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El problema de pretender “universalizar” valores morales

Lo universalizable no es posible: ¿universal ante quién? ¿ante el sentido común, ante una élite, ante las instituciones? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no había libertad ni derecho de disención, sino un retorno a la herejía y la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

La posmodernidad añora lo colectivo, lo comunitario, la inclusividad, que en sí se tratan de conceptos muy bellos, el problema es que los busca en los lugares más incorrectos posibles, y esto suele ser parte de una mentalidad heredada por la era de las instituciones estatales y los Derechos Humanos como bastión de la universalidad de la «bondad» globalizada.

Sobre los Derechos Humanos

Exploremos un poco sobre el concepto de los derechos humanos. Revisemos primero el artículo de Wikipedia sobre este concepto histórico solamente para tener una referencia fácil de encontrar y por donde empezar.

[inicio de cita]>

Existe un importante debate sobre el origen cultural de los derechos humanos. Generalmente se considera que tienen su raíz en la cultura occidental moderna, pero existen al menos dos posturas principales más.

Ni en japonés ni en sánscrito clásico,​ por ejemplo, existió el término derecho hasta que se produjeron contactos con la cultura occidental, ya que estas culturas han puesto tradicionalmente el acento en los deberes.

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Personalmente añadiría que las culturas occidentales, pensando en sus orígenes en Grecia y Roma, ponían un acento en los deberes civiles, hay que enfatizar lo civil con respecto al Estado, pues recordemos que en esos tiempos «lo individual» no era aún toda una institución y concepto, como si lo fue a partir del Renacimiento en donde se viene a conocer e instalar como el dogma central de todo el pensamiento liberal, racional y antropocentrista.

Resulta un trabajo difícil, y un tanto inútil para fines prácticos -pero no así para fines historiográficos o antropológicos-, el debatir si los derechos humanos tienen su origen primero en el pensamiento occidental. Basta con revisar el discurso que promueve dicho texto así como remitirnos a la llamada primera generación que sale a la luz durante la Revolución Francesa, para así conocer el contexto dentro del cual la semilla de los derechos humanos modernos, es decir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) se siembra en el imaginario colectivo, así como los efectos estipulados por escrito a los que pretende llevarnos dicho pacto.

[inicio de cita]>

Existen también quienes consideran que Occidente no ha creado la idea ni el concepto de derechos humanos, aunque sí una manera concreta de sistematizarlos, una discusión progresiva y el proyecto de una filosofía de los derechos humanos.

De acuerdo a lo dispuesto en la Declaración adoptada por consenso de los 171 Estados reunidos en Viena en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993: “todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí”. “Entonces, la universalidad, indivisibilidad e interdependencia son los pilares conceptuales en que trata de sustentarse el reconocimiento y protección internacional de los derechos humanos

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Estos siguientes párrafos nos presentan una idea más operable: si bien los derechos humanos pueden pertenecer a quien sea, es decir, su origen primero, para fines prácticos, nos puede venir siendo irrelevante, el hecho de cómo organizarlos o sistematizarlos, la manera de como las sociedades los consensúan y cómo los divulgan, así como de sus métodos para hacerlos respetar, sí es de nuestro completo interés, pues delata el discurso dentro del cual son factibles de operar y bajo qué custodia queda su protección.

Como podemos ver en el último párrafo, la idea de la universalidad es uno de los pilares de esta declaración. Recordemos que es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la cual a partir de 1948 legitima el pacto entre quienes pretendan ser integrantes de dichas naciones unidas.

[inicio de cita]>

Las teorías que defienden la universalidad de los derechos humanos se suelen contraponer al relativismo cultural, que afirma la validez de todos los sistemas culturales y la imposibilidad de cualquier valoración absoluta desde un marco externo, que en este caso serían los derechos humanos universales. Entre estas dos posturas extremas se sitúa una gama de posiciones intermedias.

[fin de cita // referencia de cita]> Wikipedia - Derechos humanos

Es esta universalidad, una de las primeras causas de sospecha al respecto de la validez actual de esta propuesta de la dignificación de la vida humana. Solo para concluir este primer apartado sobre la occidentalización de las ideas, revisemos lo que se lee en un texto sobre Bioética del Dr. Ricardo Páez Moreno:

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Los derechos llevan la impronta de occidente, es decir, la individualidad, la pretendida universalidad, la abstracción de los contextos particulares. Los derechos humanos de la primera, segunda o tercera generación obedecen al ser humano ilustrado, a quien ha recobrado el poder y ha logrado hacer vigente su dignidad humana conculcada.

¿Qué problema podría representar la impronta liberal y occidental en los derechos humanos?

El problema se divide en dos partes, primeramente en la naturaleza de las filosofías del liberalismo y del individualismo y en segunda instancia pero no menos importante la universalización y la globalización. Enfoquémonos por ahora en la primer parte.

El liberalismo convierte a la parte «individuæ» en su acto central; el Estado que por otro lado representa lo colectivo debe dejar el escenario limpio para que la individualidad opere sobre sus propias decisiones: mientras menos intromisión del Estado en las decisiones individuales mejor. Es esta filosofía la que da origen al neoliberalismo, una doctrina económica que apuesta principalmente por una supuesta libertad del mercado, compuesta por individualidades que eligen democráticamente su destino común y es ahí en donde la oferta, la otra cara de la moneda de læs individuæs, aparece para proveer a læs demandantes con su oferta comercial.

Milton Friedman lo decía así, "el mercado es el único que sabe lo que quiere y lo que es bueno para él: el Estado no debe interferir más que para proteger las garantías individuales de quienes componen el mercado tanto de la demanda como de la oferta". Actualmente esta forma de ver las cosas está colapsando sobre sí misma, como el economista premio Nobel Joseph Stiglitz no se cansa de decir cada que le entrevistan: "el neoliberalismo y la autoregulación del mercado es una amenaza para el planeta entero".

Si los derechos humanos nacen del seno de una sociedad con necesidades, propuestas, esperanzas, mentalidades y objetivos basados en el individualismo, el neoliberalismo y la globalización, y justamente son esos puntos fuertes del neoliberalismo los cuales están empujando al planeta entero a su hora final, es entonces necesario no eliminar o desacreditar, sino replantear ciertos pilares del funcionamiento, estructura y definición de términos de la DUDH e incluso de su apéndice más moderno el DUHDE o Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes.

¿Pero por qué es tan peligrosa la auto-regulación del mercado así como de læs individuæs? Pues por el simple hecho de que se ha convertido en un ciclo vicioso: el mercado sobreprotege y mima "de más" a læs individuæs, les da el poder de demandar productos y servicios sin siquiera detenerse a revisar si a quienes les está otorgando ese «libre mercado» la tremenda responsabilidad tienen una mínima educación e información sobre lo que solicitan.

Es la mala repartición del acceso a la información, la falsa garantía de cada Estado a la educación sustanciosa (no solamente con vistas a crear "buenæs empleadæs, técnicæs y obreræs, sino para crear humanæs responsables, concientes y por lo tanto libres), y la mala regulación de la información engañosa que muchas veces las mismas empresas, la iniciativa privada, se encarga de diseminar en las poblaciones, lo que genera un mercado ignorante y adicto, no es en sí que esas personas sean viles, adictas, "malas" o tontas por naturaleza

Esta es una de las principales causas de muchos problemas actuales, las personas prefieren alimentos procesados y ultra refinados por sobre los alimentos nutritivos, pues en lo inmediato se apetecen más, lo cual lleva a problemas serios a nivel poblacional como la obesidad, la diabetes, el cáncer, entre muchas otras causas de mortalidad; otro ejemplo es la sobre exposición de la infancia a la violencia mal encausada o el uso irreflexivo de armas; otro problema es el caso de la hipersexualización; otro podría ser que para reducir costos, el sector privado recurre a malas prácticas en cuanto a explotación de recursos como de personas, violando los mismos Derechos Humanos que supuestamente les rigen.

Estos son tan solo dos problemas de una gran lista de puntos que están llevando a la decadencia social a nivel mundial, y que son parte del problema que trajo el mal manejo del liberalismo en algún momento de su desarrollo y masificación. Es dentro de este contexto que la DUDH se gesta y se desarrolla.

Las situaciones son contextuales y no-universalizables. Existen comunidades en donde la violencia bajo ciertas regulaciones sociales locales en la infancia no solo es aceptable sino que forma parte de la cultura misma; lo mismo va para la sexualización hasta cierto punto dentro de ciertas culturas, o para prácticas que si bien para nuestro contexto podrían parecer aterradoras como el hecho de que un jovencito varón para pasar a la adultez tenga que beber el semen del patriarca del pueblo durante un ritual de pasaje, dentro del contexto específico de cada cultura mantienen un estatus funcional, y justamente ahí radica el dilema sobre el intervencionismo externo o bien la tolerancia general hasta ciertos límites ante las diferentes expresiones de la multiculturalidad, mientras dichas culturas no pretendan universalizar a la fuerza sus prácticas internas.

El problema de empujar universales

[pie de imagen]> Emily Ranquist - Pexels

Existe una delgada línea entre situaciones como la tiranía, el fascismo, el absolutismo, y aquellas situaciones que llevan el nombre de bien común, sentido común, multiculturalidad y relativismo cultural.

Si bien la intención de universalizar los Derechos Humanos presuntamente surge de la necesidad de presentar una garantía internacional de manera lo más dura y "positivista" en el sentido anti-relativista del concepto, que pudiera proteger a la población individualmente sin importar datos cualitativos que cada territorio político-económico les impusiera a cada humanæ, esto podría probar ser una limitación importante al momento de descender del plano meramente conceptual de las buenas intenciones al plano físico y operacional de cada pueblo, población y subdivisiones de las mismas.

[inicio de cita]>

Los derechos humanos, entendidos en sentido amplio, son piedra angular del Estado de Derecho, lo que impide que en nuestras sociedades imperen exclusivamente las categorías del mercado y, por lo tanto, la ley del más fuerte.

[fin de cita // referencia de cita]> Irigoyen Coria A, Morales López H. - Bioética y derechos humanos

El hecho actual, es que el aparato campeón de la posmodernidad, es decir el tren-máquina del neoliberalismo que arrastra los vagones del libre mercado, el individualismo rampante, el patriarcado social-político como dogma, los "derechos" o "valores" universalizables, la globalización, et cétera, et cétera, están erosionando la misma riqueza humana que pretenden defender.

La globalización supone justamente la universalización de valores de todo tipo, y con esto, por más buenas intenciones que se pronostiquen para este proceso, lo que está ocurriendo es que muchas garantías se están viendo pisoteadas a pesar incluso de ocurrir en territorios políticos cuyas cabezas de Estado se han unido al pacto de la DUDH. Tomemos como ejemplo el sistemático plagio de la estética de pueblos originarios, en donde marcas de ropa y accesorios transnacionales roban patrones de tejido o estampados tradicionales, los patentan y los comercializan sin ningún tipo de beneficio (sino todo lo contrario) para dichas comunidades; la apropiación cultural está desatada por doquier, la trivialización de las creencias originarias supone la permisividad absoluta de facto que el individuo postmoderno concibe sobre dichos pueblos y sus creencias, basándose justamente en principios como la "libertad de expresión" documentadas no solo en la DUDH sino en el imaginario colectivo del sentido común, porque ¿cuál es la razón válida por la cual un pueblo originario podría coartar mi decisión de disfrazarme o hablar en nombre de tal o cual comunidad? Los Derechos Humanos comienzan a comportarse igual que el libre mercado del neoliberalismo: sobreprotegen solamente a quienes se insertan en cierto contexto globalizado de individuæ libre, les miman y consienten de más, y cuando proceden a atropellar «algo» que su sobreprotector padre (los Derechos Humanos) no les enseñó específicamente como operarlo sin romperlo, ahí están para defender solamente a su retoño, mientras que læs demás humanæs afectadæs quedan a la merced de sí mismæs para defenderse y se precipitan al abismo de un hueco "legal" o "humano" donde la DUDH parece no poder operar.

Este es el gran problema que presenta la universalización de valores. Actualmente podemos ver este fenómeno ocurriendo en dilemas sociales como las poblaciones feministas dentro de la totalidad de la población, que a la vez las aliena y a la vez la pretende integrar de modos que no terminan de satisfacer ni a los grupos feministas ni a los grupos dentro de la "normalidad" del Estado. Esto en sí no es algo malo, pues es posible que haya puntos irreconciliables entre ambas filosofías de vida, lo que más bien implica un cisma y un momento Histórico de toma de decisiones no a partir de aparatos transnacionales o Estatales gigantes sino grupales de lo micro a lo macro.

Es justamente de este modo que nos regresa al problema de la estandarización y la universalización. El problema se vuelve incluso más confuso cuando dentro de las comunidades feministas existen cismas entre los feminismos trans-incluyentes que defienden, a sus maneras, la inclusión de la poblacion trans-femenina dentro de su concepto de feminidad, mientras que otro bando defiende la exclusión de la población trans-femenina de todo concepto de feminidad o bien quienes les excluyen de asuntos nucleares pero abren un espacio para el activismo conjunto en parelelo más no mezclado de los asuntos que le atañen a cada población; esto no sería un problema si no fuera por el hecho de que todas las facciones pretenden la universalización de su concepto de feminidad, o de activismo, o de legalidad, o de operatividad, lo cual nos lleva a la compleja situación sumamente enredosa que plantea las siguientes preguntas: ¿universal ante quién? ¿ante el sentido común, ante una élite, ante las instituciones? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no había libertad ni derecho de disentir, sino un retorno a la herejía y la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

De no ser por la inercia universalizadora de conceptos "bondadosos" como los mismos Derechos Humanos, quizá no tendríamos esta noción de pretender llevar al nivel de Declaración Universal asuntos concernientes más bien a grupos. El principio de la multiculturalidad, no por edicto Estatal o Internacional sino por lógica operativa Natural, dicta que cada grupo humano tiene la libertad (no el derecho, pues recordemos que el derecho emana de alguna autoridad) de decidir incluir o excluir cualquier propuesta interna o externa al grupo. Es aquí en donde un valor como la solidaridad entra en juego: usualmente, si una población pretende universalizar tiránica y despóticamente algun "valor" e imponerla a quienes le rodean, siempre existe ese instinto o pulsión animal humana de contrarrestar dicha imposición y poner al agresor en su lugar.

Afortunada o lamentablemente, ese es el gran dilema, la Naturaleza no obra de manera moral, por ejemplo, el hecho de que las cianobacterias hayan proliferado en lugar de otras bacterias, y que esto haya sido el parteaguas para que toda la vida dependiente del oxígeno fuera posible, implica pues, la desaparición (muerte) de muchas bacterias "contrincantes" a las cianobacterias en sus ecosistemas, lo mismo ocurre con la hipótesis de la antimateria vs. la matería, la cual supone que en un inicio existía una cantidad casi equitativa de ambos grupos "contrincantes" de sustancia, hasta que la materia comenzó a proliferar más que la antimateria, permitiendo que el universo tal cual lo conocemos ahora exista, lo cual supuso la desaparición de la mayoría de la antimateria en el universo. Es de esta misma manera que el futuro se presenta incierto para cualquier grupo humano que pretende vivir en paz sobre la Tierra: la izquierda y la derecha, el patriarcado o la equidad, el feminismo trans-incluyente así como el trans-excluyente, la democracia y la autodeterminación de los pueblos originarios.

¿Es posible que coexistan estos grupos sin que hayan constantes intentos de unos por absorber a la fuerza o bien desaparecer a los otros grupos por medio de la violencia? Esa es una respuesta que atañe justamente a los principios del concepto de los Derechos Humanos, mismos que por su carácter occidental, neoliberal, globalizador y universalizador, no parecen estar llevando el juego a otro nivel de organización, que sería la idea.

Lo universalizable no es posible: cualquier intento por elevar una creencia a ser regla o valor universal─incluso aunque presuma de ser muy beneficiosa para "el mundo"─resulta en tentativas que rayan en lo colonizador y monoculturalizador. Cada cultura posee su soberanía, y esta no puede ser irrumpida por una tentativa globalizadora que de la nada presuma de ser «más correcta» que otra. Hay contadas excepciones (y recordemos que las excepciones no son recurrentes ni abundantes, por eso son excepciones) que ameritan una intervención defensiva, y usualmente eso ocurre cuando entran en juego ideales fascistas y expansionistas, puesto que estos ideales justamente proponen un plan de acción que va en el sentido de lo que menciono como incorrecto desde el inicio y que no es ético promover: la universalización de los valores.

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El problema de pretender “universalizar” valores morales

cultura

Responsable de nota:
abril 22, 2020 | Sección: cultura | Artículos sobre: temas que atañen a las relaciones culturales que atraviesan tanto a nuestro imaginario colectivo como a la práctica cotidiana,

Lo universalizable no es posible: ¿universal ante quién? ¿ante el sentido común, ante una élite, ante las instituciones? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no había libertad ni derecho de disención, sino un retorno a la herejía y la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

La posmodernidad añora lo colectivo, lo comunitario, la inclusividad, que en sí se tratan de conceptos muy bellos, el problema es que los busca en los lugares más incorrectos posibles, y esto suele ser parte de una mentalidad heredada por la era de las instituciones estatales y los Derechos Humanos como bastión de la universalidad de la «bondad» globalizada.

Sobre los Derechos Humanos

Exploremos un poco sobre el concepto de los derechos humanos. Revisemos primero el artículo de Wikipedia sobre este concepto histórico solamente para tener una referencia fácil de encontrar y por donde empezar.

Existe un importante debate sobre el origen cultural de los derechos humanos. Generalmente se considera que tienen su raíz en la cultura occidental moderna, pero existen al menos dos posturas principales más.

Ni en japonés ni en sánscrito clásico,​ por ejemplo, existió el término derecho hasta que se produjeron contactos con la cultura occidental, ya que estas culturas han puesto tradicionalmente el acento en los deberes.

Wikipedia – Derechos humanos

Personalmente añadiría que las culturas occidentales, pensando en sus orígenes en Grecia y Roma, ponían un acento en los deberes civiles, hay que enfatizar lo civil con respecto al Estado, pues recordemos que en esos tiempos «lo individual» no era aún toda una institución y concepto, como si lo fue a partir del Renacimiento en donde se viene a conocer e instalar como el dogma central de todo el pensamiento liberal, racional y antropocentrista.


Resulta un trabajo difícil, y un tanto inútil para fines prácticos -pero no así para fines historiográficos o antropológicos-, el debatir si los derechos humanos tienen su origen primero en el pensamiento occidental. Basta con revisar el discurso que promueve dicho texto así como remitirnos a la llamada primera generación que sale a la luz durante la Revolución Francesa, para así conocer el contexto dentro del cual la semilla de los derechos humanos modernos, es decir de la Declaración Universal de los Derechos Humanos (DUDH) se siembra en el imaginario colectivo, así como los efectos estipulados por escrito a los que pretende llevarnos dicho pacto.

Existen también quienes consideran que Occidente no ha creado la idea ni el concepto de derechos humanos, aunque sí una manera concreta de sistematizarlos, una discusión progresiva y el proyecto de una filosofía de los derechos humanos.

De acuerdo a lo dispuesto en la Declaración adoptada por consenso de los 171 Estados reunidos en Viena en la Conferencia Mundial de Derechos Humanos en 1993: “todos los derechos humanos son universales, indivisibles e interdependientes y están relacionados entre sí”. “Entonces, la universalidad, indivisibilidad e interdependencia son los pilares conceptuales en que trata de sustentarse el reconocimiento y protección internacional de los derechos humanos

Wikipedia – Derechos humanos

Estos siguientes párrafos nos presentan una idea más operable: si bien los derechos humanos pueden pertenecer a quien sea, es decir, su origen primero, para fines prácticos, nos puede venir siendo irrelevante, el hecho de cómo organizarlos o sistematizarlos, la manera de como las sociedades los consensúan y cómo los divulgan, así como de sus métodos para hacerlos respetar, sí es de nuestro completo interés, pues delata el discurso dentro del cual son factibles de operar y bajo qué custodia queda su protección.

Como podemos ver en el último párrafo, la idea de la universalidad es uno de los pilares de esta declaración. Recordemos que es la Organización de las Naciones Unidas (ONU) la cual a partir de 1948 legitima el pacto entre quienes pretendan ser integrantes de dichas naciones unidas.

Las teorías que defienden la universalidad de los derechos humanos se suelen contraponer al relativismo cultural, que afirma la validez de todos los sistemas culturales y la imposibilidad de cualquier valoración absoluta desde un marco externo, que en este caso serían los derechos humanos universales. Entre estas dos posturas extremas se sitúa una gama de posiciones intermedias.

Wikipedia – Derechos humanos

Es esta universalidad, una de las primeras causas de sospecha al respecto de la validez actual de esta propuesta de la dignificación de la vida humana. Solo para concluir este primer apartado sobre la occidentalización de las ideas, revisemos lo que se lee en un texto sobre Bioética del Dr. Ricardo Páez Moreno:

Los derechos llevan la impronta de occidente, es decir, la individualidad, la pretendida universalidad, la abstracción de los contextos particulares. Los derechos humanos de la primera, segunda o tercera generación obedecen al ser humano ilustrado, a quien ha recobrado el poder y ha logrado hacer vigente su dignidad humana conculcada.

¿Qué problema podría representar la impronta liberal y occidental en los derechos humanos?

El problema se divide en dos partes, primeramente en la naturaleza de las filosofías del liberalismo y del individualismo y en segunda instancia pero no menos importante la universalización y la globalización. Enfoquémonos por ahora en la primer parte.

El liberalismo convierte a la parte «individuæ» en su acto central; el Estado que por otro lado representa lo colectivo debe dejar el escenario limpio para que la individualidad opere sobre sus propias decisiones: mientras menos intromisión del Estado en las decisiones individuales mejor. Es esta filosofía la que da origen al neoliberalismo, una doctrina económica que apuesta principalmente por una supuesta libertad del mercado, compuesta por individualidades que eligen democráticamente su destino común y es ahí en donde la oferta, la otra cara de la moneda de læs individuæs, aparece para proveer a læs demandantes con su oferta comercial.

Milton Friedman lo decía así, “el mercado es el único que sabe lo que quiere y lo que es bueno para él: el Estado no debe interferir más que para proteger las garantías individuales de quienes componen el mercado tanto de la demanda como de la oferta”. Actualmente esta forma de ver las cosas está colapsando sobre sí misma, como el economista premio Nobel Joseph Stiglitz no se cansa de decir cada que le entrevistan: “el neoliberalismo y la autoregulación del mercado es una amenaza para el planeta entero”.

Si los derechos humanos nacen del seno de una sociedad con necesidades, propuestas, esperanzas, mentalidades y objetivos basados en el individualismo, el neoliberalismo y la globalización, y justamente son esos puntos fuertes del neoliberalismo los cuales están empujando al planeta entero a su hora final, es entonces necesario no eliminar o desacreditar, sino replantear ciertos pilares del funcionamiento, estructura y definición de términos de la DUDH e incluso de su apéndice más moderno el DUHDE o Declaración Universal de los Derechos Humanos Emergentes.

¿Pero por qué es tan peligrosa la auto-regulación del mercado así como de læs individuæs? Pues por el simple hecho de que se ha convertido en un ciclo vicioso: el mercado sobreprotege y mima “de más” a læs individuæs, les da el poder de demandar productos y servicios sin siquiera detenerse a revisar si a quienes les está otorgando ese «libre mercado» la tremenda responsabilidad tienen una mínima educación e información sobre lo que solicitan.

Es la mala repartición del acceso a la información, la falsa garantía de cada Estado a la educación sustanciosa (no solamente con vistas a crear “buenæs empleadæs, técnicæs y obreræs, sino para crear humanæs responsables, concientes y por lo tanto libres), y la mala regulación de la información engañosa que muchas veces las mismas empresas, la iniciativa privada, se encarga de diseminar en las poblaciones, lo que genera un mercado ignorante y adicto, no es en sí que esas personas sean viles, adictas, “malas” o tontas por naturaleza

Esta es una de las principales causas de muchos problemas actuales, las personas prefieren alimentos procesados y ultra refinados por sobre los alimentos nutritivos, pues en lo inmediato se apetecen más, lo cual lleva a problemas serios a nivel poblacional como la obesidad, la diabetes, el cáncer, entre muchas otras causas de mortalidad; otro ejemplo es la sobre exposición de la infancia a la violencia mal encausada o el uso irreflexivo de armas; otro problema es el caso de la hipersexualización; otro podría ser que para reducir costos, el sector privado recurre a malas prácticas en cuanto a explotación de recursos como de personas, violando los mismos Derechos Humanos que supuestamente les rigen.

Estos son tan solo dos problemas de una gran lista de puntos que están llevando a la decadencia social a nivel mundial, y que son parte del problema que trajo el mal manejo del liberalismo en algún momento de su desarrollo y masificación. Es dentro de este contexto que la DUDH se gesta y se desarrolla.

Las situaciones son contextuales y no-universalizables. Existen comunidades en donde la violencia bajo ciertas regulaciones sociales locales en la infancia no solo es aceptable sino que forma parte de la cultura misma; lo mismo va para la sexualización hasta cierto punto dentro de ciertas culturas, o para prácticas que si bien para nuestro contexto podrían parecer aterradoras como el hecho de que un jovencito varón para pasar a la adultez tenga que beber el semen del patriarca del pueblo durante un ritual de pasaje, dentro del contexto específico de cada cultura mantienen un estatus funcional, y justamente ahí radica el dilema sobre el intervencionismo externo o bien la tolerancia general hasta ciertos límites ante las diferentes expresiones de la multiculturalidad, mientras dichas culturas no pretendan universalizar a la fuerza sus prácticas internas.

El problema de empujar universales

Emily Ranquist – Pexels

Existe una delgada línea entre situaciones como la tiranía, el fascismo, el absolutismo, y aquellas situaciones que llevan el nombre de bien común, sentido común, multiculturalidad y relativismo cultural.

Si bien la intención de universalizar los Derechos Humanos presuntamente surge de la necesidad de presentar una garantía internacional de manera lo más dura y “positivista” en el sentido anti-relativista del concepto, que pudiera proteger a la población individualmente sin importar datos cualitativos que cada territorio político-económico les impusiera a cada humanæ, esto podría probar ser una limitación importante al momento de descender del plano meramente conceptual de las buenas intenciones al plano físico y operacional de cada pueblo, población y subdivisiones de las mismas.

Los derechos humanos, entendidos en sentido amplio, son piedra angular del Estado de Derecho, lo que impide que en nuestras sociedades imperen exclusivamente las categorías del mercado y, por lo tanto, la ley del más fuerte.

Irigoyen Coria A, Morales López H. – Bioética y derechos humanos

El hecho actual, es que el aparato campeón de la posmodernidad, es decir el tren-máquina del neoliberalismo que arrastra los vagones del libre mercado, el individualismo rampante, el patriarcado social-político como dogma, los “derechos” o “valores” universalizables, la globalización, et cétera, et cétera, están erosionando la misma riqueza humana que pretenden defender.

La globalización supone justamente la universalización de valores de todo tipo, y con esto, por más buenas intenciones que se pronostiquen para este proceso, lo que está ocurriendo es que muchas garantías se están viendo pisoteadas a pesar incluso de ocurrir en territorios políticos cuyas cabezas de Estado se han unido al pacto de la DUDH. Tomemos como ejemplo el sistemático plagio de la estética de pueblos originarios, en donde marcas de ropa y accesorios transnacionales roban patrones de tejido o estampados tradicionales, los patentan y los comercializan sin ningún tipo de beneficio (sino todo lo contrario) para dichas comunidades; la apropiación cultural está desatada por doquier, la trivialización de las creencias originarias supone la permisividad absoluta de facto que el individuo postmoderno concibe sobre dichos pueblos y sus creencias, basándose justamente en principios como la “libertad de expresión” documentadas no solo en la DUDH sino en el imaginario colectivo del sentido común, porque ¿cuál es la razón válida por la cual un pueblo originario podría coartar mi decisión de disfrazarme o hablar en nombre de tal o cual comunidad? Los Derechos Humanos comienzan a comportarse igual que el libre mercado del neoliberalismo: sobreprotegen solamente a quienes se insertan en cierto contexto globalizado de individuæ libre, les miman y consienten de más, y cuando proceden a atropellar «algo» que su sobreprotector padre (los Derechos Humanos) no les enseñó específicamente como operarlo sin romperlo, ahí están para defender solamente a su retoño, mientras que læs demás humanæs afectadæs quedan a la merced de sí mismæs para defenderse y se precipitan al abismo de un hueco “legal” o “humano” donde la DUDH parece no poder operar.

Este es el gran problema que presenta la universalización de valores. Actualmente podemos ver este fenómeno ocurriendo en dilemas sociales como las poblaciones feministas dentro de la totalidad de la población, que a la vez las aliena y a la vez la pretende integrar de modos que no terminan de satisfacer ni a los grupos feministas ni a los grupos dentro de la “normalidad” del Estado. Esto en sí no es algo malo, pues es posible que haya puntos irreconciliables entre ambas filosofías de vida, lo que más bien implica un cisma y un momento Histórico de toma de decisiones no a partir de aparatos transnacionales o Estatales gigantes sino grupales de lo micro a lo macro.

Es justamente de este modo que nos regresa al problema de la estandarización y la universalización. El problema se vuelve incluso más confuso cuando dentro de las comunidades feministas existen cismas entre los feminismos trans-incluyentes que defienden, a sus maneras, la inclusión de la poblacion trans-femenina dentro de su concepto de feminidad, mientras que otro bando defiende la exclusión de la población trans-femenina de todo concepto de feminidad o bien quienes les excluyen de asuntos nucleares pero abren un espacio para el activismo conjunto en parelelo más no mezclado de los asuntos que le atañen a cada población; esto no sería un problema si no fuera por el hecho de que todas las facciones pretenden la universalización de su concepto de feminidad, o de activismo, o de legalidad, o de operatividad, lo cual nos lleva a la compleja situación sumamente enredosa que plantea las siguientes preguntas: ¿universal ante quién? ¿ante el sentido común, ante una élite, ante las instituciones? y entonces, ¿dónde quedaría la libertad de disención? el hecho es que no la habría, no había libertad ni derecho de disentir, sino un retorno a la herejía y la cacería de herejes, y es aquí donde la delgada línea delata el paso al absolutismo, el fascismo y la tiranía.

De no ser por la inercia universalizadora de conceptos “bondadosos” como los mismos Derechos Humanos, quizá no tendríamos esta noción de pretender llevar al nivel de Declaración Universal asuntos concernientes más bien a grupos. El principio de la multiculturalidad, no por edicto Estatal o Internacional sino por lógica operativa Natural, dicta que cada grupo humano tiene la libertad (no el derecho, pues recordemos que el derecho emana de alguna autoridad) de decidir incluir o excluir cualquier propuesta interna o externa al grupo. Es aquí en donde un valor como la solidaridad entra en juego: usualmente, si una población pretende universalizar tiránica y despóticamente algun “valor” e imponerla a quienes le rodean, siempre existe ese instinto o pulsión animal humana de contrarrestar dicha imposición y poner al agresor en su lugar.

Afortunada o lamentablemente, ese es el gran dilema, la Naturaleza no obra de manera moral, por ejemplo, el hecho de que las cianobacterias hayan proliferado en lugar de otras bacterias, y que esto haya sido el parteaguas para que toda la vida dependiente del oxígeno fuera posible, implica pues, la desaparición (muerte) de muchas bacterias “contrincantes” a las cianobacterias en sus ecosistemas, lo mismo ocurre con la hipótesis de la antimateria vs. la matería, la cual supone que en un inicio existía una cantidad casi equitativa de ambos grupos “contrincantes” de sustancia, hasta que la materia comenzó a proliferar más que la antimateria, permitiendo que el universo tal cual lo conocemos ahora exista, lo cual supuso la desaparición de la mayoría de la antimateria en el universo. Es de esta misma manera que el futuro se presenta incierto para cualquier grupo humano que pretende vivir en paz sobre la Tierra: la izquierda y la derecha, el patriarcado o la equidad, el feminismo trans-incluyente así como el trans-excluyente, la democracia y la autodeterminación de los pueblos originarios.

¿Es posible que coexistan estos grupos sin que hayan constantes intentos de unos por absorber a la fuerza o bien desaparecer a los otros grupos por medio de la violencia? Esa es una respuesta que atañe justamente a los principios del concepto de los Derechos Humanos, mismos que por su carácter occidental, neoliberal, globalizador y universalizador, no parecen estar llevando el juego a otro nivel de organización, que sería la idea.

Lo universalizable no es posible: cualquier intento por elevar una creencia a ser regla o valor universal─incluso aunque presuma de ser muy beneficiosa para “el mundo”─resulta en tentativas que rayan en lo colonizador y monoculturalizador. Cada cultura posee su soberanía, y esta no puede ser irrumpida por una tentativa globalizadora que de la nada presuma de ser «más correcta» que otra. Hay contadas excepciones (y recordemos que las excepciones no son recurrentes ni abundantes, por eso son excepciones) que ameritan una intervención defensiva, y usualmente eso ocurre cuando entran en juego ideales fascistas y expansionistas, puesto que estos ideales justamente proponen un plan de acción que va en el sentido de lo que menciono como incorrecto desde el inicio y que no es ético promover: la universalización de los valores.

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palabras clave de la entrada: bioética, derechos humanos, valores universales, globalización, neoliberalismo, neoliberal, libre mercado, hipersexualización de la infancia, trans-feminismo, feminismo, trans-incluyente, trans-excluyente, multiculturalidad

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