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Fuga en el discurso: el transfeminismo ha roto un agujero en la pared que separaba al feminismo del Mundo en general; y se desborda

El transfeminismo pretende cargar con todos los problemas del Mundo, todos al mismo tiempo, y pretende resolverlos (sí, al mismo tiempo todos también) partiendo del tema sexual como epicentro. Las mujeres "radfem TERFS" son el nuevo judío a una doctrina absolutista, expansionista y globalizadora como en algún momento lo fue el nazismo. El transfeminismo no está en autocontrol, no lee, no argumenta, solo detecta "ofensas", toma personal lo que sea, y revienta de inmediato, sin resolver nada. La crueldad, intolerancia universalizadora, e ímpetu agresor con el que empujan la nueva agenda quimérica de este "nuevo feminismo supuestamente mas revolucionario que el feminismo ya existente" solo se equipara al del patriarcado. El feminismo (y no le llamaré radfem, sino Feminismo, porque el transfeminismo libfem no merece jamás ser coronado como el feminismo preponderante), tiene un tarea fuerte─que si bien no es tan colosal y ridículamente hipercompleja, imaginaria, e innecesaria como las "tareas" del transfeminismo─sí es un nuevo reto que nació de las mismas entrañas del feminismo: así como en algún momento las Revoluciones e Independencias gestaron de su interior la lucha "conservadores vs. liberales", "republicanos vs. demócratas", y demás cismas internos, ahora al feminismo se le presenta una situación que recuerda a las más clásicas cadenas de eventos de la Historia patriarcal de los pueblos.

Antes que nada, quiero comenzar diciendo que este artículo esta maldito. No debería existir, es una aberración. Es una opinión masculina, cis, sobre el feminismo ¿y cómo es eso posible? gracias al transfeminismo, que abrió la caja de Pandora, abriendo una grieta tremenda, una fuga en el feminismo hermético y protector de lo femenino, permitiendo que un hombre cis, queer, pueda y DEBA opinar al respecto. Lo advierto, este artículo está maldito, y no debe existir, pero hasta que el transfeminismo no desaparezca aplastado bajo su propio peso, este artículo será reelevante.

Toda ideología social y política tiene su espacio y tiempo, como una planta que cambia de suelo cada que pasan los años y debe adaptarse a las condiciones del nuevo suelo, o marchitarse; el contexto y la causa entablan una relación interdependiente y mutable.

A manera de introducción, quiero dejar claro que, sin posicionarme necesariamente en algún carril discursivo específico, sí pienso definir mis rasgos característicos: definitivamente mi organismo reacciona afectiva y congnitivamente de manera diversa, es decir, mi cuerpo no se apega a las reacciones ideales de un macho heteronormado, no obstante, ante un contexto innegablemente colonizado como lo es este territorio que concebimos como México, suelo operar bajo los roles de género masculinos, hasta que algo rompe esa rutina y dejo de hacerlo, sin ningún tipo de vergüenza o arrepentimiento de mi parte. En general concibo muy bien que he tenido el privilegio (porque hay quien por sobrevivir desde temprana edad, no ha tenido este mismo privilegio de filosofar con respecto a su mundo interior) de desarrollar una autocrítica introspectiva desde hace muchos años, quizá por haber comenzado a estudiar psicología hace 10 años ya, luego transitado por otras líneas de estudio y oficios, para finalmente regresar a la psicología en cuanto a la parte científica, porque como ya dije en el camino se me pegaron dos que tres oficios que adoro, pero eso solamente debe importar en cuanto a que, a mí, me explica esta curiosidad por mi mundo interno, y como este se relaciona con el medio externo y cómo se retroalimenta, en varios niveles.

Mi identidad, por más que yo le permita ir y venir, parte básicamente del cliché del macho: me gusta la adrenalina, me gusta pelear y ejercitarme, me gustan las motocicletas, soy diestro con herramientas de construcción y reacciono fuertemente en cuanto lo sexo-afectivo hacia las mujeres, y aunque en menor medida también reacciono hacia las mujeres trans; pero no solo eso, sino que también disfruto de rasgos que se reservan más para lo femenino, como disfrutar de la sensibilidad, llorar al ver una escena tierna o triste, cocinar, pintarme las uñas, usar maquillaje, así como reaccionar a mi interpretación de belleza masculina, sean hetero o gay.

No obstante, he aprendido de la experiencia, que no soy bueno coqueteando con hombres, lo cual no es siempre un obstáculo, pero involucra una innegable sensación de incompetencia de mi parte que no soporto y no me motiva, por lo cual no es frecuente que yo tenga energía suficiente para animarme a comenzar un ritual de conducta sexual, por lo cual he llegado a la conclusión final de que seguramente podría incursionar en el mundo del erotismo homosexual (y así transicionar a una identidad bisexual), con esfuerzos similares a los que se hacen para cultivar un nuevo idioma, o un buen deporte, pero que a fin de cuentas no se queda solamente en lo superficial, sino que echa raíces profundas en la identidad, lo espiritual, lo emocional. Así lo he sentido, por lo cual no me he permitido llevarlo más lejos y más profundo.

Es por esto anterior que decididamente prefiero dedicar mi tiempo en cultivar otras actividades que me parecen, por mis circunstancias de vida, más apropiadas para el gasto de mi energía vital actualmente, siendo que mi energía erótica se encuentra ya bien amaestrada entre lo preponderantemente "masculino" que existe en mí en una danza ya muy familiarizada con respecto a lo "femenino" que habita en mí, interacción interna que me permite interpretar en lo social a quien le prepondera lo "femenino" en este lenguaje sexo-afectivo, y con eso tengo más que suficiente para esa área de mi vida, claro, sin descartar por completo los esporádicos encuentros hacia el mismo sexo que, a toda conciencia, no les importa que sea yo un iliterado del erotismo homosexual, pero por lo mismo, se trata tan solo un plus dentro de mi práctica sexoafectiva.

Quiero recalcar que esto anterior solamente hace referencia a la actividad meramente sexual del erotismo, lo cual no descarta en lo absoluto mi discurso del erotismo en otros ámbitos con el mismo sexo: en el compañerismo que no involucra acto sexual alguno, me refiero a hacer valer a mis pares a quienes les prepondera también lo masculino, sean hombres gay o mujeres lesbianas (y me imagino que sería lo mismo con hombres-trans gays y mujeres-trans lesbianas, pero aún no tengo el gusto), de maneras que si bien no encajan en el discurso "macho mejicano", sí encajan dentro de algo que muy intuitivamente animal se siente correcto, como saber abrazar, halagar, proteger, dar cariño, entre otras actividades que también tienen un porcentaje importante de erotismo pero que nunca llegan al acto sexual.

Todo esto anterior, lo expongo para dejar claro que, como dije al inicio, no encajo del todo en los roles constituidos dentro del concepto de género oficiales (incluso estipulados dentro de la Constitución mexicana), estrictos y clásicos, de esta sociedad rural-urbana mejicana, quizá sí encajaría yo en los parámetros de usos y costumbres de algún tipo de comunidad originaria, en alguna de tantas culturas que están condenadas a vivir dentro de este país el cual se afana en solamente reconocerles a través de los dos únicos cristales operativos que los proyectos de nación, como México, aceptan operativamente, los cuales son: o bien eres persona rural o bien persona urbana. Obviamente seas rural o urbana, tus usos y costumbres milenarios son solo un souvenir de la Historia, pues operativamente estas obligada a apegarte al único modo "civilizado" novohispano mejicano. Esta introducción personal fue, como se dice por ahí, una autodesignación de la identidad.

El contexto, la cultura, importan demasiado en el análisis y la ejecución del discurso

La humanidad es una especie de espiral dual, una sincronización constante entre lo individual y lo social, al final somo entidades gregarias, pero la individualidad es algo muy importante en nuestra especie: la cuestión del huevo o la gallina, en cuanto a lo social y lo individual es campo infértil de reflexiones que buscan una preponderancia, se trata de un proceso dual siempre, la idea de que algo le tiene que ganar a lo otro siempre es un ideal muy occidental que no aplica, y debe dejar de empujarse como pensamiento hegemónico. La cultura es nuestro cuerpo social, mientras que nuestros órganos son nuestro cuerpo individual─por ponerlo a manera de metáfora─y ambos se interdependen.

Cuando mencioné las culturas originarias anteriormente, no fue de a gratis, ubicarnos dentro de un contexto cultural evita que nos disparemos en discursos universalizadores y globalizadores, y de la misma manera evita que entremos en terrenos más peligrosos e insensatos dignos únicamente de personajes sociopáticos y desadaptados, como el de un expansionismo discursivo con vistas a la supremacía absoluta de alguna ideología, y sea esta individual o grupal.

Cualquier discurso que parta de lo globalizador y universalizador es una luz amarilla de precaución y hay que prestar atención a tales movimientos para desnudar su legitimidad; el ejemplo más claro hoy en día serían por ejemplo los Derechos Humanos y sus Comisiones de Derechos Humanos, que probablemente no sean la mejor opción a la defensa de la vida, dada su naturaleza globalizadora-universalizadora, pero no obstante, no resultan tan dañinas por el momento (veámoslo como un modelo Geocéntrico que podría ser mejorado) e incluso, hasta el día de hoy, han ayudado en causas importantes; pero es un concepto que podría mejorarse.

Ahora bien, si encima de eso anterior, una ideología, además pretende concebirse a sí misma superior y aplicarse de manera absolutista y expansionista, entonces sí, es un foco rojo: un peligro intolerable. ¿por qué? porque a la intolerancia no se le puede tolerar.

[pie de imagen]> apelar a las fotos deMussolini o de Hitler usualmente es alarmista, en este caso no lo es: es un recordatorio de cómo discursos que promueven el fanatismo, sin ningún fundamento para respaldarlo, pueden terminar muy mal.

Toda situación parte de alguna Realidad. Realidades hay muchas, pero es siempre cierto que hay una entre tantas que sobresale por su repercusión en la colectividad, y es bajo esa Realidad que definimos lo que es la norma, lo normal, y lo que es anormal, y no por que sea algo malo, sino porque se manifiesta con una menor frecuencia.

El transfeminismo partió del feminismo, y ahora lo transporta u subsume a la lucha LGBTQIA+, con lo cual hace un salto cuántico, completamente desordenado, entre las luchas, tanto en sus contextos como en sus alcances: lo que alguna vez se trataba de─a rasgos generales─crear una base equitativa de oportunidades para una Realidad que partía de un binarismo de género (hombre y mujer) en desigualdad injusta, hoy se trata de cuestionar absolutamente todo, sin pasar por ninguna etapa intermedia, como la URSS pretendiendo aplicar el comunismo utópico en un territorio feudal, sin pasar por el capitalismo antes del socialismo, para llegar finalmente al comunismo utópico, como se nos ha dicho que lo planteaba el mismo Marx, así, de igual manera, el transfeminismo desborda el discurso del feminismo hacia muchas áreas problemáticas y pretende instaurar esa utopía (cof* cof* ¿a nadie más le recuerda al comunismo soviético?) tachoneando, parchando el Mundo entero, de maneras supremacistas, globalizantes, universalizadoras.

[pie de imagen]> El fracaso: cuando no se toma en cuenta el contexto.

El 10 de Bastos

Es una carta del Tarot que habla sobre cargar más de lo que puede llevarse a cuestas. Mientras que el feminismo heredero del sufragio femenino y la despenalización del aborto, que hoy vendría siendo el feminismo radical o radfem, en sí mismo ya representaba una carga inconmensurable para quienes le representaban con sus acciones y discurso, con una agenda que muy claramente se podría ver que estaba llegando a lugares, con una aceptación general cada vez más grande de la población general, no solo ya en occidente, siendo cobijada voluntariamente, y a sus diversas maneras, en cada comunidad, cada país, cada sector económico, por otro lado, el transfeminismo monta una ola generacional de manera muy caprichosa, y pone en peligro todo lo logrado por el feminismo de corte más "clásico" solo por diferenciarlo de lo más reciente, pues si bien antes las mujeres podían afanarse de que el hombre, y lo masculino, no tenía voz en sus procesos internos de reforma, hoy el transfeminismo rompe con eso, al desbordar problemáticas específicamente de las Realidades femeninas (nos guste o no, como ya lo dije antes, existen Realidades preponderantes), como un primer paso (ya que hay pasos posteriores posibles si la cosa se hiciera ordenada y congruentemente como ya lo venían haciendo en el feminismo), y mete en la fórmula un ímpetu casi imparable, y sin auto-regulación interna en el movimiento, de reformar el Mundo entero: el debate de las infancias trans, la realidad de las transiciones masculinas y femeninas retacadas de fármacos, detransiciones sin tanto apoyo y visibilización como las transiciones, orientaciones sexuales mezcladas con temas propios del feminismo, un debate confuso y contradictorio con el cuerpo teórico feminista que se manejaba de manera general, hasta hace no mucho, con respecto a las identidades de género/sexuales, la cuestión de derechos laborales, derechos de salud o gratuidad de servicios para la mujer, en fin, el discurso ya queda desbordado y ahora, sin lugar a duda, expone el poderoso hermetismo femenino y la autodeterminación de su agenda, al escrutinio general: ya no es solo debate entre mujeres, para mujeres, están en territorio público, y la Realidad preponderante siente la amenaza.

La amenaza. Muchas personas involucradas en el transfeminismo (más adelante señalaré por qué no son culpables realmente), con ímpetu incontrolable e irreflexivo, celebran esta sensación de amenaza que generan, como un logro. Lo que no se detienen a contabilizar las víctimas de su atropello en el tumba-burros de su descontrolado y quimérico vehículo, y es que esta amenaza no la siente solamente "el macho enemigo" sino el ancho de la población que incluye a las viejas generaciones, a las nuevas y tiernas generaciones y a sus contemporáneas mujeres también.

[pie de imagen]> Lo siento transfeminismo, no solo los machos te temen, absolutamente todo mundo te teme.

Con respecto al macho enemigo, era un personaje muy real, que el feminismo hacía temblar porque ya sabía en dónde pegarle para debilitarle, y así obligarle a ceder terreno a regañadientes─no obstante colapsado y derrotado─para negociar una nueva Realidad consensuada dentro de esos terrenos ganados (y digo esto anterior tanto en sentido simbólico─el macho interno que cargamos culturalmente toda mujer y todo hombre─así como literalmente: arrodillando hombres machos agresores), poblados ahora por nuevas masas tanto de hombres como mujeres entusiasmadas de esos nuevos logros, y nuevas Realidades, que presentaban con un agenda bastante digerible, documentada y probada, para el régimen de las viejas Realidades que sucumbía rendidas ante la temibles, temerarias y mortalmente conciliadoras feministas; el transfeminismo no presenta sino un hombre de paja, un enemigo sin dimensiones, desproporcionado, contradictorio y caricaturesco, hace temblar básicamente toda forma de vida humana que se atraviesa a su paso pero no por respeto sino por un profundo sentido de confusión, de complejidad absurda e innecesaria, abstracta y sobresaturada en conceptos, una demolición sin ningún tipo de control, lógica o predictibilidad de las detonaciones y los derrumbes, un caos cuyos frutos ni siquiera valen la pena en sus proporciones, frutos que la lucha LGBTIQA+ pudo haber logrado por su propia cuenta y serían mucho mejor asimilados, paralela al feminismo con sus propios logros que incluso serían correspondidos estructuralmente por pura y sencilla morfología del discurso, sin trenzarse en esta quimera devastadora que solo deja entrañas revueltas a su paso, y sí, con una deconstrucción tan avasallante en lo social, moral, procedimental, legal, pedagógica, básicamente en cualquier ámbito de lo humano pero que deja en las ruinas y el descontrol total, y como un perro que persigue una llanta ladrando, cuando la llanta se detiene, no sabe que hacer con ella, así el transfeminismo destruye todo a su paso, con sus rimbombantes hyper-conceptualizaciones, tecnicismos autoreferenciales y abstracciones de avanzada, y cuando el terreno se encuentra desolador, no saben por donde comenzar a dar esperanzas de un futuro prometedor.

¿Por qué el enemigo del transfeminismo es absurdo? pues porque ya no solo es el macho, contra el que el feminismo ya ganaba terreno exponencialmente con una aprobación multicultural avasallante (claro que con sus diferencias de localidad a localidad, no obstante con una voluntaria aceptación en general), ahora el enemigo es también la "mujer cis", la "mujer biológica", así como cualquier persona que no abrace de inmediato al movimiento LGBTQIA+ ya también es enemiga automáticamente del transfeminismo: quien critique el abuso farmacéutico con respecto a coptar la disforia sexual y transfomarla en mercado para la industria química de la transición, incluyendo a la infancia; quien no guste de considerar a una mujer trans como una mujer absoluta, como por ejemplo algunas comunidades lésbicas, también ya son enemigo del feminismo; básicamente el Mundo se convierte en enemigo del transfeminismo, que cabe mencionar, se pretende posicionar como el feminismo por defecto, coronarse como la teoría superior. Esto es una provocación al conflicto desproporcionada y sin fundamentos sólidos.

[pie de imagen]> "si no eres una mujer, y no aceptas que la mujer es mujer, eres enemigo de toda mujer, maldita mujer excluye mujeres"

Esto anterior crea la ruptura del feminismo en dos grandes vertientes, y voy a pecar de reduccionismo, pero en general así pinta el panorama: el libfem o feministas liberales o transfeministas, y el radfem o feminismo radical, crítico al género y abolicionista de género.

El transfeminismo, en su intento por coronarse, convierte al feminismo en lo que menos necesitaba convertirse

Las características del patriarcado Histórico nos han devastado. Digo «nos» porque al ser una doctrina conquistadora, colonialista, expansionista, universalizadora y globalizadora, llegaron a muchas partes del mundo, incluso a Oriente, sin conquistarlo por completo pero sin duda influenciándole en gran medida, e instauraron lo que hoy podemos identificar bajo el nombre de Occidentalización, y esta es la joya de la corona de la Globalización tanto cultural como política.

La ONU es occidentalizadora, los Derechos Humanos son occidentalizadores, el método científico, la salud, básicamente todo lleva la marca del patriarcado occidentalizador. Así es cómo actualmente, el transfeminismo engulle al feminismo y le subsume a la lucha LGBTQIA+, y le lleva a las mismas prácticas del patriarcado expansionista y occidentalizador: busca sus puestos en la ONU, en los Derechos Humanos, en la ciencia, en la salud, todo el discurso de "no buscamos igualdad, porque no somos hombres, sino equidad porque somos humanidad" se precipita a las profundidades.

Los viejos métodos del patriarcado y el machismo se replican en el transfeminismo, y se superpone el "derecho a la mujer atrapada en el cuerpo de un hombre para transicionar a su verdadera identidad autodeterminada" al de la agenda femenina que hasta hace no mucho era el centro de la atención del feminismo. Es decir, fuera de los delirios teóricos del transfeminismo, en términos claros se superpone la necesidad del hombre que quiere convertirse en mujer a la necesidad de la agenda feminista desde lo femenino. La crueldad, intolerancia universalizadora, e ímpetu agresor con el que empujan la nueva agenda quimérica de este "nuevo feminismo revolucionario" solo se equipara al del patriarcado.

El Problema

Este fenómeno de moda que representa el cargar con todos los problemas del Mundo, todos al mismo tiempo, y pretender resolverlos (sí, al mismo tiempo todos también) partiendo del tema sexual como epicentro (síntoma de fusionarse con una temática de género/sexo como lo es la cuestión LGBTQIA+, lo cual es totalmente respetable y digno por su propia cuenta) tiene unos de sus pilares teóricos en la autodeterminación del género, con validez oficial internacional (global), adaptado a los caprichos─nada más ni nada menos─ de la individualidad ultrasubjetiva, consumista y rampante: hijo pródigo del neoliberalismo neoimperialista y capitalista.

Es necesario hacer una disección meticulosa, sistemática y profunda de sus principios, peticiones y objetivos, sin sentimentalismos de por medio (muy importante) para entender por qué el transfeminismo presenta un problema, y encima de todo un problema montado por industrias farmacéuticas, industrias del entretenimiento y la moda, así como del mundo de la política que se regodea en el quiebre interno tanto de las "izquierdas", los feminismos, y el movimiento LGBTQIA+, y todo aquello que el transfeminismo toque con su intempestiva e irreflexiva naturaleza.

https://twitter.com/BuckAngel/status/1254852427959816192
[pie de imagen]> Buck es de las primeras mujeres que transicionaron a ser hombres, es decir, de los primeros hombres trans asistidos por terapia de hormonas. Hoy le llaman TERF, porque a pesar de que se reconoce como hombre, no se reconoce como hombre biológico, como a las transfeministas les gusta, sino como hombre trans, y está orgulloso de serlo.

Antes que nada, quiero dejar clara mi postura, como hombre queer "cis-género" (no me gustan las etiquetas pero encajo en esas, y como queer, el transfeminismo básicamente me da permiso de hablar sobre feminismo ¿ven el peligro?), al respecto del tema trans, el cual, a diferencia de lo que el transfeminismo inocente o ignorantemente asegura por su lado, ya es un tema que cruzó la frontera de los temas exclusivamente femeninos, y comienza a pretender «conquistar», en la acepción más patriarcal del término, las representaciones, el imaginario, las culturas, en pocas palabras la idea de Mundo, en lo político y lo social.

La situación de lo trans (así como también la diversidad sexual en general) ha existido en este planeta, no se niega su existencia, ni se pretende decir que sea un fenómeno moderno, y mucho menos un fenómeno natural de orden "negativo", es una condición de vida, igual de positiva y negativa que cualquier otra que atraviesa la Historia humana: la identidad transgénero ha existido en todos los ámbitos posibles, en lo cotidiano, en lo sacerdotal, en el sexo ritual, en el sexo comercial o prostitución, en lo político, en fin. No es nada nuevo, y cada cultura se ha formulado su propia existencia en relación a este tema desde siempre.

Es cierto que en occidente, y sobre todo en México, el tema de la diversidad sexual es una narrativa de opresión y violencia. Eso no se niega. Por lo tanto, es preciso que, así como venía haciendo el movimiento LGBTQIA+ desde hace años, tanto por el lado oficialista (Estado, instituciones, Derechos Humanos) como no-oficialista (ámbito familiar, imaginario social, relaciones de poder, es decir en materia de usos y costumbres locales, pero sobre todo recordar: mul-ti-cul-tu-ra-les), se sigan impulsando prácticas positivas, no obstante, graduales, asimilables, digeribles y cooperativas, con el uso de la protesta y la violencia solamente cuando sea necesario (y eso queda a la inteligente discreción del movimiento mismo, no pretendo presentar mis guía de "buenos modos" con respecto al uso de violencia). Porque de no ser acciones graduales, integrales, conciliadoras y ordenadas, como justamente NO lo está haciendo el transfeminismo, se arriesga la estabilidad social y con ello solamente se provoca e invita a la escalada de violencia ¿por qué? porque forzar cambios siempre genera inestabilidad, y esta lleva a la respuesta agresiva. Forzar Realidades alternativas a una Realidad hegemónica se le conoce históricamente como Revoluciones bélicas, armadas, violentas, y no se si esa sea la agenda que se busca: una guerra civil provocada por asuntos que podrían resolverse, como el feminismo "tradicional" (ahora herencia del radfem) venía manejándolo perfectamente por su lado, y el movimiento LGBTQIA+ por su lado también, hasta que llegó el transfeminismo a provocar esta quimera.

Así es como a manera introductoria de esta sección, procuré dejar claro que resumidamente, en primera, la existencia de lo trans es Histórica, y en segunda que no hay ningún problema con apoyar la agenda de recordarle eso anterior a México, por ejemplo, y hacer valer una inteligente transición del machismo colonial brutalizador hacia la pluralidad sexual (con sus inherentes polémicas porque en este Mundo NADA se salva de una saludable dosis de conflicto: no estamos en el paraíso, y probablemente nunca lo estaremos), que como ya dije, siempre ha acompañado a la humanidad.

Ahora si, ¿cuáles son los problemas que presenta el transfeminismo que son tan aberrantes y amenazadores para la estabilidad social?

La disforia sexual, ese rechazo propio con secuelas patológicas (ojo, no digo que la disforia sea una enfermedad mental reprogramable o tratable, sino que «las consecuencias de la disforia son las que provocan problemas de salud»), no debe reducirse al campo aún muy experimental de las transiciones "de género" que van de la mano con la industria farmacéutica y de las cirugías. La disforia es producto de muchos vectores, y en ningún momento debe reducirse a esta solución milagrosa del cambio de sexo. Es una de las posibilidades, claro que sí, pero ¿es la única? esto es un rotundo NO. La disforia sexual no debe representar un pilar del transfeminismo, nisiquiera de la lucha trans dentro del LGBTQIA+.

En una entrevista con un hombre trans, orgulloso de ser hombre trans, se escucha la siguiente declaración:

[inicio de cita]>

A la comunidad lesbo-gay (LG), les tomó 60 años, para lograr el matrimonio igualitario, para convencer a la mayoría de que la comunidad LG no "iba por sus niñas y niños", iban para lograr una igualdad de oportunidades legales y emocionales como cualquier otræ ciudadanæ, para lograr un estatus marital que permitiera heredar a sus parejas legalmente sus bienes en caso de accidentes, de acceder a hospitales como legítimo esposo a acompañar a sus parejas, entre muchos otros beneficios (además de la tranquilidad y satisfacción puramente emocional), les tomó 60 años convencer que no iban a "pevertir" a las nuevas generaciones. Por el contrario, el movimiento trans ha sido mediatizado y monetizado (como el caso Kardashian) desde el inicio, y el reconocimiento que les costó a la comunidad LG 60 años, les tomó 3-4 años a la comunidad trans, visibilizarse, ser considerablemente aceptada, porque traían el apoyo monetario de muchas industrias (farmacéutica, mediática y del entretenimiento, de la moda, por ejemplo); esta es una industria de billones de dólares mundialmente, el mercado de la transición médica, y está lucrando a partir de la infancia.

Las infancias trans. La infancia NO ES TRANS. La infancia es un periodo de descubrimiento personal, de desarrollo psicosexual, de gestación de transformaciones genotipo-fenotipo escritas en la biología, en la BIO-LO-GÍ-A, no es un mercado para la industria farmacéutica y para las agendas políticas. La seguridad absoluta no existe, tenemos que sacarnos de la mente como humanidad la utopía de la certeza absoluta, la vida es paz tanto como es conflicto, pero encima de todo es ESTABILIDAD. La estabilidad no depende de la paz, ni de la guerra, sino de evitar los conflictos innecesarios para preservar la vida. El transfeminismo es una guerra innecesaria que trae consigo un conflicto desproporcionado, por eso lo llamo quimérico: si bien tiene origen de necesidades muy legítimas, como el feminismo y la lucha por la dignidad de la diversidad Histórica LGBTQIA+, su casamiento ha derivado en una monstruosidad. ¿Por qué menciono la eterna falta de certeza con respecto a la identidad sexual infantil? porque el periodo de desarrollo que representa la infancia y la pubertad, así como la juventud temprana (más o menos de los 0 a los 17 años) debe estar marcada por incertidumbre, duda, experimentación, satisfacciones así como insatisfacciones, y sobre todo pautas culturales locales, no globales, sino multiculturales. Tenemos que entender, y esto debería quedarle claro al transfeminismo, que el Mundo no es una aldea global, el Mundo es diversidad geográfica, y con ella diversidad climática que empuja a las diversas especies que le transitan a la diversidad de métodos de adaptación, los cual nos lleva a la humanidad y su diversidad cultural, la cual es en nuestra especie, nuestro método de adaptación más importante. En resumen a lo anterior, no todas las culturas deben generar un único modo de vivir su diversidad sexual, por lo tanto sus infancias no tienen que adscribirse a un único modelo universalizado de conducta y principios de moralidad al respecto: por esto la necesidad de las pautas culturales, generadas desde el interior de la cultura en cuestión, no desde un aparato universalizador oficialista como el que el transfeminismo propone y forza actualmente. La infancia no requiere de sectores de salud garantizando seguridad de identidad sexual ni curas mágicas e inmediatas a la disforia.

El transfeminismo suele basar su oferta de garantía de la certeza absoluta a la identidad sexual, tanto en un modelo de pensamiento incompleto sobre la ciencia, así como en la pseudociencia. Las neurociencias ni siquiera tienen una certeza absoluta sobre la localización específica de "funciones cerebrales", esto es teoría de finales del siglo XIX con personajes como Paul Brocca que heredan la inquietudes de la frenología, así es, de esa pseudociencia que sugería que los bultos en el cráneo describían el funcionamiento "cerebral" de personalidades homicidas, o bien virtuosas, y que, por ejemplo, las funciones del dios judeocristiano y los "buenos modos" se alojaba en una parte específica del cerebro. A pesar de esto, el transfeminismo cita que la identidad autodeterminada, y que las mujeres atrapadas en el cuerpo de un hombre (que por lo tanto merecen una transición hacia, nada más ni nada menos, que un cuerpo «femenino», porque para el transfeminismo las actividades, los colores y las dinámicas exclusivas de mujeres y las de hombres sí existen (ahora resulta), al contrario de lo que el feminismo intentó enseñarnos con mucho éxito─y gracias por ello─que era falso) se basan en los descubrimientos científicos del "género cerebral", entre muchos otros estudios que si bien ya existían en el cuerpo de estudios de la Psicología desde hace decenas de años, como es el caso de los estudios de Simón LeVay, ahora los toman como dogma y biblia para asegurar, sin ser expertas en el tema por supuesto, que el cerebro internamente tiene un género y que hay que ir rescatando a las personas recién nacidas de la "crueldad" del "cisgenerismo", es decir de la asignación arbitraria basada en sus órganos genitales de un sexo/género. De nuevo, nadie tiene la certeza comprada ni garantizada, y no debería convertirse en una regla universal el hecho de darle al cuerpo médico, a progenitoræs y mucho menos a las infancias de "decidir" si someterse a terapias de transición de sexo antes de los 17 años.

Una mujer trans no vivenció desde el nacimiento situaciones desde las aparentemente insignificantes─pero que no obstante forman el carácter, así como la vida interna en lo afectivo y cognitivo─hasta situaciones sumamente importantes: como emocionarse por tener de "esposo" a su propio padre (durante la etapa clásica que todo niño vive de sentir celos por no poder "casarse" con su mamá o las niñas con su papá), por inquietarse tras su primer menarca, por los cambios hormonales y sus repercusiones en el cambio físico de la pubertad y cómo la sociedad retroalimenta estos cambios y a su vez esto genera una autopercepción; el hecho de tener precauciones (las cuales el feminismo intentaba resolver) al salir sola de noche o evitar tomar demasiado para no vivir alguna violencia sexual por la obnubilación del juicio, o bien simplemente vivencias que una mujer trans jamás va a vivir como los mensuales cambios de sensibilidad y dolores menstruales, la sincronización de la regla menstrual, el miedo al embarazo no deseado; una mujer biológica jamás tendrá cáncer de próstata, y una mujer trans jamás tendrá cáncer cervicouterino, entre muchas otras patologías llamadas "ligadas al sexo", es decir, que solamente el sexo masculino es propenso a desarrollar o bien el sexo femenino son propensas a desarrollar, la biología si bien no es 100% clara, sí lo es a un 85 o incluso un 90%, y con eso es suficiente para creerle a ella y no a la "autodeterminación subjetiva". En pocas palabras, una mujer trans jamás será una mujer biológica, y esto va más allá de incluso los cromosomas XY y XX, pues es cierto el argumento de que existen cierta cantidad de irregularidades genéticas que producen hombres con gen XXY (síndrome de Klinefelter) en lugar de solamente XY, o bien el caso del síndrome de Turner que genera personas X0, es decir sin el segundo par de X o Y, por lo cual aparentemente en lo físico son mujeres pero tampoco realmente lo son porque carecen de un funcionamiento completamente feminizado, lo cual, junto con la gente hermafrodita de nacimiento cabrían dentro de algo conocido como «intersexualidad»; o bien mujeres con una condición llamada "síndrome de insensibilidad a los andrógenos" que son mujeres XY (así es, como los hómbres genéticos, no obstante son mujeres), o bien un fenómeno llamado "androgenización prenatal de mujeres genéticas" provocada por un transtorno conocido como "hiperplasia suprarrenal congénita (HSC)" que provoca la segregación de cantidades anómalas de angrógenos es decir de hormonas masculinizantes. Con respecto a este último caso podemos leer:

[inicio de cita]>

Debido a los efectos masculinzantes de la HSC, algunos clínicos han sufrido que los padres con niñas fuertemente androgenizadas por este transtorno las eduquen como chicos y que no las sometan a procedimientos quirúrgicos que feminicen sus genitales. El razonamiento para esta estrategia es que la conducta social y la orientación sexual de una niña fuertemente androgenizada va a ser probablemente masculina, y que un clítoris de gran tamaño puede servir para el coito sexual con wmujeres.

[fin de cita // referencia de cita]> Carlson, N (2006) Fisiología de la conducta. Pearsons: 8 edición. p. 359

Esta afirmación: "una mujer trans nunca será una mujer biológica" le ha costado incontables señalamientos de "transfobia", "asesinas", "inhumanas", "falsas feministas", a muchas personas. De hecho el quiebre del feminismo en transfeminismo/libfem y por otro lado el radfem/abolicionistas parte mucho de ese atrevimiento.

https://www.youtube.com/watch?v=rP6lI4247qU

El feminismo tradicional (el cual tiene muchas vertientes y orígenes, no obstante enfocaba gran parte de sus esfuerzos, en general, en lo femenino) nos enseñó que no existen colores específicos a los sexos, ni prácticas exclusivas, y nos recordó siempre que el género es una construcción social dependiente de cada cultura. Ahora, el transfeminismo nos dice lo contrario, que si una niña biológica prefiere jugar con niños que con niñas y prefiere jugar con herramientas de juguete que con muñecas, muy probablemente se trata de un niño atrapado en el cuerpo de una niña: no de una niña con predisposición a las habilidades de construcción, no, sino de un niño-trans, y se le debe comenzar a fomentar su transición hacia el género masculino.

A últimas, en un salto acrobático en completo retroceso de todo lo que el feminismo tradicional nos ayudo a evolucionar, no solo en cuestión de orientaciones sexuales sino de la misma epistemología y los saberes Históricos humanos (como cuando Freud nos recordó que las infancias no eran puras y castas sino pequeñas bestias, como a él le gustaba llamarlas "criaturas perversas polimorfas"), ahora vemos que todo se reduce de nuevo de la manera más burda, a lo aparente femenino o a lo aparente masculino: mujeres que quieren ser masculinos como los hombres, hombres que quieren ser femeninas como las mujeres, no obstante, para el transfeminismo la visibilización de ello es básicamente una ofensa, al mismo tiempo que hablan de hombres y mujeres, de masculino y femenino, y surgen propuestas oficialistas, universales, globales, internacionales, de eliminar el "sexo femenino" para algunas cuestiones legales─porque de lo contrario violentaría a las mujeres atrapadas dentro de cuerpos de hombres (es decir hombres que quieren ser mujeres) que con solo recibir hormonas y cirugías se transforman mágicamente en mujeres absolutas, no en mujeres-trans, sino en mujeres-mujeres─y suplantar al «sujeto legal» conocido como "mujer" o "sexo femenino" en abstracciones altamente supercomplejizadas como mujeres de "cuerpos femeninos gestantes" y sus contrapartes igualmente mujeres de "cuerpos femeninos no-gestantes" pero obviamente el término "mujer" va tácito y por defecto para ambos, para el cuerpo gestante (traducido al lenguaje terrícola como: mujer biológica con útero y que menstrúa) y al no-gestante (de nuevo, en terrícola significa: mujer trans, sin útero, y que no menstrúa). Hay mujeres trans que desde el transactivismo del transfeminismo dicen ser "más mujeres que las mujeres cis" puesto que al descubrirse mujeres, nunca pasaron por la opresión del estereotipo de "mujer" y más bien se "construyeron mujeres", por lo que vienen a mostrarle a la "mujer cis", es decir a la mujer biológica, lo que es ser una mujer en estado puro...

[pie de imagen]> El libro donde se justifica la inexistencia de problemas imaginarios que no existen.

En fin, llega un punto en el análisis del caso transfeminista que todo comienza a abstraerse a tal grado de insensatez que es absurdo incluso pretender justificar lo contrario, es una pérdida de tiempo; es exactamente igual a pretender justificar el por qué los dragones y los unicornos NO EXISTEN, ¿por qué habría alguien de usar su tiempo en justificar eso? simplemente no existen y ya. El grado de ridículo al que el transfeminismo ha llevado el debate de "lo que sea", solo recuerda al debate de las "razas" humanas y la manera de justificar por que unas eran "mejores o peores" que otras "razas". El transfeminismo esta poniendo en riesgo la cordura y la estabilidad social a nivel mundial.

¿Son las mujeres libfem y las mujeres trans libfem que apoyan al transfeminismo las culpables de la catástrofe transfeminista?

Abolutamente NO. Así como las dinámicas de pobreza (colonialismo, países explotadores parasitando países "en vías de desarrollo", mentalidades capitalistas, el fenómeno del neoliberalismo fracasado, et cétera, et cétera) son las que en su mayoría provocan conductas de violencia, narcotráfico, crimen (descontando claro las contadas excepciones que originan "criminales" que tienen por origen transtornos genéticos como la psicopatía), robo, entre otras conductas indeseables sociales, de esta misma manera, son los fenómenos sociales negativos los que empujan a muchas personas a adscribirse a movimientos perjudiciales como el nazismo (nadie culpa al Pueblo Alemán de haber sucumbido mayoritariamente ante la ideología nazi), y tampoco ocurre esto con el transfeminismo: es un terrible accidente, que echa raíces en diversos fenómenos que le gestan y le parecen tan atractivo para tantas personas. Pensemos en el narcotráfico, no porque exista una gran mayoría ejerciendo el narcotráfico y la adicción crónica a los narcóticos significa que sea el camino a seguir.

Lamentablemente el problema del narcotráfico, el nazismo, el fanatismo religioso, si bien su origen no es culpa de sus partes actoras, así el transfemminismo se materializa en personajes físicos. Esto convierte la situación en algo delicado pues ultimadamente en una amenaza con cuerpo humano.

El feminismo (y ya no le diré radfem, sino Feminismo, porque el transfeminismo libfem no merece jamás ser coronado como el feminismo preponderante), ya que no acepta la intromisión masculina directa, lo cual es una de sus grandes virtudes, tiene un tarea fuerte─que si bien no es tan colosal y ridículamente hipercompleja, imaginaria, e innecesaria como las "tareas" del transfeminismo─sí es un nuevo reto que nació de las mismas entrañas del feminismo: así como en algún momento las Revoluciones e Independencias gestaron de su interior la lucha "conservadores vs. liberales", "republicanos vs. demócratas", y demás cismas internos, ahora al feminismo se le presenta una situación que recuerda a las más clásicas cadenas de eventos de la Historia patriarcal de los pueblos, y que además presenta ciertos síntomas de ser un "problema" provocado por el Sistema con S mayúscula para quebrar el feminismo (y los varios feminismos compatibles que le conforman) y coptarlo en las dinámicas patriarcales una vez más. Es un verdadero reto al feminismo para seguir consolidándose, no desde la entraña, porque esta es justamente la que gesta al transfeminismo, sino desde la entereza del ser: la entraña bien conectada a con el intelecto, con el corazón, con la Historia, con los principios de la ciencia, y la conciencia de que los cambios cuando son abruptos enojan a la Bestia y la tornan inestable y agresiva, mientras que los cambios imperceptibles transforman y doman a la Bestia.

El transfeminismo es peligroso porque se adscribe a una teoría con tal cantidad de incongruencias internas que básicamente se anula a sí misma, es una quimera, existe y no existe al mismo tiempo y por su propia culpa.

El transfeminismo es peligroso porque el fervor, la arrogancia y la seguridad basada en la ignorancia, esta última causada, como ya dije, no por la maldad inherente de quienes creen en ella sino por circunstancias sociales-políticas que la gestan en personas con una inocencia tal que permite esta posesión de un estado mental digno de un fanático religioso, que les propina la ignorancia enardecida y reaccionaria. En pocas palabras, es fanatismo irracional.

El transfeminismo es peligroso porque se echa a cuestas básicamente TODOS los problemas del Mundo posibles, y los capilariza como el cáncer capilariza los tumores malignos. Pretende reformar el Mundo entero bajo una agenda globalizadora, universalizadora, supremacista y expancionista, y quien no esté de acuerdos se convierte inmediatamente en el enemigo.

El transfeminismo es peligroso porque adoctrina desde la inexperiencia, desde el oportunismo, no argumenta y se trepa de la lucha feminista original. El transfeminismo irrumpe en la teoría, quiebra todo lo que toca y sumerge en lo irracional, en la superstición, en la pseudociencia, y peor aún en una confianza tan inocente que se torna en fanatismo ciego que se cuelga de la ciencia como si esta fuera algo ya cristalizado y horneado, cuando realmente es algo mutable y que toma años en entregarnos una que otra razón para seguir investigando antes de saltar a conclusiones. El transfeminismo está saltando a conclusiones dogmáticas basándose en estudios incompletos del siglo XX y siglo XXI.

El transfeminismo es simplemente peligroso porque quebró al feminismo en dos. El transactivismo (la lucha LGBTQIA+) y el feminismo, no son autoexcluyentes, pero tampoco son compatibles para fusionarse en uno solo, y eso ya debería quedar bastante claro.

El transfeminismo es peligroso porque rompió el dique de lo femenino (el discurso feminista que tanto trabajo les había costado construir a las mujeres y explicarnos a los hombres cómo es que "el feminismo no se mete en temas que no incumban a lo femenino para mejorar la situación de lo femenino" y por esa razón no tenemos por que opinar al respecto del feminismo, lo cual me parece hasta la fecha totalmente válido), ahora se desborda en temas que no es que sean del "territorio masculino", para nada digo eso, pero sí digo que desborda sus alcances por completo, se mete en todo (peligrosamente fomentando que el hombre se meta en temas feministas, como este maldito artículo que ni siquiera debí haber escrito), no deja hueco sin llenar ni tema sin problematizar, está en todo y no resuelve nada al mismo tiempo, solo genera polémica, malestar general, y un clima de intolerancia, ruptura e inestabilidad. Por ejemplo, yo, un hombre "cis", atreviéndome a escribir sobre feminismo, yo jamás me atrevería, ni me había atrevido, a hablar o escribir sobre el feminismo antes: ese feminismo que se autorregulaba bastante bien, que daba frutos valiosísimos para todas las luchas así como enseñanzas para lo cotidiano, procesos y dinámicas, que aventabaja al machismo y al patriarcado con reflexiones años luz al futuro, que si bien tendría sus problemas humanamente normales, no se desbordaba por todos lados y con tales desplantes de insensatez como sí lo hace el transfeminismo, es de verdad una aberración para el intelecto, a tal grado que no solo me fue irresistible escribir esto, sino que creo profundamente que de no hacerlo estaría yo cometiendo una falta conmigo mismo y con todo lo que el transfeminismo ha quebrado en pedazos ¿por qué?¿por qué daño mi sensibilidad de hombre cis obligandome a derramar "lágrimas de onvre"? porque como ya dije, y cualquiera con dos dedos de frente, como yo, puede ver, que el transfeminismo se voló la barda hace mucho, y ya está afectando negativamente y penetrando básicamente todo lo que tiene a su alcance.

El transfeminismo es peligroso porque, por desafortunada (o planificada) casualidad, tiene una morfología discursiva que cuenta con receptores geométricamente compatibles, isomórficos, que ni hechos a la medida habrían salido mejor adaptados, para discursos de la industria farmacéutica, discursos totalitarios social-políticos subjetivistas con tintes machistas patriarcales, para la industria del entretenimiento y de la moda. Imaginemos, solo por hacer una metáfora muy atinada, al transfeminismo como una papa, una papa transgénica que casualmente, de nacimiento, traía incluídos puertos USB, es compatible con Android y con el 5G. Así casual, una papa con compatibilidad a periféricos electrónicos muy convenientes, pero nos dicen que nadie los diseñó así, que es un milagro de la naturaleza, en fin.

El transfeminismo es un peligro porque es intolerante, es reaccionario, irreflexivo, es supremacista y no está dispuesto a negociar nada, solo arrasa, como un macho inyectado en testosterona: que de hecho no hay nada que negociar, sus peticiones y objetivos si bien podrían ser muy nobles, están armados de tal suerte que son ridículos.

El transfeminismo es un peligro porque quienes le materializan son personas de carne y hueso, personas que de lo profundo de mi corazón, y cualquier persona humana empática estaría de acuerdo, hay que proteger de alguna manera, porque son vidas reales, víctimas de los tiempos. El único ejemplo que se me viene a la mente lo suficientemente popular para ejemplificarlo es el nazismo Alemán: si estuvieramos en 1920, ¿alguien promovería exterminar a toda Alemania para evitar el nazismo? yo no. Pero sí estoy de acuerdo en que algo tendría que haberse hecho, quizá campañas más contundentes de visibilización del absurdo de los principios de doctrinas tan ridículas como la supremacía y la universalización de una condición superior, o programas de educación en contra del discurso de odio hacia poblaciones que funcionaron como chivos expiatorios: así como no toda persona judía era usurera, pero eso no descarta que alguna persona judía fuera usurera y no tuviera que darle su merecido. Las mujeres "radfem TERFS" son el nuevo judío, lo cual no quita que exista ALGUNA mujer "radfem" que sea realmente una persona vil y desubicada, pero no lo son la mayoría, lamentablemente para las transfeministas, TODAS LAS RADFEM SON TERFS Y SON EL ENEMIGO.

El Mundo ¿qué beneficio saca de todo eso?

El mundo se ve enriquecido por el feminismo radical, el mundo se ve enriquecido por la lucha LGBTQIA+ independiente en sí mismo, por el transactivismo que no se trepa del feminismo y el feminismo que no sobreprotege luchas como el transactivismo.

Las mujeres representantes del radfem, las personas hombres-trans y mujeres-trans que se asumen como tal y no como "versiones mejoradas de lo biológico", las comunidades homosexuales y lésbicas, así como la población "cis" heterosexual, tendrían que posicionarse, informarse a profundidad, crear espacios de debate en donde discursos verdaderamente vacíos de contenido, y creadores de caos e inestabilidad, como lo es el transfeminismo, no tengan cabida, para que poco a poco se disuelvan de nuevo en sus propias luchas, al ver que ya no están de moda. Esta moda, de verdad hago mi apuesta y pronóstico a mediano plazo:

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en no muchos años será recordado como un terrible problema que creó terribles consecuencias, porque estamos viviendo el inicio de este boom farmacéutico-mediático, y la ruptura del feminismo, y peor aún, la inclusión de la opinión masculina en el feminismo (ehem* como este maldito artículo, que de verdad está maldito, y espero la maldición sea desvanecida por la desaparición del "discurso transfeminista", junto con la reelevancia de este texto), las consecuencias están cerca de comenzar a brotar, y entonces muchas transfeministas, para evitar el ridículo, van a comenzar a abandonar el barco, entre silvidos de "yo no fuí".

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Fuga en el discurso: el transfeminismo ha roto un agujero en la pared que separaba al feminismo del Mundo en general; y se desborda

cultura

Responsable de nota:
agosto 12, 2020 | Sección: cultura | Artículos sobre: temáticas que nos invitan a reflexionar sobre temas de sexualidad así como de todo lo que atañe a roles de género tanto actuales como a través de la Historia humana, temas que atañen a las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

El transfeminismo pretende cargar con todos los problemas del Mundo, todos al mismo tiempo, y pretende resolverlos (sí, al mismo tiempo todos también) partiendo del tema sexual como epicentro. Las mujeres “radfem TERFS” son el nuevo judío a una doctrina absolutista, expansionista y globalizadora como en algún momento lo fue el nazismo. El transfeminismo no está en autocontrol, no lee, no argumenta, solo detecta “ofensas”, toma personal lo que sea, y revienta de inmediato, sin resolver nada. La crueldad, intolerancia universalizadora, e ímpetu agresor con el que empujan la nueva agenda quimérica de este “nuevo feminismo supuestamente mas revolucionario que el feminismo ya existente” solo se equipara al del patriarcado. El feminismo (y no le llamaré radfem, sino Feminismo, porque el transfeminismo libfem no merece jamás ser coronado como el feminismo preponderante), tiene un tarea fuerte─que si bien no es tan colosal y ridículamente hipercompleja, imaginaria, e innecesaria como las “tareas” del transfeminismo─sí es un nuevo reto que nació de las mismas entrañas del feminismo: así como en algún momento las Revoluciones e Independencias gestaron de su interior la lucha “conservadores vs. liberales”, “republicanos vs. demócratas”, y demás cismas internos, ahora al feminismo se le presenta una situación que recuerda a las más clásicas cadenas de eventos de la Historia patriarcal de los pueblos.

Antes que nada, quiero comenzar diciendo que este artículo esta maldito. No debería existir, es una aberración. Es una opinión masculina, cis, sobre el feminismo ¿y cómo es eso posible? gracias al transfeminismo, que abrió la caja de Pandora, abriendo una grieta tremenda, una fuga en el feminismo hermético y protector de lo femenino, permitiendo que un hombre cis, queer, pueda y DEBA opinar al respecto. Lo advierto, este artículo está maldito, y no debe existir, pero hasta que el transfeminismo no desaparezca aplastado bajo su propio peso, este artículo será reelevante.

Toda ideología social y política tiene su espacio y tiempo, como una planta que cambia de suelo cada que pasan los años y debe adaptarse a las condiciones del nuevo suelo, o marchitarse; el contexto y la causa entablan una relación interdependiente y mutable.

A manera de introducción, quiero dejar claro que, sin posicionarme necesariamente en algún carril discursivo específico, sí pienso definir mis rasgos característicos: definitivamente mi organismo reacciona afectiva y congnitivamente de manera diversa, es decir, mi cuerpo no se apega a las reacciones ideales de un macho heteronormado, no obstante, ante un contexto innegablemente colonizado como lo es este territorio que concebimos como México, suelo operar bajo los roles de género masculinos, hasta que algo rompe esa rutina y dejo de hacerlo, sin ningún tipo de vergüenza o arrepentimiento de mi parte. En general concibo muy bien que he tenido el privilegio (porque hay quien por sobrevivir desde temprana edad, no ha tenido este mismo privilegio de filosofar con respecto a su mundo interior) de desarrollar una autocrítica introspectiva desde hace muchos años, quizá por haber comenzado a estudiar psicología hace 10 años ya, luego transitado por otras líneas de estudio y oficios, para finalmente regresar a la psicología en cuanto a la parte científica, porque como ya dije en el camino se me pegaron dos que tres oficios que adoro, pero eso solamente debe importar en cuanto a que, a mí, me explica esta curiosidad por mi mundo interno, y como este se relaciona con el medio externo y cómo se retroalimenta, en varios niveles.


Mi identidad, por más que yo le permita ir y venir, parte básicamente del cliché del macho: me gusta la adrenalina, me gusta pelear y ejercitarme, me gustan las motocicletas, soy diestro con herramientas de construcción y reacciono fuertemente en cuanto lo sexo-afectivo hacia las mujeres, y aunque en menor medida también reacciono hacia las mujeres trans; pero no solo eso, sino que también disfruto de rasgos que se reservan más para lo femenino, como disfrutar de la sensibilidad, llorar al ver una escena tierna o triste, cocinar, pintarme las uñas, usar maquillaje, así como reaccionar a mi interpretación de belleza masculina, sean hetero o gay.

No obstante, he aprendido de la experiencia, que no soy bueno coqueteando con hombres, lo cual no es siempre un obstáculo, pero involucra una innegable sensación de incompetencia de mi parte que no soporto y no me motiva, por lo cual no es frecuente que yo tenga energía suficiente para animarme a comenzar un ritual de conducta sexual, por lo cual he llegado a la conclusión final de que seguramente podría incursionar en el mundo del erotismo homosexual (y así transicionar a una identidad bisexual), con esfuerzos similares a los que se hacen para cultivar un nuevo idioma, o un buen deporte, pero que a fin de cuentas no se queda solamente en lo superficial, sino que echa raíces profundas en la identidad, lo espiritual, lo emocional. Así lo he sentido, por lo cual no me he permitido llevarlo más lejos y más profundo.

Es por esto anterior que decididamente prefiero dedicar mi tiempo en cultivar otras actividades que me parecen, por mis circunstancias de vida, más apropiadas para el gasto de mi energía vital actualmente, siendo que mi energía erótica se encuentra ya bien amaestrada entre lo preponderantemente “masculino” que existe en mí en una danza ya muy familiarizada con respecto a lo “femenino” que habita en mí, interacción interna que me permite interpretar en lo social a quien le prepondera lo “femenino” en este lenguaje sexo-afectivo, y con eso tengo más que suficiente para esa área de mi vida, claro, sin descartar por completo los esporádicos encuentros hacia el mismo sexo que, a toda conciencia, no les importa que sea yo un iliterado del erotismo homosexual, pero por lo mismo, se trata tan solo un plus dentro de mi práctica sexoafectiva.

Quiero recalcar que esto anterior solamente hace referencia a la actividad meramente sexual del erotismo, lo cual no descarta en lo absoluto mi discurso del erotismo en otros ámbitos con el mismo sexo: en el compañerismo que no involucra acto sexual alguno, me refiero a hacer valer a mis pares a quienes les prepondera también lo masculino, sean hombres gay o mujeres lesbianas (y me imagino que sería lo mismo con hombres-trans gays y mujeres-trans lesbianas, pero aún no tengo el gusto), de maneras que si bien no encajan en el discurso “macho mejicano”, sí encajan dentro de algo que muy intuitivamente animal se siente correcto, como saber abrazar, halagar, proteger, dar cariño, entre otras actividades que también tienen un porcentaje importante de erotismo pero que nunca llegan al acto sexual.

Todo esto anterior, lo expongo para dejar claro que, como dije al inicio, no encajo del todo en los roles constituidos dentro del concepto de género oficiales (incluso estipulados dentro de la Constitución mexicana), estrictos y clásicos, de esta sociedad rural-urbana mejicana, quizá sí encajaría yo en los parámetros de usos y costumbres de algún tipo de comunidad originaria, en alguna de tantas culturas que están condenadas a vivir dentro de este país el cual se afana en solamente reconocerles a través de los dos únicos cristales operativos que los proyectos de nación, como México, aceptan operativamente, los cuales son: o bien eres persona rural o bien persona urbana. Obviamente seas rural o urbana, tus usos y costumbres milenarios son solo un souvenir de la Historia, pues operativamente estas obligada a apegarte al único modo “civilizado” novohispano mejicano. Esta introducción personal fue, como se dice por ahí, una autodesignación de la identidad.

El contexto, la cultura, importan demasiado en el análisis y la ejecución del discurso

La humanidad es una especie de espiral dual, una sincronización constante entre lo individual y lo social, al final somo entidades gregarias, pero la individualidad es algo muy importante en nuestra especie: la cuestión del huevo o la gallina, en cuanto a lo social y lo individual es campo infértil de reflexiones que buscan una preponderancia, se trata de un proceso dual siempre, la idea de que algo le tiene que ganar a lo otro siempre es un ideal muy occidental que no aplica, y debe dejar de empujarse como pensamiento hegemónico. La cultura es nuestro cuerpo social, mientras que nuestros órganos son nuestro cuerpo individual─por ponerlo a manera de metáfora─y ambos se interdependen.

Cuando mencioné las culturas originarias anteriormente, no fue de a gratis, ubicarnos dentro de un contexto cultural evita que nos disparemos en discursos universalizadores y globalizadores, y de la misma manera evita que entremos en terrenos más peligrosos e insensatos dignos únicamente de personajes sociopáticos y desadaptados, como el de un expansionismo discursivo con vistas a la supremacía absoluta de alguna ideología, y sea esta individual o grupal.

Cualquier discurso que parta de lo globalizador y universalizador es una luz amarilla de precaución y hay que prestar atención a tales movimientos para desnudar su legitimidad; el ejemplo más claro hoy en día serían por ejemplo los Derechos Humanos y sus Comisiones de Derechos Humanos, que probablemente no sean la mejor opción a la defensa de la vida, dada su naturaleza globalizadora-universalizadora, pero no obstante, no resultan tan dañinas por el momento (veámoslo como un modelo Geocéntrico que podría ser mejorado) e incluso, hasta el día de hoy, han ayudado en causas importantes; pero es un concepto que podría mejorarse.

Ahora bien, si encima de eso anterior, una ideología, además pretende concebirse a sí misma superior y aplicarse de manera absolutista y expansionista, entonces sí, es un foco rojo: un peligro intolerable. ¿por qué? porque a la intolerancia no se le puede tolerar.

apelar a las fotos deMussolini o de Hitler usualmente es alarmista, en este caso no lo es: es un recordatorio de cómo discursos que promueven el fanatismo, sin ningún fundamento para respaldarlo, pueden terminar muy mal.

Toda situación parte de alguna Realidad. Realidades hay muchas, pero es siempre cierto que hay una entre tantas que sobresale por su repercusión en la colectividad, y es bajo esa Realidad que definimos lo que es la norma, lo normal, y lo que es anormal, y no por que sea algo malo, sino porque se manifiesta con una menor frecuencia.

El transfeminismo partió del feminismo, y ahora lo transporta u subsume a la lucha LGBTQIA+, con lo cual hace un salto cuántico, completamente desordenado, entre las luchas, tanto en sus contextos como en sus alcances: lo que alguna vez se trataba de─a rasgos generales─crear una base equitativa de oportunidades para una Realidad que partía de un binarismo de género (hombre y mujer) en desigualdad injusta, hoy se trata de cuestionar absolutamente todo, sin pasar por ninguna etapa intermedia, como la URSS pretendiendo aplicar el comunismo utópico en un territorio feudal, sin pasar por el capitalismo antes del socialismo, para llegar finalmente al comunismo utópico, como se nos ha dicho que lo planteaba el mismo Marx, así, de igual manera, el transfeminismo desborda el discurso del feminismo hacia muchas áreas problemáticas y pretende instaurar esa utopía (cof* cof* ¿a nadie más le recuerda al comunismo soviético?) tachoneando, parchando el Mundo entero, de maneras supremacistas, globalizantes, universalizadoras.

El fracaso: cuando no se toma en cuenta el contexto.

El 10 de Bastos

Es una carta del Tarot que habla sobre cargar más de lo que puede llevarse a cuestas. Mientras que el feminismo heredero del sufragio femenino y la despenalización del aborto, que hoy vendría siendo el feminismo radical o radfem, en sí mismo ya representaba una carga inconmensurable para quienes le representaban con sus acciones y discurso, con una agenda que muy claramente se podría ver que estaba llegando a lugares, con una aceptación general cada vez más grande de la población general, no solo ya en occidente, siendo cobijada voluntariamente, y a sus diversas maneras, en cada comunidad, cada país, cada sector económico, por otro lado, el transfeminismo monta una ola generacional de manera muy caprichosa, y pone en peligro todo lo logrado por el feminismo de corte más “clásico” solo por diferenciarlo de lo más reciente, pues si bien antes las mujeres podían afanarse de que el hombre, y lo masculino, no tenía voz en sus procesos internos de reforma, hoy el transfeminismo rompe con eso, al desbordar problemáticas específicamente de las Realidades femeninas (nos guste o no, como ya lo dije antes, existen Realidades preponderantes), como un primer paso (ya que hay pasos posteriores posibles si la cosa se hiciera ordenada y congruentemente como ya lo venían haciendo en el feminismo), y mete en la fórmula un ímpetu casi imparable, y sin auto-regulación interna en el movimiento, de reformar el Mundo entero: el debate de las infancias trans, la realidad de las transiciones masculinas y femeninas retacadas de fármacos, detransiciones sin tanto apoyo y visibilización como las transiciones, orientaciones sexuales mezcladas con temas propios del feminismo, un debate confuso y contradictorio con el cuerpo teórico feminista que se manejaba de manera general, hasta hace no mucho, con respecto a las identidades de género/sexuales, la cuestión de derechos laborales, derechos de salud o gratuidad de servicios para la mujer, en fin, el discurso ya queda desbordado y ahora, sin lugar a duda, expone el poderoso hermetismo femenino y la autodeterminación de su agenda, al escrutinio general: ya no es solo debate entre mujeres, para mujeres, están en territorio público, y la Realidad preponderante siente la amenaza.

La amenaza. Muchas personas involucradas en el transfeminismo (más adelante señalaré por qué no son culpables realmente), con ímpetu incontrolable e irreflexivo, celebran esta sensación de amenaza que generan, como un logro. Lo que no se detienen a contabilizar las víctimas de su atropello en el tumba-burros de su descontrolado y quimérico vehículo, y es que esta amenaza no la siente solamente “el macho enemigo” sino el ancho de la población que incluye a las viejas generaciones, a las nuevas y tiernas generaciones y a sus contemporáneas mujeres también.

Lo siento transfeminismo, no solo los machos te temen, absolutamente todo mundo te teme.

Con respecto al macho enemigo, era un personaje muy real, que el feminismo hacía temblar porque ya sabía en dónde pegarle para debilitarle, y así obligarle a ceder terreno a regañadientes─no obstante colapsado y derrotado─para negociar una nueva Realidad consensuada dentro de esos terrenos ganados (y digo esto anterior tanto en sentido simbólico─el macho interno que cargamos culturalmente toda mujer y todo hombre─así como literalmente: arrodillando hombres machos agresores), poblados ahora por nuevas masas tanto de hombres como mujeres entusiasmadas de esos nuevos logros, y nuevas Realidades, que presentaban con un agenda bastante digerible, documentada y probada, para el régimen de las viejas Realidades que sucumbía rendidas ante la temibles, temerarias y mortalmente conciliadoras feministas; el transfeminismo no presenta sino un hombre de paja, un enemigo sin dimensiones, desproporcionado, contradictorio y caricaturesco, hace temblar básicamente toda forma de vida humana que se atraviesa a su paso pero no por respeto sino por un profundo sentido de confusión, de complejidad absurda e innecesaria, abstracta y sobresaturada en conceptos, una demolición sin ningún tipo de control, lógica o predictibilidad de las detonaciones y los derrumbes, un caos cuyos frutos ni siquiera valen la pena en sus proporciones, frutos que la lucha LGBTIQA+ pudo haber logrado por su propia cuenta y serían mucho mejor asimilados, paralela al feminismo con sus propios logros que incluso serían correspondidos estructuralmente por pura y sencilla morfología del discurso, sin trenzarse en esta quimera devastadora que solo deja entrañas revueltas a su paso, y sí, con una deconstrucción tan avasallante en lo social, moral, procedimental, legal, pedagógica, básicamente en cualquier ámbito de lo humano pero que deja en las ruinas y el descontrol total, y como un perro que persigue una llanta ladrando, cuando la llanta se detiene, no sabe que hacer con ella, así el transfeminismo destruye todo a su paso, con sus rimbombantes hyper-conceptualizaciones, tecnicismos autoreferenciales y abstracciones de avanzada, y cuando el terreno se encuentra desolador, no saben por donde comenzar a dar esperanzas de un futuro prometedor.

¿Por qué el enemigo del transfeminismo es absurdo? pues porque ya no solo es el macho, contra el que el feminismo ya ganaba terreno exponencialmente con una aprobación multicultural avasallante (claro que con sus diferencias de localidad a localidad, no obstante con una voluntaria aceptación en general), ahora el enemigo es también la “mujer cis”, la “mujer biológica”, así como cualquier persona que no abrace de inmediato al movimiento LGBTQIA+ ya también es enemiga automáticamente del transfeminismo: quien critique el abuso farmacéutico con respecto a coptar la disforia sexual y transfomarla en mercado para la industria química de la transición, incluyendo a la infancia; quien no guste de considerar a una mujer trans como una mujer absoluta, como por ejemplo algunas comunidades lésbicas, también ya son enemigo del feminismo; básicamente el Mundo se convierte en enemigo del transfeminismo, que cabe mencionar, se pretende posicionar como el feminismo por defecto, coronarse como la teoría superior. Esto es una provocación al conflicto desproporcionada y sin fundamentos sólidos.

“si no eres una mujer, y no aceptas que la mujer es mujer, eres enemigo de toda mujer, maldita mujer excluye mujeres”

Esto anterior crea la ruptura del feminismo en dos grandes vertientes, y voy a pecar de reduccionismo, pero en general así pinta el panorama: el libfem o feministas liberales o transfeministas, y el radfem o feminismo radical, crítico al género y abolicionista de género.

El transfeminismo, en su intento por coronarse, convierte al feminismo en lo que menos necesitaba convertirse

Las características del patriarcado Histórico nos han devastado. Digo «nos» porque al ser una doctrina conquistadora, colonialista, expansionista, universalizadora y globalizadora, llegaron a muchas partes del mundo, incluso a Oriente, sin conquistarlo por completo pero sin duda influenciándole en gran medida, e instauraron lo que hoy podemos identificar bajo el nombre de Occidentalización, y esta es la joya de la corona de la Globalización tanto cultural como política.

La ONU es occidentalizadora, los Derechos Humanos son occidentalizadores, el método científico, la salud, básicamente todo lleva la marca del patriarcado occidentalizador. Así es cómo actualmente, el transfeminismo engulle al feminismo y le subsume a la lucha LGBTQIA+, y le lleva a las mismas prácticas del patriarcado expansionista y occidentalizador: busca sus puestos en la ONU, en los Derechos Humanos, en la ciencia, en la salud, todo el discurso de “no buscamos igualdad, porque no somos hombres, sino equidad porque somos humanidad” se precipita a las profundidades.

Los viejos métodos del patriarcado y el machismo se replican en el transfeminismo, y se superpone el “derecho a la mujer atrapada en el cuerpo de un hombre para transicionar a su verdadera identidad autodeterminada” al de la agenda femenina que hasta hace no mucho era el centro de la atención del feminismo. Es decir, fuera de los delirios teóricos del transfeminismo, en términos claros se superpone la necesidad del hombre que quiere convertirse en mujer a la necesidad de la agenda feminista desde lo femenino. La crueldad, intolerancia universalizadora, e ímpetu agresor con el que empujan la nueva agenda quimérica de este “nuevo feminismo revolucionario” solo se equipara al del patriarcado.

El Problema

Este fenómeno de moda que representa el cargar con todos los problemas del Mundo, todos al mismo tiempo, y pretender resolverlos (sí, al mismo tiempo todos también) partiendo del tema sexual como epicentro (síntoma de fusionarse con una temática de género/sexo como lo es la cuestión LGBTQIA+, lo cual es totalmente respetable y digno por su propia cuenta) tiene unos de sus pilares teóricos en la autodeterminación del género, con validez oficial internacional (global), adaptado a los caprichos─nada más ni nada menos─ de la individualidad ultrasubjetiva, consumista y rampante: hijo pródigo del neoliberalismo neoimperialista y capitalista.

Es necesario hacer una disección meticulosa, sistemática y profunda de sus principios, peticiones y objetivos, sin sentimentalismos de por medio (muy importante) para entender por qué el transfeminismo presenta un problema, y encima de todo un problema montado por industrias farmacéuticas, industrias del entretenimiento y la moda, así como del mundo de la política que se regodea en el quiebre interno tanto de las “izquierdas”, los feminismos, y el movimiento LGBTQIA+, y todo aquello que el transfeminismo toque con su intempestiva e irreflexiva naturaleza.

Buck es de las primeras mujeres que transicionaron a ser hombres, es decir, de los primeros hombres trans asistidos por terapia de hormonas. Hoy le llaman TERF, porque a pesar de que se reconoce como hombre, no se reconoce como hombre biológico, como a las transfeministas les gusta, sino como hombre trans, y está orgulloso de serlo.

Antes que nada, quiero dejar clara mi postura, como hombre queer “cis-género” (no me gustan las etiquetas pero encajo en esas, y como queer, el transfeminismo básicamente me da permiso de hablar sobre feminismo ¿ven el peligro?), al respecto del tema trans, el cual, a diferencia de lo que el transfeminismo inocente o ignorantemente asegura por su lado, ya es un tema que cruzó la frontera de los temas exclusivamente femeninos, y comienza a pretender «conquistar», en la acepción más patriarcal del término, las representaciones, el imaginario, las culturas, en pocas palabras la idea de Mundo, en lo político y lo social.

La situación de lo trans (así como también la diversidad sexual en general) ha existido en este planeta, no se niega su existencia, ni se pretende decir que sea un fenómeno moderno, y mucho menos un fenómeno natural de orden “negativo”, es una condición de vida, igual de positiva y negativa que cualquier otra que atraviesa la Historia humana: la identidad transgénero ha existido en todos los ámbitos posibles, en lo cotidiano, en lo sacerdotal, en el sexo ritual, en el sexo comercial o prostitución, en lo político, en fin. No es nada nuevo, y cada cultura se ha formulado su propia existencia en relación a este tema desde siempre.

Es cierto que en occidente, y sobre todo en México, el tema de la diversidad sexual es una narrativa de opresión y violencia. Eso no se niega. Por lo tanto, es preciso que, así como venía haciendo el movimiento LGBTQIA+ desde hace años, tanto por el lado oficialista (Estado, instituciones, Derechos Humanos) como no-oficialista (ámbito familiar, imaginario social, relaciones de poder, es decir en materia de usos y costumbres locales, pero sobre todo recordar: mul-ti-cul-tu-ra-les), se sigan impulsando prácticas positivas, no obstante, graduales, asimilables, digeribles y cooperativas, con el uso de la protesta y la violencia solamente cuando sea necesario (y eso queda a la inteligente discreción del movimiento mismo, no pretendo presentar mis guía de “buenos modos” con respecto al uso de violencia). Porque de no ser acciones graduales, integrales, conciliadoras y ordenadas, como justamente NO lo está haciendo el transfeminismo, se arriesga la estabilidad social y con ello solamente se provoca e invita a la escalada de violencia ¿por qué? porque forzar cambios siempre genera inestabilidad, y esta lleva a la respuesta agresiva. Forzar Realidades alternativas a una Realidad hegemónica se le conoce históricamente como Revoluciones bélicas, armadas, violentas, y no se si esa sea la agenda que se busca: una guerra civil provocada por asuntos que podrían resolverse, como el feminismo “tradicional” (ahora herencia del radfem) venía manejándolo perfectamente por su lado, y el movimiento LGBTQIA+ por su lado también, hasta que llegó el transfeminismo a provocar esta quimera.

Así es como a manera introductoria de esta sección, procuré dejar claro que resumidamente, en primera, la existencia de lo trans es Histórica, y en segunda que no hay ningún problema con apoyar la agenda de recordarle eso anterior a México, por ejemplo, y hacer valer una inteligente transición del machismo colonial brutalizador hacia la pluralidad sexual (con sus inherentes polémicas porque en este Mundo NADA se salva de una saludable dosis de conflicto: no estamos en el paraíso, y probablemente nunca lo estaremos), que como ya dije, siempre ha acompañado a la humanidad.

Ahora si, ¿cuáles son los problemas que presenta el transfeminismo que son tan aberrantes y amenazadores para la estabilidad social?

La disforia sexual, ese rechazo propio con secuelas patológicas (ojo, no digo que la disforia sea una enfermedad mental reprogramable o tratable, sino que «las consecuencias de la disforia son las que provocan problemas de salud»), no debe reducirse al campo aún muy experimental de las transiciones “de género” que van de la mano con la industria farmacéutica y de las cirugías. La disforia es producto de muchos vectores, y en ningún momento debe reducirse a esta solución milagrosa del cambio de sexo. Es una de las posibilidades, claro que sí, pero ¿es la única? esto es un rotundo NO. La disforia sexual no debe representar un pilar del transfeminismo, nisiquiera de la lucha trans dentro del LGBTQIA+.

En una entrevista con un hombre trans, orgulloso de ser hombre trans, se escucha la siguiente declaración:

A la comunidad lesbo-gay (LG), les tomó 60 años, para lograr el matrimonio igualitario, para convencer a la mayoría de que la comunidad LG no “iba por sus niñas y niños”, iban para lograr una igualdad de oportunidades legales y emocionales como cualquier otræ ciudadanæ, para lograr un estatus marital que permitiera heredar a sus parejas legalmente sus bienes en caso de accidentes, de acceder a hospitales como legítimo esposo a acompañar a sus parejas, entre muchos otros beneficios (además de la tranquilidad y satisfacción puramente emocional), les tomó 60 años convencer que no iban a “pevertir” a las nuevas generaciones. Por el contrario, el movimiento trans ha sido mediatizado y monetizado (como el caso Kardashian) desde el inicio, y el reconocimiento que les costó a la comunidad LG 60 años, les tomó 3-4 años a la comunidad trans, visibilizarse, ser considerablemente aceptada, porque traían el apoyo monetario de muchas industrias (farmacéutica, mediática y del entretenimiento, de la moda, por ejemplo); esta es una industria de billones de dólares mundialmente, el mercado de la transición médica, y está lucrando a partir de la infancia.

Las infancias trans. La infancia NO ES TRANS. La infancia es un periodo de descubrimiento personal, de desarrollo psicosexual, de gestación de transformaciones genotipo-fenotipo escritas en la biología, en la BIO-LO-GÍ-A, no es un mercado para la industria farmacéutica y para las agendas políticas. La seguridad absoluta no existe, tenemos que sacarnos de la mente como humanidad la utopía de la certeza absoluta, la vida es paz tanto como es conflicto, pero encima de todo es ESTABILIDAD. La estabilidad no depende de la paz, ni de la guerra, sino de evitar los conflictos innecesarios para preservar la vida. El transfeminismo es una guerra innecesaria que trae consigo un conflicto desproporcionado, por eso lo llamo quimérico: si bien tiene origen de necesidades muy legítimas, como el feminismo y la lucha por la dignidad de la diversidad Histórica LGBTQIA+, su casamiento ha derivado en una monstruosidad. ¿Por qué menciono la eterna falta de certeza con respecto a la identidad sexual infantil? porque el periodo de desarrollo que representa la infancia y la pubertad, así como la juventud temprana (más o menos de los 0 a los 17 años) debe estar marcada por incertidumbre, duda, experimentación, satisfacciones así como insatisfacciones, y sobre todo pautas culturales locales, no globales, sino multiculturales. Tenemos que entender, y esto debería quedarle claro al transfeminismo, que el Mundo no es una aldea global, el Mundo es diversidad geográfica, y con ella diversidad climática que empuja a las diversas especies que le transitan a la diversidad de métodos de adaptación, los cual nos lleva a la humanidad y su diversidad cultural, la cual es en nuestra especie, nuestro método de adaptación más importante. En resumen a lo anterior, no todas las culturas deben generar un único modo de vivir su diversidad sexual, por lo tanto sus infancias no tienen que adscribirse a un único modelo universalizado de conducta y principios de moralidad al respecto: por esto la necesidad de las pautas culturales, generadas desde el interior de la cultura en cuestión, no desde un aparato universalizador oficialista como el que el transfeminismo propone y forza actualmente. La infancia no requiere de sectores de salud garantizando seguridad de identidad sexual ni curas mágicas e inmediatas a la disforia.

El transfeminismo suele basar su oferta de garantía de la certeza absoluta a la identidad sexual, tanto en un modelo de pensamiento incompleto sobre la ciencia, así como en la pseudociencia. Las neurociencias ni siquiera tienen una certeza absoluta sobre la localización específica de “funciones cerebrales”, esto es teoría de finales del siglo XIX con personajes como Paul Brocca que heredan la inquietudes de la frenología, así es, de esa pseudociencia que sugería que los bultos en el cráneo describían el funcionamiento “cerebral” de personalidades homicidas, o bien virtuosas, y que, por ejemplo, las funciones del dios judeocristiano y los “buenos modos” se alojaba en una parte específica del cerebro. A pesar de esto, el transfeminismo cita que la identidad autodeterminada, y que las mujeres atrapadas en el cuerpo de un hombre (que por lo tanto merecen una transición hacia, nada más ni nada menos, que un cuerpo «femenino», porque para el transfeminismo las actividades, los colores y las dinámicas exclusivas de mujeres y las de hombres sí existen (ahora resulta), al contrario de lo que el feminismo intentó enseñarnos con mucho éxito─y gracias por ello─que era falso) se basan en los descubrimientos científicos del “género cerebral”, entre muchos otros estudios que si bien ya existían en el cuerpo de estudios de la Psicología desde hace decenas de años, como es el caso de los estudios de Simón LeVay, ahora los toman como dogma y biblia para asegurar, sin ser expertas en el tema por supuesto, que el cerebro internamente tiene un género y que hay que ir rescatando a las personas recién nacidas de la “crueldad” del “cisgenerismo”, es decir de la asignación arbitraria basada en sus órganos genitales de un sexo/género. De nuevo, nadie tiene la certeza comprada ni garantizada, y no debería convertirse en una regla universal el hecho de darle al cuerpo médico, a progenitoræs y mucho menos a las infancias de “decidir” si someterse a terapias de transición de sexo antes de los 17 años.

Una mujer trans no vivenció desde el nacimiento situaciones desde las aparentemente insignificantes─pero que no obstante forman el carácter, así como la vida interna en lo afectivo y cognitivo─hasta situaciones sumamente importantes: como emocionarse por tener de “esposo” a su propio padre (durante la etapa clásica que todo niño vive de sentir celos por no poder “casarse” con su mamá o las niñas con su papá), por inquietarse tras su primer menarca, por los cambios hormonales y sus repercusiones en el cambio físico de la pubertad y cómo la sociedad retroalimenta estos cambios y a su vez esto genera una autopercepción; el hecho de tener precauciones (las cuales el feminismo intentaba resolver) al salir sola de noche o evitar tomar demasiado para no vivir alguna violencia sexual por la obnubilación del juicio, o bien simplemente vivencias que una mujer trans jamás va a vivir como los mensuales cambios de sensibilidad y dolores menstruales, la sincronización de la regla menstrual, el miedo al embarazo no deseado; una mujer biológica jamás tendrá cáncer de próstata, y una mujer trans jamás tendrá cáncer cervicouterino, entre muchas otras patologías llamadas “ligadas al sexo”, es decir, que solamente el sexo masculino es propenso a desarrollar o bien el sexo femenino son propensas a desarrollar, la biología si bien no es 100% clara, sí lo es a un 85 o incluso un 90%, y con eso es suficiente para creerle a ella y no a la “autodeterminación subjetiva”. En pocas palabras, una mujer trans jamás será una mujer biológica, y esto va más allá de incluso los cromosomas XY y XX, pues es cierto el argumento de que existen cierta cantidad de irregularidades genéticas que producen hombres con gen XXY (síndrome de Klinefelter) en lugar de solamente XY, o bien el caso del síndrome de Turner que genera personas X0, es decir sin el segundo par de X o Y, por lo cual aparentemente en lo físico son mujeres pero tampoco realmente lo son porque carecen de un funcionamiento completamente feminizado, lo cual, junto con la gente hermafrodita de nacimiento cabrían dentro de algo conocido como «intersexualidad»; o bien mujeres con una condición llamada “síndrome de insensibilidad a los andrógenos” que son mujeres XY (así es, como los hómbres genéticos, no obstante son mujeres), o bien un fenómeno llamado “androgenización prenatal de mujeres genéticas” provocada por un transtorno conocido como “hiperplasia suprarrenal congénita (HSC)” que provoca la segregación de cantidades anómalas de angrógenos es decir de hormonas masculinizantes. Con respecto a este último caso podemos leer:

Debido a los efectos masculinzantes de la HSC, algunos clínicos han sufrido que los padres con niñas fuertemente androgenizadas por este transtorno las eduquen como chicos y que no las sometan a procedimientos quirúrgicos que feminicen sus genitales. El razonamiento para esta estrategia es que la conducta social y la orientación sexual de una niña fuertemente androgenizada va a ser probablemente masculina, y que un clítoris de gran tamaño puede servir para el coito sexual con wmujeres.

Carlson, N (2006) Fisiología de la conducta. Pearsons: 8 edición. p. 359

Esta afirmación: “una mujer trans nunca será una mujer biológica” le ha costado incontables señalamientos de “transfobia”, “asesinas”, “inhumanas”, “falsas feministas”, a muchas personas. De hecho el quiebre del feminismo en transfeminismo/libfem y por otro lado el radfem/abolicionistas parte mucho de ese atrevimiento.

El feminismo tradicional (el cual tiene muchas vertientes y orígenes, no obstante enfocaba gran parte de sus esfuerzos, en general, en lo femenino) nos enseñó que no existen colores específicos a los sexos, ni prácticas exclusivas, y nos recordó siempre que el género es una construcción social dependiente de cada cultura. Ahora, el transfeminismo nos dice lo contrario, que si una niña biológica prefiere jugar con niños que con niñas y prefiere jugar con herramientas de juguete que con muñecas, muy probablemente se trata de un niño atrapado en el cuerpo de una niña: no de una niña con predisposición a las habilidades de construcción, no, sino de un niño-trans, y se le debe comenzar a fomentar su transición hacia el género masculino.

A últimas, en un salto acrobático en completo retroceso de todo lo que el feminismo tradicional nos ayudo a evolucionar, no solo en cuestión de orientaciones sexuales sino de la misma epistemología y los saberes Históricos humanos (como cuando Freud nos recordó que las infancias no eran puras y castas sino pequeñas bestias, como a él le gustaba llamarlas “criaturas perversas polimorfas”), ahora vemos que todo se reduce de nuevo de la manera más burda, a lo aparente femenino o a lo aparente masculino: mujeres que quieren ser masculinos como los hombres, hombres que quieren ser femeninas como las mujeres, no obstante, para el transfeminismo la visibilización de ello es básicamente una ofensa, al mismo tiempo que hablan de hombres y mujeres, de masculino y femenino, y surgen propuestas oficialistas, universales, globales, internacionales, de eliminar el “sexo femenino” para algunas cuestiones legales─porque de lo contrario violentaría a las mujeres atrapadas dentro de cuerpos de hombres (es decir hombres que quieren ser mujeres) que con solo recibir hormonas y cirugías se transforman mágicamente en mujeres absolutas, no en mujeres-trans, sino en mujeres-mujeres─y suplantar al «sujeto legal» conocido como “mujer” o “sexo femenino” en abstracciones altamente supercomplejizadas como mujeres de “cuerpos femeninos gestantes” y sus contrapartes igualmente mujeres de “cuerpos femeninos no-gestantes” pero obviamente el término “mujer” va tácito y por defecto para ambos, para el cuerpo gestante (traducido al lenguaje terrícola como: mujer biológica con útero y que menstrúa) y al no-gestante (de nuevo, en terrícola significa: mujer trans, sin útero, y que no menstrúa). Hay mujeres trans que desde el transactivismo del transfeminismo dicen ser “más mujeres que las mujeres cis” puesto que al descubrirse mujeres, nunca pasaron por la opresión del estereotipo de “mujer” y más bien se “construyeron mujeres”, por lo que vienen a mostrarle a la “mujer cis”, es decir a la mujer biológica, lo que es ser una mujer en estado puro…

El libro donde se justifica la inexistencia de problemas imaginarios que no existen.

En fin, llega un punto en el análisis del caso transfeminista que todo comienza a abstraerse a tal grado de insensatez que es absurdo incluso pretender justificar lo contrario, es una pérdida de tiempo; es exactamente igual a pretender justificar el por qué los dragones y los unicornos NO EXISTEN, ¿por qué habría alguien de usar su tiempo en justificar eso? simplemente no existen y ya. El grado de ridículo al que el transfeminismo ha llevado el debate de “lo que sea”, solo recuerda al debate de las “razas” humanas y la manera de justificar por que unas eran “mejores o peores” que otras “razas”. El transfeminismo esta poniendo en riesgo la cordura y la estabilidad social a nivel mundial.

¿Son las mujeres libfem y las mujeres trans libfem que apoyan al transfeminismo las culpables de la catástrofe transfeminista?

Abolutamente NO. Así como las dinámicas de pobreza (colonialismo, países explotadores parasitando países “en vías de desarrollo”, mentalidades capitalistas, el fenómeno del neoliberalismo fracasado, et cétera, et cétera) son las que en su mayoría provocan conductas de violencia, narcotráfico, crimen (descontando claro las contadas excepciones que originan “criminales” que tienen por origen transtornos genéticos como la psicopatía), robo, entre otras conductas indeseables sociales, de esta misma manera, son los fenómenos sociales negativos los que empujan a muchas personas a adscribirse a movimientos perjudiciales como el nazismo (nadie culpa al Pueblo Alemán de haber sucumbido mayoritariamente ante la ideología nazi), y tampoco ocurre esto con el transfeminismo: es un terrible accidente, que echa raíces en diversos fenómenos que le gestan y le parecen tan atractivo para tantas personas. Pensemos en el narcotráfico, no porque exista una gran mayoría ejerciendo el narcotráfico y la adicción crónica a los narcóticos significa que sea el camino a seguir.

Lamentablemente el problema del narcotráfico, el nazismo, el fanatismo religioso, si bien su origen no es culpa de sus partes actoras, así el transfemminismo se materializa en personajes físicos. Esto convierte la situación en algo delicado pues ultimadamente en una amenaza con cuerpo humano.

El feminismo (y ya no le diré radfem, sino Feminismo, porque el transfeminismo libfem no merece jamás ser coronado como el feminismo preponderante), ya que no acepta la intromisión masculina directa, lo cual es una de sus grandes virtudes, tiene un tarea fuerte─que si bien no es tan colosal y ridículamente hipercompleja, imaginaria, e innecesaria como las “tareas” del transfeminismo─sí es un nuevo reto que nació de las mismas entrañas del feminismo: así como en algún momento las Revoluciones e Independencias gestaron de su interior la lucha “conservadores vs. liberales”, “republicanos vs. demócratas”, y demás cismas internos, ahora al feminismo se le presenta una situación que recuerda a las más clásicas cadenas de eventos de la Historia patriarcal de los pueblos, y que además presenta ciertos síntomas de ser un “problema” provocado por el Sistema con S mayúscula para quebrar el feminismo (y los varios feminismos compatibles que le conforman) y coptarlo en las dinámicas patriarcales una vez más. Es un verdadero reto al feminismo para seguir consolidándose, no desde la entraña, porque esta es justamente la que gesta al transfeminismo, sino desde la entereza del ser: la entraña bien conectada a con el intelecto, con el corazón, con la Historia, con los principios de la ciencia, y la conciencia de que los cambios cuando son abruptos enojan a la Bestia y la tornan inestable y agresiva, mientras que los cambios imperceptibles transforman y doman a la Bestia.

El transfeminismo es peligroso porque se adscribe a una teoría con tal cantidad de incongruencias internas que básicamente se anula a sí misma, es una quimera, existe y no existe al mismo tiempo y por su propia culpa.

El transfeminismo es peligroso porque el fervor, la arrogancia y la seguridad basada en la ignorancia, esta última causada, como ya dije, no por la maldad inherente de quienes creen en ella sino por circunstancias sociales-políticas que la gestan en personas con una inocencia tal que permite esta posesión de un estado mental digno de un fanático religioso, que les propina la ignorancia enardecida y reaccionaria. En pocas palabras, es fanatismo irracional.

El transfeminismo es peligroso porque se echa a cuestas básicamente TODOS los problemas del Mundo posibles, y los capilariza como el cáncer capilariza los tumores malignos. Pretende reformar el Mundo entero bajo una agenda globalizadora, universalizadora, supremacista y expancionista, y quien no esté de acuerdos se convierte inmediatamente en el enemigo.

El transfeminismo es peligroso porque adoctrina desde la inexperiencia, desde el oportunismo, no argumenta y se trepa de la lucha feminista original. El transfeminismo irrumpe en la teoría, quiebra todo lo que toca y sumerge en lo irracional, en la superstición, en la pseudociencia, y peor aún en una confianza tan inocente que se torna en fanatismo ciego que se cuelga de la ciencia como si esta fuera algo ya cristalizado y horneado, cuando realmente es algo mutable y que toma años en entregarnos una que otra razón para seguir investigando antes de saltar a conclusiones. El transfeminismo está saltando a conclusiones dogmáticas basándose en estudios incompletos del siglo XX y siglo XXI.

El transfeminismo es simplemente peligroso porque quebró al feminismo en dos. El transactivismo (la lucha LGBTQIA+) y el feminismo, no son autoexcluyentes, pero tampoco son compatibles para fusionarse en uno solo, y eso ya debería quedar bastante claro.

El transfeminismo es peligroso porque rompió el dique de lo femenino (el discurso feminista que tanto trabajo les había costado construir a las mujeres y explicarnos a los hombres cómo es que “el feminismo no se mete en temas que no incumban a lo femenino para mejorar la situación de lo femenino” y por esa razón no tenemos por que opinar al respecto del feminismo, lo cual me parece hasta la fecha totalmente válido), ahora se desborda en temas que no es que sean del “territorio masculino”, para nada digo eso, pero sí digo que desborda sus alcances por completo, se mete en todo (peligrosamente fomentando que el hombre se meta en temas feministas, como este maldito artículo que ni siquiera debí haber escrito), no deja hueco sin llenar ni tema sin problematizar, está en todo y no resuelve nada al mismo tiempo, solo genera polémica, malestar general, y un clima de intolerancia, ruptura e inestabilidad. Por ejemplo, yo, un hombre “cis”, atreviéndome a escribir sobre feminismo, yo jamás me atrevería, ni me había atrevido, a hablar o escribir sobre el feminismo antes: ese feminismo que se autorregulaba bastante bien, que daba frutos valiosísimos para todas las luchas así como enseñanzas para lo cotidiano, procesos y dinámicas, que aventabaja al machismo y al patriarcado con reflexiones años luz al futuro, que si bien tendría sus problemas humanamente normales, no se desbordaba por todos lados y con tales desplantes de insensatez como sí lo hace el transfeminismo, es de verdad una aberración para el intelecto, a tal grado que no solo me fue irresistible escribir esto, sino que creo profundamente que de no hacerlo estaría yo cometiendo una falta conmigo mismo y con todo lo que el transfeminismo ha quebrado en pedazos ¿por qué?¿por qué daño mi sensibilidad de hombre cis obligandome a derramar “lágrimas de onvre”? porque como ya dije, y cualquiera con dos dedos de frente, como yo, puede ver, que el transfeminismo se voló la barda hace mucho, y ya está afectando negativamente y penetrando básicamente todo lo que tiene a su alcance.

El transfeminismo es peligroso porque, por desafortunada (o planificada) casualidad, tiene una morfología discursiva que cuenta con receptores geométricamente compatibles, isomórficos, que ni hechos a la medida habrían salido mejor adaptados, para discursos de la industria farmacéutica, discursos totalitarios social-políticos subjetivistas con tintes machistas patriarcales, para la industria del entretenimiento y de la moda. Imaginemos, solo por hacer una metáfora muy atinada, al transfeminismo como una papa, una papa transgénica que casualmente, de nacimiento, traía incluídos puertos USB, es compatible con Android y con el 5G. Así casual, una papa con compatibilidad a periféricos electrónicos muy convenientes, pero nos dicen que nadie los diseñó así, que es un milagro de la naturaleza, en fin.

El transfeminismo es un peligro porque es intolerante, es reaccionario, irreflexivo, es supremacista y no está dispuesto a negociar nada, solo arrasa, como un macho inyectado en testosterona: que de hecho no hay nada que negociar, sus peticiones y objetivos si bien podrían ser muy nobles, están armados de tal suerte que son ridículos.

El transfeminismo es un peligro porque quienes le materializan son personas de carne y hueso, personas que de lo profundo de mi corazón, y cualquier persona humana empática estaría de acuerdo, hay que proteger de alguna manera, porque son vidas reales, víctimas de los tiempos. El único ejemplo que se me viene a la mente lo suficientemente popular para ejemplificarlo es el nazismo Alemán: si estuvieramos en 1920, ¿alguien promovería exterminar a toda Alemania para evitar el nazismo? yo no. Pero sí estoy de acuerdo en que algo tendría que haberse hecho, quizá campañas más contundentes de visibilización del absurdo de los principios de doctrinas tan ridículas como la supremacía y la universalización de una condición superior, o programas de educación en contra del discurso de odio hacia poblaciones que funcionaron como chivos expiatorios: así como no toda persona judía era usurera, pero eso no descarta que alguna persona judía fuera usurera y no tuviera que darle su merecido. Las mujeres “radfem TERFS” son el nuevo judío, lo cual no quita que exista ALGUNA mujer “radfem” que sea realmente una persona vil y desubicada, pero no lo son la mayoría, lamentablemente para las transfeministas, TODAS LAS RADFEM SON TERFS Y SON EL ENEMIGO.

El Mundo ¿qué beneficio saca de todo eso?

El mundo se ve enriquecido por el feminismo radical, el mundo se ve enriquecido por la lucha LGBTQIA+ independiente en sí mismo, por el transactivismo que no se trepa del feminismo y el feminismo que no sobreprotege luchas como el transactivismo.

Las mujeres representantes del radfem, las personas hombres-trans y mujeres-trans que se asumen como tal y no como “versiones mejoradas de lo biológico”, las comunidades homosexuales y lésbicas, así como la población “cis” heterosexual, tendrían que posicionarse, informarse a profundidad, crear espacios de debate en donde discursos verdaderamente vacíos de contenido, y creadores de caos e inestabilidad, como lo es el transfeminismo, no tengan cabida, para que poco a poco se disuelvan de nuevo en sus propias luchas, al ver que ya no están de moda. Esta moda, de verdad hago mi apuesta y pronóstico a mediano plazo:

en no muchos años será recordado como un terrible problema que creó terribles consecuencias, porque estamos viviendo el inicio de este boom farmacéutico-mediático, y la ruptura del feminismo, y peor aún, la inclusión de la opinión masculina en el feminismo (ehem* como este maldito artículo, que de verdad está maldito, y espero la maldición sea desvanecida por la desaparición del “discurso transfeminista”, junto con la reelevancia de este texto), las consecuencias están cerca de comenzar a brotar, y entonces muchas transfeministas, para evitar el ridículo, van a comenzar a abandonar el barco, entre silvidos de “yo no fuí”.

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