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“El bien no puede fundarse en un Dios homicida” Una crítica poco convencional al ateísmo

Es un hecho que la ética antropocéntrica a generado una crisis dentro de todos y cada uno de los ciclos existentes. Sabemos que para que la población de leones sobreviva es necesario que depreden una cierta cantidad de cebras, que cuando las cebras no tienen un depredador, estas se replican y se convierten en plaga, y de igual manera si los leones se alimentaran de más, la población de cebras desaparecería, y con ellas seguramente el ecosistema sufriría. La naturaleza obra de manera a-moral: ni moral, ni inmoral, si la muerte, entonces representa un balance junto con la vida ¿puede una deidad asesina procurar bondad y paz?

El filósofo italiano Manlio Sgalambro nos presenta su visión personal, en respuesta a una serie de cartas entre Umberto Eco y el Arzobispo de Milán Carlo Maria Martini, lo cual resulta en una desgarradora reflexión histórica y filosófica con respecto a la idea del bien y la idea del dios cristiano, de la cual, he extraído una serie de puntos a manera de resumen (sin alterar en lo más mínimo el sentido original de su pensamiento) sobre los cuales me gustaría reflexionar:

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1. ¿cómo aparece el bien entre los hombres? ¿Cómo es posible que sobre esta banda de canallas, de vez en cuando, con la rapidez del rayo, se abata algo, un acto bueno, un gesto de pena, y se retire con la misma rapidez? La maravilla ética nos inicia en la moral en un mundo en el que resulta más fácil que se cometa un delito. «¿Es que hacen falta pretextos para cometer un delito?», pregunta la princesa Borghese en Juliette.

2. El bien es la mayor tentativa de anular «el ser». Por ello no puede basarse en Dios, en algo que en todo caso ha dado origen a un mundo que se sostiene ontológicamente sobre el mutuo carnage.

3. Con el bien negamos, por lo tanto, a Dios; pero «el ser», es decir, Dios o el orden «metafísico» del mundo, lleva siempre las de ganar. En consecuencia, ¿cómo puede basarse el bien en Dios? Recuerdo el juicio global de Spinoza: Dios no es inteligente ni bueno. Es un ser, un horrible ser, añadiría un spinoziano coherente. Le llamamos Dios sólo por su potencia.

4. Dios no debe existir. Quiero añadir que eso se deduce de la austeridad de la impiedad. Nosotros no podemos asociarnos con una naturaleza inferior. Creo estar seguro de la naturaleza inferior de Dios. La idea de Dios no supone una naturaleza divina. Veo con amargura que la idea de Dios y la idea del bien se presentan enlazadas. Naturalmente, usted no lo sabe, pero yo sostengo que el bien sólo puede pensarse, no hacerse. ¿Qué me diría si yo añadiera que, siendo «pensamiento», no puede «ser»?

5. Al elegir a un hombre como prójimo, como hermano, se contesta al Absoluto que nos arroja juntos a la muerte. Porque para nosotros, los mortales, desear el bien de uno es desear que no muera. Elegir a un hombre como prójimo es elegirlo para la vida. ¿Cómo puede fundarse este acto, por lo tanto, en un Dios «que nos llama a su lado»? Ille omicida erat ab initio (Él era homicida desde el principio): en el principio ontológíco mismo se contiene nuestra muerte. El acto del bien, en el momento en que elige a «otro» como prójimo, le dice: tú no debes morir. El resto es una subespecie de lo útil. En el bien hay aflicción y dolor por el hecho de la muerte. El bien es una lucha contra la mortalidad del otro, contra «el ser» que lo absorbe y lo mata Entendido de este modo, el bien es impracticable y es únicamente «pensamiento». ¿Cómo se puede, por otro lado, sostener una visión que no sea la de la impracticabilidad del bien? Desear el bien de los demás es desear que no mueran, eso es todo. (¿Cómo se puede conciliar, repito, la idea del bien con Dios, que es la muerte misma? Creo, por el contrario, que la idea de Dios y la idea de la muerte se asocian de tal manera que podemos usar tanto un nombre como el otro.)

[fin de cita // referencia de cita]> ¿En qué creen los que no creen? Umberto Eco, Manlio Sgalambro, Carlo Martini, et al.

Históricamente el Dios cristiano viene a suplantar el sacrificio humano por el sacrificio último del "hijo del hombre" que da licencia de validez al sacrificio simbólico del alma

[inicio de cita]>

“Ustedes saben que entre los paganos, los gobernantes los dominan y sus grandes hombres hacen sentir su autoridad. Esto no va a pasar entre ustedes.”

[fin de cita // referencia de cita]> Mateo 20: 25-26.

En dos de las obras de Eurípides, que se sitúan en el contexto de la famosa Guerra de Troya de la que Homero habla en la Ilíada, encontramos el relato del sacrificio de Ifigenia, hija de Agamenón y Clitemnestra, que según el adivino Calcas es el único sacrificio que aceptaría Artemisa a cambio de permitirle a la flota aquea navegar hasta Troya.

Como es el caso de toda tradición oral de la Antigüedad, existen muchas versiones, por ejemplo, las versiones más conocidas del cuerpo mitológico griego suelen ser las recopiladas por escrito por personajes como Hesíodo o Eurípides.

¿Te ha pasado que buscas en libros o en internet una determinada mitología y encuentras decenas si no es que cientos de diferentes versiones del mismo mito? la respuesta es esa, no existe tal cual un libro canónico que contenga la única versión de la vida de Zeus o Afrodita por ejemplo, como sí lo existe en el catolicismo y que viene siendo la Biblia, más no en el cristianismo originalmente puesto que el cristianismo se trataba de un credo realmente muy amplio y que cuenta con libros que ahora son conocidos como «apócrifos» por el catolicismo, como son el evangelio de Judas Iscariote o el evangelio de María Magdalena entre muchos otros; en la Antigüedad existían tantas versiones como bocas hubiera para contarlos, recordemos que eran tradiciones orales.

Esto anterior lo quiero dejar claro por lo siguiente, en algunas versiones Ifigenia es sacrificada a Artemisa, en otras ella es rescatada por Artemisa, en otras por Aquiles y sustituida, y una vez más depende de la fuente, por un toro, o un oso, o un ciervo o incluso una mujer más anciana. En la versión de Eurípides llamada Ifigenia entre los Tauros, es la misma Artemisa quien salva a Ifigenia y la lleva al «país de los tauros» y ahí convertida en sacerdotiza, encargada de los ritos de sacrificios humanos a los que se somete a cualquier extranjeræ que llegue a ese país.

[pie de imagen]> Del Antiguo Testamenteo: Abraham a punto de sacrificar a su hijo por órdenes de Jeová, es detenido por un ángel. Pintura de Caravaggio.

Este es solamente un ejemplo, pero los sacrificios humanos eran cosa normal en el Mundo Antiguo, romanos, mexicas, mayas, vikingos, egipcios, hititas, básicamente todæs læs dioses antiguæs solicitaban sacrificios humanos, unæs más que otræs, pero esa era la regla general.

Es así que llega un momento en la Historia en la que surge un movimiento que busca suplantar los sacrificios humanos por los sacrificios del alma, y es así como del credo judío nace una secta cuyo profeta es Jesús el Cristo, es decir Jesús el Ungido, quien cuenta la mitología cristiana (que en esos tiempos no era cristiana tal cual sino una secta del judaísmo) pone un fin a los sacrificios humanos entregándose personalmente y por intermediación de su padre Jeová, como el último sacrificio humano, que desde entonces se convierte en la eucaristía simbólica revivida cada que la gente se reúne a convivir y comer un trozo de pan que es su carne y un sorbo de vino que es su sangre, para finalizar dándose un abrazo y un beso en la boca (así es, el cristianismo primitivo no se detenía en el abrazo de paz hoy practicado por la Iglesia católica, sino que implicaba un abrazo y un beso en los labios de hombres con hombres así como de mujeres con mujeres y obviamente entre mujeres y hombres, como símbolo de fraternidad y sororidad).

Todo esto anterior se presenta ante una mayoría humana, que si bien está bastante harta de las constantes guerras imperiales de la Antigüedad (hecho confirmado por la popularidad avasallante del cristianismo por sobre todos los credos populares en esos tiempos, pues era el único credo que hacía mucho énfasis en la paz y el perdón), presenta la natural resistencia al cambio que cualquier individualidad y sobre todo grupos presentan al ser confrontadas con una nueva forma de pensar la vida.

En otras palabras, el cristiano primitivo fue perseguido y erradicado como plaga, tanto por romanos como por judíos en sus tiempos, por lo cual surge el periodo del "cristianismo de catacumbas" en donde secretamente la población de esta secta judía que ahora conocemos como cristiandad se reunían para celebrar sus creencias sin ser detectados como enemigos del Estado o enemigos del judaísmo ortodoxo de sus tiempos y por lo tanto ser asesinadæs o llevadæs al coliseo romano para su exterminio público.

Estos dos puntos anteriores, el terror de ser una minoría exterminada y el hecho de ser un credo pacífico influenciaron en el hecho de concebir que la muerte era próxima para cualquier cristianæ que se respetara y, valga la redundancia, se negara a negar su fé a Cristo ante quienes llegaran a descubrirles como enemigæs del Estado romano o como judíæs herejes, y que por lo tanto se enfocaran mucho en la vida después de la muerte, siendo que la muerte les asechaba en cada esquina, y es por esto que hablaban mucho de "regresar a Dios" o "hacerse uno con el Señor", no porque quisieran morir inmediatamente, sino porque la muerte era, irónicamente, su pan de cada día.

Es por estas razones que debato el punto 1 y el punto 5 del razonamiento de Sgalambro, en el sentido en el que la cristiandad original no deseaba la muerte propia o la muerte de sus semejantes para unirse con su dios cuanto antes, como decía D.H. Lawrence (y esta cita la pongo de memoria, tendrán que confiar en mi interpretación de Lawrence, pero de todos modos les invito a revisar su libro titulado "Apocalipsis" si quieren asegurarse) "existen dos tipos de cristianos en estos tiempos: los que siguen las enseñanzas de Cristo y practican el amor al prójimo, y también existen los cristianos del Apocalipsis, seres con una profunda debilidad que les lleva a desear la muerte y el escarmiento del final de los tiempos para todo aquel que consideren su opresor".

Esa obsesión por sufrir o bien por predicar la segunda venida de Cristo en el Final de los Tiempos viene siendo una corrupción de su tradición original cuando se integra el Libro de la Revelación, también llamado El Apocalipsis, al canon único de la Iglesia Católica, en un mundo donde ya esta Iglesia representa la única religión permitida por Roma y la muerte obviamente ya no les asecha ni de cerca, sino todo lo contrario, se han convertido históricamente en los verdugos del mundo entero (paganæs, herejes, judíoæ, musulmanes, et cétera), y en el hecho de la interpretación literal de las hazañas de su héroe, Cristo, el cual no dio la vida como si de una historia para ser interpretada literalmente se tratara en donde su padre Jeová le pidió su sacrificio físico, sino que se trató de una hazaña más bien espiritual, simbólica, en donde el Cristo entrega su cuerpo como el último sacrificio humano, ante una humanidad acostumbrada a la guerra y el sacrificio repetido del prójimo.

Es por esto que estoy en desacuerdo con el "mutuo carnage" que menciona Manlio Sgalambro, pues no puede ser tan simple tal intercambio en el alba del cristianismo original, cosa que es totalmente entendible pensar del cristianismo oficial romano llamado catolicismo, puesto que se trata ya de una religión militar, una religión imperial impuesta de manera arbitraria, sersenada y editada a conveniencia de Constantino el Grande para el proyecto de Imperio Mundial de Roma que él tenía planeado.

Dichas acusaciones del doble carnage ontológico que menciona Sgalambro como base del cristianismo a mi se me antojan totalmente para el cristianismo de Constantino, sin duda, pero no así y de ninguna manera al núcleo espiritual original del cristianismo primitivo.

[pie de imagen]> Constantino representado presidiendo el Concilio de Nicea, oficializando el Catolicismo como única religión permitida para el Imperio Romano.

La imposibilidad del Bien

Ahora, «el bien», como dice Sgalambro, si lo tomamos como el evitar la muerte, la extinción biológica y metafísica, y no desearle esta muerte a nada de lo creado, es cosa imposible. Todo mundo morirá como dice Sgalambro, y esto si nos posicionamos en un antropocentrismo cómodo, pero ¿que ocurre cuando nos colocamos en un nodo fuera de la humanidad como centro de la reflexión ética de la vida? ¿qué ocurre cuando adoptamos un axioma más bien sistémico-ecológico, partiendo de organismos que se necesitan unæs a otræs para un funcionamiento armónico, que vale la pena mencionar que no siempre excluyen la violencia o la crudeza de la naturaleza misma?

Aquí la cosa se pone imposible, porque ¿bajo qué criterios respetamos la vida de otræs seres humanæs, pero no la de bacterias, insectos, aves, mamíferos, hongos o plantas? La bondad no solo es imposible de humanæ a humanæ, sino que expandiendo los beneficios de la ética al Mundo en general, se convierte en una tarea más imposible aún, si es que eso es posible y no desde el inicio de por sí ya era suficiente con lo imposible de la primer hazaña ética.

Nos veríamos obligadas como especie a replantear el posicionamiento de las acciones en armonía con alguna modalidad posible dentro del flujo natural de los ciclos naturales, no juzgándolos de buenos o malos, sino de útiles, o menos útiles con respecto a algún estandar de beneficios ecosistémicos. Como ya lo podemos vislumbrar, se trata de una tarea colosal, más no tan imposible como las primeras dos opciones antropocéntricas antes mencionadas.

Es justo bajo este argumento de una ética ecosistémica que abro el debate a los puntos 3, 4 y 5 de Sgalambro. ¿puede un dios homicida ser el origen de una moral humana bondadosa? ¿puede un dios no solo homicida, sino asesino en general ser el origen de una reflexión ética ecológica que tienda a lo bueno? La respuesta puede ser sumamente compleja y obliga a extraerse del marco referencial antropocéntrico y de la moral que esa visión conlleva.

Sabemos que para que la población de leones sobreviva es necesario que depreden una cierta cantidad de cebras ¿correcto? que cuando las cebras no tienen un depredador, estas se replican por encima de lo que su ambiente puede soportar y entonces se convierten en plaga, y de igual manera si los leones se alimentaran de más, la población de cebras desaparecería, y con ellas seguramente el ecosistema sufriría en tanto que las cebras cumplen una función dentro de los ciclos de otros animales, insectos, hongos y plantas que cohabitan en determinados ecosistemas. Esta regla de cadenas y ciclos dentro de los ecosistemas se cumple básicamente en todo el Mundo, incluyendo a la humanidad. Es un hecho que la ética antropocéntrica a generado una crisis dentro de todos y cada uno de los ciclos existentes: nuestra huella ha trastocado y afectado más negativamente que positivamente todo ecosistema.

[pie de imagen]> Cadena Alimentaria - Wikimedia

En un mundo en donde idealmente la guerra sería un mal ejemplo del pasado quizá un dios homicida no sería la fuente de ética. ¿pero que ocurre en un mundo donde la autodefensa de la vida son un acto bélico y asesino necesario para proteger a las personas necesitadas? ¿Acaso un dios homicida, o bien un dios asesino no puede, en efecto, proveer de una reflexión más profunda y más efectiva que la de un dios pacifista crónico que solamente alienta a dar la otra mejilla? En este sentido cuestiono profundamente el argumento y pregunta principal de este artículo que plantea Manlio. Es de esta manera que yo concilio el punto 5, diciendo que aceptar a otræ humanæ como mi hermanæ, implica tanto proteger su vida y la mía, como a su vez implica sin reparos protegerle a la otra persona y a mi mismo aunque la vida de un "contrario relativo" esté de por medio (no digo "malvadæ" o enemigæ puesto que todo tiende a ser relativo y responde a necesidades y situaciones muy cambiantes y profundamente cuestionables). Ambos puntos no se excluyen en este caso.

Aunque sí estoy de acuerdo: Dios no es bueno e inteligente. Más bien me remite más a un Dios completamente a-moral, una deidad aparentemente humana en cuanto a pasiones, como Zeus, Hitzilopochtli, Ishtar o Isis. No obstante no es humana en naturaleza, lo único que podemos interpretar de esæs dioses se limita a lo que la humanidad puede ver de ellas, si bien las deidades son perfectas o ilimitadas, la humanidad por sus propias limitantes es solamente capaz de ver en ellas lo que de nosotræs nos reflejan.

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No se puede suponer lo que se ignora más que por analogía con lo que se sabe. Definir lo que no se sabe es una ignorancia presuntuosa; afirmar positivamente lo que se ignora es mentir.

[fin de cita // referencia de cita]> Alphonse Louis Constant (Eliphas Levy)

Como le decía Jeová a Job, en el Libro de Job del Viejo Testamento: si tú Job eres humanæ ¿como hablas con tus amistades sobre mi cualidad infinita, ominpotente y justa? ¿acaso tu Job eres justo, infinito y omnipotente? a lo que Job responde negativamente, diciendo que él tan solo es un humano, y Jeová le responde, que, efectivamente, él es un humano, ignorante, mortal y limitado por su forma humana, por lo cual él, Job, debe limitarse a hacer sus oraciones y alabarlo a Jeová como su dios, no a explicarle a otros humanos sobre sus cualidades sobrenaturales, pues es verdad que Job no las conoce y jamás las experimentará como para abundar en una explicación sobre ellas.

Es así que los dioses, sean cuales sean, solo pueden ser vistos por los ojos humanos y entendidos hasta donde el bagaje humano pueda comprenderlos, es decir, si bien læs dioses pueden ser infinitæs, la comprensión humana siempre será finita, limitada, y la humanidad simplemente está limitada a seguir las enseñanzas o imitar las mitologías que de sus dioses emanan, sabiendo que en la interpretación pueden errar, justo como la ciencia, la cienca por definición debe errar y ser actualizable e incluso refutable para poder progresar, y ¿quién es autoridad como para decir "yo conozco a cabalidad la ciencia y comprendo de matemáticas, física clásica, física cuántica, biológía, psicofisiología, neurología, química y demás ciencias, para refutar, del todo, cualquier otro credo humano"? porque a últimas, la ciencia se le presenta a la humanidad como otro credo más, otra fé ciega, en lo que sus sacerdotes, læs científicæs les dicten; como supuestamente le respondió Charles Chaplin a Albert Einstein alguna vez cuando Einstein le dijo a Chaplin que era una maravilla que la gente no necesitara oirle a Chaplin hablar para entretenerles, a lo que Chaplin le contestó "es más increíble cómo la gente a pesar de que te escuche, Albert, no te entiende nada de lo que dices, y aún así te admiran por todo el mundo!"

Dios debe existir porque puede existir, y no solo uno, sino miles de ser necesario

Con respecto al punto 4 de Manlio:

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Dios no debe existir. Quiero añadir que eso se deduce de la austeridad de la impiedad. Nosotros no podemos asociarnos con una naturaleza inferior. Creo estar seguro de la naturaleza inferior de Dios. La idea de Dios no supone una naturaleza divina. Veo con amargura que la idea de Dios y la idea del bien se presentan enlazadas

Dios (o los Dioses) existe en tanto que es una explicación a los fenómenos reales del Mundo. Como ya dije, la ciencia no exenta a la humanidad de ser irracional o de presentar el fenómeno de la "fé ciega" a lo que otræs seres humanæs presumen como verídico y absolutamente confirmado por la Ciencia.

Nosotræs nos asociamos con una naturaleza "inferior" en todo momento, si por superior concebimos solamente lo "racional" entonces cada que nos remitimos a la sociedad, lo cual representa un 99% de las veces (cuando usamos palabras, nos remitimos a costumbres, pensamos de una u otra manera dentro de "escuelas" del pensamiento, cuando nos comparamos con otros, et cétera), estamos asociándonos con una naturaleza presuntamente inferior, puesto que la sociedad no piensa tan racionalmente como una individualidad, no obstante la individualidad de la especie humana muere sin su sociedad, y eso, es uno de los pocos hechos verídicos y comprobados absolutamente por la Ciencia, la ciencia que inventó la misma sociedad, esa sociedad irracional. Entonces ¿por qué no asociarnos con otras entidades inferiores como læs dioses?

A mi se me presenta muy claro que existen asuntos que se resuelven con la fé científica física y otros con la fé alquímica metafísica. El asunto es el balance, el cual muy claramente no se ha respetado ni por las facciones racionales ni por las irracionales de la humanidad. Durante el siglo XIV, con el azote de la peste negra, el Cristianismo Constantino feudal-medieval azotó a su propia población al expulsar a todæs læs judíæs y musulmanes, incluyendo médicos, y qué decir de la quema de brujas que no eran más que mujeres doctas en la herbolaria pero que igual que todos los demás grupos mencionados no eran vistæs más que como hechizeræs paganæs, es decir, el catolicismo se empeñó en desaparecer a quienes hubieran sido læs únicæs capaces de haber hecho algo racional y científico por la población europea, puesto que al menos con respecto a los dos pueblos, judío y musulman, eran los únicos pueblos que habían dado un seguimiento estrictamente experimental al conocimiento médico grecorromano de Hipócrates o Galeno, con exponentes al nivel de Avicena en el mundo persa, en contraposición a los médicos cristianos constantinos que abundaban en la Europa medieval quienes se limitaban al estudio estrictamente teórico de la medicina grecorromana por considerarla conocimiento pagano y sucio.

Es por esto mencionado anteriormente que en lugar de recurrir a métodos efectivos durante la peste negra, recurrían a métodos supersticiosos como remojar hojas de Biblia en vino y darlas como ostias esperando sanar la enfermedad. De esta misma forma, pero del otro lado, la constante separación de la sociedad en individuæs "libres", sin principios ni valores comunes, sin empatía ni adoraciones metafísicas que les lleven a algún tipo de instrospección (hablo de las prácticas meditativas rituales que implican rezos, danzas, cantos, prácticas contemplativas, incluso rituales con plantas llamadas psicodélicas, entre otras) que puedan contrarrestar el "cientificismo" frío y despiadado de la modernidad y postmodernidad, y que aún así, con este ateísmo como regla general, la humanidad sigue recurriendo, aunque mínimamente y muy a escondidas, más por pena a ser señaladæ como anti-científicæ y sub-civilizadæ que por convicción racional, a refugiarse en prácticas New Age, o apropiaciones culturales sersenadas de otros pueblos como el Feng-Shui, la meditación Zen, el Yoga, rituales de ayahuasca u hongos sagrados, y así la lista sigue y sigue.

Es cierto que hay que separar por completo la idea del Bien Absoluto de la idea de los Dioses, es más, invitaría yo a desarticular la misma idea de un Bien Absoluto, por una más cercana a la realidad, y es en esta realidad en donde se desarticula también el concepto de lo Divino, pues es más bien Metafísico más que Divino, es Ilimitado más que Perfecto, es por supuesto más Omnipresente y Omnipotente que Bondadoso, pero no por guardar estas cualidades más allá de lo racional significa que sea Inexistente o Inválido. La Irracionalidad es más Real para nuestra conciencia humana incluso que lo Racional, al menos hasta el momento donde nos encontramos ahora. Y estoy totalmente de acuerdo en que el Bien Relativo se compone más del «pensamiento» que de «ser», pero es en este ideal del pensamiento donde se refugia la esperanza de un futuro menos jodido que el actual.

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“El bien no puede fundarse en un Dios homicida” Una crítica poco convencional al ateísmo

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abril 6, 2020 | Sección: cultura | Artículos sobre: temas que atañen a las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Es un hecho que la ética antropocéntrica a generado una crisis dentro de todos y cada uno de los ciclos existentes. Sabemos que para que la población de leones sobreviva es necesario que depreden una cierta cantidad de cebras, que cuando las cebras no tienen un depredador, estas se replican y se convierten en plaga, y de igual manera si los leones se alimentaran de más, la población de cebras desaparecería, y con ellas seguramente el ecosistema sufriría. La naturaleza obra de manera a-moral: ni moral, ni inmoral, si la muerte, entonces representa un balance junto con la vida ¿puede una deidad asesina procurar bondad y paz?

El filósofo italiano Manlio Sgalambro nos presenta su visión personal, en respuesta a una serie de cartas entre Umberto Eco y el Arzobispo de Milán Carlo Maria Martini, lo cual resulta en una desgarradora reflexión histórica y filosófica con respecto a la idea del bien y la idea del dios cristiano, de la cual, he extraído una serie de puntos a manera de resumen (sin alterar en lo más mínimo el sentido original de su pensamiento) sobre los cuales me gustaría reflexionar:

Necesitas saber esto

1. ¿cómo aparece el bien entre los hombres? ¿Cómo es posible que sobre esta banda de canallas, de vez en cuando, con la rapidez del rayo, se abata algo, un acto bueno, un gesto de pena, y se retire con la misma rapidez? La maravilla ética nos inicia en la moral en un mundo en el que resulta más fácil que se cometa un delito. «¿Es que hacen falta pretextos para cometer un delito?», pregunta la princesa Borghese en Juliette.

2. El bien es la mayor tentativa de anular «el ser». Por ello no puede basarse en Dios, en algo que en todo caso ha dado origen a un mundo que se sostiene ontológicamente sobre el mutuo carnage.

3. Con el bien negamos, por lo tanto, a Dios; pero «el ser», es decir, Dios o el orden «metafísico» del mundo, lleva siempre las de ganar. En consecuencia, ¿cómo puede basarse el bien en Dios? Recuerdo el juicio global de Spinoza: Dios no es inteligente ni bueno. Es un ser, un horrible ser, añadiría un spinoziano coherente. Le llamamos Dios sólo por su potencia.

4. Dios no debe existir. Quiero añadir que eso se deduce de la austeridad de la impiedad. Nosotros no podemos asociarnos con una naturaleza inferior. Creo estar seguro de la naturaleza inferior de Dios. La idea de Dios no supone una naturaleza divina. Veo con amargura que la idea de Dios y la idea del bien se presentan enlazadas. Naturalmente, usted no lo sabe, pero yo sostengo que el bien sólo puede pensarse, no hacerse. ¿Qué me diría si yo añadiera que, siendo «pensamiento», no puede «ser»?

5. Al elegir a un hombre como prójimo, como hermano, se contesta al Absoluto que nos arroja juntos a la muerte. Porque para nosotros, los mortales, desear el bien de uno es desear que no muera. Elegir a un hombre como prójimo es elegirlo para la vida. ¿Cómo puede fundarse este acto, por lo tanto, en un Dios «que nos llama a su lado»? Ille omicida erat ab initio (Él era homicida desde el principio): en el principio ontológíco mismo se contiene nuestra muerte. El acto del bien, en el momento en que elige a «otro» como prójimo, le dice: tú no debes morir. El resto es una subespecie de lo útil. En el bien hay aflicción y dolor por el hecho de la muerte. El bien es una lucha contra la mortalidad del otro, contra «el ser» que lo absorbe y lo mata Entendido de este modo, el bien es impracticable y es únicamente «pensamiento». ¿Cómo se puede, por otro lado, sostener una visión que no sea la de la impracticabilidad del bien? Desear el bien de los demás es desear que no mueran, eso es todo. (¿Cómo se puede conciliar, repito, la idea del bien con Dios, que es la muerte misma? Creo, por el contrario, que la idea de Dios y la idea de la muerte se asocian de tal manera que podemos usar tanto un nombre como el otro.)

¿En qué creen los que no creen? Umberto Eco, Manlio Sgalambro, Carlo Martini, et al.

Históricamente el Dios cristiano viene a suplantar el sacrificio humano por el sacrificio último del “hijo del hombre” que da licencia de validez al sacrificio simbólico del alma

“Ustedes saben que entre los paganos, los gobernantes los dominan y sus grandes hombres hacen sentir su autoridad. Esto no va a pasar entre ustedes.”

Mateo 20: 25-26.

En dos de las obras de Eurípides, que se sitúan en el contexto de la famosa Guerra de Troya de la que Homero habla en la Ilíada, encontramos el relato del sacrificio de Ifigenia, hija de Agamenón y Clitemnestra, que según el adivino Calcas es el único sacrificio que aceptaría Artemisa a cambio de permitirle a la flota aquea navegar hasta Troya.

Como es el caso de toda tradición oral de la Antigüedad, existen muchas versiones, por ejemplo, las versiones más conocidas del cuerpo mitológico griego suelen ser las recopiladas por escrito por personajes como Hesíodo o Eurípides.


¿Te ha pasado que buscas en libros o en internet una determinada mitología y encuentras decenas si no es que cientos de diferentes versiones del mismo mito? la respuesta es esa, no existe tal cual un libro canónico que contenga la única versión de la vida de Zeus o Afrodita por ejemplo, como sí lo existe en el catolicismo y que viene siendo la Biblia, más no en el cristianismo originalmente puesto que el cristianismo se trataba de un credo realmente muy amplio y que cuenta con libros que ahora son conocidos como «apócrifos» por el catolicismo, como son el evangelio de Judas Iscariote o el evangelio de María Magdalena entre muchos otros; en la Antigüedad existían tantas versiones como bocas hubiera para contarlos, recordemos que eran tradiciones orales.

Esto anterior lo quiero dejar claro por lo siguiente, en algunas versiones Ifigenia es sacrificada a Artemisa, en otras ella es rescatada por Artemisa, en otras por Aquiles y sustituida, y una vez más depende de la fuente, por un toro, o un oso, o un ciervo o incluso una mujer más anciana. En la versión de Eurípides llamada Ifigenia entre los Tauros, es la misma Artemisa quien salva a Ifigenia y la lleva al «país de los tauros» y ahí convertida en sacerdotiza, encargada de los ritos de sacrificios humanos a los que se somete a cualquier extranjeræ que llegue a ese país.

Necesitas saber esto

Del Antiguo Testamenteo: Abraham a punto de sacrificar a su hijo por órdenes de Jeová, es detenido por un ángel. Pintura de Caravaggio.

Este es solamente un ejemplo, pero los sacrificios humanos eran cosa normal en el Mundo Antiguo, romanos, mexicas, mayas, vikingos, egipcios, hititas, básicamente todæs læs dioses antiguæs solicitaban sacrificios humanos, unæs más que otræs, pero esa era la regla general.

Es así que llega un momento en la Historia en la que surge un movimiento que busca suplantar los sacrificios humanos por los sacrificios del alma, y es así como del credo judío nace una secta cuyo profeta es Jesús el Cristo, es decir Jesús el Ungido, quien cuenta la mitología cristiana (que en esos tiempos no era cristiana tal cual sino una secta del judaísmo) pone un fin a los sacrificios humanos entregándose personalmente y por intermediación de su padre Jeová, como el último sacrificio humano, que desde entonces se convierte en la eucaristía simbólica revivida cada que la gente se reúne a convivir y comer un trozo de pan que es su carne y un sorbo de vino que es su sangre, para finalizar dándose un abrazo y un beso en la boca (así es, el cristianismo primitivo no se detenía en el abrazo de paz hoy practicado por la Iglesia católica, sino que implicaba un abrazo y un beso en los labios de hombres con hombres así como de mujeres con mujeres y obviamente entre mujeres y hombres, como símbolo de fraternidad y sororidad).

Todo esto anterior se presenta ante una mayoría humana, que si bien está bastante harta de las constantes guerras imperiales de la Antigüedad (hecho confirmado por la popularidad avasallante del cristianismo por sobre todos los credos populares en esos tiempos, pues era el único credo que hacía mucho énfasis en la paz y el perdón), presenta la natural resistencia al cambio que cualquier individualidad y sobre todo grupos presentan al ser confrontadas con una nueva forma de pensar la vida.

En otras palabras, el cristiano primitivo fue perseguido y erradicado como plaga, tanto por romanos como por judíos en sus tiempos, por lo cual surge el periodo del “cristianismo de catacumbas” en donde secretamente la población de esta secta judía que ahora conocemos como cristiandad se reunían para celebrar sus creencias sin ser detectados como enemigos del Estado o enemigos del judaísmo ortodoxo de sus tiempos y por lo tanto ser asesinadæs o llevadæs al coliseo romano para su exterminio público.

Estos dos puntos anteriores, el terror de ser una minoría exterminada y el hecho de ser un credo pacífico influenciaron en el hecho de concebir que la muerte era próxima para cualquier cristianæ que se respetara y, valga la redundancia, se negara a negar su fé a Cristo ante quienes llegaran a descubrirles como enemigæs del Estado romano o como judíæs herejes, y que por lo tanto se enfocaran mucho en la vida después de la muerte, siendo que la muerte les asechaba en cada esquina, y es por esto que hablaban mucho de “regresar a Dios” o “hacerse uno con el Señor”, no porque quisieran morir inmediatamente, sino porque la muerte era, irónicamente, su pan de cada día.

Es por estas razones que debato el punto 1 y el punto 5 del razonamiento de Sgalambro, en el sentido en el que la cristiandad original no deseaba la muerte propia o la muerte de sus semejantes para unirse con su dios cuanto antes, como decía D.H. Lawrence (y esta cita la pongo de memoria, tendrán que confiar en mi interpretación de Lawrence, pero de todos modos les invito a revisar su libro titulado “Apocalipsis” si quieren asegurarse) “existen dos tipos de cristianos en estos tiempos: los que siguen las enseñanzas de Cristo y practican el amor al prójimo, y también existen los cristianos del Apocalipsis, seres con una profunda debilidad que les lleva a desear la muerte y el escarmiento del final de los tiempos para todo aquel que consideren su opresor”.

Esa obsesión por sufrir o bien por predicar la segunda venida de Cristo en el Final de los Tiempos viene siendo una corrupción de su tradición original cuando se integra el Libro de la Revelación, también llamado El Apocalipsis, al canon único de la Iglesia Católica, en un mundo donde ya esta Iglesia representa la única religión permitida por Roma y la muerte obviamente ya no les asecha ni de cerca, sino todo lo contrario, se han convertido históricamente en los verdugos del mundo entero (paganæs, herejes, judíoæ, musulmanes, et cétera), y en el hecho de la interpretación literal de las hazañas de su héroe, Cristo, el cual no dio la vida como si de una historia para ser interpretada literalmente se tratara en donde su padre Jeová le pidió su sacrificio físico, sino que se trató de una hazaña más bien espiritual, simbólica, en donde el Cristo entrega su cuerpo como el último sacrificio humano, ante una humanidad acostumbrada a la guerra y el sacrificio repetido del prójimo.

Es por esto que estoy en desacuerdo con el “mutuo carnage” que menciona Manlio Sgalambro, pues no puede ser tan simple tal intercambio en el alba del cristianismo original, cosa que es totalmente entendible pensar del cristianismo oficial romano llamado catolicismo, puesto que se trata ya de una religión militar, una religión imperial impuesta de manera arbitraria, sersenada y editada a conveniencia de Constantino el Grande para el proyecto de Imperio Mundial de Roma que él tenía planeado.

Dichas acusaciones del doble carnage ontológico que menciona Sgalambro como base del cristianismo a mi se me antojan totalmente para el cristianismo de Constantino, sin duda, pero no así y de ninguna manera al núcleo espiritual original del cristianismo primitivo.

Constantino representado presidiendo el Concilio de Nicea, oficializando el Catolicismo como única religión permitida para el Imperio Romano.

La imposibilidad del Bien

Ahora, «el bien», como dice Sgalambro, si lo tomamos como el evitar la muerte, la extinción biológica y metafísica, y no desearle esta muerte a nada de lo creado, es cosa imposible. Todo mundo morirá como dice Sgalambro, y esto si nos posicionamos en un antropocentrismo cómodo, pero ¿que ocurre cuando nos colocamos en un nodo fuera de la humanidad como centro de la reflexión ética de la vida? ¿qué ocurre cuando adoptamos un axioma más bien sistémico-ecológico, partiendo de organismos que se necesitan unæs a otræs para un funcionamiento armónico, que vale la pena mencionar que no siempre excluyen la violencia o la crudeza de la naturaleza misma?

Aquí la cosa se pone imposible, porque ¿bajo qué criterios respetamos la vida de otræs seres humanæs, pero no la de bacterias, insectos, aves, mamíferos, hongos o plantas? La bondad no solo es imposible de humanæ a humanæ, sino que expandiendo los beneficios de la ética al Mundo en general, se convierte en una tarea más imposible aún, si es que eso es posible y no desde el inicio de por sí ya era suficiente con lo imposible de la primer hazaña ética.

Nos veríamos obligadas como especie a replantear el posicionamiento de las acciones en armonía con alguna modalidad posible dentro del flujo natural de los ciclos naturales, no juzgándolos de buenos o malos, sino de útiles, o menos útiles con respecto a algún estandar de beneficios ecosistémicos. Como ya lo podemos vislumbrar, se trata de una tarea colosal, más no tan imposible como las primeras dos opciones antropocéntricas antes mencionadas.

Es justo bajo este argumento de una ética ecosistémica que abro el debate a los puntos 3, 4 y 5 de Sgalambro. ¿puede un dios homicida ser el origen de una moral humana bondadosa? ¿puede un dios no solo homicida, sino asesino en general ser el origen de una reflexión ética ecológica que tienda a lo bueno? La respuesta puede ser sumamente compleja y obliga a extraerse del marco referencial antropocéntrico y de la moral que esa visión conlleva.

Sabemos que para que la población de leones sobreviva es necesario que depreden una cierta cantidad de cebras ¿correcto? que cuando las cebras no tienen un depredador, estas se replican por encima de lo que su ambiente puede soportar y entonces se convierten en plaga, y de igual manera si los leones se alimentaran de más, la población de cebras desaparecería, y con ellas seguramente el ecosistema sufriría en tanto que las cebras cumplen una función dentro de los ciclos de otros animales, insectos, hongos y plantas que cohabitan en determinados ecosistemas. Esta regla de cadenas y ciclos dentro de los ecosistemas se cumple básicamente en todo el Mundo, incluyendo a la humanidad. Es un hecho que la ética antropocéntrica a generado una crisis dentro de todos y cada uno de los ciclos existentes: nuestra huella ha trastocado y afectado más negativamente que positivamente todo ecosistema.

Cadena Alimentaria – Wikimedia

En un mundo en donde idealmente la guerra sería un mal ejemplo del pasado quizá un dios homicida no sería la fuente de ética. ¿pero que ocurre en un mundo donde la autodefensa de la vida son un acto bélico y asesino necesario para proteger a las personas necesitadas? ¿Acaso un dios homicida, o bien un dios asesino no puede, en efecto, proveer de una reflexión más profunda y más efectiva que la de un dios pacifista crónico que solamente alienta a dar la otra mejilla? En este sentido cuestiono profundamente el argumento y pregunta principal de este artículo que plantea Manlio. Es de esta manera que yo concilio el punto 5, diciendo que aceptar a otræ humanæ como mi hermanæ, implica tanto proteger su vida y la mía, como a su vez implica sin reparos protegerle a la otra persona y a mi mismo aunque la vida de un “contrario relativo” esté de por medio (no digo “malvadæ” o enemigæ puesto que todo tiende a ser relativo y responde a necesidades y situaciones muy cambiantes y profundamente cuestionables). Ambos puntos no se excluyen en este caso.

Aunque sí estoy de acuerdo: Dios no es bueno e inteligente. Más bien me remite más a un Dios completamente a-moral, una deidad aparentemente humana en cuanto a pasiones, como Zeus, Hitzilopochtli, Ishtar o Isis. No obstante no es humana en naturaleza, lo único que podemos interpretar de esæs dioses se limita a lo que la humanidad puede ver de ellas, si bien las deidades son perfectas o ilimitadas, la humanidad por sus propias limitantes es solamente capaz de ver en ellas lo que de nosotræs nos reflejan.

No se puede suponer lo que se ignora más que por analogía con lo que se sabe. Definir lo que no se sabe es una ignorancia presuntuosa; afirmar positivamente lo que se ignora es mentir.

Alphonse Louis Constant (Eliphas Levy)

Como le decía Jeová a Job, en el Libro de Job del Viejo Testamento: si tú Job eres humanæ ¿como hablas con tus amistades sobre mi cualidad infinita, ominpotente y justa? ¿acaso tu Job eres justo, infinito y omnipotente? a lo que Job responde negativamente, diciendo que él tan solo es un humano, y Jeová le responde, que, efectivamente, él es un humano, ignorante, mortal y limitado por su forma humana, por lo cual él, Job, debe limitarse a hacer sus oraciones y alabarlo a Jeová como su dios, no a explicarle a otros humanos sobre sus cualidades sobrenaturales, pues es verdad que Job no las conoce y jamás las experimentará como para abundar en una explicación sobre ellas.

Es así que los dioses, sean cuales sean, solo pueden ser vistos por los ojos humanos y entendidos hasta donde el bagaje humano pueda comprenderlos, es decir, si bien læs dioses pueden ser infinitæs, la comprensión humana siempre será finita, limitada, y la humanidad simplemente está limitada a seguir las enseñanzas o imitar las mitologías que de sus dioses emanan, sabiendo que en la interpretación pueden errar, justo como la ciencia, la cienca por definición debe errar y ser actualizable e incluso refutable para poder progresar, y ¿quién es autoridad como para decir “yo conozco a cabalidad la ciencia y comprendo de matemáticas, física clásica, física cuántica, biológía, psicofisiología, neurología, química y demás ciencias, para refutar, del todo, cualquier otro credo humano”? porque a últimas, la ciencia se le presenta a la humanidad como otro credo más, otra fé ciega, en lo que sus sacerdotes, læs científicæs les dicten; como supuestamente le respondió Charles Chaplin a Albert Einstein alguna vez cuando Einstein le dijo a Chaplin que era una maravilla que la gente no necesitara oirle a Chaplin hablar para entretenerles, a lo que Chaplin le contestó “es más increíble cómo la gente a pesar de que te escuche, Albert, no te entiende nada de lo que dices, y aún así te admiran por todo el mundo!”

Dios debe existir porque puede existir, y no solo uno, sino miles de ser necesario

Con respecto al punto 4 de Manlio:

Dios no debe existir. Quiero añadir que eso se deduce de la austeridad de la impiedad. Nosotros no podemos asociarnos con una naturaleza inferior. Creo estar seguro de la naturaleza inferior de Dios. La idea de Dios no supone una naturaleza divina. Veo con amargura que la idea de Dios y la idea del bien se presentan enlazadas

Dios (o los Dioses) existe en tanto que es una explicación a los fenómenos reales del Mundo. Como ya dije, la ciencia no exenta a la humanidad de ser irracional o de presentar el fenómeno de la “fé ciega” a lo que otræs seres humanæs presumen como verídico y absolutamente confirmado por la Ciencia.

Nosotræs nos asociamos con una naturaleza “inferior” en todo momento, si por superior concebimos solamente lo “racional” entonces cada que nos remitimos a la sociedad, lo cual representa un 99% de las veces (cuando usamos palabras, nos remitimos a costumbres, pensamos de una u otra manera dentro de “escuelas” del pensamiento, cuando nos comparamos con otros, et cétera), estamos asociándonos con una naturaleza presuntamente inferior, puesto que la sociedad no piensa tan racionalmente como una individualidad, no obstante la individualidad de la especie humana muere sin su sociedad, y eso, es uno de los pocos hechos verídicos y comprobados absolutamente por la Ciencia, la ciencia que inventó la misma sociedad, esa sociedad irracional. Entonces ¿por qué no asociarnos con otras entidades inferiores como læs dioses?

A mi se me presenta muy claro que existen asuntos que se resuelven con la fé científica física y otros con la fé alquímica metafísica. El asunto es el balance, el cual muy claramente no se ha respetado ni por las facciones racionales ni por las irracionales de la humanidad. Durante el siglo XIV, con el azote de la peste negra, el Cristianismo Constantino feudal-medieval azotó a su propia población al expulsar a todæs læs judíæs y musulmanes, incluyendo médicos, y qué decir de la quema de brujas que no eran más que mujeres doctas en la herbolaria pero que igual que todos los demás grupos mencionados no eran vistæs más que como hechizeræs paganæs, es decir, el catolicismo se empeñó en desaparecer a quienes hubieran sido læs únicæs capaces de haber hecho algo racional y científico por la población europea, puesto que al menos con respecto a los dos pueblos, judío y musulman, eran los únicos pueblos que habían dado un seguimiento estrictamente experimental al conocimiento médico grecorromano de Hipócrates o Galeno, con exponentes al nivel de Avicena en el mundo persa, en contraposición a los médicos cristianos constantinos que abundaban en la Europa medieval quienes se limitaban al estudio estrictamente teórico de la medicina grecorromana por considerarla conocimiento pagano y sucio.

Es por esto mencionado anteriormente que en lugar de recurrir a métodos efectivos durante la peste negra, recurrían a métodos supersticiosos como remojar hojas de Biblia en vino y darlas como ostias esperando sanar la enfermedad. De esta misma forma, pero del otro lado, la constante separación de la sociedad en individuæs “libres”, sin principios ni valores comunes, sin empatía ni adoraciones metafísicas que les lleven a algún tipo de instrospección (hablo de las prácticas meditativas rituales que implican rezos, danzas, cantos, prácticas contemplativas, incluso rituales con plantas llamadas psicodélicas, entre otras) que puedan contrarrestar el “cientificismo” frío y despiadado de la modernidad y postmodernidad, y que aún así, con este ateísmo como regla general, la humanidad sigue recurriendo, aunque mínimamente y muy a escondidas, más por pena a ser señaladæ como anti-científicæ y sub-civilizadæ que por convicción racional, a refugiarse en prácticas New Age, o apropiaciones culturales sersenadas de otros pueblos como el Feng-Shui, la meditación Zen, el Yoga, rituales de ayahuasca u hongos sagrados, y así la lista sigue y sigue.

Es cierto que hay que separar por completo la idea del Bien Absoluto de la idea de los Dioses, es más, invitaría yo a desarticular la misma idea de un Bien Absoluto, por una más cercana a la realidad, y es en esta realidad en donde se desarticula también el concepto de lo Divino, pues es más bien Metafísico más que Divino, es Ilimitado más que Perfecto, es por supuesto más Omnipresente y Omnipotente que Bondadoso, pero no por guardar estas cualidades más allá de lo racional significa que sea Inexistente o Inválido. La Irracionalidad es más Real para nuestra conciencia humana incluso que lo Racional, al menos hasta el momento donde nos encontramos ahora. Y estoy totalmente de acuerdo en que el Bien Relativo se compone más del «pensamiento» que de «ser», pero es en este ideal del pensamiento donde se refugia la esperanza de un futuro menos jodido que el actual.

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