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El arte convertido en un producto del mercado del entretenimiento

Actualmente existen una enorme diversidad de formas de expresión que buscan ser legitimadas como arte solo para poder posicionarse en el mercado internacional del entretenimiento. En restrospectiva histórica las actividades del deleite deben encontrar su nicho en las labores de la vida diaria, fusionando de nuevo los oficios con lo estético, sin convertir a uno como el lujo resultante de lo otro como hoy en día sucede.

Como he presentado ya antes en otros artículos como ¿Dónde empieza y donde termina el arte?, o ¡El arte es una mentira!, tanto el concepto «arte», así como lo heurísticos para interpretarlo han mutado considerablemente:

El «arte» solía describir cualquier actividad humana propensa a socializarse por medio de la práctica, la conjunción entre la maestría de la técnica así como de los métodos experimentales que escapan de la maestría─de vez en vez─para explorar nuevos horizontes y ampliar la práctica artística, y finalmente generar un discurso pedagógico a través del cual transmitir y recibir este conocimiento; literalmente cualquier actividad podía ser llevado al nivel del arte: la carpintería, la alfarería, la pintura, la guerra, el erotismo, la oratoria, la albañilería, y no por enfocarse solamente en el deleite estético, sino en explotar todo lo que cada disciplina tenía que ofrecer.

Hoy en día, el concepto de «arte» se ha limitado increíblemente para solamente cobijar aquello consolidado durante el Renacimiento como las "bellas artes", relegando las otras actividades utilitarias al ámbito de oficios o licenciaturas.

Con respecto a esto anterior, en el occidente medieval de los siglos V al VII ocurre el cisma conceptual entre las "artes" y los "oficios", lo cual va consolidando filosóficamente esta tendencia por toda Europa, diferenciando entre artes serviles (herrería, carpintería, curtiduría, sastería) y artes liberales (arquitectura, matemáticas, música, astronomía).

Posteriormente, en los siglos de la popularidad del capitalismo y liberalismo burgués en el mundo de la Baja Edad Media del siglo XV, el valor mercantil de las "obras de arte" se va instaurando en el imaginario colectivo, puesto que estas obras ya no solo eran comisiones eclesiásticas y de reyes feudales, sino ya una inversión privada, que con la llegada de la era moderna y contemporánea se iría tornando en lo que ahora conocemos como la industria del entretenimiento.

Durante el Renacimiento, el gremio de pintoræs y grabadoræs y escultoræs tienen que librar una batalla filosófica para legitimar su práctica como una liberal, puesto que al ser trabajo manual, aún se le incluía en las artes serviles. Finalmente el gremio antes mencionado logra integrar sus disciplinas dentro de las artes liberales y consolidar así lo que hoy conocemos como Bellas Artes, cuya ultima actualización ha sido la inclusión del Cine.

Son las "escuelas de arte" las que, al estar alineadas a los intereses de la industria del entretenimiento, nos venden el discurso del arte-producto, del "licenciado de artes" que tiene una obligación con su país de generar productos y experiencias para el mercado del entretenimiento, y a su vez, el mercado del entretenimiento nos vende la idea de la competencia, de posicionar nuestras "marcas" de artista a como de lugar, de acaparar y crear nichos, de aglomerar masas y convertirlas en adictas a nuestros productos, de adecuar el "arte" a las demandas del mercado.

Esto anterior obliga a olvidar que el arte no siempre se trató solamente de pintura, grabado, escultura, cine y teatro, sino que comprendía toda una gama de vocaciones humanas, tan extensa como la misma vida; basta con imaginar una actividad humana, la que sea, para poder encontrar el techne, el ars, es decir, el proceso artístico en ella: voltear gorditas en aceite sin quemarse, abrir un pambazo de un solo cuchillazo y arrojarle crema y queso de un solo golpe sin tirar el contenido; aventar "mezcla" a una pared sin arruinar el acabado al esparcirla con la espátula; acomodar el cableado de un hogar sin enredar cables para un futuro fácil acceso y reparación; mover un lapiz entre los dedos como esos niños coreanos y japoneses de los videos que estuvieron de moda en los 2000'es.

¿Si recuerdan esos videos? Solían llevar títulos como "empleado nivel koreano", o "doblando ropa / sirviendo café / comida callejera nivel asiático", en donde gente «común y corriente», como dirían algunæs, explotaban las posibilidades de su ocupación cotidiana llevándolas al límite de la maestría y la experimentación. Esa es la esencia del arte.

https://www.youtube.com/watch?v=mNEtmOj2yXA

No podemos designar como arte a cualquier tipo de forma de expresión, al menos no realmente, porque recordemos que el concepto original de arte designa actividades no adquiridas automáticamente por nacimiento sino originadas de un estudio y propensas a ser estudiadas o enseñadas. Esto anterior no contradice el hecho de que, como vimos al inicio, virtualmente cualquier obra o actividad humana pueda calificarse como arte si esta lleva el proceso debido de práctica-maestría-experimentación-ampliación de horizontes técnicos y conceptuales-práctica-maestría-y así ad infinitum.

Hay conceptos claves para poder entender los conflictos─absolutamente innecesarios no obstante presentes en los "debates intelectuales" del mundo del arte/mercado del entretenimiento─planteados anteriormente, dentro del primer contexto revisado aquí (el del libre mercado y el papel certificador del Estado que trabaja en conjunto con la Academia); estos son el concepto de CONSUMO y por otro lado el de FORMA DE EXPRESIÓN.

Esta situación de diversidad de formas de expresión que buscan ser legitimadas como arte para poder posicionarse en el mercado internacional del entretenimiento (a veces por las mismas personas que las crearon y otras veces, como es el caso de la obra de personas que ya fallecieron, son las galerías las que buscan esta legitimación) se va tornando cada vez más en un problema de apilamiento de justificaciones y disputas teóricas que defienden, o prefieren, unas u otras formas de expresión por encima de otras: el mundo de la subjetividad postmoderna, en donde el contenido se adapta a las necesidades por más incompatibles que parezcan, como un acróstico, que dada una palabra predefinida, el significado se le acomoda haciendo racionalizaciones caprichosas con tal de ajustarlas a un discurso frankenstéinico:

A quí

R ecibiremos

T odo

E ntretenimiento

En un pasado no tan lejano, los reinos, caprichosamente buscaban formas de legitimar su "patrimonio cultural" o "identidad nacional estética" para pavonearse ante otros reinos de lo exquisitos que eran sus gustos como Élite; existió una la selección y catalogación de ciertas piezas arquitectónicas en contraposición a otras, o de ciertas expresiones escritas en comparación a otras (y lo mismo con la pintura o el teatro u otras disciplinas de creación), designándolas como arte o como no-arte, fueron procesos de selección que con el tiempo se han olvidando, más no dejando de estar presentes en el corpus teórico.

Actualmente en este país nos encontramos con un fenómeno muy específico en el ámbito de la gráfica. El alumnado de las llamadas "carreras universitarias de artes plásticas", quienes toman años de sus tiempo de vida, acreditando asignaturas supuestamente de nivel universitario, en donde, tanto las personas estudiantes como el cuerpo docente, se involucran en infértiles simulacros retóricos, esto en lugar de estar enfocando sus potenciales y habilidades en ocupaciones que verdaderamente podrían estar afectando positivamente la preparación de una población capacitada en actividades útiles para el desarrollo de las comunidades, claro está, que aunado a esto anterior, en lugar de la existencia de estas supuestas "carreras universitarias", el Estado más bien podría contar con centros culturales de calidad en los cuales pudiera, el público en general, de cualquier rango de edad, acceder a esas mismas asignaturas de manera voluntaria y sin requerir una evaluación que honestamente, en la práctica resulta ridícula, pues el profesorado, bajo el entendido de la modernidad subjetiva de la industria del entretenimiento (la cual como vimos ha absorbido por completo el "discurso" limítrofe moderno del arte, heredado directamente del medioevo feudal), se ven obligadæs a calificar aprobatoriamente básicamente cualquier expresión, es decir, el título universitario de artista se basa en 4 años de calificaciones aprobatorias por defecto, ya que la misma práctica global impide juzgar de manera desaprobatoria las expresiones subjetivas. De verdad, tomen mi palabra en que el mundo "académico" del "arte visual" en este país es un montaje raquítico, y de hecho nadie que lo haya cursado, con plena honestidad podría negar esto anterior: aprobar por completo una "carrera" de licenciatura en artes visuales es de las situaciones menos retadoras que puedan existir en el mundo de las licenciaturas.

No es lo mismo con asignaturas como la música, la danza o el teatro, por ejemplo, en donde, por alguna razón, el rigor aumenta exponencialmente. Lo cual no quita que haya sido ya devorado por la industria del entretenimiento y eso empobrezca sus bases, al igual que con todas las llamadas bellas artes.

En lugar de tener escuelas de "arte" sobrepobladas y cada vez con más demanda y con matrículas ridículamente reducidas, apilando personas con fobias irracionales a las matemáticas, ciencias u oficios que resulten verdaderamente útiles para el desarrollo de cualquier comunidad, ya que para un país "en vías de desarrollo" (que es un eufemismo para tercermundista) es primordial la atención al desarrollo antes que al mero deleite, y no hablo desde el punto de vista de simplemente apoyar un proyecto de nación, sino en el sentido de la vida cotidiana, que requiere la atención en actividades productivas de primer orden, que en países primermundistas sí existe el lujo de dedicarse por completo al deleite, lo cual personalmente no me parece algo totalmente deseable, pues los países primermundistas justamente lo son porque construyen sus bases a partir de la mano de obra de países en subdesarrollo.

En restrospectiva histórica─y es justamente la tesis que defiendo─las actividades del deleite deben encontrar su nicho en las labores de la vida diaria, fusionando de nuevo, como en la época clásica, los oficios con lo estético, recobrar el sentido del arte humano como una integración de lo productivo y el deleite cotidiano, sin convertir a uno como el lujo resultante de lo otro, que es lo que hoy en día sucede.

Así como en la época de la Ilustración, con la Real Cédula del 18 de marzo de 1783 de Carlos III, se decreta lo siguiente:

[inicio de cita]>

Declaro que no sólo el oficio de curtidor, sino también los demás artes y oficios del herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros a este modo, son honestos y honrados; que el uso de ellos no envilece la familia ni la persona del que lo ejerce; ni la inhabilita para obtener los empleos municipales de la república en que están avecindados los artesanos y menestrales que los ejercitan; y que tampoco han de perjudicar las artes y oficios para el goce y prerrogativas de la hidalguía, a los que la tuvieren legítimamente.

[pie de imagen]> toda actividad cultural, dentro de sus usos, costumbres y contextos locales son susceptibles al arte.

Debería de la misma manera, hoy en día, revertir dicho cisma medieval entre "artes" y "oficios", para así dignificar la labor humana en general, y con ello darle la oportunidad, de nuevo como en antaño, de elevar al nivel de perfección de las artes cualquier actividad humana.

De esta manera, se descentraliza el "arte" solamente como producto de consumo e intercambio, y se descarta también como elemento y dinámica exclusiva de un corpus teórico lejano y elitista que solamente los personajes licenciados en carreras de "artes" puedan discutir en terrenos baldíos de valor operativo, dejándolo de nuevo, al nivel de la acción y las costumbres de la población general, permitiendo así que el arte pueda volver a identificarse con la vida cotidiana.

https://youtu.be/5pKHqTZJVjk
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El arte convertido en un producto del mercado del entretenimiento

cultura

Responsable de nota:
julio 27, 2020 | Sección: cultura | Artículos sobre: revisiones, comparaciones, estudios y análisis de la Historia humana, temas que atañen a las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Actualmente existen una enorme diversidad de formas de expresión que buscan ser legitimadas como arte solo para poder posicionarse en el mercado internacional del entretenimiento. En restrospectiva histórica las actividades del deleite deben encontrar su nicho en las labores de la vida diaria, fusionando de nuevo los oficios con lo estético, sin convertir a uno como el lujo resultante de lo otro como hoy en día sucede.

Como he presentado ya antes en otros artículos como ¿Dónde empieza y donde termina el arte?, o ¡El arte es una mentira!, tanto el concepto «arte», así como lo heurísticos para interpretarlo han mutado considerablemente:

El «arte» solía describir cualquier actividad humana propensa a socializarse por medio de la práctica, la conjunción entre la maestría de la técnica así como de los métodos experimentales que escapan de la maestría─de vez en vez─para explorar nuevos horizontes y ampliar la práctica artística, y finalmente generar un discurso pedagógico a través del cual transmitir y recibir este conocimiento; literalmente cualquier actividad podía ser llevado al nivel del arte: la carpintería, la alfarería, la pintura, la guerra, el erotismo, la oratoria, la albañilería, y no por enfocarse solamente en el deleite estético, sino en explotar todo lo que cada disciplina tenía que ofrecer.

Hoy en día, el concepto de «arte» se ha limitado increíblemente para solamente cobijar aquello consolidado durante el Renacimiento como las “bellas artes”, relegando las otras actividades utilitarias al ámbito de oficios o licenciaturas.


Con respecto a esto anterior, en el occidente medieval de los siglos V al VII ocurre el cisma conceptual entre las “artes” y los “oficios”, lo cual va consolidando filosóficamente esta tendencia por toda Europa, diferenciando entre artes serviles (herrería, carpintería, curtiduría, sastería) y artes liberales (arquitectura, matemáticas, música, astronomía).

Posteriormente, en los siglos de la popularidad del capitalismo y liberalismo burgués en el mundo de la Baja Edad Media del siglo XV, el valor mercantil de las “obras de arte” se va instaurando en el imaginario colectivo, puesto que estas obras ya no solo eran comisiones eclesiásticas y de reyes feudales, sino ya una inversión privada, que con la llegada de la era moderna y contemporánea se iría tornando en lo que ahora conocemos como la industria del entretenimiento.

Durante el Renacimiento, el gremio de pintoræs y grabadoræs y escultoræs tienen que librar una batalla filosófica para legitimar su práctica como una liberal, puesto que al ser trabajo manual, aún se le incluía en las artes serviles. Finalmente el gremio antes mencionado logra integrar sus disciplinas dentro de las artes liberales y consolidar así lo que hoy conocemos como Bellas Artes, cuya ultima actualización ha sido la inclusión del Cine.

Son las “escuelas de arte” las que, al estar alineadas a los intereses de la industria del entretenimiento, nos venden el discurso del arte-producto, del “licenciado de artes” que tiene una obligación con su país de generar productos y experiencias para el mercado del entretenimiento, y a su vez, el mercado del entretenimiento nos vende la idea de la competencia, de posicionar nuestras “marcas” de artista a como de lugar, de acaparar y crear nichos, de aglomerar masas y convertirlas en adictas a nuestros productos, de adecuar el “arte” a las demandas del mercado.

Esto anterior obliga a olvidar que el arte no siempre se trató solamente de pintura, grabado, escultura, cine y teatro, sino que comprendía toda una gama de vocaciones humanas, tan extensa como la misma vida; basta con imaginar una actividad humana, la que sea, para poder encontrar el techne, el ars, es decir, el proceso artístico en ella: voltear gorditas en aceite sin quemarse, abrir un pambazo de un solo cuchillazo y arrojarle crema y queso de un solo golpe sin tirar el contenido; aventar “mezcla” a una pared sin arruinar el acabado al esparcirla con la espátula; acomodar el cableado de un hogar sin enredar cables para un futuro fácil acceso y reparación; mover un lapiz entre los dedos como esos niños coreanos y japoneses de los videos que estuvieron de moda en los 2000’es.

¿Si recuerdan esos videos? Solían llevar títulos como “empleado nivel koreano”, o “doblando ropa / sirviendo café / comida callejera nivel asiático”, en donde gente «común y corriente», como dirían algunæs, explotaban las posibilidades de su ocupación cotidiana llevándolas al límite de la maestría y la experimentación. Esa es la esencia del arte.

No podemos designar como arte a cualquier tipo de forma de expresión, al menos no realmente, porque recordemos que el concepto original de arte designa actividades no adquiridas automáticamente por nacimiento sino originadas de un estudio y propensas a ser estudiadas o enseñadas. Esto anterior no contradice el hecho de que, como vimos al inicio, virtualmente cualquier obra o actividad humana pueda calificarse como arte si esta lleva el proceso debido de práctica-maestría-experimentación-ampliación de horizontes técnicos y conceptuales-práctica-maestría-y así ad infinitum.

Hay conceptos claves para poder entender los conflictos─absolutamente innecesarios no obstante presentes en los “debates intelectuales” del mundo del arte/mercado del entretenimiento─planteados anteriormente, dentro del primer contexto revisado aquí (el del libre mercado y el papel certificador del Estado que trabaja en conjunto con la Academia); estos son el concepto de CONSUMO y por otro lado el de FORMA DE EXPRESIÓN.

Esta situación de diversidad de formas de expresión que buscan ser legitimadas como arte para poder posicionarse en el mercado internacional del entretenimiento (a veces por las mismas personas que las crearon y otras veces, como es el caso de la obra de personas que ya fallecieron, son las galerías las que buscan esta legitimación) se va tornando cada vez más en un problema de apilamiento de justificaciones y disputas teóricas que defienden, o prefieren, unas u otras formas de expresión por encima de otras: el mundo de la subjetividad postmoderna, en donde el contenido se adapta a las necesidades por más incompatibles que parezcan, como un acróstico, que dada una palabra predefinida, el significado se le acomoda haciendo racionalizaciones caprichosas con tal de ajustarlas a un discurso frankenstéinico:

A quí

R ecibiremos

T odo

E ntretenimiento

En un pasado no tan lejano, los reinos, caprichosamente buscaban formas de legitimar su “patrimonio cultural” o “identidad nacional estética” para pavonearse ante otros reinos de lo exquisitos que eran sus gustos como Élite; existió una la selección y catalogación de ciertas piezas arquitectónicas en contraposición a otras, o de ciertas expresiones escritas en comparación a otras (y lo mismo con la pintura o el teatro u otras disciplinas de creación), designándolas como arte o como no-arte, fueron procesos de selección que con el tiempo se han olvidando, más no dejando de estar presentes en el corpus teórico.

Actualmente en este país nos encontramos con un fenómeno muy específico en el ámbito de la gráfica. El alumnado de las llamadas “carreras universitarias de artes plásticas”, quienes toman años de sus tiempo de vida, acreditando asignaturas supuestamente de nivel universitario, en donde, tanto las personas estudiantes como el cuerpo docente, se involucran en infértiles simulacros retóricos, esto en lugar de estar enfocando sus potenciales y habilidades en ocupaciones que verdaderamente podrían estar afectando positivamente la preparación de una población capacitada en actividades útiles para el desarrollo de las comunidades, claro está, que aunado a esto anterior, en lugar de la existencia de estas supuestas “carreras universitarias”, el Estado más bien podría contar con centros culturales de calidad en los cuales pudiera, el público en general, de cualquier rango de edad, acceder a esas mismas asignaturas de manera voluntaria y sin requerir una evaluación que honestamente, en la práctica resulta ridícula, pues el profesorado, bajo el entendido de la modernidad subjetiva de la industria del entretenimiento (la cual como vimos ha absorbido por completo el “discurso” limítrofe moderno del arte, heredado directamente del medioevo feudal), se ven obligadæs a calificar aprobatoriamente básicamente cualquier expresión, es decir, el título universitario de artista se basa en 4 años de calificaciones aprobatorias por defecto, ya que la misma práctica global impide juzgar de manera desaprobatoria las expresiones subjetivas. De verdad, tomen mi palabra en que el mundo “académico” del “arte visual” en este país es un montaje raquítico, y de hecho nadie que lo haya cursado, con plena honestidad podría negar esto anterior: aprobar por completo una “carrera” de licenciatura en artes visuales es de las situaciones menos retadoras que puedan existir en el mundo de las licenciaturas.

No es lo mismo con asignaturas como la música, la danza o el teatro, por ejemplo, en donde, por alguna razón, el rigor aumenta exponencialmente. Lo cual no quita que haya sido ya devorado por la industria del entretenimiento y eso empobrezca sus bases, al igual que con todas las llamadas bellas artes.

En lugar de tener escuelas de “arte” sobrepobladas y cada vez con más demanda y con matrículas ridículamente reducidas, apilando personas con fobias irracionales a las matemáticas, ciencias u oficios que resulten verdaderamente útiles para el desarrollo de cualquier comunidad, ya que para un país “en vías de desarrollo” (que es un eufemismo para tercermundista) es primordial la atención al desarrollo antes que al mero deleite, y no hablo desde el punto de vista de simplemente apoyar un proyecto de nación, sino en el sentido de la vida cotidiana, que requiere la atención en actividades productivas de primer orden, que en países primermundistas sí existe el lujo de dedicarse por completo al deleite, lo cual personalmente no me parece algo totalmente deseable, pues los países primermundistas justamente lo son porque construyen sus bases a partir de la mano de obra de países en subdesarrollo.

En restrospectiva histórica─y es justamente la tesis que defiendo─las actividades del deleite deben encontrar su nicho en las labores de la vida diaria, fusionando de nuevo, como en la época clásica, los oficios con lo estético, recobrar el sentido del arte humano como una integración de lo productivo y el deleite cotidiano, sin convertir a uno como el lujo resultante de lo otro, que es lo que hoy en día sucede.

Así como en la época de la Ilustración, con la Real Cédula del 18 de marzo de 1783 de Carlos III, se decreta lo siguiente:

Declaro que no sólo el oficio de curtidor, sino también los demás artes y oficios del herrero, sastre, zapatero, carpintero y otros a este modo, son honestos y honrados; que el uso de ellos no envilece la familia ni la persona del que lo ejerce; ni la inhabilita para obtener los empleos municipales de la república en que están avecindados los artesanos y menestrales que los ejercitan; y que tampoco han de perjudicar las artes y oficios para el goce y prerrogativas de la hidalguía, a los que la tuvieren legítimamente.

toda actividad cultural, dentro de sus usos, costumbres y contextos locales son susceptibles al arte.

Debería de la misma manera, hoy en día, revertir dicho cisma medieval entre “artes” y “oficios”, para así dignificar la labor humana en general, y con ello darle la oportunidad, de nuevo como en antaño, de elevar al nivel de perfección de las artes cualquier actividad humana.

De esta manera, se descentraliza el “arte” solamente como producto de consumo e intercambio, y se descarta también como elemento y dinámica exclusiva de un corpus teórico lejano y elitista que solamente los personajes licenciados en carreras de “artes” puedan discutir en terrenos baldíos de valor operativo, dejándolo de nuevo, al nivel de la acción y las costumbres de la población general, permitiendo así que el arte pueda volver a identificarse con la vida cotidiana.

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palabras clave de la entrada: arte, mercado del entretenimiento, industria del entretenimiento, galerías de arte, el negocio del arte, escuelas de arte en México

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