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Del ska-punk de Choking victim, al EZLN, y de ahí al Icarus Project

Él comenta que los años posteriores a su visita a México, estaba ya planeando su retorno hasta Guatemala, para relatar todo el trayecto de las vías del tren de norte a sur, pero poco a poco fue perdiendo sentido para él, se dio cuenta de que lo menos que necesitaba el Mundo que se caía en pedazos era otro gabacho auto-indulgente succionando historias de personajes pobres para luego venderle esas historias a los grandes periódicos izquierdosos de norteamérica. Sí, las farmacéuticas son una industria que lucra de la enfermedad que esta misma industria financia por muchos vectores, no obstante, la medicina puede llegar a ser, en ciertos casos, una puerta para la sanación; pero sobre todo, lo que él en su experiencia considera más importante, es la comunidad, el apoyo mutuo: el tener en quienes realmente poder recargarte cuando estas colapsando es de las experiencias más sanadoras que pueden haber.

[inicio de cita]>

I had the realization that night that sometimes we need our friends to live out our dreams for us because we cant live them all for ourselves. // Esa noche tuve la epifanía de que a veces necesitamos que nuestra gente viva algunos de nuestros sueños por nosotræs, porque no siempre podemos vivir todos los sueños que desearíamos por nuestra propia cuenta.

[pie de imagen]> Sascha - wikimedia

La historia comienza con Sascha Altman DuBrul, ahora escritor, granjero y activista, nacido en 1974 en Manhattan, NY, USA. En su juventud encontró comunidad entre contraculturas de finales de los 80's de su natal Nueva York. En sus propias palabras:

[inicio de cita]>

Eran finales de los 80's, imagíname como un chico de 14 años, que acababa de conocer en el punk-rock, siendo golpeado por policías luego de una plática radical en las calles de NY, viendo a mis amigos ensangrentados por peleas contra la policía. Me sentía libre, luego de una infancia que no puedo describir como feliz realmente, era un chico muy inadaptado.

Abandonando una identidad con la que no podía relacionarse, se acerca a las comunidades de okupas, que como él relata, en esos años el presidente Ronald Reagan, liberó a miles de "enfermos mentales" de los institutos con la promesa de crear nuevos y mejores espacios para su atención, cosa que jamás se materializó, creando multitudes de gente sin hogar en las calles de NY, quienes, junto con grupos de diversos orígenes, se reunían en edificios abandonados de la ciudad para vivir.

El nos cuenta que para sus 19 años, sentía que estaba viviendo una situación irreconciliable, puesto que, por un lado, vivía con su madre en una zona no del todo marginal, pero siempre iba a la zona de edificios okupados a vivir su otra vida como marginal. A sus 20 años, Sascha se muda a Portland para cursar el College, pero debido a una conjunción de varias situaciones, sufre en quiebre psicótico que alarma a sus compañeræs quienes luego de varios días de no poder con su estado mental que no mejoraba, deciden subirlo a un avión y regresarlo a casa de su madre en NY.

Él mismo relata que en Portland, antes del quiebre psicótico, expuso su persona a mucho estrés por la cuestión del college, no dormía lo suficiente, no comía bien, comenzó a fumar demasiada marihuana─muy fuerte para sus estándares neoyorkinos─y probablemente su problema de alergias que trataba con Prednisona, que es una medicación conocida por sus fuertes efectos secundarios psicológicos, le llevaron al límite.

Luego de regresar a NY su condición no mejoró pronto, y terminó desnudo, caminando por el subterráneo por varias estaciones con ideas delirantes, cosa que le llevó a ser encerrado en un instituto mental durante un tiempo, tranquilizado a base de medicamento.

Fue luego de esa experiencia de estar encerrado y medicado, que Sascha decide abandonar el college, y se integra a la icónica banda de ska-punk Choking Victim, y organiza junto con sus acompañantes un "circo itinerante punk", anécdota de la cual escribe un fanzine titulado "Carnival of Chaos: On the Road With the Nomadic Festival", el cual fue tomado más tarde por la Editorial Autonomedia y convertido en un libro.

Fue durante este tiempo, luego de botar la vida académica, que en sus propias palabras "comienza a vivir la vida bajo una congruencia mayor con sus ideas", pues ya no era un joven que jugaba de día a ser marginal, viviendo por las noches a su departamento privado, pagado por su madre y con un portero en la entrada, sino que decide enfrentarse al mundo para probarse a sí mismo todo lo que él soñaba, y no porque vivir con su madre fuera en sí algo negativo, sino porque su fantasía de sí mismo, o la imagen que dibujaba de sí mismo, no empataba con lo que él en realidad estaba viviendo, por lo cual nos cuenta que la experiencia de integrar su identidad ideal con la identidad operativa del mundo real le cayó como un balde de agua fresca.

No todo fue miel sobre hojuelas. En algún punto, conoce a una mujer con quien se relaciona sexoafectivamente y juntæs viajan a Seattle, en donde la chica cometería suicidio, arrojándose de un puente, ante los ojos de Sascha. Esto le cuesta un segundo colapso mental, que el describe como una repetición de su primer quiebre psicótico, y termina siendo hospitalizado y medicado con antipsicóticos y litio. Sascha comenta al respecto, que él no había recibido tal cual un tratamiento psicofarmacológico durante su primer quiebre, solo calmantes, pero esta vez sí fue medicado con algo que para él representaba un símbolo de la opresión del sistema capitalista a través de la industria farmacéutica, cosa que le generó una crisis existencial, puesto que él, estando en contra de todo el sistema de esta industria, se dio cuenta que el mundo no era "blanco y negro", pues la medicina realmente le había salvado la vida, no obstante se enfrentaba a la aparente incongruencia del discurso anti-sistema que él mismo había adoptado, y al mismo tiempo de sentirse salvado de su propia locura, sabía que no podía convertirse en un farmacodependiente de por vida. En fin, él lo menciona como un momento de humildad ante la realidad de la vida, sin binarismos morales: blanco/negro, anarquista/capitalista, punk/conformismo. Desde ese día, hasta el día de hoy, Sascha asegura no tomar ningún otro antipsicótico, aparte del litio para tratar su condición diagnosticada como transtorno bipolar.

Viajando a México, trabajando con el EZLN

Este relato es parte de uno de sus tantos fanzines titulado "El Otro Lado". Alrededor de 1999, Sascha venía de regreso del sur de México, luego de medio año de trabajar como «observador de derechos humanos» en la Selva Lacandona con la gente zapatista. Sascha nos comenta:

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Como la mayoría de mis amigos anarquistas en casa, había viajado en algunos trenes de carga en Estados Unidos. Sabía cómo esquivar guardias y leer un mapa de trenes y usar una guía de cambio de tripulación. Sabía cómo subir y bajar de una tolva en movimiento o de un 48, subirme a un vagón abierto, esconderme entre las hileras de vías y saber en qué trenes viajar por el número de unidades y qué carga llevaban. Había escuchado algunas historias sobre los trenes de carga en México y lo peligrosos que eran, cómo estaban llenas de bandidos y ladrones dispuestos a acuchillarte por un dólar y dejarte muriendo bajo el sol del desierto. Cuando Juan Carlos se ofreció a llevarme a las líneas de carga en México, no tenía idea de en qué me estaba metiendo y cómo el viaje corto cambiaría el curso de mi vida para siempre.

Ya de vuelta en Nueva York, después de que un amigo le enseñó a usar Internet, Sascha comenzó a buscar artículos y comunicados de prensa de las compañías ferroviarias estadounidenses, y nos cuenta:

[inicio de cita]>

Al mismo tiempo, junto con casi todo lo demás que sucedía en México en cuanto a lo económico posterior al TLCAN, la economía de los ferrocarriles mexicanos estaba en proceso de ser privatizada y vendida a corporaciones estadounidenses. Empecé a ver un patrón. A medida que las líneas ferroviarias en México se privatizaron y consolidaron en conglomerados estadounidenses y el país se empobreció cada vez más, la gente perdió el respeto por el sistema. Los ferrocarriles en México siempre han sido un ícono del nacionalismo desde la época de la revolución. Era lo que interconectaba todas las diferentes áreas rurales, era la forma en que se movían las personas de bajos ingresos. Las líneas ferroviarias se consideraban realmente viajes de cuarta clase, un servicio social necesario para los increíblemente pobres y desamparados. La economía global estaba en proceso de despojarles de su único medio de transporte.

El Proyecto Ícaro

Ya en los 2000, Sascha había escrito un artículo para un periódico de San Fransisco, que capturó la atención de muchas personas, entre las cuales se encontraba Jacks Ashley McNamara, una persona de género queer dedicada a la escritura y al activismo.

[pie de imagen]> McNamara - foto tomada de su sitio personal

Fue entonces que, despues de cartearse durante unos cuantos meses, decidieron comenzar el proyecto llamado "Project Icarus", el cual consistía en un foro de internet, una comunidad que para el 2014 ya tenía más de 14,000 participantes compartiendo sus experiencias con desórdenes mentales.

El mismo Sascha comenta durante una entrevista que luego de levantar el sitio de internet, se dieron a la tarea de realizar una gira por todo EEUU, por centros comunitarios y espacios anarquistas, realizando foros en torno al desorden de bipolaridad, pero muy pronto se dieron cuenta que no solamente las personas con bipolaridad estaban interesadas en participar en el proyecto, y de hecho tampoco las personas exclusivamente anarquistas querían formar parte de la discusión, así que el Proyecto Ícaro mutó para convertirse en un espacio plural en torno a cualquier padecimiento mental.

The Icarus Project realizó un número de publicaciones en torno al tema, que hasta la fecha siguen editándose y vendiéndose, sin mencionar las re-ediciones y publicación de muchos de los fanzines de Sascha. Él comenta que los años posteriores a su visita a México, se sentía emocionado con la cantidad de escritos que había realizado al respecto de la miseria en México, la gente Zapatista, sus viajes de activismo anarquista por norteamérica, podrían llevarle al reconocimiento como periodista independiente, el cual era uno de sus sueños, e incluso estaba ya planeando su retorno a México, hasta Guatemala, para relatar todo el trayecto de las vías del tren de norte a sur, pero poco a poco fue perdiendo sentido para él, ya que con los años, leyendo noticias sobre países latinoamericanos sumergidos en la miseria, se dio cuenta de que lo menos que necesitaba el Mundo que se caía en pedazos era, en sus propias palabras, "otro gabacho auto-indulgente succionando historias de personajes pobres para luego venderle esas historias a los grandes periódicos izquierdosos de norteamérica".

Desafortunadamente, la biología y la estabilidad mental no siempre perdonan. Fue así que en 2008, ya con varios años manejando con mucho éxito el Icarus Project, Sascha sufre su tercer quiebre psicótico, y es llevado maniatado al centro psiquiátrico de Bellvue, ese mismo instituto en el que había sido internado durante su primer brote psicótico, ese mismo lugar al que él había regresado ya casi a sus 30 años no como paciento sino como exponente, dando conferencias a las personas internadas y a su personal.

Relata como esto fue un golpe muy fuerte para él, ver los rostros tanto de personas internadas como del personal al que hace pocos meses les había dado toda una exposición sobre Icarus Project, y ahora derrotado, alterado, e incontrolable. Fue luego de este incidente, que decide tomarse un tiempo del Proyecto Ícaro, dejándolo en manos de la creciente comunidad que se había construído para entonces, y retirarse en un Ashram durante 9 meses para encontrar su centro.

A grandes rasgos esta es la historia de Sascha "Scatter" Altman Dubrull, anarquista, bipolar, tramper, periodista amateur, granjero autosustentable, y activista del movimiento anti-psiquiátrico de la salud mental.

Él nos comenta, hay que evitar el pensamiento blanco/negro en cuestión de salud mental: sí, las farmacéuticas son una industria que lucra de la enfermedad que esta misma industria financia por muchos vectores, no obstante, la medicina puede llegar a ser, en ciertos casos, una puerta, una introducción para la sanación; pero sobre todo, lo que él en su experiencia considera más importante, es la comunidad, el apoyo mutuo; el tener en quienes realmente poder recargarte cuando estas colapsando es de las experiencias más sanadoras que pueden haber.

Desafortunadamente, The Icarus Project ya no existe tal cual, tras una serie de malos manejos por parte de la organización al ir creciendo, tuvo que deshacerse el proyecto, pero tanto Sascha como Jacks continúan con su activismo por su propia cuenta.

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Del ska-punk de Choking victim, al EZLN, y de ahí al Icarus Project

cultura

Responsable de nota:
agosto 13, 2020 | Sección: cultura | Artículos sobre: temas sobre las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Él comenta que los años posteriores a su visita a México, estaba ya planeando su retorno hasta Guatemala, para relatar todo el trayecto de las vías del tren de norte a sur, pero poco a poco fue perdiendo sentido para él, se dio cuenta de que lo menos que necesitaba el Mundo que se caía en pedazos era otro gabacho auto-indulgente succionando historias de personajes pobres para luego venderle esas historias a los grandes periódicos izquierdosos de norteamérica. Sí, las farmacéuticas son una industria que lucra de la enfermedad que esta misma industria financia por muchos vectores, no obstante, la medicina puede llegar a ser, en ciertos casos, una puerta para la sanación; pero sobre todo, lo que él en su experiencia considera más importante, es la comunidad, el apoyo mutuo: el tener en quienes realmente poder recargarte cuando estas colapsando es de las experiencias más sanadoras que pueden haber.

I had the realization that night that sometimes we need our friends to live out our dreams for us because we cant live them all for ourselves. // Esa noche tuve la epifanía de que a veces necesitamos que nuestra gente viva algunos de nuestros sueños por nosotræs, porque no siempre podemos vivir todos los sueños que desearíamos por nuestra propia cuenta.

Sascha – wikimedia

La historia comienza con Sascha Altman DuBrul, ahora escritor, granjero y activista, nacido en 1974 en Manhattan, NY, USA. En su juventud encontró comunidad entre contraculturas de finales de los 80’s de su natal Nueva York. En sus propias palabras:

Eran finales de los 80’s, imagíname como un chico de 14 años, que acababa de conocer en el punk-rock, siendo golpeado por policías luego de una plática radical en las calles de NY, viendo a mis amigos ensangrentados por peleas contra la policía. Me sentía libre, luego de una infancia que no puedo describir como feliz realmente, era un chico muy inadaptado.

Abandonando una identidad con la que no podía relacionarse, se acerca a las comunidades de okupas, que como él relata, en esos años el presidente Ronald Reagan, liberó a miles de “enfermos mentales” de los institutos con la promesa de crear nuevos y mejores espacios para su atención, cosa que jamás se materializó, creando multitudes de gente sin hogar en las calles de NY, quienes, junto con grupos de diversos orígenes, se reunían en edificios abandonados de la ciudad para vivir.

El nos cuenta que para sus 19 años, sentía que estaba viviendo una situación irreconciliable, puesto que, por un lado, vivía con su madre en una zona no del todo marginal, pero siempre iba a la zona de edificios okupados a vivir su otra vida como marginal. A sus 20 años, Sascha se muda a Portland para cursar el College, pero debido a una conjunción de varias situaciones, sufre en quiebre psicótico que alarma a sus compañeræs quienes luego de varios días de no poder con su estado mental que no mejoraba, deciden subirlo a un avión y regresarlo a casa de su madre en NY.


Él mismo relata que en Portland, antes del quiebre psicótico, expuso su persona a mucho estrés por la cuestión del college, no dormía lo suficiente, no comía bien, comenzó a fumar demasiada marihuana─muy fuerte para sus estándares neoyorkinos─y probablemente su problema de alergias que trataba con Prednisona, que es una medicación conocida por sus fuertes efectos secundarios psicológicos, le llevaron al límite.

Luego de regresar a NY su condición no mejoró pronto, y terminó desnudo, caminando por el subterráneo por varias estaciones con ideas delirantes, cosa que le llevó a ser encerrado en un instituto mental durante un tiempo, tranquilizado a base de medicamento.

Fue luego de esa experiencia de estar encerrado y medicado, que Sascha decide abandonar el college, y se integra a la icónica banda de ska-punk Choking Victim, y organiza junto con sus acompañantes un “circo itinerante punk”, anécdota de la cual escribe un fanzine titulado “Carnival of Chaos: On the Road With the Nomadic Festival”, el cual fue tomado más tarde por la Editorial Autonomedia y convertido en un libro.

¿Sabías qué...

Mira el Video musical: Choking Victim era la banda en la que participaba Sascha Altman DuBrul, considerada una banda de culto entre el género.

Fue durante este tiempo, luego de botar la vida académica, que en sus propias palabras “comienza a vivir la vida bajo una congruencia mayor con sus ideas”, pues ya no era un joven que jugaba de día a ser marginal, viviendo por las noches a su departamento privado, pagado por su madre y con un portero en la entrada, sino que decide enfrentarse al mundo para probarse a sí mismo todo lo que él soñaba, y no porque vivir con su madre fuera en sí algo negativo, sino porque su fantasía de sí mismo, o la imagen que dibujaba de sí mismo, no empataba con lo que él en realidad estaba viviendo, por lo cual nos cuenta que la experiencia de integrar su identidad ideal con la identidad operativa del mundo real le cayó como un balde de agua fresca.

No todo fue miel sobre hojuelas. En algún punto, conoce a una mujer con quien se relaciona sexoafectivamente y juntæs viajan a Seattle, en donde la chica cometería suicidio, arrojándose de un puente, ante los ojos de Sascha. Esto le cuesta un segundo colapso mental, que el describe como una repetición de su primer quiebre psicótico, y termina siendo hospitalizado y medicado con antipsicóticos y litio. Sascha comenta al respecto, que él no había recibido tal cual un tratamiento psicofarmacológico durante su primer quiebre, solo calmantes, pero esta vez sí fue medicado con algo que para él representaba un símbolo de la opresión del sistema capitalista a través de la industria farmacéutica, cosa que le generó una crisis existencial, puesto que él, estando en contra de todo el sistema de esta industria, se dio cuenta que el mundo no era “blanco y negro”, pues la medicina realmente le había salvado la vida, no obstante se enfrentaba a la aparente incongruencia del discurso anti-sistema que él mismo había adoptado, y al mismo tiempo de sentirse salvado de su propia locura, sabía que no podía convertirse en un farmacodependiente de por vida. En fin, él lo menciona como un momento de humildad ante la realidad de la vida, sin binarismos morales: blanco/negro, anarquista/capitalista, punk/conformismo. Desde ese día, hasta el día de hoy, Sascha asegura no tomar ningún otro antipsicótico, aparte del litio para tratar su condición diagnosticada como transtorno bipolar.

Viajando a México, trabajando con el EZLN

Este relato es parte de uno de sus tantos fanzines titulado “El Otro Lado”. Alrededor de 1999, Sascha venía de regreso del sur de México, luego de medio año de trabajar como «observador de derechos humanos» en la Selva Lacandona con la gente zapatista. Sascha nos comenta:

Como la mayoría de mis amigos anarquistas en casa, había viajado en algunos trenes de carga en Estados Unidos. Sabía cómo esquivar guardias y leer un mapa de trenes y usar una guía de cambio de tripulación. Sabía cómo subir y bajar de una tolva en movimiento o de un 48, subirme a un vagón abierto, esconderme entre las hileras de vías y saber en qué trenes viajar por el número de unidades y qué carga llevaban. Había escuchado algunas historias sobre los trenes de carga en México y lo peligrosos que eran, cómo estaban llenas de bandidos y ladrones dispuestos a acuchillarte por un dólar y dejarte muriendo bajo el sol del desierto. Cuando Juan Carlos se ofreció a llevarme a las líneas de carga en México, no tenía idea de en qué me estaba metiendo y cómo el viaje corto cambiaría el curso de mi vida para siempre.

Ya de vuelta en Nueva York, después de que un amigo le enseñó a usar Internet, Sascha comenzó a buscar artículos y comunicados de prensa de las compañías ferroviarias estadounidenses, y nos cuenta:

Al mismo tiempo, junto con casi todo lo demás que sucedía en México en cuanto a lo económico posterior al TLCAN, la economía de los ferrocarriles mexicanos estaba en proceso de ser privatizada y vendida a corporaciones estadounidenses. Empecé a ver un patrón. A medida que las líneas ferroviarias en México se privatizaron y consolidaron en conglomerados estadounidenses y el país se empobreció cada vez más, la gente perdió el respeto por el sistema. Los ferrocarriles en México siempre han sido un ícono del nacionalismo desde la época de la revolución. Era lo que interconectaba todas las diferentes áreas rurales, era la forma en que se movían las personas de bajos ingresos. Las líneas ferroviarias se consideraban realmente viajes de cuarta clase, un servicio social necesario para los increíblemente pobres y desamparados. La economía global estaba en proceso de despojarles de su único medio de transporte.

¿Sabías qué...

El Otro Lado, es el libro de Sascha Altman DuBrul por Editorial Microcosm, considerado un libro de culto entre la gente viajera.

El Proyecto Ícaro

Ya en los 2000, Sascha había escrito un artículo para un periódico de San Fransisco, que capturó la atención de muchas personas, entre las cuales se encontraba Jacks Ashley McNamara, una persona de género queer dedicada a la escritura y al activismo.

McNamara – foto tomada de su sitio personal

Fue entonces que, despues de cartearse durante unos cuantos meses, decidieron comenzar el proyecto llamado “Project Icarus”, el cual consistía en un foro de internet, una comunidad que para el 2014 ya tenía más de 14,000 participantes compartiendo sus experiencias con desórdenes mentales.

El mismo Sascha comenta durante una entrevista que luego de levantar el sitio de internet, se dieron a la tarea de realizar una gira por todo EEUU, por centros comunitarios y espacios anarquistas, realizando foros en torno al desorden de bipolaridad, pero muy pronto se dieron cuenta que no solamente las personas con bipolaridad estaban interesadas en participar en el proyecto, y de hecho tampoco las personas exclusivamente anarquistas querían formar parte de la discusión, así que el Proyecto Ícaro mutó para convertirse en un espacio plural en torno a cualquier padecimiento mental.

The Icarus Project realizó un número de publicaciones en torno al tema, que hasta la fecha siguen editándose y vendiéndose, sin mencionar las re-ediciones y publicación de muchos de los fanzines de Sascha. Él comenta que los años posteriores a su visita a México, se sentía emocionado con la cantidad de escritos que había realizado al respecto de la miseria en México, la gente Zapatista, sus viajes de activismo anarquista por norteamérica, podrían llevarle al reconocimiento como periodista independiente, el cual era uno de sus sueños, e incluso estaba ya planeando su retorno a México, hasta Guatemala, para relatar todo el trayecto de las vías del tren de norte a sur, pero poco a poco fue perdiendo sentido para él, ya que con los años, leyendo noticias sobre países latinoamericanos sumergidos en la miseria, se dio cuenta de que lo menos que necesitaba el Mundo que se caía en pedazos era, en sus propias palabras, “otro gabacho auto-indulgente succionando historias de personajes pobres para luego venderle esas historias a los grandes periódicos izquierdosos de norteamérica”.

Desafortunadamente, la biología y la estabilidad mental no siempre perdonan. Fue así que en 2008, ya con varios años manejando con mucho éxito el Icarus Project, Sascha sufre su tercer quiebre psicótico, y es llevado maniatado al centro psiquiátrico de Bellvue, ese mismo instituto en el que había sido internado durante su primer brote psicótico, ese mismo lugar al que él había regresado ya casi a sus 30 años no como paciento sino como exponente, dando conferencias a las personas internadas y a su personal.

Relata como esto fue un golpe muy fuerte para él, ver los rostros tanto de personas internadas como del personal al que hace pocos meses les había dado toda una exposición sobre Icarus Project, y ahora derrotado, alterado, e incontrolable. Fue luego de este incidente, que decide tomarse un tiempo del Proyecto Ícaro, dejándolo en manos de la creciente comunidad que se había construído para entonces, y retirarse en un Ashram durante 9 meses para encontrar su centro.

A grandes rasgos esta es la historia de Sascha “Scatter” Altman Dubrull, anarquista, bipolar, tramper, periodista amateur, granjero autosustentable, y activista del movimiento anti-psiquiátrico de la salud mental.

Él nos comenta, hay que evitar el pensamiento blanco/negro en cuestión de salud mental: sí, las farmacéuticas son una industria que lucra de la enfermedad que esta misma industria financia por muchos vectores, no obstante, la medicina puede llegar a ser, en ciertos casos, una puerta, una introducción para la sanación; pero sobre todo, lo que él en su experiencia considera más importante, es la comunidad, el apoyo mutuo; el tener en quienes realmente poder recargarte cuando estas colapsando es de las experiencias más sanadoras que pueden haber.

Desafortunadamente, The Icarus Project ya no existe tal cual, tras una serie de malos manejos por parte de la organización al ir creciendo, tuvo que deshacerse el proyecto, pero tanto Sascha como Jacks continúan con su activismo por su propia cuenta.

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