujeres, sin que en ningún caso se haya perdido la agilidad, la fuerza y la resistencia para bailar, caminar y realizar las actividades que forman parte de la costumbre. Sobre el modelo de belleza física y el cortejo amoroso escribía hace algo más de 100 años Lumholtz:

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“Su modelo de belleza no se aviene a nuestro ideal clásico ni
tampoco se conforma al gusto moderno. Constituyen el primer requisito los muslos gordos, y tanto es así que a las personas bien parecidas se les llama “una buena pierna”. Otro elemento esencial de la belleza es el porte erguido. En la cara, los ojos son lo que más atrae la atención, y los más admirados son “los de ratón”, la mayor alabanza que puede hacerse del aspecto personal de cualquiera. Gustan asimismo de las cabelleras lacias. Además de los buenos mozos, les gustan a las mujeres de preferencia los que saben trabajar bien. Nunca se las obliga a contraer matrimonio sin amor.

La virginidad es poco o nada apreciada, aunque algunos rarámuris afirman que antes del casamiento las mujeres no suelen tener relaciones sexuales intensas, ni frecuentan mucho las tesgüinadas para no caer en tentaciones.

Actualmente existe mucho “pudor” en mostrar el cuerpo. ¿A qué se debe ese pudor? La respuesta tal vez haya que buscarla en los acontecimientos del pasado. La agresión del mestizo sobre la mujer rarámuri ha sido desde hace tiempo un hecho recurrente, lo cual podría justificar la ocultación de su desnudez para evitar seguir siendo objeto sexual. Un rarámuri justificaba así el pudor de su gente por mostrar el cuerpo:

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Aquí también es cuestión de la iglesia, porque antiguamente el rarámuri no sentía vergüenza en andar desnudo, la mujer también, los jóvenes, hombres y mujeres andaban desnudos hasta los 20 o más años, desnudos sin nada, pero porque era difícil también de conseguir ropa, se tapaban no más lo más necesario pero no era mal visto pues, la iglesia sí ha tenido que ver en tapar el cuerpo, y en pensar que no se debe mostrar en público, solo para el compañero, para evitar que la gente morbosee con tu cuerpo, eso es cosa de la iglesia, cuando yo empezaba a tener relaciones no era mal visto andar desnudo porque no había ropa y porque eran niños, niños inocentes

Es difícil encontrar dentro de la casa a un rarámuri en calzones y aún sin camisa; aunque cuando empiezan con los juegos dentro de la casa se pierde la compostura y pasan a ser bastante manoseables. El trato frío y la falta de contacto físico que la pareja muestra en público se torna afectivo y cariñoso en numerosos momentos de la vida privada y familiar, sobre todo a partir de la tarde cuando todos se encuentran relajados dentro de la casa tras el trabajo diario. La caricia, el roce estimulante de la piel o del cabello pertenece al ámbito privado y difícilmente se observa en público. El beso, sin embargo, está totalmente ausente, no se practica ni como muestra de cortesía, afecto o amistad, ni como forma de excitación sexual, no forma parte de la costumbre, lo que no quita que algunos lo lleven a efecto influenciados por los contactos interculturales, la televisión o las revistas.

En varias ocasiones se observó la reacción brusca y de extrañeza que varios niños y niñas en distintos momentos tuvieron cuando un determinado visitante no-rarámuri se les acercaba para darles un beso en la mejilla como señal de afecto.

Por costumbre, un joven decide tener pareja desde que dispone de un oficio en la comunidad, a partir de obtener algún encargo comunitario se encuentra con la necesidad de tener pareja, porque es en pareja como se suelen hacer los servicios en la comunidad. Existen distintas formas de empezar la relación de pareja en la comunidad, todavía hay padres que arreglan la unión, y personas como el mayora que se dedican a emparejar para que nadie ande sólo en este mundo, para que los adolescentes con edad y ganas de tener pareja no anden brincando de una a otra. Si se trata de algún joven que se acerca al tesgüino, y da muestras de querer tener relaciones sexuales con una mujer, entonces el mayora o la familia se da cuenta y el primero se encarga de llamarle la atención, de decirle: a ver, no más quieres hacer esto para encontrar pareja o sólo quieres divertirte un rato, el mayora se dedica a eso. Una vez que la pareja se conoce durante una tesgüinada y comienzan a frecuentarse, comienza un periodo pre-matrimonial que generalmente dura 1 año, en donde la pareja debe mudarse junta, usualmente a casa de los padres del hombre de la relación, y de no entenderse es una práctica muy normal y natural el poder separarse sin mayor problema.

Con el consentimiento de los padres de los contrayentes, del mayora y del siríame (representante máximo), todo culmina con una celebración en la casa que suele ser con yúmari (ritual propiciatorio de ofrenda a Onorúame), o en alguna fiesta del pueblo, o en alguna ocasión en donde halla tesgüino y comida; tras un discurso público del siríame ante la comunidad, con la presencia de los parientes, gobernadores, y demás autoridades, así como los mayoras de ambos lugares, se les autoriza a vivir juntos, quedando de ese modo unidos en matrimonio. Pocos son quienes lo hacen por la iglesia y menos aún quienes se casan fuera del grupo étnico. El matrimonio es monógamo, con posibles rupturas y recasamientos, pero la poligamia es un caso bastante común y no es algo mal visto ni prohibido, mientras no genere problemas o discordia en la comunidad.

En todo caso, los problemas pueden surgir en cualquier momento, las infidelidades de uno u otro lado se pueden dar de manera a veces imprevista como consecuencia de alguna tesgüinada, trayendo consigo conflictos en la pareja que desembocan en juicios y rupturas. Acerca de la estabilidad o inestabilidad matrimonial nos contaba un rarámuri:

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Hay separaciones frecuentes en los primeros años, ahorita los matrimonios casi todos son por acuerdo mutuo de las dos personas, anteriormente era por acuerdo de las autoridades, hay una autoridad que es la encargada del matrimonio, el mayora. Ahorita cada cual se busca su pareja, con la anuencia del mayora pues, pero el primer año están juntos para probar (experiencia prematrimonial), si se entienden al año de estar juntos el mayora los casa, si no se entienden cada cual se va por su camino, si no van bien como pareja no es bueno que se casen

Las separaciones no suelen ser demasiado traumáticas a efectos económicos, ya que la separación de bienes prevalece en todo momento y cada cual se marchará con lo suyo.

Es precisamente el matrimonio, la condición de casada o casado y no la edad la que hace que tewé y towí cambien de estatus y pasen a ser considerados mukí y rejói, lo cual supondrá acceder a los compromisos y responsabilidades de las personas adultas. Mukí, la mujer ya esposa, podrá ser madre y asistir a las tesgüinadas con su marido; el hombre, rejói, ya marido, podrá acceder a los cargos de autoridad de la comunidad (capitán, general, mayora, siríame, etc.), y como nueva familia podrán organizar yúmari, y participar como tenanches (fiesteros), ofreciendo animales en sacrificio y tesgüino en las fiestas.

Referencias:

https://e s.wikipedia. org/wiki/Pue blo_tarahum ara

http://rev ista.ujaen.es/h uesped/rae/arti culos2012/01acuna 12.pdf

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Reporte Multicultural: Rarámuris (Tarahumaras)

cultura

Responsable de nota:
abril 5, 2020 | Sección: cultura | Artículos sobre: cápsulas sobre los usos y costumbres de diversos pueblos con el objetivo de visibilizar la riqueza multicultural del planeta y promover una reflexión con respecto a la globalización y a sus crueles métodos de aculturización de los pueblos,

En esta ocasión el Reporte Multicultural RSJ trae para ustedes, una visión cultural sobre el pueblo Rarámuri; también conocido por los mexicanos mestizos como Tarahumaras.

Se trata de una comunidad originaria del norte de México que habitaba esas zonas desde antes de la venida de los españoles a territorios americanos. El 90% de su población se asienta en el estado de Chihuahua, no obstante su presencia puede ser notada en toda la parte de la Sierra Madre Occidental que atraviesa territorio del estado de Chihuahua y el suroeste de los estados de Durango y Sonora

El pueblo Rarámuri podría haber provenido de Bering, hace aproximadamente unos treinta mil años; los vestigios humanos más antiguos que se han encontrado en la sierra son las famosas puntas clovis (armas típicas de los cazadores del Pleistoceno) con una antigüedad de casi 15.000 años. Eran belicosos y politeístas. Creían en la vida después de la muerte y en la existencia de seres benévolos y malévolos. Entre los benévolos consideraban al sol, la luna, el médico, las serpientes y las piedras, que provocaban las lluvias y controlaban los animales que cazaban. Entre los malévolos estaban los señores del inframundo que causaban la muerte y los desastres naturales. Sus rituales comunales eran parte esencial de su cultura.

No fue hasta 1606 cuando los misioneros jesuitas tuvieron el primer contacto con los indígenas de la sierra. Cuando llegaron permanentemente los religiosos a su pueblo en 1632, su presencia provocó un levantamiento entre los pueblos indígenas, quienes estaban descontentos con la labor evangelizadora. La primera revuelta terminó con la muerte de dos religiosos, lo que originó una fuerte represión por parte del gobierno de la Nueva España. Fue entonces cuando muchos huyeron y se internaron en las barrancas de lo que hoy es el estado de Chihuahua.


En los siglos XVII y XVIII, cuando diversos grupos de agricultores y comerciantes novohispanos invadieron esta región, despojaron de gran parte de la tierra a los indígenas, intercambiándoselas por productos como jabón, sal, mantas y otras baratijas; algunos fueron obligados a trabajar como peones. En cambio, otros emigraron hacia las partes más recónditas de la sierra para protegerse y evadir el trabajo forzado en haciendas y minas. Es ahí, en lo más abrupto de la sierra, donde se asentaron las misiones jesuitas que, sin mucha controversia, muchas veces sirvieron de refugio a los abusos cometidos contra los locales. Por otra parte este acontecimiento les dejó completamente aislados en los altos de la Sierra, lo cual les ayudó a conservar su cultura y a desarrollar un singular sincretismo religioso que todavía existe y es único en México por su mezcla de catolicismo y chamanismo.

Sociedad y moralidad

El inhóspito medio donde habitan les impone la existencia de familias pequeñas, sus parcelas difícilmente pueden mantener a más de cuatro o cinco miembros de la familia. Sus hogares fabricados de troncos de árbol, trabadas horizontalmente, se encuentran repartidas en las laderas de las montañas a los lados de los arroyos y en las altas mesetas. La parte superior se deja abierta en un lado para que salga el humo del fuego que constantemente arde en la pieza de piso de tierra aplanada. En sus habitaciones -con el mismo diseño desde tiempos precolombinos- no se acostumbran las sillas, las mesas o las camas.

El padre utiliza un término diferente para referirse a su hijo (Nolá) y su hija (Malá), pero la madre emplea un mismo nombre para todos sus hijos (Ránala). Por su parte, aunque tanto los hijos como las hijas tienen un término diferente para designar al padre (onó o marí), ambos usan el mismo para la madre (naná). En el idioma rarámuri se usa la palabra Teweke para referirse a la niña y Towí para el niño.

La vivienda rarámuri que consta prácticamente de un solo cuarto hará que padres e hijos duerman en el mismo espacio reducido, por lo que la privacidad sexual es mínima y más temprano que tarde los menores se enterarán de cómo “se hacen los hermanitos”.

La “experiencia sexual” es muy variable. Generalmente la tesgüinada (fiestas que toman su nombre por la bebida fermentada de maíz que se bebe abundantemente en dichos eventos: el tesgüino) constituye un espacio propicio para la iniciación, así como para la promiscuidad de las parejas. Al margen de la tesgüinada es muy raro ver a una pareja pasear juntos y hacerse caricias en público. Asimismo se hacen muy frecuentes las bromas sexuales entre cuñados o entre abuelos y nietos, pero nunca entre padres e hijos o entre tíos y sobrinos, juegos de palabra obscenos en clave de humor con los que no se pretende más que pasar un buen rato.

La tesgüinada posee distintas funciones tanto de carácter social como económico, religioso o recreativo, en ella se conciertan matrimonios, carreras de bola o de ariweta, se hacen negocios, se arreglan disputas, así como también surgen pleitos y peleas en donde se liberan los impulsos agresivos, que muy rara vez acontecen fuera de las tesgüinadas, debido al carácter pacífico que muestran en la vida cotidiana.

El componente sexual es muy fuerte (en las tesgüinadas) en estas relaciones de modo que parecen tener un carácter homosexual intenso. Muchas veces el juego toma la forma de concurso en el que dos hombres se insultan entre sí con amenazas de relaciones anales. Algunas veces forcejean y uno de ellos puede tirar al otro y asumir la posición del coito. […] Ví a un hombre quitarse la ropa y empujar alegremente su pene flácido hacia la cara de su compañero jocoso que se encontraba sentado, riendo y haciendo gala de su hazaña sexual. Existen infinidad de chistes acerca de las relaciones anales y un hombre puede alzarse su ropa y señalando su ano, preguntarle al otro si le gustaría. […] El juego de tipo homosexual más violento que observé fue entre nietas y abuelas

Kennedy, 1970: 197-198

La “violación” sexual es un hecho sobradamente conocido, más frecuente en el pasado que en el presente. Antiguamente cuentan que llegaba a haber azotes públicos en la comunidad como castigo físico a los violadores hasta que fue prohibido expresamente por la Constitución mexicana. Ahora se opta por humillaciones más simbólicas como desnudarles por largos ratos y tomarles fotos o bien meterlos en la cárcel un tiempo, hablar con sus familias directamente y hacerles pagar multas.

La “homosexualidad”, por otro lado, no es una opción muy conocida. No está bien considerada socialmente pero tampoco implica exclusión o marginación de la persona. En las tesgüinadas se comentan a veces casos de mujeres u hombres que mantienen ese tipo de relación. No escuchamos casos reales de “hombres afeminados”, aunque es de suponer que los haya igualmente. Lo que sí abundan en las tesgüinadas son comentarios sarcásticos de hombres fornicando con hombres en tono de broma, de acusaciones mutuas de homosexuales para despertar la hilaridad de los asistentes. Kennedy cita el caso de un rarámuri, Mauricio, que le gusta ser llamado Celia:

Cuando se emborracha en las tesgüinadas trata de comportarse en agresiva forma femenina contra los hombres. […] a esta persona se le acepta tal cual es, a pesar de no aprobarse su forma de conducta, […] Manteniéndonos dentro del patrón de libertad individual, se le permite al hombre-mujer hacer lo que le plazca, en tanto no provoque conflictos

Creencias espirituales

Los rarámuri son muy religiosos pero practican sus creencias al margen de iglesias. De acuerdo a reconocidos científicos como Richard Evans Schultes y Wade Davis este pueblo es digno de admiración, pues ha preservado muchas de sus costumbres, a pesar del dominio y la imposición de las iglesias europeas.

Desde hace varios siglos emplean los mismos dibujos, los mismos símbolos en sus obras artísticas: en sus fajas, cerámica y cobijas. Recordemos que el arte para muchos pueblos antiguos no se trata de obras con valor comercial o destinadas a galerías, sino una amalgamación de técnicas de tejido, danza, pintura mezcladas con imagería de su cosmogonía, leyes, moral y utilitarismo de vasijas, cobijas, tapices, es decir, el arte para estos pueblos es una expresión que abarca la vida diaria, no una actividad económica o una actividad meramente enfocada en el mercado del entretenimiento.

A sus muertos continúan dejándoles comida para el viaje sin retorno y les ayudan a subir al cielo mediante la celebración de tres o cuatro fiestas. Tienen como deidad principal una fusión de Cristo con su propio Dios original al cual denominan Onorúame. Las concepciones religiosas incluyen el concepto del alma y el de su pérdida. El hombre está rodeado de seres malignos y benignos, por ejemplo, el viento es bueno pero el tornado malo. Celebran una versión de la Semana Santa, en donde representan a los chabochis (en su idioma así se le llama a los blancos, a los mestizos, y a los mexicanos) en el grupo de los malvados (los fariseos de las representaciones clásicas de las procesiones de Semana Santa), los cuales se pintan de blanco y representan a los partidarios de Judas que en la danza simbólicamente andan en todas partes y dominan la situación, pero que al final son vencidos por los representantes del bien: los soldados.

El chamán es el guardián de las costumbres sociales de un pueblo. Sus obligaciones como especialista ritual y terapéutico le obligan a ser un defensor del orden tradicional. Su función es establecer un equilibrio entre el cuerpo y el cosmos. Algunos chamanes utilizan el peyote (híkuli) para sus curaciones, esta planta alucinógena tiene un uso restringido y sólo los chamanes saben la cantidad que se utilizará, así como su recolección y almacenamiento. Se usa como ungüento en la piel para sanar reumatismo, mordeduras de serpiente y otras dolencias. En ciertos lugares solo se usa el Jiculi para curar y en otros la Bakanoa, son plantas sagradas que tienen asegurada su territorialidad ya que los de una zona no se atreven a mencionar la planta de la otra zona.

Relaciones íntimas y casamientos

Con la llegada de la pubertad, el niño con 12 o 13 años y la niña con 14 o 15 años, ya están listos para el matrimonio, cosa que es normal hacerlo cuando el niño tiene unos 14 o 15 años y la niña 17 o 18 años. La tradición dice que sea la mujer la que tome la iniciativa en la elección de pareja. Preferentemente, la tradición dice que el cortejo se debe llevar a cabo en las Tesgüinadas, en ellas, la práctica del coqueteo es un hecho habitual, sobre todo en las jóvenes que han de persuadir a los varones mostrándose atractivas. El modelo de belleza femenina está encarnado por las formas redondeadas y rellenas. La “belleza” en cualquier caso, sea de la mujer o del hombre, es preferible entre esta comunidad buscarla no tanto en los atributos físicos que para su cultura son más deseables, sino en el trato, en los valores y actitudes de las personas.

En cuanto a los atributos físicos gustan más las mujeres rellenitas a los hombres, y los hombres delgados a las mujeres, sin que en ningún caso se haya perdido la agilidad, la fuerza y la resistencia para bailar, caminar y realizar las actividades que forman parte de la costumbre. Sobre el modelo de belleza física y el cortejo amoroso escribía hace algo más de 100 años Lumholtz:

“Su modelo de belleza no se aviene a nuestro ideal clásico ni
tampoco se conforma al gusto moderno. Constituyen el primer requisito los muslos gordos, y tanto es así que a las personas bien parecidas se les llama “una buena pierna”. Otro elemento esencial de la belleza es el porte erguido. En la cara, los ojos son lo que más atrae la atención, y los más admirados son “los de ratón”, la mayor alabanza que puede hacerse del aspecto personal de cualquiera. Gustan asimismo de las cabelleras lacias. Además de los buenos mozos, les gustan a las mujeres de preferencia los que saben trabajar bien. Nunca se las obliga a contraer matrimonio sin amor.

La virginidad es poco o nada apreciada, aunque algunos rarámuris afirman que antes del casamiento las mujeres no suelen tener relaciones sexuales intensas, ni frecuentan mucho las tesgüinadas para no caer en tentaciones.

Actualmente existe mucho “pudor” en mostrar el cuerpo. ¿A qué se debe ese pudor? La respuesta tal vez haya que buscarla en los acontecimientos del pasado. La agresión del mestizo sobre la mujer rarámuri ha sido desde hace tiempo un hecho recurrente, lo cual podría justificar la ocultación de su desnudez para evitar seguir siendo objeto sexual. Un rarámuri justificaba así el pudor de su gente por mostrar el cuerpo:

Aquí también es cuestión de la iglesia, porque antiguamente el rarámuri no sentía vergüenza en andar desnudo, la mujer también, los jóvenes, hombres y mujeres andaban desnudos hasta los 20 o más años, desnudos sin nada, pero porque era difícil también de conseguir ropa, se tapaban no más lo más necesario pero no era mal visto pues, la iglesia sí ha tenido que ver en tapar el cuerpo, y en pensar que no se debe mostrar en público, solo para el compañero, para evitar que la gente morbosee con tu cuerpo, eso es cosa de la iglesia, cuando yo empezaba a tener relaciones no era mal visto andar desnudo porque no había ropa y porque eran niños, niños inocentes

Es difícil encontrar dentro de la casa a un rarámuri en calzones y aún sin camisa; aunque cuando empiezan con los juegos dentro de la casa se pierde la compostura y pasan a ser bastante manoseables. El trato frío y la falta de contacto físico que la pareja muestra en público se torna afectivo y cariñoso en numerosos momentos de la vida privada y familiar, sobre todo a partir de la tarde cuando todos se encuentran relajados dentro de la casa tras el trabajo diario. La caricia, el roce estimulante de la piel o del cabello pertenece al ámbito privado y difícilmente se observa en público. El beso, sin embargo, está totalmente ausente, no se practica ni como muestra de cortesía, afecto o amistad, ni como forma de excitación sexual, no forma parte de la costumbre, lo que no quita que algunos lo lleven a efecto influenciados por los contactos interculturales, la televisión o las revistas.

En varias ocasiones se observó la reacción brusca y de extrañeza que varios niños y niñas en distintos momentos tuvieron cuando un determinado visitante no-rarámuri se les acercaba para darles un beso en la mejilla como señal de afecto.

Por costumbre, un joven decide tener pareja desde que dispone de un oficio en la comunidad, a partir de obtener algún encargo comunitario se encuentra con la necesidad de tener pareja, porque es en pareja como se suelen hacer los servicios en la comunidad. Existen distintas formas de empezar la relación de pareja en la comunidad, todavía hay padres que arreglan la unión, y personas como el mayora que se dedican a emparejar para que nadie ande sólo en este mundo, para que los adolescentes con edad y ganas de tener pareja no anden brincando de una a otra. Si se trata de algún joven que se acerca al tesgüino, y da muestras de querer tener relaciones sexuales con una mujer, entonces el mayora o la familia se da cuenta y el primero se encarga de llamarle la atención, de decirle: a ver, no más quieres hacer esto para encontrar pareja o sólo quieres divertirte un rato, el mayora se dedica a eso. Una vez que la pareja se conoce durante una tesgüinada y comienzan a frecuentarse, comienza un periodo pre-matrimonial que generalmente dura 1 año, en donde la pareja debe mudarse junta, usualmente a casa de los padres del hombre de la relación, y de no entenderse es una práctica muy normal y natural el poder separarse sin mayor problema.

Con el consentimiento de los padres de los contrayentes, del mayora y del siríame (representante máximo), todo culmina con una celebración en la casa que suele ser con yúmari (ritual propiciatorio de ofrenda a Onorúame), o en alguna fiesta del pueblo, o en alguna ocasión en donde halla tesgüino y comida; tras un discurso público del siríame ante la comunidad, con la presencia de los parientes, gobernadores, y demás autoridades, así como los mayoras de ambos lugares, se les autoriza a vivir juntos, quedando de ese modo unidos en matrimonio. Pocos son quienes lo hacen por la iglesia y menos aún quienes se casan fuera del grupo étnico. El matrimonio es monógamo, con posibles rupturas y recasamientos, pero la poligamia es un caso bastante común y no es algo mal visto ni prohibido, mientras no genere problemas o discordia en la comunidad.

En todo caso, los problemas pueden surgir en cualquier momento, las infidelidades de uno u otro lado se pueden dar de manera a veces imprevista como consecuencia de alguna tesgüinada, trayendo consigo conflictos en la pareja que desembocan en juicios y rupturas. Acerca de la estabilidad o inestabilidad matrimonial nos contaba un rarámuri:

Hay separaciones frecuentes en los primeros años, ahorita los matrimonios casi todos son por acuerdo mutuo de las dos personas, anteriormente era por acuerdo de las autoridades, hay una autoridad que es la encargada del matrimonio, el mayora. Ahorita cada cual se busca su pareja, con la anuencia del mayora pues, pero el primer año están juntos para probar (experiencia prematrimonial), si se entienden al año de estar juntos el mayora los casa, si no se entienden cada cual se va por su camino, si no van bien como pareja no es bueno que se casen

Las separaciones no suelen ser demasiado traumáticas a efectos económicos, ya que la separación de bienes prevalece en todo momento y cada cual se marchará con lo suyo.

Es precisamente el matrimonio, la condición de casada o casado y no la edad la que hace que tewé y towí cambien de estatus y pasen a ser considerados mukí y rejói, lo cual supondrá acceder a los compromisos y responsabilidades de las personas adultas. Mukí, la mujer ya esposa, podrá ser madre y asistir a las tesgüinadas con su marido; el hombre, rejói, ya marido, podrá acceder a los cargos de autoridad de la comunidad (capitán, general, mayora, siríame, etc.), y como nueva familia podrán organizar yúmari, y participar como tenanches (fiesteros), ofreciendo animales en sacrificio y tesgüino en las fiestas.

Referencias:

https://e s.wikipedia. org/wiki/Pue blo_tarahum ara

http://rev ista.ujaen.es/h uesped/rae/arti culos2012/01acuna 12.pdf

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