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Arte: entre la perfección, los accidentes, gemelos encerrados en el calabozo y decretos reales a la medida

Ahora, ¿qué sería de la ciencia, del avance de las técnicas y la tecnología, o de la maestría, si no existiera el factor experimental? es decir, a aventurarse a conocer un camino nuevo, probablemente lleno de errores, accidentes y caminos sin salida. Nada, el mundo habría frenado hace mucho tiempo, de no ser por el error controlado que representa la experimentación.

Existen varios debates infértiles en esta posmodernidad (que a veces venimos arrastrando culturalmente desde la modernidad y el medievo), y uno por excelencia es el de ¿qué es arte y qué no lo es?

Como ya vimos en el artículo sobre los orígenes mismos del concepto de arte (Titulado ¿dónde empieza y dónde termina el arte?), muchas de las preguntas actuales con respecto a supuestos dilemas conceptuales son herencia de una desorganización arbitraria de siglos enteros que nos lleva a confundir peras con manzanas y entonces preguntarnos por qué esta pera parece una manzana. Efectivamente, porque es una pera, y no una manzana. Permítanme elaborar este feo ejemplo.

Cuando la posmodernidad se empeña en llamar "arte" solamente a las "bellas artes", y descarta deliberadamente todo lo que durante el medievo la nobleza catalogó como "artes serviles" (que hoy básicamente son los oficios), caemos en el primer error, que posteriormente nos generará unos huecos conceptuales que nos van a impedir contestar preguntas tan simples como ¿qué es arte? Esto es porque antes de la división medieval (obviamente por parte de la nobleza cristiana romana del tiempo) entre "artes serviles" y "bellas artes", arte significaba "toda técnica que no viene siendo innata al ser humano, y que es propensa a aprenderse y también a enseñarse", por lo que de entrada la pregunta ¿qué es arte y qué no lo es? se resuelve inmediatamente, y es solo "inexplicable" o "inrespondible" cuando se separa conceptualmente a las "bellas artes" de las "artes serviles" como si aún estuviésemos en el medievo entre nobles y siervos.

[pie de imagen]> ¿Rercuerdan cuando Bart realmente era un siamés, pero les dividen al nacimiento, y a uno lo esconden en el ático? más o menos lo mismo entre el "arte servil" y las "bellas artes".

Originalmente una pintura es tan «arte» como también lo es una técnica de albañilería, ya que ambas fueron hechas a través de una técnica aprendida por una persona que la aprendió de otra persona, una herencia humana vaya. Obviamente si la pintura la hizo un elefante o fue un accidente nos estamos saliendo del concepto, recordemos, para que sea arte tiene que ser ejecutado por una persona humana. Pero regresando al tema, entonces ¿cómo podríamos en la posmodernidad controlar qué cosa entra en una exposición "artísica" y qué cosas no? es decir, bajo esta lógica original del termino «arte» tendría una galería que meter plomeros y albañiles en sus exposiciones. Es justamente este el problema que las élites del mercado─herederas de la nobleza medieval y de los burgos de la modernidad─quisieron evitar permitiendo solamente «cierto tipo de obra» en las exposiciones, y para no andar explicando por qué no permiten "artes serviles" en una galería, pero sí permiten "bellas artes" (recordemos que esta división no parte del valor intrínseco de una obra, sino de un capricho categórico), pues decidieron mantener esta escisión plutocrática y llamar "arte" solamente a lo que en el medievo se llamaba "bellas artes".

Díganme si me equivoco. Cuando un "artista conceptual" posmoderno concibe una de sus obras, digamos un muro de tabiques acomodada justo en el centro de una sala de exposición, y nos justifica su existencia exponiendo en el texto curatorial que dicha pared de tabiques representa, por decir algo "la fragilidad de la libertad" y adjunta una cuartilla de abundante retórica al respecto, es solo entonces que la albañilería requerida para construir tal muro de tabiques casi mágicamente se transforma de un "arte servil" u oficio, en una obra de "bellas artes"; ah claro, y recordemos que esta pared no la construyó este "artista conceptual" con sus propias manos, sino que contrató albañiles para construirla en su totalidad: la mezcla de concreto, su aplicación, el apilamiento de los tabiques, etc. Nuestro artista solamente contribuyó con la "idea elevada".

[pie de imagen]> Esta exposición existe: en esta "obra de bellas artes" el autor le pagó a albañiles para construir estas paredes y luego le pagó a grafiteros para que la intervinieran. El autor no puso las manos, sino su "pensamiento". En general de esto va el arte conceptual.

Es así que, según esta lógica, algo muta de ser obra de un oficio, o "arte servil" como dirían en el medievo, a ser una obra de "bellas artes" susceptible a venderse en millones de dólares, porque un autor le infundió su «elevado pensamiento» a la obra manual de un «simple obrero» ¿cierto? bueno este era exactamente el mismo principio que se usaba en el medievo para elegir si algo era "bellas artes" o "arte servil". Los reyes y la nobleza decían, literalmente: lo que se haga con las manos es trabajo del peón y de las clases bajas de la sociedad feudal, es decir, la pintura, la carpintería, la escultura, la albañilería, la herrería, y por otro lado, aquello producto del intelecto le concierne a las clases altas, destinadas a gobernar, como la arquitectura, la música y la poesía. Así es, originalmente─y no es sino hasta el siglo XVI─la pintura y la escultura fueron consideradas obra de peones y gente vulgar.

[pie de imagen]> La nobleza siempre tan propositiva.

Es de esta manera que aquello que permite que, en su discurso, una galería niegue la entrada de algo (digamos albañilería) y permita la entrada de lo otro (un lienzo lleno de manchas de pintura) es meramente un capricho heredado del medievo, y no se relaciona con ningún tipo de justificación que tenga que ver con el primer (y por cierto el más atinado) significado de «ars/techne», tanto es así que con cada año que pasa, las galerías y los museos (que son tentáculos de la industria del entretenimiento) tienen que aventarse justificaciones retóricas para permitir lo que sea que el mercado del entretenimiento haya acogido en su preferencia más de moda, y es por eso que el vitrual debate de en torno a la pregunta de ¿qué es arte y qué no lo es? sigue tan vigente incluso en las academias. Acostumbrando a su estudiantado y sus docentes a seguir replicando una absurda e innecesaria retórica.

Ahora, como ya dije, aquí resolvemos el primer problema de naturaleza caprichosa que entorpecía la primer pregunta ¿qué es arte? y ahora la siguiente pregunta ¿es el arte el producto sola y exclusivamente de la maestría máxima de una disciplina? Curiosamente la respuesta en primera instancia es que no, el arte no es solamente la excelencia de la técnica, ni en las "bellas artes" ni en las "artes serviles", que otra vez les recuerdo que son dos categorías totalmente arbitrarias, artificiales y clasistas de un concepto madre que les precede: el «arte» a secas, el arte humano.

¿Por qué es esto? ¿entonces cualquiera que viva una vida de cometer errores horrendos es un artista y puede vender su obra en millones y tiene el derecho a ser expuesto en galerías de todo el mundo? aunque irónicamente esto se asemeje al estado actual del arte conceptual y arte contemporáneo, es decir un compendio de errores horribles exhibidos en galerías y vendidos en millones, la respuesta de nuevo es no. Primero que nada, el arte originalmente no nace con el propósito de exhibirse en galerías y cotizar en un mercado especulador en millones de dólares.

Recordemos, arte es todo aquello hecho por un humano, con métodos y habilidades que no sean algo innato, y que es propenso a aprenderse y enseñarse; es así que el valor mercantil de una obra de arte es ya un agregado posterior que nada tiene que ver con su naturaleza, lo mismo con eso de ser "exhibido" en algún lugar. Para que algo sea propenso a aprenderse y enseñarse, tiene que tener una metodología, un camino cognitivo que nos lleve tras un ejercicio de prueba y error, a un resultado. En este sentido, el arte es un continuum, no es solamente el producto final (lo que hoy llaman obra de arte) pero tampoco es solamente el proceso (lo que hoy se conoce como disciplina artística) sino que la ontología del arte en este caso vendría definiéndose como "la acción y el resultado, como retroalimentación a la acción que le produjo, de una técnica humana susceptible a enseñarse así como a aprenderse".

La maestría, experticia o pericia, se describe en la psicología cognitiva, en rasgos generales, como una suerte de algoritmo cognitivo-conductual, que prueba distintos caminos para llegar a un resultado, y que con el paso del tiempo va encontrando maneras más eficientes de realizar este trayecto, ya sea por memoria muscular, por heurísticos, por reconocimiento de patrones y aplicación de mejores algoritmos, en fin, se va puliendo la técnica con cada ensayo.

La trampa aquí es que nunca se puede alcanzar una maestría máxima de nada, si algo nos ha demostrado la historia es que toda disciplina puede continuar perfeccionándose de mil maneras insospechadas en otro momento, por lo que, si bien la maestría─siempre relativa─demuestra con evidencias el desarrollo de tal o cual actividad humana, un arte no podría definirse solamente por este estado temporal de experticia, sino que la sobrepasa, aunque sí la incluya como evidencia de su constante ejercicio. Es entonces que se empareja la experticia a otro concepto que la expande y a la vez la perpetúa, y entonces quien se denomina artista puede incluso sospecharse a sí mismæ artista y no solamente depender de la validación externa: la experimentación que nace como fruto de la experticia, que a su vez reinicia el proceso del aprendizaje, confirma la maestría anterior (pues de ella nació este nuevo camino técnico) y pone en ejercicio la maestría anterior para alcanzar un nuevo perfeccionamiento del nuevo camino. Es decir, la persona artista, conforme se hace experta en una técnica, busca expandir sus horizontes y comienza a experimentar algo nuevo, se apoya en su experiencia anterior y funda nuevos métodos los cuales busca también perfeccionar, que darán en algún momento paso a nuevos caminos que experimentar y perfeccionar. El artista se convierte experta en siempre volver a empezar.

¿Qué sería de la ciencia, del avance de las técnicas y la tecnología, o de la maestría, si no existiera el factor experimental? es decir, a aventurarse a conocer un camino nuevo, probablemente lleno de errores, accidentes y caminos sin salida. Nada, el mundo habría frenado hace mucho tiempo, de no ser por el error controlado que representa la experimentación. A veces el control emana antes de cometer el error, para aprender de la sorpresa, pero a veces también el control aparece después de la sorpresa, como cuando algo a nuestro alrededor se presenta, sin nuestra intermediación, y nos inspira. Existen muchas fórmulas, formas, teorías, técnicas que han surgido de esto, del accidente y la «casualidad».

[pie de imagen]> ¿Apoco se creyeron que las "artesanías" eran "solo artesanías"? ¿porque son hechas por "salvajes"? ¿o porque originalmente se usaban para la vida diaria (comer, quemar incienso, moler semillas, etc) y no para solo "mostrarse en galerías y decorar salones"?

Para este momento del recorrido nos topamos con otro bache, y es que, si un suceso que es plenamente un accidente, de alguna manera lo capturamos sin intención de hacerlo ¿es arte? para responder lo anterior, yo les preguntaría ¿le llamarían arte por ejemplo a un paisaje, al acomodo de los pétalos de una flor, a una aurora boreal? claro que no, porque son fenómenos naturales, que ante nuestra percepción humana nos pueden parecer estéticos, pero son accidentales, no el resultado de una técnica, y si el hecho de su "captura" resulta accidental, digamos que una cámara se queda encendida y toma una foto automáticamente, o si por pura casualidad una serie de ingredientes cayeran en una olla de agua hirviendo y resultara en un caldo suculento, o si unos botes de pintura resbalan de un estante y caen sobre un lienzo dejando algún resultado casualmente bello, ocurre lo mismo que con los ejemplos de fenómenos naturales, podrán estar "hechos" de materiales o artefactos humanos, pero no existió intermediación técnica de un ser humano. Este punto es un poco complicado porque existe toda una serie de posibles coincidencias y elementos que harían reflexionar sobre los resultados, pero en general la lógica permanece igual: ¿fue hecho premeditadamente, por una conciencia humana? si la respuesta es afirmativa, entonces estamos hablando de arte, de lo contrario estamos hablando de un accidente, de una experiencia estética meramente accidental, lo cual no le resta belleza necesariamente, pero no puede ser arte.

Un fragmento interesante sobre posibles reflexiones del tecné/ars humano entendida como una destreza no innata, propensa a enseñarse así como a aprenderse:

[inicio de cita]>

La destreza es una disposición, la astucia calculante un ejercicio del pensamiento; por supuesto hay una relación entre las dos, a saber: el ejercicio del pensamiento estratégico, calculante, pone en juego destrezas; pero esto no significa que sean lo mismo. La disposición es un estado; el ejercicio un procedimiento. Alguien puede tener una disposición en su cuerpo, como por ejemplo la disposición en los gimnastas olímpicos de la flexibilidad de articulaciones; y este estado de su cuerpo se pone en juego en la ejecución de los ejercicios: la disposición del cuerpo es un estado del mismo, el gimnasta dormido sigue siendo flexible en sus articulaciones, pero la ejecución de los ejercicios sólo la hace despierto. La flexibilidad de articulaciones es un aprendizaje de su cuerpo que no se olvida cuando está dormido y pone en juego cuando está despierto y la ocasión (la justa o el entrenamiento) lo requiere. Si el anciano Proteo no olvida sus destrezas es porque, de inmediato, al ser apresado las pone en juego. Esto mismo ocurre con el ejercicio intelectual del pensamiento que calcula: el hombre de negocios, por ejemplo, ejerce su pensamiento estratégico y para este ejercicio pone en juego destrezas intelectuales como la capacidad de establecer relaciones, percibir tendencias, hacer comparaciones, etc. Aun dormido, el hombre en su lecho, sigue teniendo estas capacidades, no se le olvidan; al despertar, en la mañana, mira las fluctuaciones de la moneda, observa los ascensos y descensos de divisas, etc., para planear una estrategia de inversiones; en fin, pone en ejercicio sus destrezas, sus estados intelectuales. Si bien la destreza se hace evidente en el ejercicio, esto
es posible porque es una disposición latente y, por tanto, no implica necesariamente una operación del intelecto para realizarla; la respuesta del hombre diestro, dada la situación requerida, es espontánea, sin reflexión previa; y esta respuesta puede ser de corte corporal, como en el anciano Proteo, o en el guerrero que entra en combate; o puede ser intelectual como en el ejercicio de hablar un idioma o hacer un rápido cálculo numérico en una transacción comercial, etc.

[fin de cita // referencia de cita]> El concepto de techne en Homero p.76 - Germán Carvajal Ahumada

Pero si ahora ya la atención no se centra en el «producto» del arte, sino en toda la metodología, pasos y por su puesto resultados también ¿Esto significaría que ya no se podría realizar un intercambio mercantil con los resultados (obras) o los procesos (talleres, cursos) de las artes? claro que sí, esa bella tradición humana de intercambiar conocimiento, bienes, y servicios, por su puesto que puede seguir ocurriendo, la diferencia es que la obsesión ya no se centra principalmente sobre el valor especulativo de un "resultado", sino en toda una plétora de valoraciones con respecto al techne/ars humano: si es útil, si es bello para tal o cual grupo (siempre contextual, pues la belleza no es universal, sino variable según el tiempo y cultura), si inspira, si invita a reflexionar; en fin, solo pongo ejemplos al azar, la cuestión es que cuando le arrebatamos, como humanidad, el control del «arte» a la corrupta institución de la industria del entretenimiento posmoderna, luego la reunimos con su gemelo escondido en el calabozo durante siglos por la nobleza medieval conocido como "las artes serviles" (para dejar de hacer una ecuación estereotipada, incompleta y errónea de que arte solamente comprende "bellas artes"), y dejamos de centrar la atención completamente en el «producto» del techne/ars humano por su valor mercantilista (que siempre es especulativo y por lo tanto controlado por grupos de interés, que obviamente no es el mejor interés que hay, a menos que sigas creyendo en los despotismos ilustrados) y recobramos toda una gamma de posibilidades de análisis y valoraciones de las obras de las artes humanas, es solo entonces que las viejas preguntas infértiles de las "academias", los discursos circulares que no llegan nunca a nada, los debates interminables con puros callejones sin salida, se detienen de golpe y se esfuman, y por el contrario, florecen paisajes nuevos que recobran incluso tesoros del pasado que bajo las lógicas marchitas habían dejado de hacer sentido, tan solo les pondré un ejemplo de esto, uno de muchísimos posibles: revertir el hecho, instalado actualmente en el sentido común, de que las «artesanías» no son más una categoría baja de «bellas artes»; ahora podemos darnos cuenta que las "artesanías", tan desdeñadas y subestimadas por el pensamiento colonial, representan un arte completo en sí mismo (recordemos: el retorno a la fusión entre artes "bellas" y "serviles") de los pueblos, que son sus códigos históricos, sus tradiciones y costumbres llevadas al plano material de las vestimentas, los textiles decorativos, sus esculturas, canciones, bailes, comidas, vasijas, utencilios, arquitectura, en fin, un mundo antiguo, ya casi perdido en la traducción incompleta que la posmodernidad occidental globalizada y colonial nos había heredado por medio de la industria del entretenimiento.

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Arte: entre la perfección, los accidentes, gemelos encerrados en el calabozo y decretos reales a la medida

cultura destacado

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febrero 8, 2021 | Sección: cultura destacado | Artículos sobre: estudio, comparación, revisión y análisis de la Historia humana, temas sobre las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Ahora, ¿qué sería de la ciencia, del avance de las técnicas y la tecnología, o de la maestría, si no existiera el factor experimental? es decir, a aventurarse a conocer un camino nuevo, probablemente lleno de errores, accidentes y caminos sin salida. Nada, el mundo habría frenado hace mucho tiempo, de no ser por el error controlado que representa la experimentación.

Existen varios debates infértiles en esta posmodernidad (que a veces venimos arrastrando culturalmente desde la modernidad y el medievo), y uno por excelencia es el de ¿qué es arte y qué no lo es?

Como ya vimos en el artículo sobre los orígenes mismos del concepto de arte (Titulado ¿dónde empieza y dónde termina el arte?), muchas de las preguntas actuales con respecto a supuestos dilemas conceptuales son herencia de una desorganización arbitraria de siglos enteros que nos lleva a confundir peras con manzanas y entonces preguntarnos por qué esta pera parece una manzana. Efectivamente, porque es una pera, y no una manzana. Permítanme elaborar este feo ejemplo.

Cuando la posmodernidad se empeña en llamar “arte” solamente a las “bellas artes”, y descarta deliberadamente todo lo que durante el medievo la nobleza catalogó como “artes serviles” (que hoy básicamente son los oficios), caemos en el primer error, que posteriormente nos generará unos huecos conceptuales que nos van a impedir contestar preguntas tan simples como ¿qué es arte? Esto es porque antes de la división medieval (obviamente por parte de la nobleza cristiana romana del tiempo) entre “artes serviles” y “bellas artes”, arte significaba “toda técnica que no viene siendo innata al ser humano, y que es propensa a aprenderse y también a enseñarse”, por lo que de entrada la pregunta ¿qué es arte y qué no lo es? se resuelve inmediatamente, y es solo “inexplicable” o “inrespondible” cuando se separa conceptualmente a las “bellas artes” de las “artes serviles” como si aún estuviésemos en el medievo entre nobles y siervos.


¿Rercuerdan cuando Bart realmente era un siamés, pero les dividen al nacimiento, y a uno lo esconden en el ático? más o menos lo mismo entre el “arte servil” y las “bellas artes”.

¿Sabías qué...

Originalmente una pintura es tan «arte» como también lo es una técnica de albañilería, ya que ambas fueron hechas a través de una técnica aprendida por una persona que la aprendió de otra persona, una herencia humana vaya. Obviamente si la pintura la hizo un elefante o fue un accidente nos estamos saliendo del concepto, recordemos, para que sea arte tiene que ser ejecutado por una persona humana. Pero regresando al tema, entonces ¿cómo podríamos en la posmodernidad controlar qué cosa entra en una exposición “artísica” y qué cosas no? es decir, bajo esta lógica original del termino «arte» tendría una galería que meter plomeros y albañiles en sus exposiciones. Es justamente este el problema que las élites del mercado─herederas de la nobleza medieval y de los burgos de la modernidad─quisieron evitar permitiendo solamente «cierto tipo de obra» en las exposiciones, y para no andar explicando por qué no permiten “artes serviles” en una galería, pero sí permiten “bellas artes” (recordemos que esta división no parte del valor intrínseco de una obra, sino de un capricho categórico), pues decidieron mantener esta escisión plutocrática y llamar “arte” solamente a lo que en el medievo se llamaba “bellas artes”.

Díganme si me equivoco. Cuando un “artista conceptual” posmoderno concibe una de sus obras, digamos un muro de tabiques acomodada justo en el centro de una sala de exposición, y nos justifica su existencia exponiendo en el texto curatorial que dicha pared de tabiques representa, por decir algo “la fragilidad de la libertad” y adjunta una cuartilla de abundante retórica al respecto, es solo entonces que la albañilería requerida para construir tal muro de tabiques casi mágicamente se transforma de un “arte servil” u oficio, en una obra de “bellas artes”; ah claro, y recordemos que esta pared no la construyó este “artista conceptual” con sus propias manos, sino que contrató albañiles para construirla en su totalidad: la mezcla de concreto, su aplicación, el apilamiento de los tabiques, etc. Nuestro artista solamente contribuyó con la “idea elevada”.

Esta exposición existe: en esta “obra de bellas artes” el autor le pagó a albañiles para construir estas paredes y luego le pagó a grafiteros para que la intervinieran. El autor no puso las manos, sino su “pensamiento”. En general de esto va el arte conceptual.

Es así que, según esta lógica, algo muta de ser obra de un oficio, o “arte servil” como dirían en el medievo, a ser una obra de “bellas artes” susceptible a venderse en millones de dólares, porque un autor le infundió su «elevado pensamiento» a la obra manual de un «simple obrero» ¿cierto? bueno este era exactamente el mismo principio que se usaba en el medievo para elegir si algo era “bellas artes” o “arte servil”. Los reyes y la nobleza decían, literalmente: lo que se haga con las manos es trabajo del peón y de las clases bajas de la sociedad feudal, es decir, la pintura, la carpintería, la escultura, la albañilería, la herrería, y por otro lado, aquello producto del intelecto le concierne a las clases altas, destinadas a gobernar, como la arquitectura, la música y la poesía. Así es, originalmente─y no es sino hasta el siglo XVI─la pintura y la escultura fueron consideradas obra de peones y gente vulgar.

La nobleza siempre tan propositiva.

Es de esta manera que aquello que permite que, en su discurso, una galería niegue la entrada de algo (digamos albañilería) y permita la entrada de lo otro (un lienzo lleno de manchas de pintura) es meramente un capricho heredado del medievo, y no se relaciona con ningún tipo de justificación que tenga que ver con el primer (y por cierto el más atinado) significado de «ars/techne», tanto es así que con cada año que pasa, las galerías y los museos (que son tentáculos de la industria del entretenimiento) tienen que aventarse justificaciones retóricas para permitir lo que sea que el mercado del entretenimiento haya acogido en su preferencia más de moda, y es por eso que el vitrual debate de en torno a la pregunta de ¿qué es arte y qué no lo es? sigue tan vigente incluso en las academias. Acostumbrando a su estudiantado y sus docentes a seguir replicando una absurda e innecesaria retórica.

Ahora, como ya dije, aquí resolvemos el primer problema de naturaleza caprichosa que entorpecía la primer pregunta ¿qué es arte? y ahora la siguiente pregunta ¿es el arte el producto sola y exclusivamente de la maestría máxima de una disciplina? Curiosamente la respuesta en primera instancia es que no, el arte no es solamente la excelencia de la técnica, ni en las “bellas artes” ni en las “artes serviles”, que otra vez les recuerdo que son dos categorías totalmente arbitrarias, artificiales y clasistas de un concepto madre que les precede: el «arte» a secas, el arte humano.

¿Por qué es esto? ¿entonces cualquiera que viva una vida de cometer errores horrendos es un artista y puede vender su obra en millones y tiene el derecho a ser expuesto en galerías de todo el mundo? aunque irónicamente esto se asemeje al estado actual del arte conceptual y arte contemporáneo, es decir un compendio de errores horribles exhibidos en galerías y vendidos en millones, la respuesta de nuevo es no. Primero que nada, el arte originalmente no nace con el propósito de exhibirse en galerías y cotizar en un mercado especulador en millones de dólares.

Recordemos, arte es todo aquello hecho por un humano, con métodos y habilidades que no sean algo innato, y que es propenso a aprenderse y enseñarse; es así que el valor mercantil de una obra de arte es ya un agregado posterior que nada tiene que ver con su naturaleza, lo mismo con eso de ser “exhibido” en algún lugar. Para que algo sea propenso a aprenderse y enseñarse, tiene que tener una metodología, un camino cognitivo que nos lleve tras un ejercicio de prueba y error, a un resultado. En este sentido, el arte es un continuum, no es solamente el producto final (lo que hoy llaman obra de arte) pero tampoco es solamente el proceso (lo que hoy se conoce como disciplina artística) sino que la ontología del arte en este caso vendría definiéndose como “la acción y el resultado, como retroalimentación a la acción que le produjo, de una técnica humana susceptible a enseñarse así como a aprenderse”.

La maestría, experticia o pericia, se describe en la psicología cognitiva, en rasgos generales, como una suerte de algoritmo cognitivo-conductual, que prueba distintos caminos para llegar a un resultado, y que con el paso del tiempo va encontrando maneras más eficientes de realizar este trayecto, ya sea por memoria muscular, por heurísticos, por reconocimiento de patrones y aplicación de mejores algoritmos, en fin, se va puliendo la técnica con cada ensayo.

La trampa aquí es que nunca se puede alcanzar una maestría máxima de nada, si algo nos ha demostrado la historia es que toda disciplina puede continuar perfeccionándose de mil maneras insospechadas en otro momento, por lo que, si bien la maestría─siempre relativa─demuestra con evidencias el desarrollo de tal o cual actividad humana, un arte no podría definirse solamente por este estado temporal de experticia, sino que la sobrepasa, aunque sí la incluya como evidencia de su constante ejercicio. Es entonces que se empareja la experticia a otro concepto que la expande y a la vez la perpetúa, y entonces quien se denomina artista puede incluso sospecharse a sí mismæ artista y no solamente depender de la validación externa: la experimentación que nace como fruto de la experticia, que a su vez reinicia el proceso del aprendizaje, confirma la maestría anterior (pues de ella nació este nuevo camino técnico) y pone en ejercicio la maestría anterior para alcanzar un nuevo perfeccionamiento del nuevo camino. Es decir, la persona artista, conforme se hace experta en una técnica, busca expandir sus horizontes y comienza a experimentar algo nuevo, se apoya en su experiencia anterior y funda nuevos métodos los cuales busca también perfeccionar, que darán en algún momento paso a nuevos caminos que experimentar y perfeccionar. El artista se convierte experta en siempre volver a empezar.

¿Qué sería de la ciencia, del avance de las técnicas y la tecnología, o de la maestría, si no existiera el factor experimental? es decir, a aventurarse a conocer un camino nuevo, probablemente lleno de errores, accidentes y caminos sin salida. Nada, el mundo habría frenado hace mucho tiempo, de no ser por el error controlado que representa la experimentación. A veces el control emana antes de cometer el error, para aprender de la sorpresa, pero a veces también el control aparece después de la sorpresa, como cuando algo a nuestro alrededor se presenta, sin nuestra intermediación, y nos inspira. Existen muchas fórmulas, formas, teorías, técnicas que han surgido de esto, del accidente y la «casualidad».

¿Apoco se creyeron que las “artesanías” eran “solo artesanías”? ¿porque son hechas por “salvajes”? ¿o porque originalmente se usaban para la vida diaria (comer, quemar incienso, moler semillas, etc) y no para solo “mostrarse en galerías y decorar salones”?

Para este momento del recorrido nos topamos con otro bache, y es que, si un suceso que es plenamente un accidente, de alguna manera lo capturamos sin intención de hacerlo ¿es arte? para responder lo anterior, yo les preguntaría ¿le llamarían arte por ejemplo a un paisaje, al acomodo de los pétalos de una flor, a una aurora boreal? claro que no, porque son fenómenos naturales, que ante nuestra percepción humana nos pueden parecer estéticos, pero son accidentales, no el resultado de una técnica, y si el hecho de su “captura” resulta accidental, digamos que una cámara se queda encendida y toma una foto automáticamente, o si por pura casualidad una serie de ingredientes cayeran en una olla de agua hirviendo y resultara en un caldo suculento, o si unos botes de pintura resbalan de un estante y caen sobre un lienzo dejando algún resultado casualmente bello, ocurre lo mismo que con los ejemplos de fenómenos naturales, podrán estar “hechos” de materiales o artefactos humanos, pero no existió intermediación técnica de un ser humano. Este punto es un poco complicado porque existe toda una serie de posibles coincidencias y elementos que harían reflexionar sobre los resultados, pero en general la lógica permanece igual: ¿fue hecho premeditadamente, por una conciencia humana? si la respuesta es afirmativa, entonces estamos hablando de arte, de lo contrario estamos hablando de un accidente, de una experiencia estética meramente accidental, lo cual no le resta belleza necesariamente, pero no puede ser arte.

Un fragmento interesante sobre posibles reflexiones del tecné/ars humano entendida como una destreza no innata, propensa a enseñarse así como a aprenderse:

La destreza es una disposición, la astucia calculante un ejercicio del pensamiento; por supuesto hay una relación entre las dos, a saber: el ejercicio del pensamiento estratégico, calculante, pone en juego destrezas; pero esto no significa que sean lo mismo. La disposición es un estado; el ejercicio un procedimiento. Alguien puede tener una disposición en su cuerpo, como por ejemplo la disposición en los gimnastas olímpicos de la flexibilidad de articulaciones; y este estado de su cuerpo se pone en juego en la ejecución de los ejercicios: la disposición del cuerpo es un estado del mismo, el gimnasta dormido sigue siendo flexible en sus articulaciones, pero la ejecución de los ejercicios sólo la hace despierto. La flexibilidad de articulaciones es un aprendizaje de su cuerpo que no se olvida cuando está dormido y pone en juego cuando está despierto y la ocasión (la justa o el entrenamiento) lo requiere. Si el anciano Proteo no olvida sus destrezas es porque, de inmediato, al ser apresado las pone en juego. Esto mismo ocurre con el ejercicio intelectual del pensamiento que calcula: el hombre de negocios, por ejemplo, ejerce su pensamiento estratégico y para este ejercicio pone en juego destrezas intelectuales como la capacidad de establecer relaciones, percibir tendencias, hacer comparaciones, etc. Aun dormido, el hombre en su lecho, sigue teniendo estas capacidades, no se le olvidan; al despertar, en la mañana, mira las fluctuaciones de la moneda, observa los ascensos y descensos de divisas, etc., para planear una estrategia de inversiones; en fin, pone en ejercicio sus destrezas, sus estados intelectuales. Si bien la destreza se hace evidente en el ejercicio, esto
es posible porque es una disposición latente y, por tanto, no implica necesariamente una operación del intelecto para realizarla; la respuesta del hombre diestro, dada la situación requerida, es espontánea, sin reflexión previa; y esta respuesta puede ser de corte corporal, como en el anciano Proteo, o en el guerrero que entra en combate; o puede ser intelectual como en el ejercicio de hablar un idioma o hacer un rápido cálculo numérico en una transacción comercial, etc.

El concepto de techne en Homero p.76 – Germán Carvajal Ahumada

Pero si ahora ya la atención no se centra en el «producto» del arte, sino en toda la metodología, pasos y por su puesto resultados también ¿Esto significaría que ya no se podría realizar un intercambio mercantil con los resultados (obras) o los procesos (talleres, cursos) de las artes? claro que sí, esa bella tradición humana de intercambiar conocimiento, bienes, y servicios, por su puesto que puede seguir ocurriendo, la diferencia es que la obsesión ya no se centra principalmente sobre el valor especulativo de un “resultado”, sino en toda una plétora de valoraciones con respecto al techne/ars humano: si es útil, si es bello para tal o cual grupo (siempre contextual, pues la belleza no es universal, sino variable según el tiempo y cultura), si inspira, si invita a reflexionar; en fin, solo pongo ejemplos al azar, la cuestión es que cuando le arrebatamos, como humanidad, el control del «arte» a la corrupta institución de la industria del entretenimiento posmoderna, luego la reunimos con su gemelo escondido en el calabozo durante siglos por la nobleza medieval conocido como “las artes serviles” (para dejar de hacer una ecuación estereotipada, incompleta y errónea de que arte solamente comprende “bellas artes”), y dejamos de centrar la atención completamente en el «producto» del techne/ars humano por su valor mercantilista (que siempre es especulativo y por lo tanto controlado por grupos de interés, que obviamente no es el mejor interés que hay, a menos que sigas creyendo en los despotismos ilustrados) y recobramos toda una gamma de posibilidades de análisis y valoraciones de las obras de las artes humanas, es solo entonces que las viejas preguntas infértiles de las “academias”, los discursos circulares que no llegan nunca a nada, los debates interminables con puros callejones sin salida, se detienen de golpe y se esfuman, y por el contrario, florecen paisajes nuevos que recobran incluso tesoros del pasado que bajo las lógicas marchitas habían dejado de hacer sentido, tan solo les pondré un ejemplo de esto, uno de muchísimos posibles: revertir el hecho, instalado actualmente en el sentido común, de que las «artesanías» no son más una categoría baja de «bellas artes»; ahora podemos darnos cuenta que las “artesanías”, tan desdeñadas y subestimadas por el pensamiento colonial, representan un arte completo en sí mismo (recordemos: el retorno a la fusión entre artes “bellas” y “serviles”) de los pueblos, que son sus códigos históricos, sus tradiciones y costumbres llevadas al plano material de las vestimentas, los textiles decorativos, sus esculturas, canciones, bailes, comidas, vasijas, utencilios, arquitectura, en fin, un mundo antiguo, ya casi perdido en la traducción incompleta que la posmodernidad occidental globalizada y colonial nos había heredado por medio de la industria del entretenimiento.

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