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El individualismo, resultado del cristianismo y de la Ilustración

Hay un tema que no resalta en lo más mínimo en la educación mexicana, y probablemente tampoco en ningún otro modelo educativo diseñado para replicar el neoliberalismo como doctrina de pensamiento. Es un tema que representa una pieza clave para comprender la forma del pensamiento actual, así como varios de los fenómenos socio-políticos: una herramienta imprescindible para la sociología.

Sin mayor introducción, el tema del que les vengo a hablar se desprende de las muchas dinámicas de perpetuación del poder, se trata de la "individualidad". No hablo de ese rasgo natural que se expresa espontáneamente en muchas especies─incluso en las sociales como el ser humano─, rasgo que ya mencionaba Darwin en su obra "El origen de las especies" cuando decía que la variabilidad genética crea individuos que luchan por adaptarse a un medio cambiante, que además luchan entre los demás miembros de su misma especie, lo que lleva a que algunos rasgos de pocos individuos prevalezcan y otros se extingan. Tampoco hablo del Yo del psicoanálisis, ese aparato psíquico que según Freud y su escuela de pensamiento─y que viene esbozado ya desde Schopenhauer y Nietzsche─intermedia entre el Ello y el SuperYo para operar en el mundo físico y saciar las pulsiones del inconsciente (territorio del Ello), y que a partir de esas estrategias que va convirtiendo en hábitos da como resultado una identidad individual. No, yo hablo de ese discurso diseñado cuidadosamente para suplantar o bien coronarse por encima de esos anteriores modelos derivados de la observación de funciones naturales.

Pensémoslo como la sexualidad de la que nos habla Foucault: la sexualidad occidental es un discurso de control, el cual se superpone a ese rasgo natural en los seres vivos que conocemos como «reproducción sexual» y sus diferentes expresiones según la especie de la que hablemos, pues es cierto que la conducta instintiva de la reproducción sexual se ha ido acomodando diferente con la evolución de las especies. Si bien su utilidad para recombinar el ADN sigue siendo la función predominante para moscas y lagartos, esto es algo que funciona para otros propósitos entre bonobos o humanos. Ubicándonos sobre la evolución humana del sexo, en la antigüedad tanto occidental como oriental (pensemos en el Tantra, el Kamasutra, las costumbres griegas y egipcias que han quedado registradas también como evidencia histórica) y hasta el esplendor romano, más o menos, solía experimentarse y expresarse como un arte erótico, y no como una exploración culposa o un estudio confesional del sexo.

[inicio de cita]>

China, Japón, India, Roma, Arábico-musulman, se expresaban por medio de una ars erótica. En el arte erótico, la verdad se extrae del placer mismo, entendido como una práctica y acumulado como experiencia; el placer no se le considera en relación a una ley absoluta de lo permitido o lo prohibido, tampoco en referencia a un criterio de utilidad, sino primero y último en referencia sí mismo. Todo este conocimiento debe ser retroalimentado a la misma práctica en sí misma, para seguirla moldeando desde dentro y amplificar sus efectos.

[fin de cita // referencia de cita]> Historia de la sexualidad. Foucault.

Es la tradición eclesiástica de la Europa medieval la que exacerbó ese elemento tabú del folklore erótico del mundo antiguo; en este último, el erotismo aparecía esporádicamente como algo prohibido, esto a la par que también como algo gozoso, divino, peligroso, inocente, malvado, y también como algo digno de celebración. Es el mundo cristiano medieval el que convierte el elemento de «lo prohibido» en un axioma central de su narrativa y de ahí va a emanar todo un sistema moral. Es este sistema moral en lo que quiero enfocarme para esta comparativa con la «individualidad». De la misma manera que el tema de «lo prohibido» en el erotismo ya se llegaba a plantear esporádicamente desde antes del cristianismo, esto de ningún modo representaba su única narrativa posible. De manera similar, la individualidad ya existía en el mundo antiguo, pero solo hasta cierto punto, pues antes del cristianismo no existía el «libre albedrío» y todo porvenir era marcado por un destino que nos unía como sirvientes de la voluntad de los dioses; no es sino hasta que la Ilustración se consolida, que el individualismo se comienza a utilizar como un discurso preponderante, y más adelante como una doctrina de control de masas. Más adelante profundizaremos más en estos momentos históricos.

[pie de imagen]> El libre albedrío no existía antes del cristianismo, la humanidad era una herramienta de la voluntad de los dioses

Hay que entender algo, y es que como lo ha demostrado la Historia, prácticamente cualquier rasgo natural puede ser reinterpretado a manera de un discurso que funcione como sistema de control: lo hemos visto ocurrir con el fenómeno del erotismo o la reproducción sexual, el de la identidad de culto, la familia, el trabajo, el dimorfismo sexual manejado como «género», y la lista continúa. Al tratarse el ser humano de un animal social, es propenso a crear narrativas, y al no tener─hasta la fecha─un método exacto para develar por completo los misterios de lo mental y lo social, muchos discursos pueden ser implantados dentro de las dinámicas sociales a manera de dogmas, doctrinas, tradiciones, escuelas de pensamiento, o incluso ciencias.

¿Qué es la identidad y como se relaciona con la individualidad?

La identidad es un proceso psicológico que se relaciona con el proceso de generar una noción de pertenencia, ya sea al propio cuerpo, a los propios sentidos o a un grupo. La impronta, ese instinto descrito por Konrad Lorenz que tienen algunas aves de apegarse al primer objeto que ven con sus propios ojos al salir del huevo es un buen modelo de mecanismo de identidad primitivo; este instinto en parte biológico, en parte psicológico y también social, le ha servido a las aves para construirse una imagen propia de la cual absorber los demás elementos de sobrevivencia de sus semejantes. Primates y humanos también cuentan con circuitos neuronales que guardan relación con la identidad personal y social, similar a la impronta. La interacción entre lo social y lo personal está tan profundamente integrado en nuestro ser que dentro de nuestro sistema nervioso central existe incluso una región del encéfalo que está constituida por las «neuronas espejo». Cuando vemos a otro ser humano mover su cuerpo, nuestras neuronas espejo se activan de tal manera que el cerebro no diferencia si lo que se está moviendo es el cuerpo propio o un cuerpo ajeno.

Por supuesto las neuronas espejo no son la única evidencia que hay de nuestro comportamiento social, pero resultan un ejemplo muy concreto de la interacción─biologicamente configurada─entre las esferas de la realidad social y la realidad individual de primates y humanos. El naturalista Piotr Kropotkin ya nos contaba que para los seres humanos que habitan en modos que asemejan a aquellos grupos post-glaciales, como los Esquimales o varias tribus de África, es preferible la muerte antes que el aislamiento del grupo, algo que la arqueóloga Almudena Hernando nos sigue confirmando un par de siglos después de Kropotkin. El economista Karl Polanyi decía:

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Si alguna conclusión se impone con toda nitidez, tras los estudios recientes sobre las primeras sociedades, es el carácter inmutable del hombre en tanto que ser social.

[fin de cita // referencia de cita]> Karl Polanyi. La gran transformación.

La evidencia antropológica muestra que si bien la identidad en la actualidad se relaciona fuertemente con la "individualidad", esta realmente precede la existencia del «individuo» y hace su aparición principalmente en la sociedad misma, a través de la identidad comunitaria. El ser humano no se concibió a sí mismo como un ser separado del grupo, sino dependiente de la existencia del mismo. En su libro "La ilusión de la individualidad", la arqueóloga Almudena Hernando nos menciona que entre las primeras estrategias humanas para la sobrevivencia, basada en su naturaleza social, una muy importante era la identidad grupal, pues ante un entorno natural que iba creciendo en complejidad cada que el ser humano lo iba conociendo y explorando con una consciencia cada vez más despierta, primero con sus sentidos y posteriormente con el lenguaje, el identificarse con su grupo de sobrevivencia (recordemos que ningún antecesor del homosapiens podría haber sobrevivido en soledad ante la presencia de cualquiera de los depredadores mejor dotados con los que convivía) era crucial para no sentirse avasallado por la inmensidad de su entorno y sus inexplicables fenómenos.

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[...] la persona se siente segura sólo en tanto forma parte de un grupo mayor que es el que le da seguridad. De ahí que unifi quen la apariencia, como veremos más adelante. Esto quiere decir que cuanto menor control material se tiene sobre el mundo, más se reconoce la necesidad de los vínculos con los demás miembros del grupo para poder generar la sensación de control y capacidad de supervivencia en él.

El problema reside en que a medida que fue incrementándose el control tecnológico, se fue negando esa necesidad, hasta que en el siglo XVII se identificó el concepto de persona con el de individuo (Mauss, 1991; Elias, 1990a: 184; Weintraub, 1993:49). En ese siglo, una mayoría de hombres del grupo social comenzaron a percibirse a sí mismos como instancias concebibles de forma aislada y separada del grupo al que pertenecían [...] . Pero esto, sencillamente, es una fantasía. Si el ser humano se percibiese realmente de manera aislada, se le haría evidente su impotencia frente al mundo, y no podría sobrevivir. La individualidad pretende que cada uno de nosotros, aislados, tenemos una seguridad y un poder que no tenemos.

[fin de cita // referencia de cita]> Almudena Hernando. La ilusión de la individualidad. p.35
[pie de imagen]> la Diosa de la Razón

Dejando atrás la prehistoria, un poco más adelante ya en el terreno de la Historia, el surgimiento del cristianismo tuvo una gran influencia en sembrar la semilla del individualismo a gran escala, el cual daría su fruto durante la Ilustración europea. El siglo previo al reinicio del conteo de los tiempos, a partir del nacimiento del mesías cristiano, vio el surgimiento de muchos credos y filosofías que confluyeron justamente en Roma por la tremenda influencia que esta tuvo y recibió de todas las regiones que conquistó y con las que comerció.

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Ya en la decadencia de la cultura griega, conquistada la Hélade por Roma, se extendieron filosofías que ponían el acento en la búsqueda de la felicidad individual: entre ellos, el epicureísmo y el estoicismo.

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Al final, Constantino el Grande impulsó el que de entre todos estos paradigmas─que de hecho compartían ciertos axiomas curiosamente similares─fuera el cristianismo el que tomara gran importancia e influencia para el futuro de occidente. El cristianismo incluía un elemento bastante novedoso─entre otros─que sería crucial para el suave aterrizaje posterior del individualismo en el sentido común; este elemento era el del «libre albedrío», rara vez antes había sido un axioma central de una doctrina del pensamiento un elemento semejante. Como ya dije antes, el mundo antiguo descansaba en el hecho de la predestinación, los oráculos, la voluntad de los dioses, y ahora con el cristianismo se presentaba un nuevo paradigma, en donde el Dios Padre del cristianismo elegía otorgarle la libertad de pensamiento y acción al ser humano, para que este, voluntariamente, eligiera el camino correcto, el camino del perdón de sus pecados, incluyendo el pecado original que aparece simplemente por nacer, a través de la gracia de Dios Padre. Por primera vez la libertad no se relacionaba con el bien común del que hablaban Platón y Aristóteles, sino con la elección propia en la cual Dios Padre confiaba que se encontraría la necesidad de hacer el bien.

D.H. Lawrence dice lo siguiente, en su obra "Apocalipsis":

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Hay unos puntos extremadamente importantes que tanto la doctrina cristiana como el pensamiento cristiano perdieron de vista y que solamente la fantasía cristiana guarda la creencia de que es verdad:

Ningún hombre es ni puede ser un individuo puro. La masa de hombres tiene sólo un mínimo toque de individualidad, si es que tiene alguno. La masa de hombres vive y se mueve, piensa y siente colectivamente, y prácticamente no tiene emociones, sentimientos o pensamientos individuales en absoluto. Son fragmentos de la conciencia colectiva o social. Siempre ha sido así. Y siempre será así.

El Estado cristiano moderno es una fuerza destructora de almas, porque está formado por fragmentos que no tienen un todo orgánico, solo un todo colectivo. En una jerarquía, cada parte es orgánica y vital, así como mi dedo es una parte orgánica y vital de mí. Pero una democracia está destinada a ser, al final, obscena, porque está compuesta de miríadas de fragmentos desunidos, cada fragmento asumiendo para sí mismo una falsa totalidad, una falsa individualidad.

De modo que vemos lo que nuestra época ha demostrado para su asombro y consternación, y es que el individuo no puede amar. El cristiano no se atreve a amar: porque el amor mata lo cristiano, lo democrático y lo moderno, el individuo. Es el lado oscuro del cristianismo, del individualismo y de la democracia, el lado que el mundo en general nos muestra ahora.

[fin de cita // referencia de cita]> Apocalipsis. D.H. Lawrence.

No hay que confundirnos, no estamos hablando de pormenores de la religión, no nos estamos perdiendo, vaya, en detalles superficiales de algún dogma, el cristianismo es ante todo una doctrina de pensamiento, un compendio de formas de interpretar la realidad ordenadas bajo un código moral, pero más importante que eso para nuestro propósito específico, el cristianismo que conocemos a través del estudio de la Biblia, es un registro histórico con un valor tremendo para la antropología, la historiografía, la psicología, la sociología y cualquier otra disciplina que sepa descifrar datos sobre la vida humana a partir de evidencia escrita.

Almudena Hernando nos dice que la individuación del hombre toma fuerza ya en la Ilustración. Es importante notar que aquí por «hombre» nos referimos explícitamente al hombre y no a la mujer, ahora veremos por qué. El paso del oscurantismo medieval a la era de la razón de la era moderna es marcada por la Ilustración, por ahí del siglo XVIII. Es en este momento en el que la burguesía, esa clase social nacida del comercio comienza a financiar a los intelectuales para hacer frente a un gran enemigo, el Viejo Régimen, los reyes y sus nobles que descansaban sobre el designio divino, la Iglesia cristiana. La burguesía, gracias al capitalismo, había acumulado gran riqueza que comenzaba a competir con la riqueza de la nobleza y los reyes, no obstante parecía que esto no les daba acceso al poder político, por lo cual fomentaron una revolución filosófica que tuvo grandes consecuencias en el mundo moderno: la consolidación de la sociedad de mercado, del pensamiento liberal, del capitalismo, el inicio del discurso de naciones en contraposición al de los reinos feudales, y algo muy importante para todo este sistema, el individualismo.

¿Por qué la mujer no accedió al individualismo al mismo tiempo que el hombre? la mujer vivió un proceso mucho más abrupto y mucho más tarde en la historia (con el feminismo) en este sentido debido a la opresión de un sistema patriarcal en el cual el mundo se interpretaba a partir del hombre, y la mujer quedaba relegada a ser la «otredad» de todo aquello que no fuera masculino. El mundo moderno trajo consigo la coronación del capitalismo y la transformación de la sociedad en una sociedad de mercado: esto es, una política económica bajo la cual lo social queda subordinado, en lugar de lo contrario como en el mundo antiguo pre-capitalista, en donde modos de producción como el esclavismo, el feudalismo y el mercado tradicional eran parte de la sociedad, y no su axioma supremo, como sí lo es en el mercado liberal del capitalismo. La mujer fue para el capitalismo lo que el esclavo para el sistema esclavista de producción; sin una mujer en casa obligada a trabajar sin remuneración, siendo cocinera, lavadora de ropa, una fábrica de crías-futuros obreros, y cuidadora de esos futuros obreros, el capitalismo no podría explotar al obrero masculino al nivel que lo explota, y la crisis que Marx menciona y predice como nuclear al sistema de producción capitalista en su obra del Capital, simplemente se presentaría más pronto que tarde. Pero por esta ocasión no nos detendremos en este detalle tan importante de la historia, será tema de análisis para otro momento, pues amerita su propio tiempo de estudio.

La Ilustración trajo consigo una reacción a ese mundo que Nietzsche vendría a denominar "nihilismo estático", ese al que culpa a Sócrates y Platón de iniciar, y con mucha razón, pues estos filósofos griegos existían bajo aquella realidad en la cual el bien común, la moralidad de la polis, el respeto a las leyes, era lo más importante, la cohesión de la identidad bajo el orden de lo común y lo social. Esto era simplemente un paso inevitable del pensamiento social, de ese "genio social" del que nos habla Piotr Kropotkin en su "Apoyo Mutuo", haciendo referencia a la realidad social que autores como Almudena Hernando, Maurice Halbwachs o Pablo Fernandez Christlieb aseguran que precede y existe siempre como base incluso de la ilusión del individuo como un elemento independiente.

La mente social desembocó en la creación de esta quimera llamada individualidad, para escapar, como dijera Nietzsche a esa esclavitud de la mediocridad de las masas. La rigidez y potencia del mundo cristiano medieval simplemente no podía seguir existiendo en ese estado contradictorio que por un lado concentraba riqueza y poder en pocas manos y a la vez hablaba sobre el «libre albedrío» a una competencia creciente como la burguesía, que eventualmente, con su propia arma terminó por degollarles para reclamar su propio lugar dentro de las cúpulas de un poder que las coronas apenas pudieron preveer: el capitalismo, la sociedad de mercado y con ello el asenso del nuevo sujeto universal, el individuo acumulador y "libre".

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El punto de vista que sugiero es que la conciencia moderna ha sido forjada como unidad personal para millones de seres humanos, al mismo tiempo por el cristianismo y el pensamiento ilustrado. No sé si ha sido obra de la astucia de la razón o de la fuerza de las circunstancias, pero lo que veo en general son individuos en los que, con mayor o menor grado de consciencia, se mezclan educación cristiana y educación ilustrada, dando vida a ese organismo que denominamos laicismo, a esa identidad que denominamos laica. Términos a los que hay que restituir el significado originario de una fe en los límites de la razón, de la razón difundida entre el pueblo, del sentido común que, como decía Descartes, está tan repartido que todos los hombres creen haberlo recibido como dote.

[fin de cita // referencia de cita]> Claudio Martelli, político italiano.

El Padre Thomas Hopko, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa de América, una vez dijo lo siguiente:

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Los cristianos ortodoxos se oponen radicalmente al individualismo. El individuo no existe. Somos personas en comunión con otras personas, nos guste o no. Y el verdadero problema es: ¿con qué personas vamos a estar en comunión? […] ¿Con quién vamos a compartir la vida? […] Los ortodoxos decimos [que] lo compartimos con los santos, […] los profetas, los apóstoles, el pueblo santo. La iglesia es una comunión, […] porque fuimos creados para la santa comunión con Dios y entre nosotros.

La Ilustración está dentro de la milenaria evolución del cristianismo y no es ajena a éste, ni a sus mutables relaciones con el poder, consigo mismo, con la sociedad, con las costumbres y con las ciencias, en todo caso es una reacción al cristianismo. Al igual que la Reforma protestante, la Ilustración se remite al cristiano individual contra la Iglesia católica y las sectas reformadas. A diferencia de la Reforma, no predica un cristianismo puro contra otro impuro, sino un cristianismo universal fundado en el sentido común. La Ilustración acelera y disloca la racionalización del cristianismo, laiciza y seculariza el mensaje cristiano, pero sólo hasta el límite del teísmo. El blanco de los ilustrados es iluminar la ignorancia para desvanecerla. La Ilustración no es una ruptura con el ethos cristiano: es una tentativa de purificarlo del absurdo y del fanatismo.

Nos remitimos a la evidencia escrita: Rousseau, Newton, Descartes, Hobbes, Locke, Voltaire, incluso Galileo Galilei así como otros autores─como atinadamente nos recuerda Martelli─eran cristianos finalmente, aunque de modo "crítico y desencantado"; heterodoxos, ecuménicos, tolerantes, pero cristianos; bueno, Voltaire sí se sale un poco del molde pero es un hecho que practicaba la tolerancia, la libertad de culto, él mismo era francmasón estudioso de la Cábala hebrea y definitivamente sostenía cierta fé espiritual a través de la razón, por lo cual lo llaman «deísta». Es esto a lo que nos referimos con que la Ilustración es la «evolución de la doctrina cristiana, o mejor dicho católica, y no le son ajenos a esta».

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La conciencia laica y sus declinaciones —el respeto a los demás, la inviolabilidad de los derechos de la persona, la libertad de la ciencia, la sufrida aceptación del pluralismo religioso y político, de la democracia política y del mercado económico—, todo ello nace dentro y no fuera del cristianismo, dentro y no fuera de la historia del Dios de Occidente.

[fin de cita // referencia de cita]> Claudio Martelli

La segunda mitad del siglo XVIII vivió este florecimiento económico y social del individualismo a punta de crisis. Para 1830 la economía capitalista en Inglaterra (cuna de la revolución industrial y del capitalismo) había superado la crisis, las ganancias entre la clase obrera habían incrementado tanto que nació la "clase media"; la contienda política electoral en Inglaterra se divide entre liberales citadinos─cuyo principio rector es el racionalismo y el individualismo─y los conservadores terratenientes del campo; finalmente, vemos como el movimiento estético de moda en el momento fue el Romanticismo, que exaltaba la libertad, el individualismo y las emociones.

Como el mismo Henry Ford confirmó a través de la práctica ya en 1914, lo productos necesitan quien los compre, es por esto que como él mismo relata en el libro Today and Tomorrow publicado en 1926:

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El propietario, los empleados y el público comprador son todos uno y el mismo, y a menos que una industria pueda administrarse a sí misma de tal manera que mantenga altos los salarios y bajos los precios, se destruye a sí misma, porque de lo contrario limita el número de sus clientes. Los propios empleados deben ser los mejores clientes de uno mismo.

[fin de cita // referencia de cita]> Henry Ford

En aquel tiempo Ford fue tomado como un loco, su iniciativa de incrementar cada vez más el salario mínimo de sus empleados para que estos pudieran comprarse autos Ford era visto como una idea descabellada para sus competidores y le auguraban el fracaso. Claramente no fue así, y a través de las apuestas al destino y del ensayo y error, Ford hizo un descubrimiento importante para el mercado liberal y es que tienes que crear un mercado para tus propios productos a como de lugar.

Esta idea fue pulida y perfeccionada posteriormente gracias al marketing, esa ciencia social cuyo principio literalmente viene siendo "lograr venderle lo que sea, aunque sea innecesario, a tu público", y es sobre este principio que el liberalismo despunta hasta convertirse en el monstruo que conocemos en nuestros días.

La individualidad se va convirtiendo en la joya de la corona del captalismo, del liberalismo pero sobre todo del neoliberalismo

[pie de imagen]> Milton Friedman y los Chicago Boys

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El mercado es, de hecho, el medio más eficiente de que disponemos para la asignación de recursos, para fomentar la selección, diversidad y bienestar, y para asegurar la libertad.

El mercado garantiza también la libertad, porque suprime discriminaciones por razón de raza, lengua, religión, ideas políticas, etc. Y es una garantía de libertad política, porque permite a cada uno mantener sus ideas.

Friedman sostiene que la libertad económica es una parte, y parte importante, de la libertad personal y política.

[fin de cita // referencia de cita]> El pensamiento económico de Milton Friedman. Documento de Investigación por Antonio Argadoña

Contextualicemos un poco aquello de la "libertad" que tanto se menciona en los modelos políticos autodenominados "progresistas y liberales": para una persona egipcia o una romana, igual que para muchas civilizaciones antiguas, libertad implicaba que su pueblo conservara sus propias tradiciones locales, su culto, y su cohesión cultural; para la sociedad cristiana, como ya vimos, la libertad tenía que ver principalmente con un don que Dios Padre le había otorgado a la humanidad para discernir el bien del mal. Posteriormente en el pensamiento de la Ilustración, la libertad se extrapolaría del «libre albedrío» cristiano para abarcar la «razón», pero la transición del llamado Viejo Régimen─es decir las coronas imperiales aún elegidas por designio divino (¿recuerdan el despotismo ilustrado?)─hacia el Nuevo Régimen (puesto de moda por las revoluciones burguesas como la Revolución Francesa) no fue instantáneo, recordemos cómo Descartes aún tuvo que dejarle una parte a la Iglesia para dejarla contenta y así poder darle lo "racional" a la Ciencia. Con las políticas liberales las Naciones (algunas todavía Coronas Reales) debían interferir cada vez menos en la vida mercantil, la cual se llevaba a cabo por individuos, no por colectividades. La individualidad estaba a punto de cuajar por completo para este punto; posteriormente en la Historia, a partir del siglo XX, para una individualidad postmoderna y globalizada ya bien solidificada como una doctrina de pensamiento, la libertad significa que, además de que su país no esté invadido por alguna otra nación, que a cada persona, en lo individual, le gusten Los Beatles y no Los Rolling Stones, o que se bañen con Pantene y no con Nivea, que prefieran un Ford a un Nissan; en general la "libertad" del modelo neoliberal se enfoca en la pregunta ¿qué cosas consumo que me hacen único? Somos una sociedad del consumo, una sociedad que se define por su capacidad económica, lo que fortalece ese sistema social tan necesario para la sobrevivencia del capitalismo desde el siglo XVIII: la sociedad de mercado.

La institución del mercado no es algo "malo" en sí, de hecho es un resultado de la sociabilidad humana.

[inicio de cita]>

Ninguna sociedad podría sobrevivir, incluso por poco tiempo, sin poseer una economía, sea de un tipo o de otro.

El modelo del mercado, en la medida en que está íntimamente unido a un móvil particular que le es propio─el del
pago en especie o el trueque─, es capaz de crear una institución específica, más precisamente, es capaz de crear el mercado.

[fin de cita // referencia de cita]> La gran transformación. Karl Polanyi.

Karl Polanyi denuncia de esta manera que el mercado, alguna vez una institución humana creada como subordinada a la sociedad y a su servicio, pasa a convertirse con el capitalismo en un Logos a partir del cual la misma sociedad depende para concebirse.

[inicio de cita]>

En lugar de que la economía se vea marcada por las relaciones sociales, son las relaciones sociales quienes se ven encasilladas en el interior del sistema económico. La importancia vital del factor económico para la existencia de la sociedad excluye cualquier otro tipo de relación [...]

la sociedad se ve obligada a adoptar una determinada forma [para sí misma] que permita funcionar a ese sistema siguiendo sus propias leyes. Es justamente en este sentido en el que debe ser entendida la conocida afirmación de que una economía de mercado únicamente puede funcionar en una sociedad de mercado.

[fin de cita // referencia de cita]> La gran transformación. Karl Polanyi.

De igual manera que el mercado, la individualidad no es "mala" en sí misma; el mercado es el resultado ineludible luego de cierto punto de desarrollo social, y lo mismo ocurre con el individualismo. Pero Nietzsche cometió un error, y ese fue el no haber contado la naturaleza gregaria como parte de los instintos básicos que su nihilsmo dinámico, que su superhombre tuvo que haber abrazado, en lugar de negarlo a favor de un individualismo absoluto. Pero si algo nos ha mostrado la modernidad con respecto al individuo es que dista mucho de ser la cúspide de la evolución mental del ser humano como especie.

Ya a mediados del siglo XX, personajes como Edward Bernays pusieron en evidencia la capacidad de manipulación de la que los individuos pueden ser víctimas cuando les repites la suficiente cantidad de veces, hasta convencerles, de que son únicos y especiales, y posteriormente decirles cómo lograr ser aún más especiales cada vez. Bernays es considerado el padre del marketing, y este ataca las necesidades del individuo, pero esto solo una vez que el individuo se ha convencido de que no es parte de ninguna masa, y de que sus decisiones son lo suficientemente originales para diferenciarle del grupo. ¿Cuánta gente no compra los mismos zapatos que todos los demás compran? los mismos autos, los mismos vestidos y trajes, las mismas modas. El individuo, al estar aislado mentalmente, se convierte en el mejor consumidor, uno compulsivo y cada vez más ignorante mientras más se aleja de cualquier tipo de identidad cultural compartida y se acerca a una "mano invisible" que le repite los mantras que más le emocionan: "eres único y especial", "necesitas esto para ser más original", "construye tu identidad a partir de tu originalidad".

[pie de imagen]> El filósofo Byung-Chul Han habla mucho sobre el proceso de ultra-individualización, el neoliberalismo y la decadencia social asociada a esos fenómenos.
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Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. […] En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.

[fin de cita // referencia de cita]> Byung-Chul Han

La crisis del individuo depredador en el siglo XXI

En su obra "el Capital", Marx nos dice que el obrero enajena su fuerza de trabajo, mas no así su cuerpo, que pensar en que el mercado exigiera la venta de su cuerpo sería un pensamiento absurdo. Pues ese pensamiento habrá sido absurdo para el siglo XIX, pero lo cierto es que el capitalismo, para hacer frente a las constantes crisis a las que se enfrenta (porque como dijo el mismo Marx, la crisis es inherente al sistema capitalista, está destinado a devorarse a sí mismo por la manera en que está constituido) ha avanzado en los "territorios" que es capaz de comprar y vender. Hoy nos encontramos con la terrible realidad de que la fuerza de trabajo del obrero no era un camino sin salida para el tren del capital, sino que las vías continúan después de eso, y el capitalismo ha sido capaz de ponerle precio a elementos cada vez más orgánicos del "individuo": su identidad, sus gustos, sus datos personales, sus hábitos, las partes de su cuerpo. El mercado neoliberal no conoce de límites, y la vida misma está al borde del colapso por esta razón.

[inicio de cita]>

Hay una desilusión real con los mercados. Por cómo se comportan las corporaciones: la industria farmacéutica y la crisis de los opioides, la industria alimentaria y la crisis de diabetes infantil, los bancos y la crisis financiera. Y que el capitalismo no haya funcionado para una gran franja de la sociedad, que la esperanza de vida en EEUU haya bajado, aumenta la desilusión. La idea de que el mercado es el rey ya no es verdad, sobre todo entre los jóvenes. Buscan otra forma de economía.

[fin de cita // referencia de cita]> Joseph Stiglitz

Hoy día el mercado de las subjetividades es un territorio fértil que el neoliberalismo se encargó de inventarse por encima del individualismo.

[pie de imagen]> Joseph Stiglitz - Wikimedia
[inicio de cita]>

Stiglitz, el premio Nobel de economía, plantea la necesidad de volver a un capitalismo de prosperidad compartida en el que la política controle la economía y se asuma que la educación y, así, la creatividad y productividad de los ciudadanos, son la base de la riqueza de un país.

[fin de cita // referencia de cita]> En una entrevista para La Vanguardia sobre su nuevo libro "Capitalismo progresista. La respuesta a la era del malestar"
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El individualismo, resultado del cristianismo y de la Ilustración

ciencia cultura

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abril 8, 2020 | Sección: ciencia cultura | Artículos sobre: datos sobre la psique humana tanto en lo individual-orgánico como en lo social, temas sobre las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Hay un tema que no resalta en lo más mínimo en la educación mexicana, y probablemente tampoco en ningún otro modelo educativo diseñado para replicar el neoliberalismo como doctrina de pensamiento. Es un tema que representa una pieza clave para comprender la forma del pensamiento actual, así como varios de los fenómenos socio-políticos: una herramienta imprescindible para la sociología.

Sin mayor introducción, el tema del que les vengo a hablar se desprende de las muchas dinámicas de perpetuación del poder, se trata de la “individualidad”. No hablo de ese rasgo natural que se expresa espontáneamente en muchas especies─incluso en las sociales como el ser humano─, rasgo que ya mencionaba Darwin en su obra “El origen de las especies” cuando decía que la variabilidad genética crea individuos que luchan por adaptarse a un medio cambiante, que además luchan entre los demás miembros de su misma especie, lo que lleva a que algunos rasgos de pocos individuos prevalezcan y otros se extingan. Tampoco hablo del Yo del psicoanálisis, ese aparato psíquico que según Freud y su escuela de pensamiento─y que viene esbozado ya desde Schopenhauer y Nietzsche─intermedia entre el Ello y el SuperYo para operar en el mundo físico y saciar las pulsiones del inconsciente (territorio del Ello), y que a partir de esas estrategias que va convirtiendo en hábitos da como resultado una identidad individual. No, yo hablo de ese discurso diseñado cuidadosamente para suplantar o bien coronarse por encima de esos anteriores modelos derivados de la observación de funciones naturales.

Pensémoslo como la sexualidad de la que nos habla Foucault: la sexualidad occidental es un discurso de control, el cual se superpone a ese rasgo natural en los seres vivos que conocemos como «reproducción sexual» y sus diferentes expresiones según la especie de la que hablemos, pues es cierto que la conducta instintiva de la reproducción sexual se ha ido acomodando diferente con la evolución de las especies. Si bien su utilidad para recombinar el ADN sigue siendo la función predominante para moscas y lagartos, esto es algo que funciona para otros propósitos entre bonobos o humanos. Ubicándonos sobre la evolución humana del sexo, en la antigüedad tanto occidental como oriental (pensemos en el Tantra, el Kamasutra, las costumbres griegas y egipcias que han quedado registradas también como evidencia histórica) y hasta el esplendor romano, más o menos, solía experimentarse y expresarse como un arte erótico, y no como una exploración culposa o un estudio confesional del sexo.

China, Japón, India, Roma, Arábico-musulman, se expresaban por medio de una ars erótica. En el arte erótico, la verdad se extrae del placer mismo, entendido como una práctica y acumulado como experiencia; el placer no se le considera en relación a una ley absoluta de lo permitido o lo prohibido, tampoco en referencia a un criterio de utilidad, sino primero y último en referencia sí mismo. Todo este conocimiento debe ser retroalimentado a la misma práctica en sí misma, para seguirla moldeando desde dentro y amplificar sus efectos.

Historia de la sexualidad. Foucault.

Es la tradición eclesiástica de la Europa medieval la que exacerbó ese elemento tabú del folklore erótico del mundo antiguo; en este último, el erotismo aparecía esporádicamente como algo prohibido, esto a la par que también como algo gozoso, divino, peligroso, inocente, malvado, y también como algo digno de celebración. Es el mundo cristiano medieval el que convierte el elemento de «lo prohibido» en un axioma central de su narrativa y de ahí va a emanar todo un sistema moral. Es este sistema moral en lo que quiero enfocarme para esta comparativa con la «individualidad». De la misma manera que el tema de «lo prohibido» en el erotismo ya se llegaba a plantear esporádicamente desde antes del cristianismo, esto de ningún modo representaba su única narrativa posible. De manera similar, la individualidad ya existía en el mundo antiguo, pero solo hasta cierto punto, pues antes del cristianismo no existía el «libre albedrío» y todo porvenir era marcado por un destino que nos unía como sirvientes de la voluntad de los dioses; no es sino hasta que la Ilustración se consolida, que el individualismo se comienza a utilizar como un discurso preponderante, y más adelante como una doctrina de control de masas. Más adelante profundizaremos más en estos momentos históricos.


El libre albedrío no existía antes del cristianismo, la humanidad era una herramienta de la voluntad de los dioses

Hay que entender algo, y es que como lo ha demostrado la Historia, prácticamente cualquier rasgo natural puede ser reinterpretado a manera de un discurso que funcione como sistema de control: lo hemos visto ocurrir con el fenómeno del erotismo o la reproducción sexual, el de la identidad de culto, la familia, el trabajo, el dimorfismo sexual manejado como «género», y la lista continúa. Al tratarse el ser humano de un animal social, es propenso a crear narrativas, y al no tener─hasta la fecha─un método exacto para develar por completo los misterios de lo mental y lo social, muchos discursos pueden ser implantados dentro de las dinámicas sociales a manera de dogmas, doctrinas, tradiciones, escuelas de pensamiento, o incluso ciencias.

Necesitas saber esto

¿Qué es la identidad y como se relaciona con la individualidad?

La identidad es un proceso psicológico que se relaciona con el proceso de generar una noción de pertenencia, ya sea al propio cuerpo, a los propios sentidos o a un grupo. La impronta, ese instinto descrito por Konrad Lorenz que tienen algunas aves de apegarse al primer objeto que ven con sus propios ojos al salir del huevo es un buen modelo de mecanismo de identidad primitivo; este instinto en parte biológico, en parte psicológico y también social, le ha servido a las aves para construirse una imagen propia de la cual absorber los demás elementos de sobrevivencia de sus semejantes. Primates y humanos también cuentan con circuitos neuronales que guardan relación con la identidad personal y social, similar a la impronta. La interacción entre lo social y lo personal está tan profundamente integrado en nuestro ser que dentro de nuestro sistema nervioso central existe incluso una región del encéfalo que está constituida por las «neuronas espejo». Cuando vemos a otro ser humano mover su cuerpo, nuestras neuronas espejo se activan de tal manera que el cerebro no diferencia si lo que se está moviendo es el cuerpo propio o un cuerpo ajeno.

Por supuesto las neuronas espejo no son la única evidencia que hay de nuestro comportamiento social, pero resultan un ejemplo muy concreto de la interacción─biologicamente configurada─entre las esferas de la realidad social y la realidad individual de primates y humanos. El naturalista Piotr Kropotkin ya nos contaba que para los seres humanos que habitan en modos que asemejan a aquellos grupos post-glaciales, como los Esquimales o varias tribus de África, es preferible la muerte antes que el aislamiento del grupo, algo que la arqueóloga Almudena Hernando nos sigue confirmando un par de siglos después de Kropotkin. El economista Karl Polanyi decía:

Si alguna conclusión se impone con toda nitidez, tras los estudios recientes sobre las primeras sociedades, es el carácter inmutable del hombre en tanto que ser social.

Karl Polanyi. La gran transformación.

La evidencia antropológica muestra que si bien la identidad en la actualidad se relaciona fuertemente con la “individualidad”, esta realmente precede la existencia del «individuo» y hace su aparición principalmente en la sociedad misma, a través de la identidad comunitaria. El ser humano no se concibió a sí mismo como un ser separado del grupo, sino dependiente de la existencia del mismo. En su libro “La ilusión de la individualidad”, la arqueóloga Almudena Hernando nos menciona que entre las primeras estrategias humanas para la sobrevivencia, basada en su naturaleza social, una muy importante era la identidad grupal, pues ante un entorno natural que iba creciendo en complejidad cada que el ser humano lo iba conociendo y explorando con una consciencia cada vez más despierta, primero con sus sentidos y posteriormente con el lenguaje, el identificarse con su grupo de sobrevivencia (recordemos que ningún antecesor del homosapiens podría haber sobrevivido en soledad ante la presencia de cualquiera de los depredadores mejor dotados con los que convivía) era crucial para no sentirse avasallado por la inmensidad de su entorno y sus inexplicables fenómenos.

[…] la persona se siente segura sólo en tanto forma parte de un grupo mayor que es el que le da seguridad. De ahí que unifi quen la apariencia, como veremos más adelante. Esto quiere decir que cuanto menor control material se tiene sobre el mundo, más se reconoce la necesidad de los vínculos con los demás miembros del grupo para poder generar la sensación de control y capacidad de supervivencia en él.

El problema reside en que a medida que fue incrementándose el control tecnológico, se fue negando esa necesidad, hasta que en el siglo XVII se identificó el concepto de persona con el de individuo (Mauss, 1991; Elias, 1990a: 184; Weintraub, 1993:49). En ese siglo, una mayoría de hombres del grupo social comenzaron a percibirse a sí mismos como instancias concebibles de forma aislada y separada del grupo al que pertenecían […] . Pero esto, sencillamente, es una fantasía. Si el ser humano se percibiese realmente de manera aislada, se le haría evidente su impotencia frente al mundo, y no podría sobrevivir. La individualidad pretende que cada uno de nosotros, aislados, tenemos una seguridad y un poder que no tenemos.

Almudena Hernando. La ilusión de la individualidad. p.35
la Diosa de la Razón

Dejando atrás la prehistoria, un poco más adelante ya en el terreno de la Historia, el surgimiento del cristianismo tuvo una gran influencia en sembrar la semilla del individualismo a gran escala, el cual daría su fruto durante la Ilustración europea. El siglo previo al reinicio del conteo de los tiempos, a partir del nacimiento del mesías cristiano, vio el surgimiento de muchos credos y filosofías que confluyeron justamente en Roma por la tremenda influencia que esta tuvo y recibió de todas las regiones que conquistó y con las que comerció.

Ya en la decadencia de la cultura griega, conquistada la Hélade por Roma, se extendieron filosofías que ponían el acento en la búsqueda de la felicidad individual: entre ellos, el epicureísmo y el estoicismo.

Wikipedia – Derechos humanos

Al final, Constantino el Grande impulsó el que de entre todos estos paradigmas─que de hecho compartían ciertos axiomas curiosamente similares─fuera el cristianismo el que tomara gran importancia e influencia para el futuro de occidente. El cristianismo incluía un elemento bastante novedoso─entre otros─que sería crucial para el suave aterrizaje posterior del individualismo en el sentido común; este elemento era el del «libre albedrío», rara vez antes había sido un axioma central de una doctrina del pensamiento un elemento semejante. Como ya dije antes, el mundo antiguo descansaba en el hecho de la predestinación, los oráculos, la voluntad de los dioses, y ahora con el cristianismo se presentaba un nuevo paradigma, en donde el Dios Padre del cristianismo elegía otorgarle la libertad de pensamiento y acción al ser humano, para que este, voluntariamente, eligiera el camino correcto, el camino del perdón de sus pecados, incluyendo el pecado original que aparece simplemente por nacer, a través de la gracia de Dios Padre. Por primera vez la libertad no se relacionaba con el bien común del que hablaban Platón y Aristóteles, sino con la elección propia en la cual Dios Padre confiaba que se encontraría la necesidad de hacer el bien.

D.H. Lawrence dice lo siguiente, en su obra “Apocalipsis”:

Hay unos puntos extremadamente importantes que tanto la doctrina cristiana como el pensamiento cristiano perdieron de vista y que solamente la fantasía cristiana guarda la creencia de que es verdad:

Ningún hombre es ni puede ser un individuo puro. La masa de hombres tiene sólo un mínimo toque de individualidad, si es que tiene alguno. La masa de hombres vive y se mueve, piensa y siente colectivamente, y prácticamente no tiene emociones, sentimientos o pensamientos individuales en absoluto. Son fragmentos de la conciencia colectiva o social. Siempre ha sido así. Y siempre será así.

El Estado cristiano moderno es una fuerza destructora de almas, porque está formado por fragmentos que no tienen un todo orgánico, solo un todo colectivo. En una jerarquía, cada parte es orgánica y vital, así como mi dedo es una parte orgánica y vital de mí. Pero una democracia está destinada a ser, al final, obscena, porque está compuesta de miríadas de fragmentos desunidos, cada fragmento asumiendo para sí mismo una falsa totalidad, una falsa individualidad.

De modo que vemos lo que nuestra época ha demostrado para su asombro y consternación, y es que el individuo no puede amar. El cristiano no se atreve a amar: porque el amor mata lo cristiano, lo democrático y lo moderno, el individuo. Es el lado oscuro del cristianismo, del individualismo y de la democracia, el lado que el mundo en general nos muestra ahora.

Apocalipsis. D.H. Lawrence.

No hay que confundirnos, no estamos hablando de pormenores de la religión, no nos estamos perdiendo, vaya, en detalles superficiales de algún dogma, el cristianismo es ante todo una doctrina de pensamiento, un compendio de formas de interpretar la realidad ordenadas bajo un código moral, pero más importante que eso para nuestro propósito específico, el cristianismo que conocemos a través del estudio de la Biblia, es un registro histórico con un valor tremendo para la antropología, la historiografía, la psicología, la sociología y cualquier otra disciplina que sepa descifrar datos sobre la vida humana a partir de evidencia escrita.

Almudena Hernando nos dice que la individuación del hombre toma fuerza ya en la Ilustración. Es importante notar que aquí por «hombre» nos referimos explícitamente al hombre y no a la mujer, ahora veremos por qué. El paso del oscurantismo medieval a la era de la razón de la era moderna es marcada por la Ilustración, por ahí del siglo XVIII. Es en este momento en el que la burguesía, esa clase social nacida del comercio comienza a financiar a los intelectuales para hacer frente a un gran enemigo, el Viejo Régimen, los reyes y sus nobles que descansaban sobre el designio divino, la Iglesia cristiana. La burguesía, gracias al capitalismo, había acumulado gran riqueza que comenzaba a competir con la riqueza de la nobleza y los reyes, no obstante parecía que esto no les daba acceso al poder político, por lo cual fomentaron una revolución filosófica que tuvo grandes consecuencias en el mundo moderno: la consolidación de la sociedad de mercado, del pensamiento liberal, del capitalismo, el inicio del discurso de naciones en contraposición al de los reinos feudales, y algo muy importante para todo este sistema, el individualismo.

¿Por qué la mujer no accedió al individualismo al mismo tiempo que el hombre? la mujer vivió un proceso mucho más abrupto y mucho más tarde en la historia (con el feminismo) en este sentido debido a la opresión de un sistema patriarcal en el cual el mundo se interpretaba a partir del hombre, y la mujer quedaba relegada a ser la «otredad» de todo aquello que no fuera masculino. El mundo moderno trajo consigo la coronación del capitalismo y la transformación de la sociedad en una sociedad de mercado: esto es, una política económica bajo la cual lo social queda subordinado, en lugar de lo contrario como en el mundo antiguo pre-capitalista, en donde modos de producción como el esclavismo, el feudalismo y el mercado tradicional eran parte de la sociedad, y no su axioma supremo, como sí lo es en el mercado liberal del capitalismo. La mujer fue para el capitalismo lo que el esclavo para el sistema esclavista de producción; sin una mujer en casa obligada a trabajar sin remuneración, siendo cocinera, lavadora de ropa, una fábrica de crías-futuros obreros, y cuidadora de esos futuros obreros, el capitalismo no podría explotar al obrero masculino al nivel que lo explota, y la crisis que Marx menciona y predice como nuclear al sistema de producción capitalista en su obra del Capital, simplemente se presentaría más pronto que tarde. Pero por esta ocasión no nos detendremos en este detalle tan importante de la historia, será tema de análisis para otro momento, pues amerita su propio tiempo de estudio.

La Ilustración trajo consigo una reacción a ese mundo que Nietzsche vendría a denominar “nihilismo estático”, ese al que culpa a Sócrates y Platón de iniciar, y con mucha razón, pues estos filósofos griegos existían bajo aquella realidad en la cual el bien común, la moralidad de la polis, el respeto a las leyes, era lo más importante, la cohesión de la identidad bajo el orden de lo común y lo social. Esto era simplemente un paso inevitable del pensamiento social, de ese “genio social” del que nos habla Piotr Kropotkin en su “Apoyo Mutuo”, haciendo referencia a la realidad social que autores como Almudena Hernando, Maurice Halbwachs o Pablo Fernandez Christlieb aseguran que precede y existe siempre como base incluso de la ilusión del individuo como un elemento independiente.

La mente social desembocó en la creación de esta quimera llamada individualidad, para escapar, como dijera Nietzsche a esa esclavitud de la mediocridad de las masas. La rigidez y potencia del mundo cristiano medieval simplemente no podía seguir existiendo en ese estado contradictorio que por un lado concentraba riqueza y poder en pocas manos y a la vez hablaba sobre el «libre albedrío» a una competencia creciente como la burguesía, que eventualmente, con su propia arma terminó por degollarles para reclamar su propio lugar dentro de las cúpulas de un poder que las coronas apenas pudieron preveer: el capitalismo, la sociedad de mercado y con ello el asenso del nuevo sujeto universal, el individuo acumulador y “libre”.

El punto de vista que sugiero es que la conciencia moderna ha sido forjada como unidad personal para millones de seres humanos, al mismo tiempo por el cristianismo y el pensamiento ilustrado. No sé si ha sido obra de la astucia de la razón o de la fuerza de las circunstancias, pero lo que veo en general son individuos en los que, con mayor o menor grado de consciencia, se mezclan educación cristiana y educación ilustrada, dando vida a ese organismo que denominamos laicismo, a esa identidad que denominamos laica. Términos a los que hay que restituir el significado originario de una fe en los límites de la razón, de la razón difundida entre el pueblo, del sentido común que, como decía Descartes, está tan repartido que todos los hombres creen haberlo recibido como dote.

Claudio Martelli, político italiano.

El Padre Thomas Hopko, sacerdote de la Iglesia Ortodoxa de América, una vez dijo lo siguiente:

Los cristianos ortodoxos se oponen radicalmente al individualismo. El individuo no existe. Somos personas en comunión con otras personas, nos guste o no. Y el verdadero problema es: ¿con qué personas vamos a estar en comunión? […] ¿Con quién vamos a compartir la vida? […] Los ortodoxos decimos [que] lo compartimos con los santos, […] los profetas, los apóstoles, el pueblo santo. La iglesia es una comunión, […] porque fuimos creados para la santa comunión con Dios y entre nosotros.

La Ilustración está dentro de la milenaria evolución del cristianismo y no es ajena a éste, ni a sus mutables relaciones con el poder, consigo mismo, con la sociedad, con las costumbres y con las ciencias, en todo caso es una reacción al cristianismo. Al igual que la Reforma protestante, la Ilustración se remite al cristiano individual contra la Iglesia católica y las sectas reformadas. A diferencia de la Reforma, no predica un cristianismo puro contra otro impuro, sino un cristianismo universal fundado en el sentido común. La Ilustración acelera y disloca la racionalización del cristianismo, laiciza y seculariza el mensaje cristiano, pero sólo hasta el límite del teísmo. El blanco de los ilustrados es iluminar la ignorancia para desvanecerla. La Ilustración no es una ruptura con el ethos cristiano: es una tentativa de purificarlo del absurdo y del fanatismo.

Nos remitimos a la evidencia escrita: Rousseau, Newton, Descartes, Hobbes, Locke, Voltaire, incluso Galileo Galilei así como otros autores─como atinadamente nos recuerda Martelli─eran cristianos finalmente, aunque de modo “crítico y desencantado”; heterodoxos, ecuménicos, tolerantes, pero cristianos; bueno, Voltaire sí se sale un poco del molde pero es un hecho que practicaba la tolerancia, la libertad de culto, él mismo era francmasón estudioso de la Cábala hebrea y definitivamente sostenía cierta fé espiritual a través de la razón, por lo cual lo llaman «deísta». Es esto a lo que nos referimos con que la Ilustración es la «evolución de la doctrina cristiana, o mejor dicho católica, y no le son ajenos a esta».

La conciencia laica y sus declinaciones —el respeto a los demás, la inviolabilidad de los derechos de la persona, la libertad de la ciencia, la sufrida aceptación del pluralismo religioso y político, de la democracia política y del mercado económico—, todo ello nace dentro y no fuera del cristianismo, dentro y no fuera de la historia del Dios de Occidente.

Claudio Martelli

La segunda mitad del siglo XVIII vivió este florecimiento económico y social del individualismo a punta de crisis. Para 1830 la economía capitalista en Inglaterra (cuna de la revolución industrial y del capitalismo) había superado la crisis, las ganancias entre la clase obrera habían incrementado tanto que nació la “clase media”; la contienda política electoral en Inglaterra se divide entre liberales citadinos─cuyo principio rector es el racionalismo y el individualismo─y los conservadores terratenientes del campo; finalmente, vemos como el movimiento estético de moda en el momento fue el Romanticismo, que exaltaba la libertad, el individualismo y las emociones.

Como el mismo Henry Ford confirmó a través de la práctica ya en 1914, lo productos necesitan quien los compre, es por esto que como él mismo relata en el libro Today and Tomorrow publicado en 1926:

El propietario, los empleados y el público comprador son todos uno y el mismo, y a menos que una industria pueda administrarse a sí misma de tal manera que mantenga altos los salarios y bajos los precios, se destruye a sí misma, porque de lo contrario limita el número de sus clientes. Los propios empleados deben ser los mejores clientes de uno mismo.

Henry Ford

En aquel tiempo Ford fue tomado como un loco, su iniciativa de incrementar cada vez más el salario mínimo de sus empleados para que estos pudieran comprarse autos Ford era visto como una idea descabellada para sus competidores y le auguraban el fracaso. Claramente no fue así, y a través de las apuestas al destino y del ensayo y error, Ford hizo un descubrimiento importante para el mercado liberal y es que tienes que crear un mercado para tus propios productos a como de lugar.

Esta idea fue pulida y perfeccionada posteriormente gracias al marketing, esa ciencia social cuyo principio literalmente viene siendo “lograr venderle lo que sea, aunque sea innecesario, a tu público”, y es sobre este principio que el liberalismo despunta hasta convertirse en el monstruo que conocemos en nuestros días.

La individualidad se va convirtiendo en la joya de la corona del captalismo, del liberalismo pero sobre todo del neoliberalismo

Milton Friedman y los Chicago Boys

El mercado es, de hecho, el medio más eficiente de que disponemos para la asignación de recursos, para fomentar la selección, diversidad y bienestar, y para asegurar la libertad.

El mercado garantiza también la libertad, porque suprime discriminaciones por razón de raza, lengua, religión, ideas políticas, etc. Y es una garantía de libertad política, porque permite a cada uno mantener sus ideas.

Friedman sostiene que la libertad económica es una parte, y parte importante, de la libertad personal y política.

El pensamiento económico de Milton Friedman. Documento de Investigación por Antonio Argadoña

Contextualicemos un poco aquello de la “libertad” que tanto se menciona en los modelos políticos autodenominados “progresistas y liberales”: para una persona egipcia o una romana, igual que para muchas civilizaciones antiguas, libertad implicaba que su pueblo conservara sus propias tradiciones locales, su culto, y su cohesión cultural; para la sociedad cristiana, como ya vimos, la libertad tenía que ver principalmente con un don que Dios Padre le había otorgado a la humanidad para discernir el bien del mal. Posteriormente en el pensamiento de la Ilustración, la libertad se extrapolaría del «libre albedrío» cristiano para abarcar la «razón», pero la transición del llamado Viejo Régimen─es decir las coronas imperiales aún elegidas por designio divino (¿recuerdan el despotismo ilustrado?)─hacia el Nuevo Régimen (puesto de moda por las revoluciones burguesas como la Revolución Francesa) no fue instantáneo, recordemos cómo Descartes aún tuvo que dejarle una parte a la Iglesia para dejarla contenta y así poder darle lo “racional” a la Ciencia. Con las políticas liberales las Naciones (algunas todavía Coronas Reales) debían interferir cada vez menos en la vida mercantil, la cual se llevaba a cabo por individuos, no por colectividades. La individualidad estaba a punto de cuajar por completo para este punto; posteriormente en la Historia, a partir del siglo XX, para una individualidad postmoderna y globalizada ya bien solidificada como una doctrina de pensamiento, la libertad significa que, además de que su país no esté invadido por alguna otra nación, que a cada persona, en lo individual, le gusten Los Beatles y no Los Rolling Stones, o que se bañen con Pantene y no con Nivea, que prefieran un Ford a un Nissan; en general la “libertad” del modelo neoliberal se enfoca en la pregunta ¿qué cosas consumo que me hacen único? Somos una sociedad del consumo, una sociedad que se define por su capacidad económica, lo que fortalece ese sistema social tan necesario para la sobrevivencia del capitalismo desde el siglo XVIII: la sociedad de mercado.

La institución del mercado no es algo “malo” en sí, de hecho es un resultado de la sociabilidad humana.

Ninguna sociedad podría sobrevivir, incluso por poco tiempo, sin poseer una economía, sea de un tipo o de otro.

El modelo del mercado, en la medida en que está íntimamente unido a un móvil particular que le es propio─el del
pago en especie o el trueque─, es capaz de crear una institución específica, más precisamente, es capaz de crear el mercado.

La gran transformación. Karl Polanyi.

Karl Polanyi denuncia de esta manera que el mercado, alguna vez una institución humana creada como subordinada a la sociedad y a su servicio, pasa a convertirse con el capitalismo en un Logos a partir del cual la misma sociedad depende para concebirse.

En lugar de que la economía se vea marcada por las relaciones sociales, son las relaciones sociales quienes se ven encasilladas en el interior del sistema económico. La importancia vital del factor económico para la existencia de la sociedad excluye cualquier otro tipo de relación […]

la sociedad se ve obligada a adoptar una determinada forma [para sí misma] que permita funcionar a ese sistema siguiendo sus propias leyes. Es justamente en este sentido en el que debe ser entendida la conocida afirmación de que una economía de mercado únicamente puede funcionar en una sociedad de mercado.

La gran transformación. Karl Polanyi.

De igual manera que el mercado, la individualidad no es “mala” en sí misma; el mercado es el resultado ineludible luego de cierto punto de desarrollo social, y lo mismo ocurre con el individualismo. Pero Nietzsche cometió un error, y ese fue el no haber contado la naturaleza gregaria como parte de los instintos básicos que su nihilsmo dinámico, que su superhombre tuvo que haber abrazado, en lugar de negarlo a favor de un individualismo absoluto. Pero si algo nos ha mostrado la modernidad con respecto al individuo es que dista mucho de ser la cúspide de la evolución mental del ser humano como especie.

Ya a mediados del siglo XX, personajes como Edward Bernays pusieron en evidencia la capacidad de manipulación de la que los individuos pueden ser víctimas cuando les repites la suficiente cantidad de veces, hasta convencerles, de que son únicos y especiales, y posteriormente decirles cómo lograr ser aún más especiales cada vez. Bernays es considerado el padre del marketing, y este ataca las necesidades del individuo, pero esto solo una vez que el individuo se ha convencido de que no es parte de ninguna masa, y de que sus decisiones son lo suficientemente originales para diferenciarle del grupo. ¿Cuánta gente no compra los mismos zapatos que todos los demás compran? los mismos autos, los mismos vestidos y trajes, las mismas modas. El individuo, al estar aislado mentalmente, se convierte en el mejor consumidor, uno compulsivo y cada vez más ignorante mientras más se aleja de cualquier tipo de identidad cultural compartida y se acerca a una “mano invisible” que le repite los mantras que más le emocionan: “eres único y especial”, “necesitas esto para ser más original”, “construye tu identidad a partir de tu originalidad”.

El filósofo Byung-Chul Han habla mucho sobre el proceso de ultra-individualización, el neoliberalismo y la decadencia social asociada a esos fenómenos.

Quien fracasa en la sociedad neoliberal del rendimiento se hace a sí mismo responsable y se avergüenza, en lugar de poner en duda a la sociedad o al sistema. En esto consiste la especial inteligencia del régimen neoliberal. […] En el régimen neoliberal de la autoexplotación uno dirige la agresión hacia sí mismo. Esta autoagresividad no convierte al explotado en revolucionario, sino en depresivo.

Byung-Chul Han

La crisis del individuo depredador en el siglo XXI

En su obra “el Capital”, Marx nos dice que el obrero enajena su fuerza de trabajo, mas no así su cuerpo, que pensar en que el mercado exigiera la venta de su cuerpo sería un pensamiento absurdo. Pues ese pensamiento habrá sido absurdo para el siglo XIX, pero lo cierto es que el capitalismo, para hacer frente a las constantes crisis a las que se enfrenta (porque como dijo el mismo Marx, la crisis es inherente al sistema capitalista, está destinado a devorarse a sí mismo por la manera en que está constituido) ha avanzado en los “territorios” que es capaz de comprar y vender. Hoy nos encontramos con la terrible realidad de que la fuerza de trabajo del obrero no era un camino sin salida para el tren del capital, sino que las vías continúan después de eso, y el capitalismo ha sido capaz de ponerle precio a elementos cada vez más orgánicos del “individuo”: su identidad, sus gustos, sus datos personales, sus hábitos, las partes de su cuerpo. El mercado neoliberal no conoce de límites, y la vida misma está al borde del colapso por esta razón.

Hay una desilusión real con los mercados. Por cómo se comportan las corporaciones: la industria farmacéutica y la crisis de los opioides, la industria alimentaria y la crisis de diabetes infantil, los bancos y la crisis financiera. Y que el capitalismo no haya funcionado para una gran franja de la sociedad, que la esperanza de vida en EEUU haya bajado, aumenta la desilusión. La idea de que el mercado es el rey ya no es verdad, sobre todo entre los jóvenes. Buscan otra forma de economía.

Joseph Stiglitz

Hoy día el mercado de las subjetividades es un territorio fértil que el neoliberalismo se encargó de inventarse por encima del individualismo.

Joseph Stiglitz – Wikimedia

Stiglitz, el premio Nobel de economía, plantea la necesidad de volver a un capitalismo de prosperidad compartida en el que la política controle la economía y se asuma que la educación y, así, la creatividad y productividad de los ciudadanos, son la base de la riqueza de un país.

En una entrevista para La Vanguardia sobre su nuevo libro “Capitalismo progresista. La respuesta a la era del malestar”
HOLA 🙂 no te vayas aún, queremos decirte algo…

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