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El peligro de universalizar valores morales

Lo universalizable no es posible: ¿universal ante quién? ¿ante el sentido común, ante una élite, ante las instituciones? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no había libertad ni derecho de disención, sino un retorno a la herejía y la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

La posmodernidad añora lo colectivo, lo comunitario, la inclusividad, conceptos que por sí mismos son muy bellos, el problema de la posmodernidad es que los busca en los lugares más incorrectos posibles. Esto suele ser parte de una mentalidad heredada directamente de los tiempos en los que el neoliberalismo y la globalización representaban la fórmula inigualable de éxito, momento en el que las instituciones estatales promovían estas doctrinas a diestra y siniestra y los Derechos Humanos recientemente se habían levantado como un bastión de la universalidad de la «bondad» global.

Sobre los Derechos Humanos

Exploremos un poco sobre el concepto de los derechos humanos. Revisemos primero el artículo de Wikipedia sobre este concepto histórico solamente para tener una referencia fácil de encontrar y por donde empezar.

[inicio de cita]>

Existe un importante debate sobre el origen cultural de los derechos humanos. Generalmente se considera que tienen su raíz en la cultura occidental moderna, pero existen al menos dos posturas principales más.

Ni en japonés ni en sánscrito clásico,​ por ejemplo, existió el término derecho hasta que se produjeron contactos con la cultura occidental, ya que estas culturas han puesto tradicionalmente el acento en los deberes.

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Personalmente añadiría que las culturas occidentales, pensando en sus orígenes en Grecia y Roma, ponían un acento en los deberes civiles, hay que enfatizar lo civil con respecto al Estado, pues recordemos que en esos tiempos «lo individual» no era aún toda una institución y concepto, como si lo fue a partir del Renacimiento en donde se viene a conocer e instalar como el dogma central de todo el pensamiento liberal, racional y antropocentrista.

Resulta un trabajo arduo y más bien relevante para propósitos historiográficos o antropológicos el investigar si los derechos humanos tienen o no tienen su origen primero en el pensamiento occidental, es así que para los fines prácticos de este artículo no pretendo un escudriñamiento ontológico, sino más bien una reflexión con respecto a los métodos y los efectos que los derechos humanos─bajo la forma que actualmente poseen─tienen actualmente sobre las sociedades del planeta.

Comencemos remitiéndonos a la llamada primera generación, que sale a la luz durante la Revolución Francesa, para poder conocer el contexto dentro del cual la semilla de los derechos humanos modernos (de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) se siembra en el imaginario colectivo, así como conocer los efectos,estipulados por escrito, a los que pretende llevarnos dicho pacto.

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De acuerdo a lo dispuesto en la Declaración adoptada por consenso de los 171 Estados reunidos en Viena en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993: “todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí”. “Entonces, la universalidad, indivisibilidad e interdependencia son los pilares conceptuales en que trata de sustentarse el reconocimiento y protección internacional de los derechos humanos”.

Existen también quienes consideran que Occidente no ha creado la idea ni el concepto de derechos humanos, aunque sí una manera concreta de sistematizarlos, una discusión progresiva y el proyecto de una filosofía de los derechos humanos.

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Estos párrafos nos presentan una idea más operable para la reflexión práctica: si bien el concepto de derechos humanos pueden haberse originado ya sea al mismo tiempo en distintas latitudes o bien en diferentes tiempos así como latitudes, nos es para fines prácticos de esta reflexión, más valioso el observar en manos de quién ha quedado su custodia, pues esto delatará los métodos de divulgación, de organización, de juegos de poder, de la filosofía que se sigue para hacerlos respetar. A propósito de esto anterior no hay mucho misterio, pues la custodia de los mismos ha quedado en manos de occidente, en un aparato con claros sesgos globalizadores y neoliberales como lo es la ONU.

La idea de la universalidad es uno de los pilares de esta declaración. Recordemos que es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la cual a partir de 1948 legitima el pacto entre quienes pretendan ser integrantes de dichas naciones unidas.

[inicio de cita]>

Las teorías que defienden la universalidad de los derechos humanos se suelen contraponer al relativismo cultural, que afirma la validez de todos los sistemas culturales y la imposibilidad de cualquier valoración absoluta desde un marco externo, que en este caso serían los derechos humanos universales. Entre estas dos posturas extremas se sitúa una gama de posiciones intermedias.

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Es esta universalidad, una de las primeras causas de sospecha al respecto de la validez actual de esta propuesta de la dignificación de la vida humana. Solo para concluir este primer apartado sobre la occidentalización de las ideas, revisemos lo que se lee en un texto sobre Bioética del Dr. Ricardo Páez Moreno:

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Los derechos llevan la impronta de occidente, es decir, la individualidad, la pretendida universalidad, la abstracción de los contextos particulares. Los derechos humanos de la primera, segunda o tercera generación obedecen al ser humano ilustrado, a quien ha recobrado el poder y ha logrado hacer vigente su dignidad humana conculcada.

¿Qué problema podría representar la impronta liberal y occidental en los derechos humanos?

El problema se divide en dos partes, primeramente en la naturaleza de las filosofías del liberalismo y del individualismo y en segunda instancia pero no menos importante la universalización y la globalización. Enfoquémonos por ahora en la primer parte.

El liberalismo convierte a la parte «individuæ» en su acto central; el Estado que por otro lado representa lo colectivo debe dejar el escenario limpio para que la individualidad opere sobre sus propias decisiones: mientras menos intromisión del Estado en las decisiones individuales mejor. Es esta filosofía la que da origen al neoliberalismo, una doctrina económica que apuesta principalmente por una supuesta libertad del mercado, compuesta por individualidades que eligen democráticamente su destino común y es ahí en donde la oferta, la otra cara de la moneda de læs individuæs, aparece para proveer a læs demandantes con su oferta comercial.

Milton Friedman lo decía así, "el mercado es el único que sabe lo que quiere y lo que es bueno para él: el Estado no debe interferir más que para proteger las garantías individuales de quienes componen el mercado tanto de la demanda como de la oferta". Actualmente esta forma de ver las cosas está colapsando sobre sí misma, como el economista premio Nobel Joseph Stiglitz no se cansa de decir cada que le entrevistan: "el neoliberalismo y la autoregulación del mercado es una amenaza para el planeta entero".

Si los derechos humanos nacen del seno de una sociedad con necesidades, propuestas, esperanzas, mentalidades y objetivos basados en el individualismo, el neoliberalismo y la globalización, y justamente son esos puntos fuertes del neoliberalismo los cuales están empujando al planeta entero a su hora final, es entonces necesario no eliminar o desacreditar, sino replantear ciertos pilares del funcionamiento, estructura y definición de términos de la DUDH (Declaración Universal de los Derechos Humanos) e incluso de su apéndice más moderno el DUHDE o Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes.

¿Pero por qué es tan peligrosa la auto-regulación del mercado así como de læs individuæs? Pues por el simple hecho de que se ha convertido en un ciclo vicioso: el mercado sobreprotege y mima "de más" a læs individuæs, les da el poder de demandar productos y servicios sin siquiera detenerse a revisar si a quienes les está otorgando ese «libre mercado» la tremenda responsabilidad tienen una mínima educación e información sobre lo que solicitan.

Es la mala repartición del acceso a la información, la falsa garantía de cada Estado a la educación sustanciosa (no solamente con vistas a crear "buenæs empleadæs, técnicæs y obreræs, sino para crear humanæs responsables, concientes y por lo tanto libres), y la mala regulación de la información engañosa que muchas veces las mismas empresas, la iniciativa privada, se encarga de diseminar en las poblaciones, lo que genera un mercado ignorante y adicto, no es en sí que esas personas sean viles, adictas, "malas" o tontas por naturaleza

Esta es una de las principales causas de muchos problemas actuales, las personas prefieren alimentos procesados y ultra refinados por sobre los alimentos nutritivos, pues en lo inmediato se apetecen más, lo cual lleva a problemas serios a nivel poblacional como la obesidad, la diabetes, el cáncer, entre muchas otras causas de mortalidad; otro ejemplo es la sobre exposición de la infancia a la violencia mal encausada o el uso irreflexivo de armas; otro problema es el caso de la hipersexualización; otro podría ser que para reducir costos, el sector privado recurre a malas prácticas en cuanto a explotación de recursos como de personas, violando los mismos Derechos Humanos que supuestamente les rigen.

Estos son tan solo dos problemas de una gran lista de puntos que están llevando a la decadencia social a nivel mundial, y que son parte del problema que trajo el mal manejo del liberalismo en algún momento de su desarrollo y masificación. Es dentro de este contexto que la DUDH se gesta y se desarrolla.

Las situaciones son contextuales y no-universalizables. Existen comunidades en donde la violencia durante la infancia, bajo ciertas regulaciones sociales locales, no solo es aceptable sino que forma parte de la cultura misma, pensemos por ejemplo en oriente y la tradición del arte marcial desde tiernas edades; lo mismo va para la sexualidad, estrictamente dentro del contexto de ciertas culturas, que para nuestro contexto occidental calificaríamos como "aberrantes", como el hecho de que un jovencito varón se vea obligado a beber el semen del patriarca del pueblo durante un ritual de pasaje a la adultez, o la feminización cultural de algunos niños varones como la gente muxe al sur de México, o la circuncición de bebés varones para la gente judía, o bien la ablación del clítoris en recién nacidas en algunas comunidades tribales de África. Todos estos son solo unos pocos ejemplos de prácticas que echan raíz en ciertas comunidades, y que nadie realmente puede sentirse con derecho a irrumpir y pretender "civilizar" o "corregir" sus prácticas, pero que no obstante nos hacen reaccionar fuertemente por lo extraño que se nos presentan y es exactamente aquí en donde se origina el dilema sobre si el intervencionismo externo es algo correcto o deseable, o si la tolerancia general, hasta ciertos límites, es una mejor idea.

Esto anterior obviamente nos haría pensar que el "relativismo cultural" podría usarse para justificar actos de violencia, racismo, esclavitud o pedofilia en un contexto de sectas o grupúsculos que pudieran ampararse argumentando "esta es nuestra cultura y no pueden criminalizar nuestras prácticas", pero no es el caso, una comunidad humana que lleva siglos o milenios realizando tal o cual práctica internamente, es decir sin pretender llevar su propia práctica a nivel de estandar global, no es lo mismo que un grupo formado hace 2, 5, 20, incluso 50 años que evidentemente tengan prácticas de crueldad sin ningún tipo de herencia cultural que respalde o "justifique" su visión y sus rituales sociales. El relativismo cultural no es un escudo para supremacistas, racistas, esclavistas, pedófilos u otros grupos oportunistas y crueles, así que para fines de este artículo descartemos por favor los ejemplos de este tipo de grupos indeseables.

El problema de empujar universales

[pie de imagen]> Emily Ranquist - Pexels

Existe una delgada línea entre situaciones como la tiranía, el fascismo, el absolutismo, y aquellas situaciones que llevan el nombre de bien común, sentido común, multiculturalidad y relativismo cultural.

Si bien la intención de universalizar los Derechos Humanos presuntamente surge de la necesidad de presentar una garantía internacional de manera lo más dura y concreta que pudiera proteger a cualquier población mundial individualmente sin importar contextos, esto podría probar ser una limitación importante al momento de descender del plano meramente conceptual de las buenas intenciones, al plano físico y operacional dentro de cada pueblo, población, tribus y subdivisiones de las mismas.

[inicio de cita]>

Los derechos humanos, entendidos en sentido amplio, son piedra angular del Estado de Derecho, lo que impide que en nuestras sociedades imperen exclusivamente las categorías del mercado y, por lo tanto, la ley del más fuerte.

[fin de cita // referencia de cita]> Irigoyen Coria A, Morales López H. - Bioética y derechos humanos

El hecho actual, es que el aparato campeón de la posmodernidad, es decir el tren-máquina del neoliberalismo que arrastra los vagones del libre mercado, el individualismo rampante, el patriarcado social-político como dogma, los "derechos" o "valores" universalizables, la globalización, et cétera, et cétera, están erosionando la misma riqueza humana que pretenden defender.

La globalización supone justamente la universalización de valores de todo tipo, y con esto, por más buenas intenciones que se pronostiquen para este proceso, lo que está ocurriendo es que muchas garantías se están viendo pisoteadas a pesar incluso de ocurrir en territorios políticos cuyas cabezas de Estado se han unido al pacto de la DUDH.

Tomemos como ejemplo el sistemático plagio de la estética de pueblos originarios, en donde grandes marcas de ropa transnacionales roban patrones de tejido o estampados tradicionales, los patentan y los comercializan sin ningún tipo de retribución para dichas comunidades originarias; la apropiación cultural está desatada por doquier, la trivialización de la importancia de la diversidad de creencias de los pueblos antiguos supone la permisividad absoluta de apropiación que el individuo postmoderno global concibe sobre dichos pueblos y sus creencias, basándose justamente en principios como la "libertad de expresión" documentadas no solo en la DUDH sino en el imaginario colectivo del sentido común.

Pensemos como una individualidad neoliberal global: ¿cuál es la razón válida por la cual se me podría coartar mi libertad de disfrazarme o comercializar con la estética e identidad de tal o cual comunidad? Los Derechos Humanos comienzan a comportarse igual que el libre mercado del neoliberalismo: sobreprotegen solamente a quienes se insertan en cierto contexto globalizado de individuæ libre, les miman y consienten de más, y cuando proceden a atropellar «algo» que su sobreprotector padre (los Derechos Humanos) no les enseñó específicamente como operarlo sin romperlo, ahí estarán para defender solamente a su hijo predilecto (la individualidad globalizada), mientras que læs demás humanæs afectadæs quedan a la merced de sí mismæs para defenderse y se precipitan al abismo de un hueco "legal" o "humano" donde la DUDH parece no poder operar.

Este es el gran problema que presenta la universalización de valores. Actualmente podemos ver este fenómeno ocurriendo con grupos vulnerables o minorías oprimidas por ejemplo. El respeto a la relatividad cultural se convierte en un problema grave cuando justamente tal o cual grupo pretende la universalización de sus prácticas, lo cual nos lleva a una compleja situación que plantea las siguientes preguntas: ¿universal ante quién y por qué razón? ¿ante el sentido común, ante las instituciones legales? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no habría libertad ni derecho de disentir, sino un retorno al dogma y a la la herejía y por lo tanto a la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

Lo que ocurre con la universalización de valores representa entonces un gran dilema: al universalizar cobijamos al mundo entero de algún "mal", pero por otro lado, al no poder conocer todos los casos y excepciones culturales de todo el planeta estamos tiranizando, colonizando y sometiendo a algunos grupos que probablemente ni siquiera necesitaban de "nuestra ayuda".

Esto anterior solía ser un problema pasajero en el mundo antiguo, en donde si una comunidad no se entendía con algún reglamento impuesto, ocurría un quiebre cultural, migraciones, diásporas, división de tribus o reinos, y con esto surgían nuevas comunidades humanas que imponían sobre sí mismas sus propias reglas, los ejemplos de esto son numerosos y preponderantes a lo largo de la Historia. Con la llegada de los proyectos de naciones esto se terminó, las migraciones requieren de papeleo, los quiebres culturales son aplastados con fuerza militar, y las comunidades originarias terminaron en algunos casos exterminadas, en otros relegadas a "reservas", en otros casos relegadas a "las clases sociales bajas", y en el menos peor de los casos integradas ligeramente a las estructuras gubernamentales de sus civilizaciones colonizadoras. El Mundo ha cambiado y de pronto aparece el concepto de lo global, y con ello vienen estos nuevos dilemas que no terminan por acomodarse a la realidad humana que es fluída, migratoria, anti-universalizable.

De no ser por la inercia universalizadora de conceptos "bondadosos" como los mismos Derechos Humanos, quizá no tendríamos esta noción de pretender llevar asuntos al nivel de Declaración Universal. El principio de la multiculturalidad, no por edicto Estatal o Internacional sino por lógica operativa Natural, dicta que cada grupo humano tiene la libertad (no el derecho, pues recordemos que el derecho emana de alguna autoridad) de decidir incluir o excluir cualquier propuesta interna o externa al grupo.

Lo universalizable, lo globalizador parecería no ser posible, y de hecho al igual que el neoliberalismo parece destinado a destruirnos si no lo replanteamos: cualquier intento por elevar una creencia a ser regla o valor universal─incluso aunque presuma de ser muy beneficiosa para "el mundo"─resulta siempre en prácticas que rayan en lo colonizador y monoculturalizador. Cada cultura posee su soberanía, y esta no puede ser irrumpida por una tentativa globalizadora que de la nada presuma de ser «más correcta» que otra, y de la misma manera los quiebres culturales, las migraciones masivas y la creación de nuevos pueblos cada vez se nos aparecen como algo mucho más natural y beneficioso que el ideal universal de grandes naciones a las cuales no todo mundo quiere pertenecer a la fuerza.

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El peligro de universalizar valores morales

cultura destacado

Responsable de nota:
abril 22, 2020 | Sección: cultura destacado | Artículos sobre: temas sobre las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Lo universalizable no es posible: ¿universal ante quién? ¿ante el sentido común, ante una élite, ante las instituciones? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no había libertad ni derecho de disención, sino un retorno a la herejía y la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

La posmodernidad añora lo colectivo, lo comunitario, la inclusividad, conceptos que por sí mismos son muy bellos, el problema de la posmodernidad es que los busca en los lugares más incorrectos posibles. Esto suele ser parte de una mentalidad heredada directamente de los tiempos en los que el neoliberalismo y la globalización representaban la fórmula inigualable de éxito, momento en el que las instituciones estatales promovían estas doctrinas a diestra y siniestra y los Derechos Humanos recientemente se habían levantado como un bastión de la universalidad de la «bondad» global.

Sobre los Derechos Humanos

Exploremos un poco sobre el concepto de los derechos humanos. Revisemos primero el artículo de Wikipedia sobre este concepto histórico solamente para tener una referencia fácil de encontrar y por donde empezar.

Existe un importante debate sobre el origen cultural de los derechos humanos. Generalmente se considera que tienen su raíz en la cultura occidental moderna, pero existen al menos dos posturas principales más.

Ni en japonés ni en sánscrito clásico,​ por ejemplo, existió el término derecho hasta que se produjeron contactos con la cultura occidental, ya que estas culturas han puesto tradicionalmente el acento en los deberes.

Wikipedia – Derechos humanos

Personalmente añadiría que las culturas occidentales, pensando en sus orígenes en Grecia y Roma, ponían un acento en los deberes civiles, hay que enfatizar lo civil con respecto al Estado, pues recordemos que en esos tiempos «lo individual» no era aún toda una institución y concepto, como si lo fue a partir del Renacimiento en donde se viene a conocer e instalar como el dogma central de todo el pensamiento liberal, racional y antropocentrista.


Resulta un trabajo arduo y más bien relevante para propósitos historiográficos o antropológicos el investigar si los derechos humanos tienen o no tienen su origen primero en el pensamiento occidental, es así que para los fines prácticos de este artículo no pretendo un escudriñamiento ontológico, sino más bien una reflexión con respecto a los métodos y los efectos que los derechos humanos─bajo la forma que actualmente poseen─tienen actualmente sobre las sociedades del planeta.

Comencemos remitiéndonos a la llamada primera generación, que sale a la luz durante la Revolución Francesa, para poder conocer el contexto dentro del cual la semilla de los derechos humanos modernos (de la Declaración Universal de los Derechos Humanos) se siembra en el imaginario colectivo, así como conocer los efectos,estipulados por escrito, a los que pretende llevarnos dicho pacto.

De acuerdo a lo dispuesto en la Declaración adoptada por consenso de los 171 Estados reunidos en Viena en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993: “todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí”. “Entonces, la universalidad, indivisibilidad e interdependencia son los pilares conceptuales en que trata de sustentarse el reconocimiento y protección internacional de los derechos humanos”.

Existen también quienes consideran que Occidente no ha creado la idea ni el concepto de derechos humanos, aunque sí una manera concreta de sistematizarlos, una discusión progresiva y el proyecto de una filosofía de los derechos humanos.

Wikipedia – Derechos humanos

Estos párrafos nos presentan una idea más operable para la reflexión práctica: si bien el concepto de derechos humanos pueden haberse originado ya sea al mismo tiempo en distintas latitudes o bien en diferentes tiempos así como latitudes, nos es para fines prácticos de esta reflexión, más valioso el observar en manos de quién ha quedado su custodia, pues esto delatará los métodos de divulgación, de organización, de juegos de poder, de la filosofía que se sigue para hacerlos respetar. A propósito de esto anterior no hay mucho misterio, pues la custodia de los mismos ha quedado en manos de occidente, en un aparato con claros sesgos globalizadores y neoliberales como lo es la ONU.

La idea de la universalidad es uno de los pilares de esta declaración. Recordemos que es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la cual a partir de 1948 legitima el pacto entre quienes pretendan ser integrantes de dichas naciones unidas.

Las teorías que defienden la universalidad de los derechos humanos se suelen contraponer al relativismo cultural, que afirma la validez de todos los sistemas culturales y la imposibilidad de cualquier valoración absoluta desde un marco externo, que en este caso serían los derechos humanos universales. Entre estas dos posturas extremas se sitúa una gama de posiciones intermedias.

Wikipedia – Derechos humanos

Es esta universalidad, una de las primeras causas de sospecha al respecto de la validez actual de esta propuesta de la dignificación de la vida humana. Solo para concluir este primer apartado sobre la occidentalización de las ideas, revisemos lo que se lee en un texto sobre Bioética del Dr. Ricardo Páez Moreno:

Los derechos llevan la impronta de occidente, es decir, la individualidad, la pretendida universalidad, la abstracción de los contextos particulares. Los derechos humanos de la primera, segunda o tercera generación obedecen al ser humano ilustrado, a quien ha recobrado el poder y ha logrado hacer vigente su dignidad humana conculcada.

¿Qué problema podría representar la impronta liberal y occidental en los derechos humanos?

El problema se divide en dos partes, primeramente en la naturaleza de las filosofías del liberalismo y del individualismo y en segunda instancia pero no menos importante la universalización y la globalización. Enfoquémonos por ahora en la primer parte.

El liberalismo convierte a la parte «individuæ» en su acto central; el Estado que por otro lado representa lo colectivo debe dejar el escenario limpio para que la individualidad opere sobre sus propias decisiones: mientras menos intromisión del Estado en las decisiones individuales mejor. Es esta filosofía la que da origen al neoliberalismo, una doctrina económica que apuesta principalmente por una supuesta libertad del mercado, compuesta por individualidades que eligen democráticamente su destino común y es ahí en donde la oferta, la otra cara de la moneda de læs individuæs, aparece para proveer a læs demandantes con su oferta comercial.

Milton Friedman lo decía así, “el mercado es el único que sabe lo que quiere y lo que es bueno para él: el Estado no debe interferir más que para proteger las garantías individuales de quienes componen el mercado tanto de la demanda como de la oferta”. Actualmente esta forma de ver las cosas está colapsando sobre sí misma, como el economista premio Nobel Joseph Stiglitz no se cansa de decir cada que le entrevistan: “el neoliberalismo y la autoregulación del mercado es una amenaza para el planeta entero”.

Si los derechos humanos nacen del seno de una sociedad con necesidades, propuestas, esperanzas, mentalidades y objetivos basados en el individualismo, el neoliberalismo y la globalización, y justamente son esos puntos fuertes del neoliberalismo los cuales están empujando al planeta entero a su hora final, es entonces necesario no eliminar o desacreditar, sino replantear ciertos pilares del funcionamiento, estructura y definición de términos de la DUDH (Declaración Universal de los Derechos Humanos) e incluso de su apéndice más moderno el DUHDE o Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes.

¿Pero por qué es tan peligrosa la auto-regulación del mercado así como de læs individuæs? Pues por el simple hecho de que se ha convertido en un ciclo vicioso: el mercado sobreprotege y mima “de más” a læs individuæs, les da el poder de demandar productos y servicios sin siquiera detenerse a revisar si a quienes les está otorgando ese «libre mercado» la tremenda responsabilidad tienen una mínima educación e información sobre lo que solicitan.

Es la mala repartición del acceso a la información, la falsa garantía de cada Estado a la educación sustanciosa (no solamente con vistas a crear “buenæs empleadæs, técnicæs y obreræs, sino para crear humanæs responsables, concientes y por lo tanto libres), y la mala regulación de la información engañosa que muchas veces las mismas empresas, la iniciativa privada, se encarga de diseminar en las poblaciones, lo que genera un mercado ignorante y adicto, no es en sí que esas personas sean viles, adictas, “malas” o tontas por naturaleza

Esta es una de las principales causas de muchos problemas actuales, las personas prefieren alimentos procesados y ultra refinados por sobre los alimentos nutritivos, pues en lo inmediato se apetecen más, lo cual lleva a problemas serios a nivel poblacional como la obesidad, la diabetes, el cáncer, entre muchas otras causas de mortalidad; otro ejemplo es la sobre exposición de la infancia a la violencia mal encausada o el uso irreflexivo de armas; otro problema es el caso de la hipersexualización; otro podría ser que para reducir costos, el sector privado recurre a malas prácticas en cuanto a explotación de recursos como de personas, violando los mismos Derechos Humanos que supuestamente les rigen.

Estos son tan solo dos problemas de una gran lista de puntos que están llevando a la decadencia social a nivel mundial, y que son parte del problema que trajo el mal manejo del liberalismo en algún momento de su desarrollo y masificación. Es dentro de este contexto que la DUDH se gesta y se desarrolla.

Las situaciones son contextuales y no-universalizables. Existen comunidades en donde la violencia durante la infancia, bajo ciertas regulaciones sociales locales, no solo es aceptable sino que forma parte de la cultura misma, pensemos por ejemplo en oriente y la tradición del arte marcial desde tiernas edades; lo mismo va para la sexualidad, estrictamente dentro del contexto de ciertas culturas, que para nuestro contexto occidental calificaríamos como “aberrantes”, como el hecho de que un jovencito varón se vea obligado a beber el semen del patriarca del pueblo durante un ritual de pasaje a la adultez, o la feminización cultural de algunos niños varones como la gente muxe al sur de México, o la circuncición de bebés varones para la gente judía, o bien la ablación del clítoris en recién nacidas en algunas comunidades tribales de África. Todos estos son solo unos pocos ejemplos de prácticas que echan raíz en ciertas comunidades, y que nadie realmente puede sentirse con derecho a irrumpir y pretender “civilizar” o “corregir” sus prácticas, pero que no obstante nos hacen reaccionar fuertemente por lo extraño que se nos presentan y es exactamente aquí en donde se origina el dilema sobre si el intervencionismo externo es algo correcto o deseable, o si la tolerancia general, hasta ciertos límites, es una mejor idea.

Esto anterior obviamente nos haría pensar que el “relativismo cultural” podría usarse para justificar actos de violencia, racismo, esclavitud o pedofilia en un contexto de sectas o grupúsculos que pudieran ampararse argumentando “esta es nuestra cultura y no pueden criminalizar nuestras prácticas”, pero no es el caso, una comunidad humana que lleva siglos o milenios realizando tal o cual práctica internamente, es decir sin pretender llevar su propia práctica a nivel de estandar global, no es lo mismo que un grupo formado hace 2, 5, 20, incluso 50 años que evidentemente tengan prácticas de crueldad sin ningún tipo de herencia cultural que respalde o “justifique” su visión y sus rituales sociales. El relativismo cultural no es un escudo para supremacistas, racistas, esclavistas, pedófilos u otros grupos oportunistas y crueles, así que para fines de este artículo descartemos por favor los ejemplos de este tipo de grupos indeseables.

El problema de empujar universales

Emily Ranquist – Pexels

Existe una delgada línea entre situaciones como la tiranía, el fascismo, el absolutismo, y aquellas situaciones que llevan el nombre de bien común, sentido común, multiculturalidad y relativismo cultural.

Si bien la intención de universalizar los Derechos Humanos presuntamente surge de la necesidad de presentar una garantía internacional de manera lo más dura y concreta que pudiera proteger a cualquier población mundial individualmente sin importar contextos, esto podría probar ser una limitación importante al momento de descender del plano meramente conceptual de las buenas intenciones, al plano físico y operacional dentro de cada pueblo, población, tribus y subdivisiones de las mismas.

Los derechos humanos, entendidos en sentido amplio, son piedra angular del Estado de Derecho, lo que impide que en nuestras sociedades imperen exclusivamente las categorías del mercado y, por lo tanto, la ley del más fuerte.

Irigoyen Coria A, Morales López H. – Bioética y derechos humanos

El hecho actual, es que el aparato campeón de la posmodernidad, es decir el tren-máquina del neoliberalismo que arrastra los vagones del libre mercado, el individualismo rampante, el patriarcado social-político como dogma, los “derechos” o “valores” universalizables, la globalización, et cétera, et cétera, están erosionando la misma riqueza humana que pretenden defender.

La globalización supone justamente la universalización de valores de todo tipo, y con esto, por más buenas intenciones que se pronostiquen para este proceso, lo que está ocurriendo es que muchas garantías se están viendo pisoteadas a pesar incluso de ocurrir en territorios políticos cuyas cabezas de Estado se han unido al pacto de la DUDH.

Tomemos como ejemplo el sistemático plagio de la estética de pueblos originarios, en donde grandes marcas de ropa transnacionales roban patrones de tejido o estampados tradicionales, los patentan y los comercializan sin ningún tipo de retribución para dichas comunidades originarias; la apropiación cultural está desatada por doquier, la trivialización de la importancia de la diversidad de creencias de los pueblos antiguos supone la permisividad absoluta de apropiación que el individuo postmoderno global concibe sobre dichos pueblos y sus creencias, basándose justamente en principios como la “libertad de expresión” documentadas no solo en la DUDH sino en el imaginario colectivo del sentido común.

Pensemos como una individualidad neoliberal global: ¿cuál es la razón válida por la cual se me podría coartar mi libertad de disfrazarme o comercializar con la estética e identidad de tal o cual comunidad? Los Derechos Humanos comienzan a comportarse igual que el libre mercado del neoliberalismo: sobreprotegen solamente a quienes se insertan en cierto contexto globalizado de individuæ libre, les miman y consienten de más, y cuando proceden a atropellar «algo» que su sobreprotector padre (los Derechos Humanos) no les enseñó específicamente como operarlo sin romperlo, ahí estarán para defender solamente a su hijo predilecto (la individualidad globalizada), mientras que læs demás humanæs afectadæs quedan a la merced de sí mismæs para defenderse y se precipitan al abismo de un hueco “legal” o “humano” donde la DUDH parece no poder operar.

Este es el gran problema que presenta la universalización de valores. Actualmente podemos ver este fenómeno ocurriendo con grupos vulnerables o minorías oprimidas por ejemplo. El respeto a la relatividad cultural se convierte en un problema grave cuando justamente tal o cual grupo pretende la universalización de sus prácticas, lo cual nos lleva a una compleja situación que plantea las siguientes preguntas: ¿universal ante quién y por qué razón? ¿ante el sentido común, ante las instituciones legales? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no habría libertad ni derecho de disentir, sino un retorno al dogma y a la la herejía y por lo tanto a la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

Lo que ocurre con la universalización de valores representa entonces un gran dilema: al universalizar cobijamos al mundo entero de algún “mal”, pero por otro lado, al no poder conocer todos los casos y excepciones culturales de todo el planeta estamos tiranizando, colonizando y sometiendo a algunos grupos que probablemente ni siquiera necesitaban de “nuestra ayuda”.

Esto anterior solía ser un problema pasajero en el mundo antiguo, en donde si una comunidad no se entendía con algún reglamento impuesto, ocurría un quiebre cultural, migraciones, diásporas, división de tribus o reinos, y con esto surgían nuevas comunidades humanas que imponían sobre sí mismas sus propias reglas, los ejemplos de esto son numerosos y preponderantes a lo largo de la Historia. Con la llegada de los proyectos de naciones esto se terminó, las migraciones requieren de papeleo, los quiebres culturales son aplastados con fuerza militar, y las comunidades originarias terminaron en algunos casos exterminadas, en otros relegadas a “reservas”, en otros casos relegadas a “las clases sociales bajas”, y en el menos peor de los casos integradas ligeramente a las estructuras gubernamentales de sus civilizaciones colonizadoras. El Mundo ha cambiado y de pronto aparece el concepto de lo global, y con ello vienen estos nuevos dilemas que no terminan por acomodarse a la realidad humana que es fluída, migratoria, anti-universalizable.

De no ser por la inercia universalizadora de conceptos “bondadosos” como los mismos Derechos Humanos, quizá no tendríamos esta noción de pretender llevar asuntos al nivel de Declaración Universal. El principio de la multiculturalidad, no por edicto Estatal o Internacional sino por lógica operativa Natural, dicta que cada grupo humano tiene la libertad (no el derecho, pues recordemos que el derecho emana de alguna autoridad) de decidir incluir o excluir cualquier propuesta interna o externa al grupo.

Lo universalizable, lo globalizador parecería no ser posible, y de hecho al igual que el neoliberalismo parece destinado a destruirnos si no lo replanteamos: cualquier intento por elevar una creencia a ser regla o valor universal─incluso aunque presuma de ser muy beneficiosa para “el mundo”─resulta siempre en prácticas que rayan en lo colonizador y monoculturalizador. Cada cultura posee su soberanía, y esta no puede ser irrumpida por una tentativa globalizadora que de la nada presuma de ser «más correcta» que otra, y de la misma manera los quiebres culturales, las migraciones masivas y la creación de nuevos pueblos cada vez se nos aparecen como algo mucho más natural y beneficioso que el ideal universal de grandes naciones a las cuales no todo mundo quiere pertenecer a la fuerza.

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