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Las raíces del cristianismo 1: el pueblo de Israel y el paganismo Mediterráneo

Gracias a la literatura sobreviviente de aquellos tiempos se puede reconstruir que las dos clases más poderosas del cuerpo nacional judío eran por un lado la clase política obligada a ejercer relaciones exteriores, coqueteando con la integración de ideas provenientes de otros dioses y credos, y por el otro lado la clase clerical que era totalmente reacia a absorber o incluso reconocer la existencia de otros dioses que no fueran Jeová.

[inicio de cita]>

Yo Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las pruebas, el reino y la paciencia por Jesús, me encontraba exilado en la isla de Patmos a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Un domingo, se apoderó de mí el Espíritu, y escuché detrás de mí una voz potente, como de trompeta, que decía: <<Lo que ves escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodisea>>.

Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y al volverme vi siete lámparas de oro y en medio de las lámparas una figura humana, vestida de larga túnica, el pecho ceñido de un cinturón de oro; cabeza y cabellos blancos como la lana blanca o como nieve, los ojos como llama de fuego, los pies como de bronce brillante y acrisolado, la voz como el estruendo de aguas torrenciales. En su mano derecha sujetaba siete estrellas, de su boca salía una espada afilada de doble filo; su aspecto como el brillando con toda su fuerza.

Al ver esto, caí a sus pies como muerto; pero él, poniéndome encima la mano derecha, me dijo: <<No temas. Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y el abismo.

[fin de cita // referencia de cita]> Biblia de Nuestro Pueblo[1] / Apocalipsis 1:9 a 1:18 - Visión de Jesucristo [inicio de cita]>

Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta que decía: "Escribe en un libro lo que ves." Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, y como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refuljante como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Tenía en su dierstra siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, to soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

[fin de cita // referencia de cita]> Traducción de James Moffat, The Moffatt Translation of the New Testament, 1913
[inicio de cita]>

Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulación y en el reino, y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo fuí en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envía lo á las siete iglesias que están en Asia; á Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardis, y á Filadelfia, y á Laodicea. Y me volví á ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, vi siete candeleros de oro; Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con una cinta de oro. Y su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego; Y sus pies semejantes al latón fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas. Y tenía en su diestra siete estrellas: y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Y cuando yo le vi, caí como muerto á sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas: yo soy el primero y el último; Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.

[fin de cita // referencia de cita]> Reina-Valera Antigua (RVA) / Apocalipsis 1:9 a 1:18 - Una Visión del Hijo del Hombre

Estas tres citas anteriores provienen del mismo pasaje del Libro de la Revelación, mejor conocido como El Apocalipsis, pero de tres distintas fuentes. Sobre este pasaje ahondaremos más adelante, pero antes que nada, durante este primer artículo pretendo contextualizar el tema con una historia criminalmente resumida del pueblo hebreo así como del pueblo cristiano.

Posterior a dicha introducción, me enfocaré a revisar tres temas muy puntuales a lo largo de esta serie de 3 artículos sobre las raíces del cristianismo:

Uno, describir cuál es la importancia de visibilizar las diferencias entre diferentes traducciones, en este caso 3, aunque hay muchas otras más; respectivamente, veremos por el lado de las traducciones oficiales, la versión antigua de Reina-Valera y la Biblia del Pueblo, así mismo, incluyo también una traducción no oficial de un teólogo graduado de la Universidad de Glasgow, James Moffat, un ministro practicante de la fé cristiana.

Segundo, analizar detalladamente los simbolismos de varios pasajes bíblicos, para relacionarlos con estilos literarios, y simbolismos provenientes de otras tradiciones espirituales de la época provenientes de los pueblos de alrededor del Mediterráneo, develando así las posibles fuentes de inspiración para los textos Bíblicos.

Tercero, analizaré, específicamente, el final del pasaje 'Ap 1:18', citado al inicio de este escrito, el cual habla sobre como el Hijo del Hombre (Jesús Cristo) posee las llaves de la muerte, así como de un lugar que es descrito como Hades, infierno o abismo, variando según la versión revisada (y que como ya dije en el punto 1, mencionaré la importancia de estas diferencias), y cómo esto nos puede delatar el contexto de su escritura original.

[pie de imagen]> [foto cortesía de https://unsplash.com]

¿Por qué hay tantas versiones de la Biblia? Comencemos pues, con una abreviada historia de estas escrituras que nos de razón sobre las diferentes traducciones de la Biblia. Por ahora la llamaremos "Biblia cristiana", pero debo anunciar que este nombre irá mutando conforme le vayamos agregando profundidad al asunto.

Sucede, que la tradición hebrea actual, comprende canónicamente, es decir oficialmente, dos pilares importantes como la Palabra de Jeová: estas son, el Tanaj y el Talmud.

Ambas escrituras tuvieron su origen primero en la tradición oral judía, y esta a su vez, se originó mitológicamente a partir de las enseñanzas que Moisés recibe en el monte Sinaí, directamente de Jeová, y que se transmitieron de manera oral a lo largo de varias generaciones, como ocurre con básicamente todas las tradiciones espirituales conocidas en el planeta.

Menciono que se origina "mitológicamente" pues el suceso de Moisés no tiene ningún tipo de fundamento físico, no obstante, sí existen datos que señalan la existencia de un tipo de gente, denominada apiru, ya desde el 1500 a.C. que justamente vendría correspondiendo a los tiempos en donde Moisés recibe las tablas del destino dentro de la mitología hebrea, y que poco a poco se fueron conformando en un pueblo nómada, mercader y guerrero, el cual concide en varios puntos con las características que simbólicamente se atribuye el pueblo hebreo a través de sus mitos.

Es importante mencionar que dichos escritos se han encontrado entre el 1500 al 1300 a.C., por toda la región mediterránea del Mundo Antiguo: Ugarit, Mesopotamia, Egipto, utilizando incluso términos similares, en la lingua franca del momento que era el akkadio (como ahora lo es el inglés).

Como ya mencioné, a partir del simbólico relato de Moisés, según datos de varias investigaciones arqueológicas, lingüísticas, antropológicas, así como de análisis historiográfico de la época, transcurren entre 600-1000 años, momento en el cual el pueblo hebreo logra consolidar un territorio estable, con una cultura propia, en el territorio conocido históricamente como Israel-Judá, la cual era una próspera y cosmopolita urbe asentada en el Valle del Jordán, la cual funcionaba como puente comercial entre varias potencias Mediterráneas, Egipcias y Mesopotámicas, por nombrar algunas, y que por lo tanto se veían políticamente obligadæs a practicar una religión que aceptara la validez de las otras religiones de zonas aledañas.

Es importante mencionar que si bien los relatos dentro del Tanaj (Antiguo Testamento para la Biblia cristiana) incluyen información histórica confirmada por datos científicos físicos, como en muchas culturas alrededor del planera, sus protagonistas recurrieron a exageraciones con respecto a sus números, a la opulencia o inmensidad de sus territorios, a sus batallas y sus victorias. Nos recuerda a la manera en la cual, por ejemplo, en mesoamérica, el pueblo Azteca se apropia de la herencia Teotihuacana para justificar su "grandeza" ahora como Mexicas. Esto es un clásico de la Historia, la exageración de los relatos del origen, ¿les resuena el "Make America Great Again"? no hemos cambiado.

Regresando al tema de la historia antigua, recordemos además que en aquellos tiempos, el Estado y la Religión, prácticamente eran una sola entidad.

Como un vestigio escrito, que hace referencia a los tiempos de Israel-Judá en donde, por un tiempo, el judaísmo aceptaba la existencia de otras deidades, podemos leer este fragmento del profeta Daniel, contenido en el Antiguo Testamento:

[inicio de cita]>

Nabucodonosor entonces dijo: <<Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron enfrentar el fuego antes que venerar y adorar a otro dios fuera del suyo. [...] Por eso decreto que quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, sea hecho pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como este.>>

[fin de cita // referencia de cita]> Biblia de Nuestro Pueblo / Daniel 3:28(95) - 3:29(96) - Confesión de Nabucodonosor

Aquí se muestra un ejemplo, de entre muchos ejemplos similares dentro del Antiguo Testamento, de la tolerancia general que existía en esos tiempos entre religiones. De hecho en el libro del Génesis del Antiguo Testamento, Jeová se presenta más como un dios guerrero/conquistador que va ganando adeptos, y tomando terreno arrebatándoselos a otros dioses que Jeová considera "falsos", no por ser explícitamente inexistentes sino por ser deidades más débiles que él mismo.

Pensémoslo como la manera en la que, antes de la segunda guerra mundial, EEUU reconocía la potencial grandeza del pueblo soviético de la URSS, hasta que ya no tuvo que hacerlo, y relegó históricamente el socialismo a un fracaso, a un error, y declaro al capitalismo como el único Dios.

Regresando al tema, gracias a la literatura sobreviviente de aquellos tiempos se puede reconstruir que las dos clases más poderosas del cuerpo estatal judío eran por un lado la clase política, obligada a tener relaciones exteriores comerciales y que coqueteaban con la integración de ideas provenientes de otros dioses y credos, y por otro lado, la clase sacerdotal rígida, que se negaba totalmente a absorber, o siquiera reconocer, la existencia de otros dioses que no fueran Jeová.

Es a partir de la primer quema del templo de Jerusalén a manos del rey babilonio Nabucodonosor, alrededor de 587 a.C. (hubo una segunda caída a manos del emperador romano Tito alrededor del año 70 D.C.), que el pueblo judío considera llevar al plano escrito su tradición oral por primera vez como decisión colectiva, y que varios siglos después─alrededor del 220 de nuestra era─serán canonizadas en lo que ahora se conoce como el Tanaj.

[pie de imagen]> [foto cortesía de https://unsplash.com] - Es a partir de la primera quema del templo de Jerusalén a manos de Nabucodonosor que el pueblo judío considera llevar al escrito su tradición oral por primera vez

Es así como el Tanaj─descartando algunos cuantos libros que fueron descanonizados del cuerpo total de la Palabra de Jeová─la conocemos actualmente como El Viejo Testamento de la Biblia cristiana. La a Biblia cristiana surge a partir de una serie de concilios; el origen de dichos concilios fueron parte de una estrategia social-política del emperador romano Flavio Valerio Aurelio Constantino, también conocido como Constantino El Grande o bien Constantino I, el cual, antes de la guerra del Puente de Milvian en el año 312 D.C., relata que se le presentó en sus sueños el símbolo de una cruz, y una voz que le dijo "bajo este símbolo conquistarás".

A raíz de la visión que tuvo del símbolo de la cruz y el resultado favorable que tuvo en su batalla de donde salió campeón, Constantino I lo toma como una profecía cumplida y decide convertir Roma en un imperio cristiano (irónico que el emperador permaneció pagano, sin bautizar, durante prácticamente toda su vida, y es hasta su lecho de muerte que solicita que lo bauticen como cristiano: más tarde veremos la doble ironía que esta anécdota representa).

Con ese edicto poner fin no solo a las interminables persecuciones a personas cristianas que eran sacrificadas en el Coliseo romano para ser destazados por animales, quemadas o crucificadas ante los ojos del público del gran Anfiteatro Flaviano (también conocido como el Coliseo, rebautizado así debido al Coloso Nerón que se levantaba en bronce junto a dicho anfiteatro), sino que también puso fin al terrorismo cristiano que se vivía en esos tiempos; constantes conflictos entre sectas cristianas que defendían diferentes interpretaciones del credo cristiano, así como constantes enfrentamientos con judíos, todo resultando en guerras civiles imparables que desestabilizaban el orden del gran imperio romano.

La religión cristiana rápidamente ganaba terreno con su enseñanza de ternura, paz e inclusividad; debido a que el mundo antiguo durante esos momentos estaba experimentando una fuerte influencia de escuelas de misterios y religiones que incorporaban fuertemente el dualismo escencial, por ejemplo la guerra entre el bien y el mal del zoroastrismo, el culto del héroe solar del mitraísmo, la religión egipcia centrada en el mito de Osiris el renacido, la igualdad, filosofía y misticismo pregonado en Grecia, el ritual del ungimiento y la búqueda del Logos del gnosticismo, así como el estatus de un judaísmo desprovisto de su gloria y poder terrenal que ahora viraba su mirada no a conservar su poderío─casi inexistente ya, luego de la segunda caída del Templo de Jerusalem a manos del Imperio Romano─sino a reagruparse luego del exilio forzado, así como migraciones─en calidad de huída─de sus territorios del Valle del Jordán.

Esta abrupta diseminación de gente judía culta por todo el mundo antiguo, ahora con una religión recargada y revisada─más espiritual, puesto que físicamente ya no tenían reino al cual aferrarse─que incluía la posible venida de un mesías que le retornaría su gloria al pueblo judío luego de su estado de fragmentación: el mundo se encontraba listo para una religión como la pregonada por Yeshua el Ungido, es decir, Jesús el Cristo.

Resulta entonces que esta oficialización de la fé cristiana moldea la Biblia cristiana en lo que hoy conocemos como el Viejo Testamento, o Pentateuco, que no es nada más ni nada menos que 90% de la Toráh judía; el Nuevo Testamento que contiene los libros oficializados como el canon cristiano, descarta como herejía a otros escritos que ahora conocemos como Apócrifos─que algunos otros cultos cristianos sí aceptan como canónicos, por ejemplo el Libro de Enoc que para la Iglesia Copta de Egipto sí es parte de su cuerpo canónico de la palabra de Dios─y no solo canonizando libros, sino también canonizando sus interpretaciones, por ejemplo, la secta arriana cristiana (con origen en Egipto Ptoloméico) defendía cierta interpretación sobre la naturaleza terrenal de la corporalidad física de Cristo y la naturaleza divina de su alma. Esta secta fue castigada con el título de heretismo tras el primer concilio de Constantino el Grande, y así fue condenada al silenciamiento a favor de otra interpretación la cual defendía la unidad de naturalezas divinas, tanto de de la corporalidad física de Cristo como de su alma.

¿Rercuerdan que les hable de como Constantino I no fue bautizado como cristiano sino hasta el momento antes de morir? Pues ahora sí podemos entender la doble ironía que eso representó:

Básicamente tenemos a un emperador pagano (él era del credo del Sol Invictus[2]), que no fue sino hasta en su lecho de muerte que fue bautizado cristiano, pero esto no fue realizado por un sacerdote cristiano canónico sino por un sacerdote arriano, es decir ¡un sacerdote hereje! de un credo que él mismo, en vida, condeno como herejía durante el Concilio celebrado en Nicea. Creo que esto puede dejar entrever su compromiso más bien político con esta transformación religiosa de su Imperio más que un fervor de credo legítimo.

Debo recalcar que no solamente la parte judía del cristianismo romano fue reformada, sino también la misma "cristiandad", pues hay que recordar que el cristianismo era una secta judía antes de ser llamada cristianismo, es decir, era una minoría judía que por influencia de las creencias populares de los tiempos (¿las recuerdan? zoroastrismo, sol invictus, mitraísmo, gnosticismo, culto a Osiris, hermetismo helénico, etc.) y la decadencia judía tras la segunda caída del Templo de Jerusalén, viraban a un mundo menos guerrero, más espiritual y de búsqueda de la paz. El cristianismo era perseguido con fines de exterminio, tanto por judíos ortodoxos como por romanos, y se veían obligadæs a recluirse en cuevas (tanto naturales como hechas por mano humana) para practicar su fé, y es por esto que a esta etapa se le conoce como cristianismo de catacumbas. Elementos iconográficos paganos romanos de la época como la cola del pavorreal, el kriophoros (Hermes cargando a un carnero), el disco solar que se convertiría en la "aureola" de Cristo, la imagen del vino (algo muy romano), e incluso el ichthys, el famoso pez cristiano, que se basa en las escuelas mistéricas de Egipto-Mesopotámia-Grecia con sus interpretaciones zodiacales de Piscis. Todo esto anterior, con la oficialización de Constantino mutan considerablemente, comenzando con la cruz que desde ese momento en adelante se convertiría en el ícono más importante del cristianismo romano, sin olvidar que, como ya se mencionó, muchos textos fueron relegados a la herejía, al terreno de lo apócrifo, y con ello mucha simbología crucial del cristianismo original desapareció por completo.

Luego del preámbulo histórico, pasemos a la introducción del análisis Bíblico, que es el tema original de esta serie de artículos, comenzando así con el primer eje de análisis: el origen de las diferencias en las traducciones de la Biblia cristiana.

Durante la diáspora judía forzada, provocada por la primer caída del templo de Jerusalén, se hacen intentos de escribir la tradición oral de la Toráh, intentando así que la lengua y la cultura hebrea construida hasta ese momento de su historia no cayera en el olvido por el desenraizamiento cultural vivido durante esta época. Algunos de los primeros esfuerzos de registrar por escrito la tradición oral hebrea tuvieron lugar en Babilonia (¿ahora ven por qué "La Torre de Babel que enfureció a Jeováh" o la "puta de Babilonia montada sobre la bestia del anticristo" son imágenes recurrentes, respectivamente en el judaísmo y el cristianismo?), puesto que Nabucodonosor se llevó a mucha gente judía como esclava a su capital. Se dice que existe una composición muy desigual lingüística y estilisticamente hablando: algunas partes escritas en hebreo antiguo, otras en hebreo clásico y muchos préstamos de la lingua franca de esos tiempos que era el akkadio babilónico.

El lenguaje utilizado por la primera gente cristiana (cristianismo de catacumbas) fue el hebreo, al aramáico y el griego; lenguas en las cuales se escribieron los libros de los Apóstoles, La Revelacion (Apocalipsis), y los demás libros que componen el Nuevo Testamento, obviamente incluyendo todos aquellos libros convertidos en apócrifos luego del concilio de Constantino, momento en el que todos estos textos sufren modificaciones: entre censuras, ediciones, mutilaciones y trasgiversaciones, para eliminar cualquier tinte de sabiduría pagana helenística, mesopotámica, egipcia, árabe o hindú que se hubiera escabullido en esos textos originales.

Posteriormente vienen caídas de imperios, por ejemplo la división y subsecuente caída del Imperio Romano, que representan un desordenamiento del cristianismo canónico y estos momentos de "confusión" provocan florecimiento de versiones locales de traducciones al latín de la Biblia original canónica, seguidas por la emergencia de nuevos grupos de poder durante la Edad Media que provocan traducciones no oficiales al germánico, al inglés antiguo, y demás lenguas que posteriormente con el fortalecimiento de la Iglesia central católica se convierten en ilegales, hasta la llegada de la Reforma con Martín Lutero que aboga por la traducción oficial de los textos "originales" en latín a la lengua del pueblo, cualquiera se fuera esta. A partir de este punto surgen revisiones de las revisiones de las revisiones de las ya múltiples traducciones de la Biblia.

Es importante aquí recordar dos cosas, una, el hecho de que traducir no es lo mismo que transliterar puesto que en las interpretaciones de conceptos entre un idioma y otro muy posiblemente se pierden escencias del texto original (de ahí el dicho "traduttore traditore", o traductor traidor), y segundo hay que recordar que al menos para los judíos, la Toráh (o Antiguo Testamento para los cristianos) es un texto escrito por la inspiración divina directa de Jeová en donde cada letra, concepto, e incluso signos de puntuación tienen un valor específico que sólo al ser leído en hebreo por un hebreo entrenado es posible comprender a cabalidad.


Referencias

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Las raíces del cristianismo 1: el pueblo de Israel y el paganismo Mediterráneo

cultura

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febrero 23, 2019 | Sección: cultura | Artículos sobre: revisiones, comparaciones, estudios y análisis de la Historia humana,

Gracias a la literatura sobreviviente de aquellos tiempos se puede reconstruir que las dos clases más poderosas del cuerpo nacional judío eran por un lado la clase política obligada a ejercer relaciones exteriores, coqueteando con la integración de ideas provenientes de otros dioses y credos, y por el otro lado la clase clerical que era totalmente reacia a absorber o incluso reconocer la existencia de otros dioses que no fueran Jeová.

Yo Juan, hermano de ustedes, con quienes comparto las pruebas, el reino y la paciencia por Jesús, me encontraba exilado en la isla de Patmos a causa de la Palabra de Dios y del testimonio de Jesús. Un domingo, se apoderó de mí el Espíritu, y escuché detrás de mí una voz potente, como de trompeta, que decía: <<Lo que ves escríbelo en un libro y envíalo a las siete Iglesias: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodisea>>.

Me volví para ver de quién era la voz que me hablaba y al volverme vi siete lámparas de oro y en medio de las lámparas una figura humana, vestida de larga túnica, el pecho ceñido de un cinturón de oro; cabeza y cabellos blancos como la lana blanca o como nieve, los ojos como llama de fuego, los pies como de bronce brillante y acrisolado, la voz como el estruendo de aguas torrenciales. En su mano derecha sujetaba siete estrellas, de su boca salía una espada afilada de doble filo; su aspecto como el brillando con toda su fuerza.

Al ver esto, caí a sus pies como muerto; pero él, poniéndome encima la mano derecha, me dijo: <<No temas. Yo soy el primero y el último, el que vive; estuve muerto y ahora ves que estoy vivo por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y el abismo.

Biblia de Nuestro Pueblo[1] / Apocalipsis 1:9 a 1:18 – Visión de Jesucristo

Yo estaba en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta que decía: “Escribe en un libro lo que ves.” Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como la blanca lana, y como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refuljante como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas.

Tenía en su dierstra siete estrellas, de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza.

Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas, to soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto, mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades.

Traducción de James Moffat, The Moffatt Translation of the New Testament, 1913

Yo Juan, vuestro hermano, y participante en la tribulación y en el reino, y en la paciencia de Jesucristo, estaba en la isla que es llamada Patmos, por la palabra de Dios y el testimonio de Jesucristo. Yo fuí en el Espíritu en el día del Señor, y oí detrás de mí una gran voz como de trompeta, que decía: Yo soy el Alpha y Omega, el primero y el último. Escribe en un libro lo que ves, y envía lo á las siete iglesias que están en Asia; á Efeso, y á Smirna, y á Pérgamo, y á Tiatira, y á Sardis, y á Filadelfia, y á Laodicea. Y me volví á ver la voz que hablaba conmigo: y vuelto, vi siete candeleros de oro; Y en medio de los siete candeleros, uno semejante al Hijo del hombre, vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por los pechos con una cinta de oro. Y su cabeza y sus cabellos eran blancos como la lana blanca, como la nieve; y sus ojos como llama de fuego; Y sus pies semejantes al latón fino, ardientes como en un horno; y su voz como ruido de muchas aguas. Y tenía en su diestra siete estrellas: y de su boca salía una espada aguda de dos filos. Y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza. Y cuando yo le vi, caí como muerto á sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas: yo soy el primero y el último; Y el que vivo, y he sido muerto; y he aquí que vivo por siglos de siglos, Amén. Y tengo las llaves del infierno y de la muerte.

Reina-Valera Antigua (RVA) / Apocalipsis 1:9 a 1:18 – Una Visión del Hijo del Hombre

Estas tres citas anteriores provienen del mismo pasaje del Libro de la Revelación, mejor conocido como El Apocalipsis, pero de tres distintas fuentes. Sobre este pasaje ahondaremos más adelante, pero antes que nada, durante este primer artículo pretendo contextualizar el tema con una historia criminalmente resumida del pueblo hebreo así como del pueblo cristiano.

Posterior a dicha introducción, me enfocaré a revisar tres temas muy puntuales a lo largo de esta serie de 3 artículos sobre las raíces del cristianismo:

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Uno, describir cuál es la importancia de visibilizar las diferencias entre diferentes traducciones, en este caso 3, aunque hay muchas otras más; respectivamente, veremos por el lado de las traducciones oficiales, la versión antigua de Reina-Valera y la Biblia del Pueblo, así mismo, incluyo también una traducción no oficial de un teólogo graduado de la Universidad de Glasgow, James Moffat, un ministro practicante de la fé cristiana.


Segundo, analizar detalladamente los simbolismos de varios pasajes bíblicos, para relacionarlos con estilos literarios, y simbolismos provenientes de otras tradiciones espirituales de la época provenientes de los pueblos de alrededor del Mediterráneo, develando así las posibles fuentes de inspiración para los textos Bíblicos.

Tercero, analizaré, específicamente, el final del pasaje ‘Ap 1:18’, citado al inicio de este escrito, el cual habla sobre como el Hijo del Hombre (Jesús Cristo) posee las llaves de la muerte, así como de un lugar que es descrito como Hades, infierno o abismo, variando según la versión revisada (y que como ya dije en el punto 1, mencionaré la importancia de estas diferencias), y cómo esto nos puede delatar el contexto de su escritura original.

[foto cortesía de https://unsplash.com]

¿Por qué hay tantas versiones de la Biblia? Comencemos pues, con una abreviada historia de estas escrituras que nos de razón sobre las diferentes traducciones de la Biblia. Por ahora la llamaremos “Biblia cristiana”, pero debo anunciar que este nombre irá mutando conforme le vayamos agregando profundidad al asunto.

Sucede, que la tradición hebrea actual, comprende canónicamente, es decir oficialmente, dos pilares importantes como la Palabra de Jeová: estas son, el Tanaj y el Talmud.

Ambas escrituras tuvieron su origen primero en la tradición oral judía, y esta a su vez, se originó mitológicamente a partir de las enseñanzas que Moisés recibe en el monte Sinaí, directamente de Jeová, y que se transmitieron de manera oral a lo largo de varias generaciones, como ocurre con básicamente todas las tradiciones espirituales conocidas en el planeta.

Menciono que se origina “mitológicamente” pues el suceso de Moisés no tiene ningún tipo de fundamento físico, no obstante, sí existen datos que señalan la existencia de un tipo de gente, denominada apiru, ya desde el 1500 a.C. que justamente vendría correspondiendo a los tiempos en donde Moisés recibe las tablas del destino dentro de la mitología hebrea, y que poco a poco se fueron conformando en un pueblo nómada, mercader y guerrero, el cual concide en varios puntos con las características que simbólicamente se atribuye el pueblo hebreo a través de sus mitos.

Es importante mencionar que dichos escritos se han encontrado entre el 1500 al 1300 a.C., por toda la región mediterránea del Mundo Antiguo: Ugarit, Mesopotamia, Egipto, utilizando incluso términos similares, en la lingua franca del momento que era el akkadio (como ahora lo es el inglés).

Como ya mencioné, a partir del simbólico relato de Moisés, según datos de varias investigaciones arqueológicas, lingüísticas, antropológicas, así como de análisis historiográfico de la época, transcurren entre 600-1000 años, momento en el cual el pueblo hebreo logra consolidar un territorio estable, con una cultura propia, en el territorio conocido históricamente como Israel-Judá, la cual era una próspera y cosmopolita urbe asentada en el Valle del Jordán, la cual funcionaba como puente comercial entre varias potencias Mediterráneas, Egipcias y Mesopotámicas, por nombrar algunas, y que por lo tanto se veían políticamente obligadæs a practicar una religión que aceptara la validez de las otras religiones de zonas aledañas.

Es importante mencionar que si bien los relatos dentro del Tanaj (Antiguo Testamento para la Biblia cristiana) incluyen información histórica confirmada por datos científicos físicos, como en muchas culturas alrededor del planera, sus protagonistas recurrieron a exageraciones con respecto a sus números, a la opulencia o inmensidad de sus territorios, a sus batallas y sus victorias. Nos recuerda a la manera en la cual, por ejemplo, en mesoamérica, el pueblo Azteca se apropia de la herencia Teotihuacana para justificar su “grandeza” ahora como Mexicas. Esto es un clásico de la Historia, la exageración de los relatos del origen, ¿les resuena el “Make America Great Again”? no hemos cambiado.

Regresando al tema de la historia antigua, recordemos además que en aquellos tiempos, el Estado y la Religión, prácticamente eran una sola entidad.

Como un vestigio escrito, que hace referencia a los tiempos de Israel-Judá en donde, por un tiempo, el judaísmo aceptaba la existencia de otras deidades, podemos leer este fragmento del profeta Daniel, contenido en el Antiguo Testamento:

Nabucodonosor entonces dijo: <<Bendito sea el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, que envió un ángel a salvar a sus siervos, que, confiando en él, desobedecieron el decreto real y prefirieron enfrentar el fuego antes que venerar y adorar a otro dios fuera del suyo. […] Por eso decreto que quien blasfeme contra el Dios de Sidrac, Misac y Abed-Nego, de cualquier pueblo, nación o lengua que sea, sea hecho pedazos y su casa sea derribada. Porque no existe otro Dios capaz de librar como este.>>

Biblia de Nuestro Pueblo / Daniel 3:28(95) – 3:29(96) – Confesión de Nabucodonosor

Aquí se muestra un ejemplo, de entre muchos ejemplos similares dentro del Antiguo Testamento, de la tolerancia general que existía en esos tiempos entre religiones. De hecho en el libro del Génesis del Antiguo Testamento, Jeová se presenta más como un dios guerrero/conquistador que va ganando adeptos, y tomando terreno arrebatándoselos a otros dioses que Jeová considera “falsos”, no por ser explícitamente inexistentes sino por ser deidades más débiles que él mismo.

Pensémoslo como la manera en la que, antes de la segunda guerra mundial, EEUU reconocía la potencial grandeza del pueblo soviético de la URSS, hasta que ya no tuvo que hacerlo, y relegó históricamente el socialismo a un fracaso, a un error, y declaro al capitalismo como el único Dios.

Regresando al tema, gracias a la literatura sobreviviente de aquellos tiempos se puede reconstruir que las dos clases más poderosas del cuerpo estatal judío eran por un lado la clase política, obligada a tener relaciones exteriores comerciales y que coqueteaban con la integración de ideas provenientes de otros dioses y credos, y por otro lado, la clase sacerdotal rígida, que se negaba totalmente a absorber, o siquiera reconocer, la existencia de otros dioses que no fueran Jeová.

Es a partir de la primer quema del templo de Jerusalén a manos del rey babilonio Nabucodonosor, alrededor de 587 a.C. (hubo una segunda caída a manos del emperador romano Tito alrededor del año 70 D.C.), que el pueblo judío considera llevar al plano escrito su tradición oral por primera vez como decisión colectiva, y que varios siglos después─alrededor del 220 de nuestra era─serán canonizadas en lo que ahora se conoce como el Tanaj.

[foto cortesía de https://unsplash.com] – Es a partir de la primera quema del templo de Jerusalén a manos de Nabucodonosor que el pueblo judío considera llevar al escrito su tradición oral por primera vez

Es así como el Tanaj─descartando algunos cuantos libros que fueron descanonizados del cuerpo total de la Palabra de Jeová─la conocemos actualmente como El Viejo Testamento de la Biblia cristiana. La a Biblia cristiana surge a partir de una serie de concilios; el origen de dichos concilios fueron parte de una estrategia social-política del emperador romano Flavio Valerio Aurelio Constantino, también conocido como Constantino El Grande o bien Constantino I, el cual, antes de la guerra del Puente de Milvian en el año 312 D.C., relata que se le presentó en sus sueños el símbolo de una cruz, y una voz que le dijo “bajo este símbolo conquistarás”.

A raíz de la visión que tuvo del símbolo de la cruz y el resultado favorable que tuvo en su batalla de donde salió campeón, Constantino I lo toma como una profecía cumplida y decide convertir Roma en un imperio cristiano (irónico que el emperador permaneció pagano, sin bautizar, durante prácticamente toda su vida, y es hasta su lecho de muerte que solicita que lo bauticen como cristiano: más tarde veremos la doble ironía que esta anécdota representa).

Con ese edicto poner fin no solo a las interminables persecuciones a personas cristianas que eran sacrificadas en el Coliseo romano para ser destazados por animales, quemadas o crucificadas ante los ojos del público del gran Anfiteatro Flaviano (también conocido como el Coliseo, rebautizado así debido al Coloso Nerón que se levantaba en bronce junto a dicho anfiteatro), sino que también puso fin al terrorismo cristiano que se vivía en esos tiempos; constantes conflictos entre sectas cristianas que defendían diferentes interpretaciones del credo cristiano, así como constantes enfrentamientos con judíos, todo resultando en guerras civiles imparables que desestabilizaban el orden del gran imperio romano.

La religión cristiana rápidamente ganaba terreno con su enseñanza de ternura, paz e inclusividad; debido a que el mundo antiguo durante esos momentos estaba experimentando una fuerte influencia de escuelas de misterios y religiones que incorporaban fuertemente el dualismo escencial, por ejemplo la guerra entre el bien y el mal del zoroastrismo, el culto del héroe solar del mitraísmo, la religión egipcia centrada en el mito de Osiris el renacido, la igualdad, filosofía y misticismo pregonado en Grecia, el ritual del ungimiento y la búqueda del Logos del gnosticismo, así como el estatus de un judaísmo desprovisto de su gloria y poder terrenal que ahora viraba su mirada no a conservar su poderío─casi inexistente ya, luego de la segunda caída del Templo de Jerusalem a manos del Imperio Romano─sino a reagruparse luego del exilio forzado, así como migraciones─en calidad de huída─de sus territorios del Valle del Jordán.

Esta abrupta diseminación de gente judía culta por todo el mundo antiguo, ahora con una religión recargada y revisada─más espiritual, puesto que físicamente ya no tenían reino al cual aferrarse─que incluía la posible venida de un mesías que le retornaría su gloria al pueblo judío luego de su estado de fragmentación: el mundo se encontraba listo para una religión como la pregonada por Yeshua el Ungido, es decir, Jesús el Cristo.

Resulta entonces que esta oficialización de la fé cristiana moldea la Biblia cristiana en lo que hoy conocemos como el Viejo Testamento, o Pentateuco, que no es nada más ni nada menos que 90% de la Toráh judía; el Nuevo Testamento que contiene los libros oficializados como el canon cristiano, descarta como herejía a otros escritos que ahora conocemos como Apócrifos─que algunos otros cultos cristianos sí aceptan como canónicos, por ejemplo el Libro de Enoc que para la Iglesia Copta de Egipto sí es parte de su cuerpo canónico de la palabra de Dios─y no solo canonizando libros, sino también canonizando sus interpretaciones, por ejemplo, la secta arriana cristiana (con origen en Egipto Ptoloméico) defendía cierta interpretación sobre la naturaleza terrenal de la corporalidad física de Cristo y la naturaleza divina de su alma. Esta secta fue castigada con el título de heretismo tras el primer concilio de Constantino el Grande, y así fue condenada al silenciamiento a favor de otra interpretación la cual defendía la unidad de naturalezas divinas, tanto de de la corporalidad física de Cristo como de su alma.

¿Rercuerdan que les hable de como Constantino I no fue bautizado como cristiano sino hasta el momento antes de morir? Pues ahora sí podemos entender la doble ironía que eso representó:

Básicamente tenemos a un emperador pagano (él era del credo del Sol Invictus[2]), que no fue sino hasta en su lecho de muerte que fue bautizado cristiano, pero esto no fue realizado por un sacerdote cristiano canónico sino por un sacerdote arriano, es decir ¡un sacerdote hereje! de un credo que él mismo, en vida, condeno como herejía durante el Concilio celebrado en Nicea. Creo que esto puede dejar entrever su compromiso más bien político con esta transformación religiosa de su Imperio más que un fervor de credo legítimo.

Debo recalcar que no solamente la parte judía del cristianismo romano fue reformada, sino también la misma “cristiandad”, pues hay que recordar que el cristianismo era una secta judía antes de ser llamada cristianismo, es decir, era una minoría judía que por influencia de las creencias populares de los tiempos (¿las recuerdan? zoroastrismo, sol invictus, mitraísmo, gnosticismo, culto a Osiris, hermetismo helénico, etc.) y la decadencia judía tras la segunda caída del Templo de Jerusalén, viraban a un mundo menos guerrero, más espiritual y de búsqueda de la paz. El cristianismo era perseguido con fines de exterminio, tanto por judíos ortodoxos como por romanos, y se veían obligadæs a recluirse en cuevas (tanto naturales como hechas por mano humana) para practicar su fé, y es por esto que a esta etapa se le conoce como cristianismo de catacumbas. Elementos iconográficos paganos romanos de la época como la cola del pavorreal, el kriophoros (Hermes cargando a un carnero), el disco solar que se convertiría en la “aureola” de Cristo, la imagen del vino (algo muy romano), e incluso el ichthys, el famoso pez cristiano, que se basa en las escuelas mistéricas de Egipto-Mesopotámia-Grecia con sus interpretaciones zodiacales de Piscis. Todo esto anterior, con la oficialización de Constantino mutan considerablemente, comenzando con la cruz que desde ese momento en adelante se convertiría en el ícono más importante del cristianismo romano, sin olvidar que, como ya se mencionó, muchos textos fueron relegados a la herejía, al terreno de lo apócrifo, y con ello mucha simbología crucial del cristianismo original desapareció por completo.

Luego del preámbulo histórico, pasemos a la introducción del análisis Bíblico, que es el tema original de esta serie de artículos, comenzando así con el primer eje de análisis: el origen de las diferencias en las traducciones de la Biblia cristiana.

Durante la diáspora judía forzada, provocada por la primer caída del templo de Jerusalén, se hacen intentos de escribir la tradición oral de la Toráh, intentando así que la lengua y la cultura hebrea construida hasta ese momento de su historia no cayera en el olvido por el desenraizamiento cultural vivido durante esta época. Algunos de los primeros esfuerzos de registrar por escrito la tradición oral hebrea tuvieron lugar en Babilonia (¿ahora ven por qué “La Torre de Babel que enfureció a Jeováh” o la “puta de Babilonia montada sobre la bestia del anticristo” son imágenes recurrentes, respectivamente en el judaísmo y el cristianismo?), puesto que Nabucodonosor se llevó a mucha gente judía como esclava a su capital. Se dice que existe una composición muy desigual lingüística y estilisticamente hablando: algunas partes escritas en hebreo antiguo, otras en hebreo clásico y muchos préstamos de la lingua franca de esos tiempos que era el akkadio babilónico.

El lenguaje utilizado por la primera gente cristiana (cristianismo de catacumbas) fue el hebreo, al aramáico y el griego; lenguas en las cuales se escribieron los libros de los Apóstoles, La Revelacion (Apocalipsis), y los demás libros que componen el Nuevo Testamento, obviamente incluyendo todos aquellos libros convertidos en apócrifos luego del concilio de Constantino, momento en el que todos estos textos sufren modificaciones: entre censuras, ediciones, mutilaciones y trasgiversaciones, para eliminar cualquier tinte de sabiduría pagana helenística, mesopotámica, egipcia, árabe o hindú que se hubiera escabullido en esos textos originales.

Posteriormente vienen caídas de imperios, por ejemplo la división y subsecuente caída del Imperio Romano, que representan un desordenamiento del cristianismo canónico y estos momentos de “confusión” provocan florecimiento de versiones locales de traducciones al latín de la Biblia original canónica, seguidas por la emergencia de nuevos grupos de poder durante la Edad Media que provocan traducciones no oficiales al germánico, al inglés antiguo, y demás lenguas que posteriormente con el fortalecimiento de la Iglesia central católica se convierten en ilegales, hasta la llegada de la Reforma con Martín Lutero que aboga por la traducción oficial de los textos “originales” en latín a la lengua del pueblo, cualquiera se fuera esta. A partir de este punto surgen revisiones de las revisiones de las revisiones de las ya múltiples traducciones de la Biblia.

Es importante aquí recordar dos cosas, una, el hecho de que traducir no es lo mismo que transliterar puesto que en las interpretaciones de conceptos entre un idioma y otro muy posiblemente se pierden escencias del texto original (de ahí el dicho “traduttore traditore“, o traductor traidor), y segundo hay que recordar que al menos para los judíos, la Toráh (o Antiguo Testamento para los cristianos) es un texto escrito por la inspiración divina directa de Jeová en donde cada letra, concepto, e incluso signos de puntuación tienen un valor específico que sólo al ser leído en hebreo por un hebreo entrenado es posible comprender a cabalidad.


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